No es nada personal, son negocios
Los primeros pasos
El nacimiento de Perhimpunan Indonesia
Mano dura
Japón, esa nación herida
¡Es el petróleo, estúpidos!
En dos días, seré comida para los peces
¿Amigo o enemigo?
Las semillas del odio
Le odio, pero no quiere decir que te ame
Independientes por la gracia de Nos
Que vienen los británicos
La espiral violenta
La batalla de Surabaya
Negociemos
Linggadjati
Raymond Westerling, el franquista de las Célebes
Los malos acuerdos generan malas soluciones
La invasión
Negociación de buenos oficios
Madiun
Yo no voy a ser Salvador Allende
Julianos aislados
... y Sukarno comenzó su meccano
La invención de un líder mundial
La misa-romería de Bandung
Mientras ocurrían estas cosas en la metrópoli, Sukarno estaba en Bandung, estudiando arquitectura en una universidad neerlandesa. Allí fundó, en 1927, una especie de La Sexta Xplica oceánica. Pero lo realmente importante fue una serie de artículos que escribió con el título Nacionalismo, Islam, marxismo, en los que ya barruntaba con claridad las tres grandes tendencias que estaba adoptando el movimiento anticolonial en las Indias Orientales; y su voluntad de coordinarlos todos de alguna manera. Con esta intención, aquel mismo 1927 fundó el Partai National Indonesia o PNI. El volumen de afiliados en Bandung creció muy deprisa. Sukarno, bebiendo de la fuente de Tjokro, supo atraer a las clases medias y media-bajas.
Como ya os he dicho unos párrafos
más arriba, el anticolonialismo indonesio, sin embargo, pronto adoleció del
mismo tipo de tensiones que tuvo el exilio republicano y la oposición de
interior durante buena parte del franquismo. La Perhimpunan, allí en Leiden, contemplaba los esfuerzos de Sukarno
como el que ve a un chimpancé (bueno, en este caso, un orangután) jugar con dos
pistolas. Sukarno les parecía un tipo demasiado incendiario en su retórica, y
soberbio en sus presupuestos tras ideológicos. A ello hay que añadir que de los
tres vértices de la política anticolonial: nacionalismo, islamismo y marxismo,
el que peor se le daba a Sukarno era, sin duda, el último. Décadas después del
momento que relatamos ahora, el ya líder de Indonesia se las acabaría teniendo
blandas con Moscú y tiesas con Pekín; y en parte todo fue por su dificultad a
la hora de comprender las sutilezas de la revolución proletaria mundial.
En aquellos años, la Perhimpunan
había cogido algo de peso intelectual con el fichaje de un nacionalista, Sutan
Sjahrir. Sjahrir era, como digo, una persona de cierto perfil intelectual,
estudiaba Derecho en Leiden, y, aunque no era marxista, tenia muy claro que la
independencia de Indonesia tenía que llegar mediante un movimiento de masas. De
hecho, era lector impenitente de clásicos marxistas. Era, en este sentido, una
especie de esquerrero indonesio; fue el primer primer ministro de la Indonesia
independiente. Pero en ese momento procesal, Sukarno le caía bastante mal e,
incluso, lo consideraba tóxico para el proceso que creía que se tenía que
producir; que era un proceso, esto lo tenéis que entender, completamente
distinto del que finalmente fue; pues la descolonización asiática es un proceso
totalmente condicionado por la segunda guerra mundial; conflicto en el que, en
1927, no creía nadie.
El PID no le perdía la pista al
PNI, en todo caso. En 1929, la policía hizo un registro en casa de Sukarno, y
se lo llevó detenido. Era gobernador general de las Indias Andries Cornelis
Dirk de Graeff, quien, cuando menos, ordenó que Sukarno fuese juzgado. El
tribunal, finalmente, le cascó cuatro años de prisión y la disolución del PNI.
En este proceso, sin embargo, hay elementos, como la existencia de garantías
judiciales y la sentencia relativamente lenitiva, que nos están demostrando
claramente que De Graeff estaba tratando de aplicar una política más taimada
por parte neerlandesa. Inspirándose en la estrategia en otras zonas cercanas,
pues los franceses practicaban más o menos lo mismo en Indochina, trató de
fomentar los derechos de los nacionalistas moderados locales. Gentes
partidarias de la co gobernanza, más que de la independencia. Le dio la vuelta
al Consejo Popular, el cual, desde 1931, pasó a tener mayoría local. Estas
medidas, sin embargo, generaron una reacción. Los neerlandeses colonialistas
crearon una organización conservadora, el Club Patriótico, que llegó a tener
9.000 afiliados y se convirtió, de hecho, en la organización política
neerlandesa más importante en las Indias.
La profunda crisis económica
mundial producida desde 1929 golpeó de forma durísima a las Indias Orientales.
