lunes, enero 26, 2026

Indonesia (2): Los primeros pasos


No es nada personal, son negocios
Los primeros pasos
El nacimiento de Perhimpunan Indonesia
Mano dura
Japón, esa nación herida
¡Es el petróleo, estúpidos!
En dos días, seré comida para los peces
¿Amigo o enemigo?
Las semillas del odio
Le odio, pero no quiere decir que te ame
Independientes por la gracia de Nos
Que vienen los británicos
La espiral violenta
La batalla de Surabaya
Negociemos
Linggadjati
Raymond Westerling, el franquista de las Célebes
Los malos acuerdos generan malas soluciones
La invasión
Negociación de buenos oficios
Madiun
Yo no voy a ser Salvador Allende
Julianos aislados
... y Sukarno comenzó su meccano
La invención de un líder mundial
La misa-romería de Bandung



La VOC estaba dando las últimas boqueadas. La gente puede ser tonta, pero no gilipollas. Buena parte del montaje de la enorme fortuna que era capaz de crear la compañía de las Indias Neerlandesas se basaba en que tuviese el monopolio de los cultivos. Pero a finales del siglo XVIII, el botánico francés Pierre Poivre robó unas plantas de nuez moscada, y consiguió implantarlas en las islas Mauricio. Entre unas cosas y otras, el 31 de diciembre de 1799, la VOC, cada vez más presionada por la pujanza en la zona de los británicos, fue disuelta.

La incipiente creación de un imperio colonial a partir de una presencia comercial se vio radicalmente afectada por la guerra mundial sin número que conocemos como guerras napoleónicas. Como es bien sabido, Holanda fue una de las naciones que fueron dominadas por Napoleón, quien colocó a su hermano Luis al frente de dicha monarquía. El vasallaje respecto del francés le supuso a Holanda perder gran parte de sus posesiones de ultramar al enfrentarse a los británicos; en esencia, lo único que le quedó fue Java. Napoleón quería que esas posesiones fuesen bien administradas para su imperio, y por esa razón decidió enviar a Java a Herman Willem Daendels. Daendels sera un holandés abiertamente profrancés (no le faltaba detalle, pues), que había dirigido un ejército en 1795 para declarar la República Bátava.

Llegó a Batavia el 1 de enero de 1808 y, al instante, se aplicó a crear un ejército de unos 20.000 hombres a partir de los restos de la VOC. Con él también llegaron las ideas del Estado moderno que se habían estado incubando en Francia, algo que benefició, por ejemplo, a los esclavos. Los grandes perdedores, sin embargo, fueron los nobles y príncipes locales, los cuales, bajo la visión del poder emanante del pueblo, perdieron su poder y sus privilegios allí donde Daendels se los pudo quitar. En 1809, los británicos establecieron un boqueo sobre Java. Al año siguiente, Napoleón anexionó Holanda al Imperio, con lo que Java pasó a ser, oficialmente, colonia francesa (que, las cosas como son, hay cosas peores; pero no muchas).

En 1811, 12.000 soldados británicos desembarcaron en Java y tomaron la isla. Nombraron gobernador a Thomas Stamford Raffles, quien continuó básicamente la labor de Daendels, siendo como era él mismo un ilustrado (y, en algunas cosas, un iluminado). Entre otras cosas, decretó el tráfico por la izquierda; razón por la cual en Indonesia se circula a la británica.

Los Países Bajos recuperaron su independencia en 1813 y, en 1815, en el Congreso de Viena, fueron incluso ampliados con el territorio de lo que hoy conocemos como Bélgica. Holanda se concibió en aquel congreso con la vieja función que habían cumplido Flandes, Hainaut y otros territorios de la zona siglos atrás, es decir, como contrapeso del poder francés. A los arquitectos de la nueva Europa les preocupaba que Holanda pudiera vigilar y contrapesar a Francia, pero no sólo en Europa; también en ultramar, caso de que Francia recibiese de vuelta sus colonias, cosa que la monarquía exigía constantemente. Por esta razón, los británicos fueron invitados a devolver conquistas en el sudeste asiático, por lo que Londres terminó devolviendo Java a los holandeses, aunque no muy convencido la verdad.

