martes, enero 27, 2026

Indonesia (3): El nacimiento de Perhimpunan Indonesia


No es nada personal, son negocios
Los primeros pasos
El nacimiento de Perhimpunan Indonesia
Mano dura
Japón, esa nación herida
¡Es el petróleo, estúpidos!
En dos días, seré comida para los peces
¿Amigo o enemigo?
Las semillas del odio
Le odio, pero no quiere decir que te ame
Independientes por la gracia de Nos
Que vienen los británicos
La espiral violenta
La batalla de Surabaya
Negociemos
Linggadjati
Raymond Westerling, el franquista de las Célebes
Los malos acuerdos generan malas soluciones
La invasión
Negociación de buenos oficios
Madiun
Yo no voy a ser Salvador Allende
Julianos aislados
... y Sukarno comenzó su meccano
La invención de un líder mundial
La misa-romería de Bandung




El principal problema del anticolonialismo indonesio es que estaba bastante dividido. Se componía de islamistas, comunistas y nacionalistas, que no se unieron entre sí para combatir al poder holandés. Por su parte, el islamismo, en ese momento probablemente el movimiento más fuerte entre los partidarios de la independencia, estaba asimismo dividido.

En 1912, un vendedor local de Java llamado Samanhudi, encabronado por el hecho de tener menos derechos incluso que los comerciantes chinos que le hacían la competencia, convocó una asamblea de indignados. Esperaba a unos cuantos, pero fueron muchos más. Las personas que fueron no eran gente, en el fondo, favorecida por el destino, pues para llegar a la STOVIA había que ser alguien de un cierto estatus; eran personas de clase media nativa, que se veían obligadas a ser clase baja en su propio país. En aquella asamblea nació Sarekat Islam; como he dicho, la primera verdadera organización de masas del anticolonialismo indonesio.

Sahamundi creó la Alianza del Islam; pero pronto ésta estuvo bajo el liderazgo de Tjokroaminoto. Él supo darle elementos de ilusión reivindicativa. Empezó, por ejemplo, por los gestos y el aspecto. Los líderes de Sarekat Islam comenzaron a sermonear a sus gentes para convencerlas de que no debían sentarse en cuclillas; ellos, venían a decir, tenían tanto derecho a un asiento como cualquier otro. En el ámbito del vestir, Tjokro introdujo un cambio que se haría bastante visible y famoso: abandonó el batik, una especie de pañuelo que la nobleza javanesa solía llevar en la cabeza; y lo sustituyó por el kopiah, una especie de fez chato de color negro que, con los años, sería la marca de la casa del propio Sukarno, con el que aparece en la mayoría de las fotos que se pueden ver de él. Hay que entender que, en su momento, el kopiah era un salto hacia la modestia, no todo lo contrario. Era abandonar un tocado aristocrático por el pañuelo atado en las cuatro esquinas de los albañiles. Con estos presupuestos y el indudable efecto atractor de su confesionalidad islámica, Sarekat Islam se convirtió en el primer movimiento nativo que salía de Java.

Sarekat Islam, en todo caso, era una organización que no pretendía situarse contra el poder holandés en las Indias Orientales. En sus discursos, Tjokro repetía que no querían la violencia, y que estaban satisfechos con el gobierno de la metrópoli. Sin embargo, aunque el gobernador general de las Indias, Alexander Willem Frederik Idenburg, tendía a creer estas admoniciones, otras personas dentro de la casta metropolitana estaban convencidas de que SI preparaba el golpe, y se preparaban asimismo para ello. Idenburg, sin embargo, se negó a practicar contra ellos la represión que le exigían. Aún así, en 1916 los neerlandeses crearon el PID (Politieke Inlichtingendienst), un CIS específico para vigilar a las organizaciones de nativos. Aunque, en realidad, era bastante más burdo que un sistema de información. Los agentes del PID acudían a las asambleas, y tenían poder de disolverlas si consideraban que el tema se estaba desbordando.

