No es nada personal, son negocios
Los primeros pasos
El nacimiento de Perhimpunan Indonesia
Mano dura
Japón, esa nación herida
¡Es el petróleo, estúpidos!
En dos días, seré comida para los peces
¿Amigo o enemigo?
Las semillas del odio
Le odio, pero no quiere decir que te ame
Independientes por la gracia de Nos
Que vienen los británicos
La espiral violenta
La batalla de Surabaya
Negociemos
Linggadjati
Raymond Westerling, el franquista de las Célebes
Los malos acuerdos generan malas soluciones
La invasión
Negociación de buenos oficios
Madiun
Yo no voy a ser Salvador Allende
Julianos aislados
... y Sukarno comenzó su meccano
La invención de un líder mundial
La misa-romería de Bandung
El principal problema del anticolonialismo indonesio es que estaba bastante dividido. Se componía de islamistas, comunistas y nacionalistas, que no se unieron entre sí para combatir al poder holandés. Por su parte, el islamismo, en ese momento probablemente el movimiento más fuerte entre los partidarios de la independencia, estaba asimismo dividido.
En 1912, un vendedor local de Java llamado Samanhudi,
encabronado por el hecho de tener menos derechos incluso que los comerciantes
chinos que le hacían la competencia, convocó una asamblea de indignados.
Esperaba a unos cuantos, pero fueron muchos más. Las personas que fueron no
eran gente, en el fondo, favorecida por el destino, pues para llegar a la
STOVIA había que ser alguien de un cierto estatus; eran personas de clase media
nativa, que se veían obligadas a ser clase baja en su propio país. En aquella
asamblea nació Sarekat Islam; como he dicho, la primera verdadera organización
de masas del anticolonialismo indonesio.
Sahamundi creó la Alianza del
Islam; pero pronto ésta estuvo bajo el liderazgo de Tjokroaminoto. Él supo
darle elementos de ilusión reivindicativa. Empezó, por ejemplo, por los gestos
y el aspecto. Los líderes de Sarekat Islam comenzaron a sermonear a sus gentes
para convencerlas de que no debían sentarse en cuclillas; ellos, venían a
decir, tenían tanto derecho a un asiento como cualquier otro. En el ámbito del
vestir, Tjokro introdujo un cambio que se haría bastante visible y famoso:
abandonó el batik, una especie de
pañuelo que la nobleza javanesa solía llevar en la cabeza; y lo sustituyó por
el kopiah, una especie de fez chato
de color negro que, con los años, sería la marca de la casa del propio Sukarno,
con el que aparece en la mayoría de las fotos que se pueden ver de él. Hay que
entender que, en su momento, el kopiah era
un salto hacia la modestia, no todo lo contrario. Era abandonar un tocado
aristocrático por el pañuelo atado en las cuatro esquinas de los albañiles. Con
estos presupuestos y el indudable efecto atractor de su confesionalidad
islámica, Sarekat Islam se convirtió en el primer movimiento nativo que salía
de Java.
Sarekat Islam, en todo caso, era
una organización que no pretendía situarse contra el poder holandés en las
Indias Orientales. En sus discursos, Tjokro repetía que no querían la
violencia, y que estaban satisfechos con el gobierno de la metrópoli. Sin embargo,
aunque el gobernador general de las Indias, Alexander Willem Frederik Idenburg,
tendía a creer estas admoniciones, otras personas dentro de la casta
metropolitana estaban convencidas de que SI preparaba el golpe, y se preparaban
asimismo para ello. Idenburg, sin embargo, se negó a practicar contra ellos la
represión que le exigían. Aún así, en 1916 los neerlandeses crearon el PID (Politieke Inlichtingendienst), un CIS
específico para vigilar a las organizaciones de nativos. Aunque, en realidad,
era bastante más burdo que un sistema de información. Los agentes del PID
acudían a las asambleas, y tenían poder de disolverlas si consideraban que el
tema se estaba desbordando.