El archipiélago vivía de las exportaciones de alimentos; pero los precios
internacionales de estas cosechas se desplomaron como consecuencia de la
deflación. A todo esto, el gobierno de
La Haya añadió gasolina a la hoguera con su decisión de no seguir a Gran
Bretaña en el abandono del patrón-oro, lo que hizo que sus exportaciones
dejasen de ser competitivas.
En medio de esta crisis
económica, Sukarno fue puesto en libertad con antelación, después de dos años
en el maco. Su libertad prácticamente coincidió con la llegada de Sjahrir a
Indonesia. También regresó Hatta, ya licenciado como economista. Lo que había
pasado era que tanto Sjahrir como Hatta habían sido expulsados de la PI, dado
que esta organización había sido colonizada por los comunistas.
Hatta y Sjahrir seguían alejados
de Sukarno. A pesar de haber sido expulsados de su organización por no ser lo
suficientemente comunistas, ambos abrazaban el concepto básico del marxismo de
que una revolución ha de hacerse cuando ha de hacerse; y que eso, muchas veces,
debe llevar al revolucionario a aceptar una fase previa de educación (léase
difusión de bulos) que cree las condiciones necesarias para la acción
revolucionaria (léase que prepare a las personas para odiar a los que no son
como ellas). En ese entorno, Sukarno les sobraba. Crearon un movimiento llamado
Pendidikan Nasional Indonesia o
Educación Nacional Indonesia; con la intención de formar cuadros
revolucionarios. Sukarno fundó un partido rival, el Partai Indonesia.
El 2 de enero de 1933, un
acorazado neerlandés, De Zeven Provinciën
zarpó de Surabaya. Lo hizo en el marco de una política de duros recortes
del gasto militar dictados por La Haya, donde las estaban pasando canutas con
la crisis económica. Se anunció un fuerte recorte en la tripulación de los
barcos que generó grandes protestas. La solución que encontró finalmente el
gobierno fue mantener casi incólume la plantilla de marineros holandeses
mientras hacía una masacre entre los morenitos. El 4 de febrero se lio tan
parda en la base naval de Surabaya, que se produjeron medio millar de arrestos.
En ese momento, el De Zeven Provinciën estaba
anclado al noroeste de Sumatra; escucharon la noticia por la radio y, en
solidaridad con los arrestados, se hicieron un Potemkin y tomaron el barco; varios marineros y oficiales blancos
participaron en la movida. Tras aislar y arrestar a los mandos, levaron anclas
y tiraron para Surabaya, a dar por culo.
Desde 1931 era gobernador general
de la Indias Orientales un peso pesado de los halcones: Bonifacius Cornelis de
Jonge. A De Jonge, la política de palo y tentetieso era, por lo general, lo que
le pedía su sistema límbico. Pero es que, además, se sentía respaldado por el
primer ministro, Hendrikus Colijn. Colijn era una persona de corte conservador,
aunque no comulgaba con eso que solemos llamar ultraderecha; sobre todo con la
ultraderecha con la que se tuvo que enfrentar en aquel tiempo, que era una ultraderecha
de verdad. Aunque consiguió que los Países Bajos no se convirtiesen en uno más
de los países europeos que acabara cayendo bajo el peso de un movimiento
fascista nacional (cosa que estuvo a punto de pasar), obviamente ese
impedimento no lo consiguió a base de montar un 15-M, sino de todo lo
contrario; abogado del orden, las buenas costumbres y las tradiciones, con un
perfil así conseguía que muchos neerlandeses no sintiesen la necesidad de
ponerse a marcar el paso de oca por las calles. Esto, sin embargo, tuvo sus
consecuencias para las Indias Orientales. En la práctica, Colijn se convirtió
en un José Luis Rodríguez Zapatero de la vida (o un Pedro Sánchez, si se
quiere); y, en consecuencia, tuvo el gesto de apoyar a un gobernador como De
Jonge, que sabía bien tenía el cuchillo de capar gorrinos entre los dientes; y
le dio la típica instrucción zapateril: tú contrólame el gallinero indonesio como sea. Colijn, probablemente, era
mucho más consciente que Zapatero y Sánchez de que decir como sea tiene sus consecuencias. Pero, en realidad, dio igual,
porque las consecuencias vendrían en cualquier caso.
De Jonge conminó al De Zeven para que retornase el control a
sus mandos. El barco respondió diciendo que no lo iban a hacer; que, eso sí, el
barco estaba tomado temporalmente; que navegaban hacia Surabaya para
solidarizarse con sus compañeros represaliados; y que no eran, ni de lejos, un
movimiento comunista. De hecho, en el barco, cada día de la okupación, se izó
la bandera tricolor; los oficiales fueron servidos en sus camarotes; y se
mantuvieron colgados los retratos de la Uilemina.