La llegada de la Gran Guerra, que cambió tantas cosas, también cambió la faz de las Indias Orientales. En un proceso que tendría su corolario en la segunda guerra mundial, todo el mundo en el área estaba preocupado con la creciente militarización de Japón. En Tokio, cada vez se hablaba más de la misión imperial japonesa en toda Asia; y lógicamente el resto de los asiáticos se ponían  nerviosos, muy especialmente aquéllos que dependían de una metrópoli pequeñita en el otro lado del mundo. En ese entorno, Tjokro comenzó a argumentar partiendo de la base de que podría llegar a ser necesario decretar el servicio militar obligatorio pues, efectivamente, si el archipiélago se veía en la necesidad de defenderse, no lo iba a poder hacer sólo con blanquitos. Pero, claro: si tienes obligación de morir por tu país, ¿cómo no vas a tener derechos civiles? En este entorno, un grupo de dirigentes de Sarekat Islam viajó a La Haya y fue recibido por la reina Uilemina. Sin embargo, los holandeses, finalmente, decidieron que ni servicio militar, ni parlamento, ni hostias. O sea: se instauró un servicio militar, pero sólo para holandeses.

Esta polémica, sin embargo, había generado un proceso que ya no se podía parar. En 1916, se anunció la creación de un Consejo Popular. Era un órgano consultivo, sus miembros no lo eran por votación popular, y tenía 39 sitiales de los cuales 15 estaban ocupados por indonesios. Tjipto Mangunkusumo y Tjokroaminoto fueron designados miembros. Los indonesios utilizaron el órgano como caja de resonancia para sus demandas de autonomía. Pero el gobernador general, Johan Paul van Lindburg-Stirum, no hizo nada, aunque, al parecer, él, personalmente, era partidario de un proceso gradual de concesión de libertad política para los indonesios.

Semarang era una ciudad situada a medio camino entre Batavia y Surabaya. Era un lugar en el que, tradicionalmente, se habían establecido muchos comerciantes chinos. Sin embargo, el establecimiento allí, en el siglo XIX, de la Nederlands-Indische Spoorweg Maatschappij, es decir la Renfe neerlandesa del lugar, terminó por convertirla en una ciudad básicamente proletaria. Dado que la construcción ferroviaria se nutría de nativos de muy diversas procedencias dentro de las Indias Orientales, Semarang se convirtió en la ciudad de su tiempo en la que convivían personas de más diferentes etnias locales. En 1908, se creó allí un sindicato que, por lógica, pronto se convirtió, no sólo en uno de los más numerosos en militantes, sino en el más tras racial.

Este movimiento sindical básicamente ferroviario fue oro molido para un personaje importante para el comunismo en Asia: Hendricus Josephus Franciscus Marie Sneevliet, normalmente conocido como Henk Sneevliet o por su seudónimo Maring. Un tipo del que ya hemos hablado al repasar la vida de Mao Tse Tung.

Sneevliet tenía una larga historia en el movimiento sindical ferroviario neerlandés. Allí, sin embargo, había perdido muchas batallas frente a líderes socialistas más moderados. Él era un revolucionario, un comunista de libro; y, como muchos otros, llegó a la conclusión de que la revolución mundial debía comenzar donde estaban los verdaderos parias de la Tierra, es decir en lo que luego se conoció como Tercer Mundo. Así que desplazó sus esfuerzos a Asia. Fundó la Indische Social-Democratische Vereeniging, ISDV, la Asociación Socialdemócrata de las Indias, que fue el germen del PKI, el Partido Comunista Indonesio. Un movimiento que lógicamente concebía como un movimiento de masas. Eso le llevó rápidamente a la colaboración con Sarekat Islam.

Sneevliet conoció en Semarang a un líder de Sarekat Islam con el tiempo se convertiría en el primer presidente del PKI: Semaun. Semaun apenas tenía 16 años, pero aún así Maring le sugirió que se afiliase al sindicado ferroviario y aceptase la vicepresidencia del ISDV.

El PID le siguió pronto los pasos a Sneevliet y, en 1918, lo expulsó del país. Él se fue a donde mejor se podía sentir, es decir a Moscú; allí los estrategas del PCUS le ordenaron que permaneciese en Asia, concretamente en China; allí comenzó una nueva aventura, que hemos contado en otro sitio. Acabó sus días en la segunda guerra mundial, ejecutado por los alemanes en el brezal de Amersfoot, habiendo vivido el suicidio de dos hijos.

