jueves, enero 08, 2026

Ceaucescu (44): Goma




Rumania, ese chollo
A la sombra de los soviéticos en flor
Quiero rendirme
El largo camino hacia el armisticio
Conspirando a toda velocidad
El golpe
Elecciones libres; o no
En contra de mi propio gobierno
Elecciones libres (como en la URSS)
El último obstáculo, el rey
Con la Iglesia hemos topado
El calvario uniate
Securitate
Yo quiero ser un colectivizador como mi papá
Stefan Foris
Patrascanu y Pauker
La caída en desgracia de Lucretiu Patrascanu
La sombra del titoísmo
Gheorghiu-Dej se queda solo
Ana Pauker, salvada por un ictus
La apoteosis del primer comunista de Rumania
Hungría
Donde dije digo…
El mejor amigo del primo de Zumosol
Pitesti
Pío, pío, que yo no he sido
Trabajador forzado por la gracia de Lenin
Los comienzos de la diferenciación
Pues yo me voy a La Mutua (china)
Hasta nunca Gheorghe
El nuevo mando
Yo no fui
Yo no soy ellos
Enemigo de sus amigos
Grandeza y miseria
De mal en peor
Esos putos húngaros
El puteo húngaro
El maldito libro transilvano
El sudoku moldavo
La fumada de Artiom Lazarev
Viva Besarabia libre (y rumana)
Primeras disidencias
Goma
Los protestantes protestan
Al líder obrero no lo quieren los obreros
Brasov
No toques a Tokes
Arde Timisoara
El derrumbador de iglesias y monasterios
Qué mal va esto
Epílogo: el comunista que quiso sorber y soplar a la vez



Las cosas como son, y como ya os he dicho, los intelectuales rumanos no es que estuvieran ni muy rápidos ni muy intensos en su labor de oponerse al régimen de Ceaucescu. Por esta razón, cuando el régimen cayó se produjo en Rumania un fenómeno muy parecido al que vivimos en España tras la muerte del general Franco: la eclosión de un montón de intelectuales “demócratas de toda la vida”, que, en realidad, todo lo que intentaban era hacerse perdonar pasados no muy claros.

En los años 70 y 80 del siglo pasado, todo el mundo entendía que la disidencia rumana era básicamente Paul Goma. Y no era para menos. Lo cierto es que el conflicto de este escritor, que resultó finalmente expulsado del país en 1977, es el primero que realmente puso al régimen comunista rumano más o menos contra las cuerdas. Ciertamente, fuera de Rumania había otras personas que realizaban acciones o tenían gestos de disidencia. Hablamos de gentes como Ion Ratiu, residente en Londres, que por aquella época lanzó una campaña internacional para explicar las comunes violaciones de los derechos humanos que se producían en su país.

Como ya os he insinuado, la firma del llamado acta de Helsinki supuso un gran espaldarazo para las acciones de disidencia contra el régimen comunista rumano. El artículo 8 de este documento incluye un compromiso con la libertad de pensamiento, la libertad de conciencia, religión o creencia, para todos sin distinción de raza, o sexo, lengua o religión. El estado comunista rumano firmó el acta y la ratificó; algo que no debe sorprender, pues los comunistas son muy de firmar y apoyar estas cosas que, en realidad, repugnan.

Goma había nacido en Besarabia en 1935 de padres ambos maestros. Su padre fue arrestado por las autoridades soviéticas tras anexionarse la provincia en 1940. Fue liberado dos años después, tras lo cual la familia decidió emigrar a Rumania y se estableció en Bucarest. En 1951, Goma fue arrestado ante las sospechas de que estuviese intentando unirse a un grupo anticomunista radicado en los Cárpatos. Sin embargo, fue liberado después de 11 días de detención; tras esta experiencia, al muchacho le quedó bastante claro que tenía que hacer algo, y ese algo fue apuntarse a las Juventudes Comunistas. En 1954, fue admitido en la Facultad de literatura de Bucarest, donde en 1956 leyó por primera vez un texto suyo: partes de una novela que había escrito en la cual el héroe trata de crear un movimiento estudiantil similar al que se había producido aquel año en Hungría. Aquella bromita le salió bastante cara, dado que fue arrestado. Se lo acusó de haber intentado organizar una huelga en la Universidad de Bucarest y recibió una sentencia de dos años de prisión. Cuando salió del maco lo obligaron a residir en una población al este de la capital

Un decreto de 1965, es decir más o menos en la época del cambio de guardia entre Gherghiu-Dej y Ceaucescu, volvió a abrir la posibilidad de que antiguos detenidos pudieran regresar a sus puestos universitarios. Goma, de esta manera, se trasladó a la facultad de Artes de Bucarest, pero la cosa es que la dejó menos de un año después.