La llegada de la Gran Guerra, que
cambió tantas cosas, también cambió la faz de las Indias Orientales. En un
proceso que tendría su corolario en la segunda guerra mundial, todo el mundo en
el área estaba preocupado con la creciente militarización de Japón. En Tokio,
cada vez se hablaba más de la misión imperial japonesa en toda Asia; y
lógicamente el resto de los asiáticos se ponían
nerviosos, muy especialmente aquéllos que dependían de una metrópoli
pequeñita en el otro lado del mundo. En ese entorno, Tjokro comenzó a
argumentar partiendo de la base de que podría llegar a ser necesario decretar
el servicio militar obligatorio pues, efectivamente, si el archipiélago se veía
en la necesidad de defenderse, no lo iba a poder hacer sólo con blanquitos.
Pero, claro: si tienes obligación de morir por tu país, ¿cómo no vas a tener
derechos civiles? En este entorno, un grupo de dirigentes de Sarekat Islam
viajó a La Haya y fue recibido por la reina Uilemina. Sin embargo, los
holandeses, finalmente, decidieron que ni servicio militar, ni parlamento, ni
hostias. O sea: se instauró un servicio militar, pero sólo para holandeses.
Esta polémica, sin embargo, había
generado un proceso que ya no se podía parar. En 1916, se anunció la creación
de un Consejo Popular. Era un órgano consultivo, sus miembros no lo eran por
votación popular, y tenía 39 sitiales de los cuales 15 estaban ocupados por
indonesios. Tjipto Mangunkusumo y Tjokroaminoto fueron designados miembros. Los
indonesios utilizaron el órgano como caja de resonancia para sus demandas de
autonomía. Pero el gobernador general, Johan Paul van Lindburg-Stirum, no hizo
nada, aunque, al parecer, él, personalmente, era partidario de un proceso
gradual de concesión de libertad política para los indonesios.
Semarang era una ciudad situada a
medio camino entre Batavia y Surabaya. Era un lugar en el que,
tradicionalmente, se habían establecido muchos comerciantes chinos. Sin
embargo, el establecimiento allí, en el siglo XIX, de la Nederlands-Indische Spoorweg Maatschappij, es decir la Renfe
neerlandesa del lugar, terminó por convertirla en una ciudad básicamente
proletaria. Dado que la construcción ferroviaria se nutría de nativos de muy
diversas procedencias dentro de las Indias Orientales, Semarang se convirtió en
la ciudad de su tiempo en la que convivían personas de más diferentes etnias
locales. En 1908, se creó allí un sindicato que, por lógica, pronto se
convirtió, no sólo en uno de los más numerosos en militantes, sino en el más
tras racial.
Este movimiento sindical
básicamente ferroviario fue oro molido para un personaje importante para el
comunismo en Asia: Hendricus Josephus Franciscus Marie Sneevliet, normalmente
conocido como Henk Sneevliet o por su seudónimo Maring. Un tipo del que ya hemos
hablado al repasar la vida de Mao Tse Tung.
Sneevliet tenía una larga
historia en el movimiento sindical ferroviario neerlandés. Allí, sin embargo,
había perdido muchas batallas frente a líderes socialistas más moderados. Él
era un revolucionario, un comunista de libro; y, como muchos otros, llegó a la
conclusión de que la revolución mundial debía comenzar donde estaban los
verdaderos parias de la Tierra, es decir en lo que luego se conoció como Tercer
Mundo. Así que desplazó sus esfuerzos a Asia. Fundó la Indische Social-Democratische Vereeniging,
ISDV, la Asociación Socialdemócrata de las Indias, que fue el germen del PKI,
el Partido Comunista Indonesio. Un movimiento que lógicamente concebía como un
movimiento de masas. Eso le llevó rápidamente a la colaboración con Sarekat
Islam.
Sneevliet conoció en Semarang a un líder de
Sarekat Islam con el tiempo se convertiría en el primer
presidente del PKI: Semaun. Semaun apenas tenía 16 años, pero aún así Maring le
sugirió que se afiliase al sindicado ferroviario y aceptase la vicepresidencia
del ISDV.