Semaun quedó como gran estratega del comunismo indonesio, por así decirlo. La expulsión de su mentor lo radicalizó y, por otra parte, pronto se dio cuenta de que el único apoyo serio que tenía era el de la Komintern, así pues comenzó a ser de estricta obediencia moscovita. En 1920 fundó la Perserikatan Komunis di Hindia o Asociación Comunista de las Indias. Luego se hizo un red tour completo, pasando por la URSS, por Europa y por China, tiempo durante el cual fue sustituido por Tan Malaka, otra persona joven como él. Pronto, la asociación se convirtió en el PKI, el primer partido comunista asiático reconocido por la Komintern. En aquel entonces, en todo caso, los comunistas formaban parte de Sarekat Islam. Esto, sin embargo, no duró mucho. A ambas organizaciones, la defensa de los más pobres les unía; pero el cómo era muy diferente. Así las cosas, en 1923 Sarekat Islam y el PKI partieron peras. Pero la ruptura a quien jodió fue a la parte teóricamente más fuerte. El PKI tenía el apoyo de Moscú y el discurso atractivo del comunismo, que si es capaz de mesmerizar a los bardemes, por qué no lo va a hacer con cultivadores de arroz. Como consecuencia, Sarekat Islam se fue desangrando poco a poco. Muchos de sus militantes se decidieron por organizaciones islámicas con un menor tono político y más social, como Muhammadiyah o Nahdlatul Ulama.

El bloqueo económico producido por la Gran Guerra fue enormemente lesivo para los intereses de las Indias Neerlandesas. El tráfico de importaciones y exportaciones se detuvo. Los precios crecieron exponencialmente, mientras que los salarios, tratándose de trabajadores poco organizados, se quedaban estancados. Por otra parte, el gobernador Dirk Foch se hizo un Montoro-Montero: estableció nuevos impuestos e incrementó los ya existentes, además de recortar el gasto en sanidad y educación. Esto incrementó la susceptibilidad hacia los comunistas. En mayo de 1923, Semaun fue arrestado y exiliado a los Países Bajos sin juicio. Se marchó de allí, y acabó haciendo su vida en la URSS. Fue locutor de Radio Moscú, miembro del Comité Ejecutivo de la Komintern y Stalin acabó encargándole la dirección de la Agencia Estatal de Diseño, con sede en Taskent, Uzbekistán. Regresaría a Indonesia 33 años después de haberse ido.

Tan Malaka, su sucesor, fue también desterrado a los Países Bajos, donde se convirtió en el primer indonesio en formar parte de una lista para el Congreso. Fue nombrado representante de la Komintern en Asia oriental. Tenía ideas un tanto peripatéticas, como que el Estado indonesio independiente debería incluir las Filipinas. Murió asesinado.

El 25 de diciembre de 1925, dirigentes del PKI se reunieron en Prambanan, con la sensación de que había llegado el momento de dar algún tipo de paso adelante. Una delegación compuesta por Manowar Muso o Musso y Alimin bin Prawirodirdjo viajó a Moscú, para sintonizarse con Semaun. El residente en Moscú, y ya para entonces experto en la forma que tenía la Komintern de hacer las cosas, y muy particularmente en Asia, donde Stalin estaba jugando varias cartas y no todas comunistas, les convenció de lo que, por otra parte, era bastante más que evidente: que si se levantaban, se levantarían solos, porque la población no ideologizada no les iba a seguir.

El regreso de los mensajeros no sentó muy bien entre los sindicalistas del PKI. El comunismo indonesio tenía en ese momento un problema muy parecido al de la República española en el exilio. En nuestro caso eran los viejos socialistas y comunistas exiliados los que se hacían pajas pensando en revoluciones antifranquistas triunfantes, la oposición interior era mucho más modesta en sus planteamientos y, de hecho, fue la que sacó a pasear el tema de pactar con los monárquicos. En el caso Indonesio, era al revés; eran los estrategas del exterior los que no veían clara la jugada de un golpe de Estado, mientras que los de dentro consideraban que estaba hecho. Ni siquiera Tan Malaka, que estaba en Singapur, pudo aplacar los ánimos.