Cuando en agosto de 1968 Ceaucescu se mostró repentinamente crítico con la Unión Soviética a causa de los sucesos en Checoslovaquia, Goma decidió hacerse militante del Partido Comunista. Sin embargo, es evidente que tuvo ese gesto porque esperaba que el comunismo rumano cambiase; Es decir, demostró que no conocía el comunismo. En el momento de afiliarse al Partido, tenía ya prácticamente terminado el manuscrito de su primera novela, qué es básicamente un texto realizado a partir de sus experiencias, por lo general no muy buenas, con la Securitate. Sobre ser esto ya bastante problemático, algunos lectores cayeron en la cuenta de que uno de los personajes de la novela parecía estar inspirado en la persona de Elena Ceaucescu, es decir la mujer del dictador. Las consecuencias no se hicieron esperar: los escritos de Paul Goma fueron prohibidos. Ostinato, que así se llama esta primera novela, apareció sin embargo traducida al alemán en 1971 y , como resultado , su autor, cual Vinicius fuera de sí, fue expulsado del Partido.

En el verano de 1972, Goma fue autorizado a visitar Francia. Allí escribió Gherla, un texto que se nutre de sus experiencias en la prisión de dicho nombre en Transilvania. La novela fue prohibida en Rumania, aunque apareció traducida al francés en 1976.

Como ya os he contado, fue en medio de este ambiente de aislamiento en el que ocurrieron los sucesos de Checoslovaquia que tanto motivaron a Goma , y que le movieron finalmente a escribir a algunos de los principales hombres de la iniciativa de la Carta 77. Unos pocos días después de haber enviado esa carta, se dirigió directamente a Nicolae Ceaucescu. En dicha carta, Goma se quejaba de que únicamente los rumanos permanecían en silencio sin poder expresar sus pensamientos dentro del orbe comunista; Lo cual, hay que reconocerlo, es una gran exageración. En la carta, lo que hacía era fundamentalmente destacar el hecho de que la mayoría de los rumanos vivían literalmente acojonados con la Securitate y el tipo de cosas que les hacía.

Fue inmediatamente después de enviar esta carta cuando Goma convenció a siete compañeros de ser co firmantes de una carta abierta a los asimismo firmantes del Acta de Helsinki. Los firmantes eran: Adalbert Fehrer, obrero; Emilia y Erwin Gresswein, músicos de la orquesta filarmónica de Bucarest; Carmen y Sergiu Manoliu, pintores; Ana María Navodaru, traductora y esposa de Goma; y Serban Stefanescu, dibujante.

La carta impulsada por Goma , que como ya os he dicho al final recabó el apoyo de más de 200 personas , era , en realidad, la primera denuncia seria de las violaciones de los derechos humanos producidas en Rumania desde que, se había establecido allí el comunismo.

Que a Ceaucescu aquello le sentó a cuerno quemado quedó muy claro desde el primer momento. El 17 de febrero dio un discurso en el que atacó directamente a los que él llamó traidores del país. A las diez de la noche de aquel mismo día, Paul Goma comenzó a recibir una serie de llamadas telefónicas amenazantes. La cosa es que también recibió llamadas en las que se le expresaba apoyo y cariño; pero por casualidades de Movistar Romaní, solamente esas llamadas se cortaban. El 18 de febrero, se estableció un cordón policial alrededor del edificio de apartamentos donde vivía.

Tanto los Gessweins como los Manolius recibieron casi inmediatamente pasaportes para poder salir del país. Sin embargo tanto Goma como su mujer rechazaron la oferta de poder emigrar. El 22 de febrero, Goma fue invitado a una reunión con Cornel Burtica, secretario de propaganda del Comité Central (y si todavía hay que explicarte qué Comité Central, es que no te estás enterando de nada, macho). Burtica trató de convencer a Goma para que dejase de dar por culo; lo hizo por lo positivo, a base de promesas y zalamerías varias. Le prometió, por ejemplo, acelerar la publicación de una traducción hecha por su mujer, y, además, le ofreció trabajo como reportero. El alto mandatario del partido también argumentó en el sentido de que Ceaucescu no había tenido nada que ver con todas las medidas represivas que se habían ejercido contra el escritor. 