El PID le siguió pronto los pasos
a Sneevliet y, en 1918, lo expulsó del país. Él se fue a donde mejor se podía
sentir, es decir a Moscú; allí los estrategas del PCUS le ordenaron que
permaneciese en Asia, concretamente en China; allí comenzó una nueva aventura,
que hemos contado en otro sitio. Acabó sus días en la segunda guerra mundial,
ejecutado por los alemanes en el brezal de Amersfoot, habiendo vivido el
suicidio de dos hijos.
Semaun quedó como gran estratega
del comunismo indonesio, por así decirlo. La expulsión de su mentor lo
radicalizó y, por otra parte, pronto se dio cuenta de que el único apoyo serio
que tenía era el de la Komintern, así pues comenzó a ser de estricta obediencia
moscovita. En 1920 fundó la Perserikatan
Komunis di Hindia o Asociación Comunista de las Indias. Luego se hizo un
red tour completo, pasando por la URSS, por Europa y por China, tiempo durante
el cual fue sustituido por Tan Malaka, otra persona joven como él. Pronto, la
asociación se convirtió en el PKI, el primer partido comunista asiático
reconocido por la Komintern. En aquel entonces, en todo caso, los comunistas
formaban parte de Sarekat Islam. Esto, sin embargo, no duró mucho. A ambas
organizaciones, la defensa de los más pobres les unía; pero el cómo era muy diferente.
Así las cosas, en 1923 Sarekat Islam y el PKI partieron peras. Pero la ruptura
a quien jodió fue a la parte teóricamente más fuerte. El PKI tenía el apoyo de
Moscú y el discurso atractivo del comunismo, que si es capaz de mesmerizar a
los bardemes, por qué no lo va a hacer con cultivadores de arroz. Como
consecuencia, Sarekat Islam se fue desangrando poco a poco. Muchos de sus
militantes se decidieron por organizaciones islámicas con un menor tono
político y más social, como Muhammadiyah o Nahdlatul Ulama.
El bloqueo económico producido
por la Gran Guerra fue enormemente lesivo para los intereses de las Indias
Neerlandesas. El tráfico de importaciones y exportaciones se detuvo. Los
precios crecieron exponencialmente, mientras que los salarios, tratándose de
trabajadores poco organizados, se quedaban estancados. Por otra parte, el
gobernador Dirk Foch se hizo un Montoro-Montero: estableció nuevos impuestos e incrementó los ya
existentes, además de recortar el gasto en sanidad y educación. Esto incrementó
la susceptibilidad hacia los comunistas. En mayo de 1923, Semaun fue arrestado
y exiliado a los Países Bajos sin juicio. Se marchó de allí, y acabó haciendo
su vida en la URSS. Fue locutor de Radio Moscú, miembro del Comité Ejecutivo de
la Komintern y Stalin acabó encargándole la dirección de la Agencia Estatal de
Diseño, con sede en Taskent, Uzbekistán. Regresaría a Indonesia 33 años después
de haberse ido.
Tan Malaka, su sucesor, fue
también desterrado a los Países Bajos, donde se convirtió en el primer
indonesio en formar parte de una lista para el Congreso. Fue nombrado
representante de la Komintern en Asia oriental. Tenía ideas un tanto
peripatéticas, como que el Estado indonesio independiente debería incluir las
Filipinas. Murió asesinado.
El 25 de diciembre de 1925,
dirigentes del PKI se reunieron en Prambanan, con la sensación de que había
llegado el momento de dar algún tipo de paso adelante. Una delegación compuesta
por Manowar Muso o Musso y Alimin bin Prawirodirdjo viajó a Moscú, para
sintonizarse con Semaun. El residente en Moscú, y ya para entonces experto en
la forma que tenía la Komintern de hacer las cosas, y muy particularmente en
Asia, donde Stalin estaba jugando varias cartas y no todas comunistas, les
convenció de lo que, por otra parte, era bastante más que evidente: que si se
levantaban, se levantarían solos, porque la población no ideologizada no les
iba a seguir.
El regreso de los mensajeros no
sentó muy bien entre los sindicalistas del PKI. El comunismo indonesio tenía en
ese momento un problema muy parecido al de la República española en el exilio.