En noviembre de 1926, el PID se dio cuenta de que había un mensaje que se repetía casi machaconamente entre agentes comunistas: “todas las prendas deberán machacarse para convertirlas en sambal”. De manera preventiva, varios dirigentes comunistas fueron enjaretados. A pesar de que estas acciones preventivas debilitaron de forma crítica el movimiento, éste no se detuvo. En Batavia, los comunistas asaltaron la oficina de correos, la central telefónica y la cárcel. En Java occidental, asaltaron diversas infraestructuras de transporte y comunicaciones. En Surakarta, incendiaron unas naves industriales que acopiaban tabaco. Los enfrentamientos provocaron decenas de muertos, dos de ellos europeos, aunque entre los rebeldes las bajas tuvieron que ser muy superiores. A pesar de la represión, en enero la rebelión fibriló a Sumatra. En conjunto, el golpe de Estado revolucionario duró más de un mes, y provocó una represión durísima. Hubo unos 13.000 detenidos, de los cuales 4.500 fueron condenados a prisión. Siete fueron condenadas a muerte, sentencia que se cumplió en tres casos. En Europa, este golpe de Estado fue un importante golpe moral, que dio alas a los halcones colonialistas. Muchos de los presos fueron enviados a una prisión que entonces se hizo famosa, un poco en plan Papillon, que fue la prisión de Boven-Digul, en Nueva Guinea. Los dos primeros años de funcionamiento de aquella prisión, medio centenar de internos murió de enfermedades tropicales.

Los hechos, por otra parte, se iban desarrollando por otros lados. Achmad Soebardjo Djojoadisoerjo era un javanés pijo. Su padre, Teuku Muhammad Yusuf, era un noble de Aceh, es decir, la zona musulmana por excelencia de Java. De hecho, su abuelo había sido ulema. Con estos mimbres, Soebardjo no había tenido problema en recibir una esmerada educación holandesa y matricularse en la universidad de Leiden. Allí se hizo miembro de la Asociación de las Indias, una especie de fraternidad de indonesios estudiando en la metrópoli. Uno de los estudiantes que frecuentaba esas reuniones, que estaba matriculado en una escuela de comercio en Rotterdam, se llamaba Mohamed Hatta. Era de Sumatra, de la misma Minangkabau. Para entonces, estaba en la fase de lectura de obras de Marx.

En 1922, de Asociación de Indias cambió su nombre por Asociación Indonesia. Esto la convirtió en la primera organización que usaba esta denominación, propuesta en 1850 por el británico George Earl, que, por ejemplo, no fue adoptada por el PKI hasta dos años después. En 1923, Hatta fue nombrado tesorero. En 1925, la asociación volvió a cambiar de nombre para ponerse uno en lengua local, Perhimpunan Indonesia, y Hatta fue nombrado presidente. Editaban una revista llamada Indonesia Merdeka, Indonesia libre; frase que se convertiría en el motto independentista por excelencia.

La PI se convirtió en el huevo del alien del nacionalismo indonesio; esa tercera vía anticolonialista que habría de unirse al islamismo y al comunismo. La PI nunca fue una organización de masas; se parecía más a una Agrupación por la República; su fuerza, pues, estaba en sus unamunos y ortegas. Sus miembros, por lo general, eran la elite indonesia que, de alguna manera, el Estado metropolitano había decidido acunar para aprovecharlos en su administración. De esta manera, los miembros de la PI tomaron, como primera decisión, no colaborar con el gobierno colonial. No ser, pues, aquello para lo que habían sido pensados.

A principios de 1927, se convocó en Bruselas el conocido como Congreso Fundacional de la Liga contra el Imperialismo y la Opresión Colonial. Este congreso, que sospechosamente no reparó en gastos pues se celebró en el palacio de Egmont (de sospechosamente, nada; era una terminal de la Komintern) reunió a delegados de 175 naciones, de las cuales 107 estaban bajo poder colonial. Fue, por lo tanto, y fundamentalmente, una reunión de intelectuales y activistas de Asia, África y Europa.  Allí estuvo Nehru, el independentista indio; Lamine Senghor, un comunista senegalés; la viuda del chino Sun Yat Sen; y también estuvo Mohamed Hatta. Hatta y Nehru fueron promocionados a la presidencia de la Liga, lo cual le dio al indonesio mucha proyección internacional. La reciente producción del golpe de Estado revolucionario de Java y Sumatra, sin embargo, puso las cosas muy difíciles, ya que la policía neerlandesa se aplicó a fondo contra todos los activistas indonesios. Hatta fue arrestado varias veces. En octubre de 1928, sin embargo, un grupo de jóvenes nacionalistas se reunió en Batavia para un congreso, y allí ratificaron el que se conoce como Sumpah Pemuda o juramento de la juventud, abogando por un solo país sin poder colonial. En aquel congreso se cantó por primera vez el Indonesia Raya, una canción que terminaría por ser el himno nacional. No es que sea Mozart, pero sirve estupendamente para cantarlo a voz en grito en un estadio antes de un partido de la selección nacional. Con que te aprendas el Indunesia rayá, moerdeka moerdeka, yo creo que ya das el pego.



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