Al día siguiente, se hizo completamente evidente que el cordón policial alrededor de la casa de Goma se estaba relajando claramente; ésa era la segunda oferta. Sin embargo, no todo eran buenas noticias. A primera hora de la mañana, un obrero llamado Vasile Paraschiv, que había sido uno de los 200 con firmantes de la carta impulsada por Goma, fue arrestado cuando llegaba a visitarlo. La Securitate se lo llevó a su cuartel general, donde le dieron la conveniente mano de hostias. El 27 de febrero, otros dos firmantes de la carta: el pastor baptista Pavel Nicolescu y el dibujante Gheorghe Sandu, fueron arrestados cuando estaban saliendo del apartamento del escritor.

El 1 de marzo, Goma envió una segunda carta al presidente de su país en la que le urgía a no romper los vínculos que se habían creado tras tener el gesto de denunciar la invasión de Checoslovaquia. En su carta, Goma trataba de transmitir la idea de que todavía era posible construir una relación de confianza entre el Partido Comunista rumano y el pueblo del país. Aquí, pues , se ve la impronta de Goma como ex miembro del Partido Comunista.

La respuesta a la nueva carta del disidente fue inmediata. Ese mismo día, el teléfono de la casa de Goma dejó de funcionar. La verdad es que la manipulación del aparato de Goma fue tan chapucera que una de las veces que levantó el auricular del teléfono escuchó Radio Bucarest y una voz que se quejaba de que la conexión no era buena. En esos días, sin embargo, fueron varios los profesionales e intelectuales que se dirigieron a Goma para expresarle su apoyo. Otros, sin embargo, estaba claro que eran de otra opinión. Es, por ejemplo, el caso de Horst Stumpf, un ex boxeador que un día se presentó en la casa de Goma para arrearle unas cuantas hostias. El 28 de marzo, una televisión francesa entrevistó a Paul Goma. En ese momento , el escritor estaba atrincherado en su casa, y no lejos de él se encontraba una tropa de casi 200 personas que pretendía protegerlo.

A principios de abril, la prensa rumana lanzó una campaña de imagen sincronizada contra el capitalismo, el desempleo y lo que ellos llamaban el resurgir del fascismo en occidente. Esta campaña fue contemporánea del arresto de Goma el 1 de abril; arresto que tardó diez días en ser conocido en occidente. El día 2, uno de los disidentes fue llevado a un anfiteatro de una Facultad de la Universidad de Bucarest donde, al mejor estilo maoísta, fue sometido a la ira y las críticas de una multitud vociferante de 200 personas. O sea, la diferencia con la Facultad de Políticas de la Complutense de Madrid es prácticamente inapreciable. Goma fue expulsado del Sindicato de Escritores.

Otro disidente, Ion Negoitescu, fue detenido e interrogado por la Securitate y acusado de prácticas homosexuales; porque, las cosas como son, cuando escuchas eso de que el comunismo está comprometido en contra de la homofobia, te tienes que reír. Otros dos co firmantes de las cartas de Goma, Ion Ladea y Gheorghe Sandu, fueron detenidos y salvajemente apalizados en la Securitate.

Todas estas cosas se trataron de llevar con mucha discreción en Rumania; pero lo cierto es que al final siempre las cosas se acaban sabiendo y , en consecuencia, el conocimiento de estos hechos en occidente comenzó a incrementar la inquietud en torno a la detención del propio Paul Goma, e hizo que muchas personas se preguntarán exactamente qué es lo que le estaba pasando allí donde estuviese detenido. Comenzaron las llamadas y manifiestos en favor de su libertad; algunas verdaderamente sinceras, como la de Eugen Ionescu; otras ya más de cara a la galería, como las de Jean Paul Sartre o Arthur Miller. En ese momento, el Estado rumano estaba preparando con grandes fastos la celebración del primer centenario de la independencia de Rumania y entendió que aquel ruido no podía hacer otra cosa nada más que estropear la fiesta. Fue por ello que el día 6 de mayo de 1977, cuatro días antes de la celebración del aniversario, Goma fue liberado., la presión sobre él no cedió, aunque finalmente fue autorizado a marcharse de Rumania. 

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