Las nueva constitución neerlandesa otorgó todos los poderes en materia de administración colonial al rey, en ese momento Guillermo, o sea Wilhem, I. Inicialmente, los holandeses continuaron con el sistema implantado durante la guerra: la tierra fue declarada posesión del Estado, que la arrendaba a los agricultores a cambio de un pago que se hacía en especie (o sea, no pocas veces, en especia). Para no crear grandes distorsiones con los príncipes y la nobleza, se estableció que la casta feudal podía arrendar (jurídicamente, subarrendar) la tierra por su cuenta. Sin embargo, esto llevó a un montón de abusos, por lo que La Haya decidió acabar con este sistema. El príncipe Diponegoro, que era el primogénito del sultán de Yogyakarta, se rebeló por esta causa. Esto es lo que conocemos como la guerra de Java, que duró cinco años.

Cinco años de leches se saldaron con la derrota de la nobleza local. Los holandeses aprovecharon la victoria para anexionarse directamente casi toda la isla, dejando apenas algunos territorios al sur relativamente autónomos, concretamente cuatro principados: Surakarta, Yogyakarta, Mangkunegaran y Pakualaman. La guerra fue cruentísima: 15.000 bajas entre las tropas holandesas, 200.000 entre los javaneses.

En 1830, Bélgica dejó de ser parte de los Países Bajos. Una independencia que fue un golpe económico para el reino, y que intensificó la necesidad de explotar adecuadamente las Indias Neerlandesas. Esto se hizo mediante la total planificación económica de la futura Indonesia. Los agricultores fueron obligados a plantar, en proporciones adecuadas, las cosechas que eran más fácilmente exportables. Se creó un sistema mixto por el cual la metrópoli nombraba un gobernante llamado residente, mientras que la nobleza local nombraba uno llamado regente. Los regentes, sobre todo, realizaron diversas prácticas de explotación, incrementando la carga impositiva y las obligaciones sobre los agricultores locales. El resultado era el sospechable: la hambruna.

La nueva constitución holandesa de 1848 dejó de considerar las colonias como el jardín del rey. El asunto pasó a ser el motivo de la política general del país, con los diferentes partidos políticos sosteniendo posiciones también divergentes. En 1860 se abolió la esclavitud, y también comenzó a derogarse el sistema de definición de cultivos por el Estado; labor que se dejó en manos del mercado.

En la primera mitad de siglo, el rey Guillermo había incrementado las tropas en las Indias Neerlandesas para crear el KNIL (Koninklijk Indisch Leger, Real Ejército de las Indias Orientales); unas fuerzas armadas independientes de las metropolitanas y formadas en un 50% por nativos. Con este ejército, se comenzó la conquista del archipiélago completo. De hecho, más de la mitad de lo que conocemos como Indias Neerlandesas o Indonesia pasó a formar parte de este conjunto en el medio siglo que siguió al año 1870. El KNIL se implicó hasta en 30 campañas diferentes, de las que la más importante fue la guerra de Aceh, el norte de Sumatra; una zona abierta y radicalmente musulmana y que, con Nueva Guinea, fue el último gran paso colonizador de los holandeses. La guerra de Aceh, intermitente, duró cuarenta años hasta 1914.

La segunda mitad del siglo XIX fue crucial para la definición de las fronteras de las posesiones coloniales holandesas. En 1854, se llegó a un acuerdo con Portugal por el cual el país ibérico se quedó la isla de Flores, mientras que Timor fue dividida. En 1891, se pactó con los británicos que Singapur y Malaca permaneciesen bajo control de Londres, Sumatra sería holandesa, y Borneo sería dividida. La parte del norte o Sarawak sería británica; mientras que Kalimantan, es decir la mayor parte de la isla, sería holandesa. En 1895, las potencias dividieron Nueva Guinea en tres áreas: la parte occidental para Países Bajos, la nororiental para Alemania, y el sur para Gran Bretaña.