Así las cosas, De Jonge envió un
crucero, dos destructores, dos submarinos, cinco hidroaviones y tres
bombarderos contra el barco. Al parecer, la orden de De Jonge fue lanzar una
bomba desde un avión delante de la proa como advertencia. Pero el caso es que
el piloto, o se vino arriba, o tenía presbicia, o se había sacado los galones
en una FP de Manresa sin hablar catalán; porque el caso es que le dio al barco
en todos los huevos, mató a 19 personas y dejó 18 heridos, de los que cuatro
murieron en los días siguientes. La Prensa local (neerlandesa) reaccionó, más o
menos, como esa gente que, después de que una mujer haya sido violada en grupo
por 400 hombres, viene a decir que la culpa fue suya por llevar un top de
tirantes.
El régimen, de hecho, no tuvo
piedad con aquel motín. Hasta 164 marineros fueron condenados en los tribunales
a fuertes penas de hasta 18 años. Los quinientos arrestados de la base de
Surabaya fueron despedidos y condenados también a prisión. En agosto de 1933,
De Jonge hizo arrestar a Sukarno, y lo desterró a la isla de Flores sin juicio.
Un año más tarde, Hatta y Sjahrir fueron enviados al matadero de Boven-Digul.,
aunque un año después fueron trasladados a Banda Neira.
Las Indias Neerlandesas se
convirtieron en un Estado fuertemente controlado por el mando colonial, y en el
que las organizaciones anticolonialistas pagaban las consecuencias de su
bisoñez y su división. Pasado 1933, la paz social aparente llegó al archipiélago;
aunque, en realidad, existía un proceso
creciente de alienación, por el cual la mayor parte de los indonesios
comenzaron a construir sus vidas completamente ajenos de lo holandés; y, de
hecho, muchos desarrollaron cierta connivencia con los japoneses, que en un
número relativamente importante se estaban estableciendo en las islas, sobre
todo como comerciantes.
Las cosas, sin embargo, estaban a
punto de cambiar muy significativamente. A menudo, como los hechos luego fueron
los que fueron y, en la posguerra mundial, todo el mundo se aplicó a dejar de lado sus pecadillos, olvidamos lo verdaderamente cerca que estuvieron los Países
Bajos de recibir a las tropas alemanas entre vítores. El fascismo tenía muchos
partidarios en el país, y el NSB (Nationaal-Socialistische
Beweging, Partido Nacional-Socialista Neerlandés) tenía muchos partidarios.
De hecho, conforme Hitler fue ganando poder en Alemania, en las Indias cada vez
eran más los periódicos y las corrientes de opinión que soñaban con un NSB
isleño. El NSB local pronto tuvo unos 20.000 miembros; lo cual, teniendo en
cuenta la magnitud de los holandeses e indoeuropeos del archipiélago, da
bastante medida de la importancia que llegó a adquirir. Y ni siquiera era la
única organización. Estaban también el Club Patriótico, la Organización de
Fascistas Neerlandeses de las Indias, el Frente Negro del Fascismo Popular de
las Indias Neerlandesas, o la Unión de Razas Ario-Indias.
En el año 1935, Anton Mussert,
cabeza del NSB, visitó las Indias Neerlandesas; lo cual, las cosas como son, lo
convierte en el único máximo mandatario de un partido político neerlandés que
jamás las visitara como tal. El gobernador De Jonge lo recibió dos veces. La
constatación evidente para cualquiera de que la clase dirigente neerlandesa en
las Indias había desarrollado un perfil mucho más conservador y colonial que la
metrópoli, que ya de por sí era para echarle de comer aparte, hizo que
cualquier propuesta o tentativa de reforma o autonomía, por tenue que fuese,
recibiese el silencio o la negativa.
La cerril resistencia de los
neerlandeses tuvo, como he dicho, el curioso efecto; curioso, pero importante
teniendo en cuenta lo que había de venir, de la cercanía con los japoneses. En
ese momento, el fascismo holandés no sentía ningún tipo de solidaridad con los
japoneses; el factor que impulsó el establecimiento de nipones en el
archipiélago fue económico. Eran años en los que el yen había perdido buena
parte de su valor y, como consecuencia, muchas operaciones de comercio exterior
que hasta entonces habían sido prohibitivas, ahora eran posibles. Como
consecuencia, muchos japoneses decidieron establecerse en las islas y
aprovechar estas ventajas.
Japón, además, tenía buena imagen
como actor al alza en el teatro asiático. En 1895, un país modernizado a
marchas forzadas durante la llamada Era Meiji salió vencedor de un conflicto
con China en torno a la península de Corea. En 1905, un hecho que fue en su
momento todo un notición a nivel mundial, venció sin ambages al imperio ruso en
la lucha por las islas Sajalin. En 1910, se anexionó Corea. En 1914, al llegar
la Gran Guerra, escogió el bando adecuado. En 1918, había sido miembro fundador
de la Sociedad de Naciones.
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