En nuestro caso eran los viejos socialistas y comunistas exiliados los que se
hacían pajas pensando en revoluciones antifranquistas triunfantes, la oposición
interior era mucho más modesta en sus planteamientos y, de hecho, fue la que
sacó a pasear el tema de pactar con los monárquicos. En el caso Indonesio, era
al revés; eran los estrategas del exterior los que no veían clara la jugada de
un golpe de Estado, mientras que los de dentro consideraban que estaba hecho.
Ni siquiera Tan Malaka, que estaba en Singapur, pudo aplacar los ánimos.
En noviembre de 1926, el PID se
dio cuenta de que había un mensaje que se repetía casi machaconamente entre
agentes comunistas: “todas las prendas deberán machacarse para convertirlas en sambal”. De manera preventiva, varios
dirigentes comunistas fueron enjaretados. A pesar de que estas acciones
preventivas debilitaron de forma crítica el movimiento, éste no se detuvo. En
Batavia, los comunistas asaltaron la oficina de correos, la central telefónica
y la cárcel. En Java occidental, asaltaron diversas infraestructuras de
transporte y comunicaciones. En Surakarta, incendiaron unas naves industriales
que acopiaban tabaco. Los enfrentamientos provocaron decenas de muertos, dos de
ellos europeos, aunque entre los rebeldes las bajas tuvieron que ser muy
superiores. A pesar de la represión, en enero la rebelión fibriló a Sumatra. En
conjunto, el golpe de Estado revolucionario duró más de un mes, y provocó una
represión durísima. Hubo unos 13.000 detenidos, de los cuales 4.500 fueron
condenados a prisión. Siete fueron condenadas a muerte, sentencia que se
cumplió en tres casos. En Europa, este golpe de Estado fue un importante golpe
moral, que dio alas a los halcones colonialistas. Muchos de los presos fueron
enviados a una prisión que entonces se hizo famosa, un poco en plan Papillon, que fue la prisión de
Boven-Digul, en Nueva Guinea. Los dos primeros años de funcionamiento de
aquella prisión, medio centenar de internos murió de enfermedades tropicales.
Los hechos, por otra parte, se
iban desarrollando por otros lados. Achmad Soebardjo Djojoadisoerjo era un
javanés pijo. Su padre, Teuku Muhammad Yusuf, era un noble de Aceh, es decir,
la zona musulmana por excelencia de Java. De hecho, su abuelo había sido ulema.
Con estos mimbres, Soebardjo no había tenido problema en recibir una esmerada
educación holandesa y matricularse en la universidad de Leiden. Allí se hizo
miembro de la Asociación de las Indias, una especie de fraternidad de
indonesios estudiando en la metrópoli. Uno de los estudiantes que frecuentaba
esas reuniones, que estaba matriculado en una escuela de comercio en Rotterdam,
se llamaba Mohamed Hatta. Era de Sumatra, de la misma Minangkabau. Para
entonces, estaba en la fase de lectura de obras de Marx.
En 1922, de Asociación de Indias
cambió su nombre por Asociación Indonesia. Esto la convirtió en la primera
organización que usaba esta denominación, propuesta en 1850 por el británico
George Earl, que, por ejemplo, no fue adoptada por el PKI hasta dos años
después. En 1923, Hatta fue nombrado tesorero. En 1925, la asociación volvió a
cambiar de nombre para ponerse uno en lengua local, Perhimpunan Indonesia, y Hatta fue nombrado presidente. Editaban
una revista llamada Indonesia Merdeka,
Indonesia libre; frase que se convertiría en el motto independentista por excelencia.
La PI se convirtió en el huevo
del alien del nacionalismo indonesio; esa tercera vía anticolonialista que
habría de unirse al islamismo y al comunismo. La PI nunca fue una organización
de masas; se parecía más a una Agrupación por la República; su fuerza, pues,
estaba en sus unamunos y ortegas. Sus miembros, por lo general, eran la elite
indonesia que, de alguna manera, el Estado metropolitano había decidido acunar
para aprovecharlos en su administración. De esta manera, los miembros de la PI
tomaron, como primera decisión, no colaborar con el gobierno colonial. No ser,
pues, aquello para lo que habían sido pensados.
No hay comentarios.:
Publicar un comentario