Como consecuencia, los Países Bajos consiguieron terminar su obra colonial en 1914; es decir, el mismo año en que el estallido de la Gran Guerra iba a marcar el inicio del fin, precisamente, de la era colonial. En ese momento, sin embargo, eran la tercera potencia imperial del mundo, después de Gran Bretaña y de Francia.

En 1890, se había creado la Real Compañía Neerlandesa para la Explotación de los Recursos Petrolíferos de las Indias Neerlandesas, es decir, la Koninklijke Nederlansche Maatschappij tot Exploitatie van Petroleumbonnen in Nederlansch-Indië, normalmente conocida como La Koninkijke. Esta compañía se fusionó con la británica Shell para crear la Royal Dutch Shell.

A comienzos de la segunda década del siglo XX, en Indonesia había 60 millones de habitantes autóctonos, a los que se unía una elite de algo menos de 250.000 europeos y una colonia de 1,2 millones de chinos.

La llamada Ley de Ordenamiento Constitucional neerlandesa que, ojo con la itálica, es de 1925 (unos 400 años después de las leyes de indias españolas) dividió oficialmente la población de las Indias Neerlandesas en tres categorías: europeos, orientales no nativos y nativos; aunque hay que matizar que en la categoría de europeos no sólo se reconocía a los turcos, sino también a los japoneses. Era, pues, una ley muy imaginativa. Los hijos de holandeses retenían su europea condición.

Esta ley, que, repetimos, es de 1925, establecía que los europeos eran ciudadanos neerlandeses. Eran, pues, unos holandeses más, lo que pasa es que vivían en la otra punta del mundo según se mira desde La Haya. El resto eran súbditos. Esto suponía que los segundos no tenían ciudadanía y, entre otras cosas, no eran juzgados según el Derecho holandés, sino el autóctono. La categoría en la que se estuviese adscrito afectaba a cosas como el salario que se cobraba. En consecuencia, si la renta media, en esa época, era de 2.600 florines para un europeo, resultaba ser de 330 para los chinos, y de 60 para los indonesios. Explicadme a mí en qué puto lugar de una ley española de todos los tiempos se ha normado que un  autóctono de cualquier colonia americana, africana o asiática, tenía que ganar 40 veces menos que un español. Pero, claro, la Inquisición blablá.

Tal nivel de asimetría social se aprecia en el hecho que, a pesar de que obviamente en las Indias neerlandesas, el neerlandés era el idioma para un montón de cosas, en realidad sólo lo hablaban, a principios del siglo XX, unos 850.000 autóctonos, en torno al 1%. La sociedad de las Indias neerlandesas no estaba dividida; estaba segregada.

Alguno que esté bien informado de esto me dirá: ojo, macho, que la reina Guillermina dijo que los Países Bajos, “como nación cristiana”, tenía una “obligación moral” frente a los habitantes de sus colonias. Pero yo le contestaría: sí, lo dijo. En 1901; y, además, es bastante discutible que lo cumpliese. Y, como digo, en todo caso lo dijo medio milenio después de que lo dijese la reina católica. Sea como sea, cierto es que el discurso de la reina de 1901 marcó un cambio estratégico, una etapa de mayor preocupación por el bienestar de los indonesios; pero las cifras que os he aportado son de un cuarto de siglo después. De nuevo: está por ver que lo cumpliese.

Ciertamente, a partir de 1907, los autóctonos pudieron acudir a las escuelas rurales, que daba una pátina de formación general de tres años, aunque lo más importante es que se impartía en lengua local. Subir de nivel era enormemente trabajoso. Quien quisiera probar ese cursus honorum debía estudiar durante tres años en la Schakelchool o escuela eslabón, que ya se impartía en neerlandés. De ahí se podía pasar a la Enseñanza Media europea, bien la MULO (Meer Uitgebreid Lager Onderwijs, Enseñanza Primaria Ampliada) o en la HBS (Hogereburgerschool, Escuela Civil Superior). Se trataba de escuelas de pago, nada baratas para el nivel económico de los indonesios, y superarlas permitía acceder a la Enseñanza Superior.  El principal destino de ésta era la STOVIA, School tot Opleiding van Inlandsche Artsen, Escuela para la Formación de Médicos Nativos. Las Indias Neerlandesas tenían una verdadera escasez de médicos. A muy pocos neerlandeses metropolitanos les seducía la idea de irse al otro extremo del mundo a trabajar en condiciones mucho más precarias; y, aún estando en las Indias, mucho menos eran proclives a ser médicos en las zonas rurales, donde los habitantes apenas hablaban su idioma para decir espagueti y astronauta. Como consecuencia, era necesario crear una pequeña casta de médicos indonesios, capaces de hablar con sus pacientes y que no le hiciesen ascos a vivir en el culo del mundo, más que nada porque eran de allí. Ésta fue, por lo tanto, la primera gran vía para que los indonesios tuviesen formación superior.

Nativos culturados juntos, estudiando una carrera de gran provecho intelectual. En ese caldo de cultivo, el nacimiento de algo más era inevitable. Fue en el ámbito de la STOVIA donde nació, el 20 de mayo de 1908, Budi Utomo, es decir, la Noble Aspiración. Esta asociación fue impulsada por dos hermanos que estudiaban allí, Sutomo y Tjipto Mangunkuosomo. En modo alguno era un movimiento antioccidental, sino más bien una tentativa de hacer compatible el desarrollo con la cultura javanesa. Los indonesios celebran el 20 de mayo el Día del Despertar Nacional.

La Noble Aspiración, en todo caso, era un movimiento que, con sus ribetes ilustrados, se quedaba corto en lo tocante a la reivindicación del trato colonial a los nativos. Tirto Ardhisuryo, también estudiante de medicina con formación periodística, comenzó a atizar ese avispero a través de diversos artículos. Esto generó la confluencia entre otros dos estudiantes de la STOVIA: Suwardi Suryaningrat y Tjipro Mangunkusumo, crearon en 1912 el Partido de las Indias. Contaron con la participación de un criollo indoeuropeo, Ernest Dowes Dekker, que poseía un periódico en el que se publicaron los primeros artículos críticos con el hecho de que los nativos se veían obligados a trabajar para una causa que ni conocían ni les importaba. Los tres acabaron desterrados sin siquiera celebrárseles juicio. La arraigada democracia holandesa prohibió los artículos críticos con ella.

El Partido de las Indias desapareció, pues. Sin embargo, el proceso estaba lanzado. En Surabaya vivía Raden Mas Hadji Oemar Said Tjokroaminoto, normalmente conocido como Tjokro o Tjok. Raden Mas es un título nobiliario y nos dice que Tjokro era miembro de la alta sociedad local. Como buen musulmán pijo, había peregrinado a La Meca. En 1914, accedió a la presidencia de la Sarekat Islam, la Alianza del Islam, que se había creado dos años antes en Surakarta. La SI defendía la independencia de los nativos respecto de los holandeses, y consiguió, por primera vez, vertebrar un movimiento anticolonial masivo.

Además del trabajo de Tjokro, en una fábrica azucarera, su mujer había convertido la casa familiar en una pensión estudiantil. Por ahí pasaron algunos de los principales dirigentes futuros del PKI, el Partido Comunista de Indonesia; como también estuvo Kartosuwiryo, otro joven de familia noble y fuertes convicciones religiosas, que en 1948 crearía una guerrilla islámica que combatió a la naciente república indonesia, y que sigue siendo una inspiración para el islamismo radical. Y, también, en 1916 se hizo inquilino de la pensión un chico de quince años, hijo de balinesa y javanés, que había estudiado en la escuela primaria europea. Aquel chico, para el cual Tjokro era un personaje idolatrado, se llamaba Sukarno. Sukarno y su casero se profesaron admiración mutua, hasta el punto de que el segundo le acabó proponiendo al primero que se casase con su hija (matrimonio que, sin embargo, no duró mucho tiempo).

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