lunes, septiembre 10, 2012

Breve historia de la ariosofía (5: la Sociedad Thule)

Parte 1: En el fondo, todo empezó con Riemann.
Parte 2: La Blavatsky
Parte 3: Guido von List
Parte 4: Jörg Lanz von Liebenfels



Dado que Guido von List nunca tuvo vocación de líder, sino sólo de ermitaño mistabobo, debieron ser otros los que se ocupasen de hacer proselitismo de sus ideas. Y esos otros actuaron, fundamentalmente, a través de dos organizaciones: la Reichshammerbund, fundada en 1912, y su organización clandestina, la Germanenorden.

Al frente de la primera se encontraron el coronel Karl August Hellwig y Georg Hauerstein, mientras que en la orden germánica operaron personas como Hermann Pohl, Bernhard Koerner, Philipp Stauff o Eberhard von Brockhusen. Pero, sobre todos ellos, descolla Theodor Fritsch, probablemente el principal activista antisemita de antes de la guerra (o de después de la guerra, según se quiera mirar).

El antisemitismo de Fritsch no tiene una fuente ariosófica o teórica, sino bien palpable. Como acertadamente señala Karl Dietrich Bracher en su imprescindible La dictadura alemana, el antisemitismo alemán de los siglos XIX y XX tiene fuentes económicas muy precisas, relacionadas con la grave crisis que la evolución económica, la creación de grandes corporaciones, etc., genera al modelo de botiguers germánicos, artesanos, agricultores, etc. El final de la primera guerra mundial, y más concretamente, la disolución del imperio austro-húngaro, supuso echar gasolina a esta hoguera, pues creó, en la trastienda de los negocios alemanes, naciones nuevas que, para hacerse un sitio bajo el sol económico de Europa, hubieron de competir ofreciendo salarios muy bajos a cambio de productividades muy elevadas y niveles de formación equiparables.

Fritsch es el primer teórico que responsabiliza de forma directa al capital judío de la crisis del modelo económico tradicional alemán. En los primeros años del siglo, su movimiento, que había sido ya fundado en 1884, jugó a las alianzas políticas, pero fue rápidamente fagocitado por los partidos conservadores. Por eso, en 1912, Fritsch clamó por la creación de un movimiento más allá de los partidos políticos. Aunque, en realidad, el motivo fue otro: el estallido de la denominada en Alemania segunda crisis marroquí (julio 1911), que evidenció las grandes dificultades para el país a la hora de construir su propio imperio colonial, supuso una debacle en las elecciones de 1912 para los partidos conservadores (los social democráticos casi triplicaron su representación). En este ambiente, Heinrich Class, dirigente de otra organización antisemita, la Alldeutscher Verband (Liga Panalemana), publicó su manifiesto “Si yo fuera Kaiser” (Wenn ich der Kaiser wär!), en el que cargaba violentamente contra los judíos y llamaba a la imposición de una dictadura. Fritsch recomendó este folleto en sus publicaciones y, en una reunión celebrada en su casa en mayo de aquel año, decidió junto con otros correligionarios la fundación de las dos organizaciones antes citadas.

La Germanenorden creció muy rápidamente, aunque dicho crecimiento no estuvo exento de problemas. En una asamblea celebrada el 8 de octubre de 1916 en Gotha, Turingia, diversos miembros de la organización votaron en contra de la cancillería de la organización por parte de Hermann Pohl, movimiento al que respondió éste escindiéndose como canciller de la Germanenorden Walvater von der heiligen Graal. El general Erwin von Heimendinger le sustituyó al frente de la organización.

La cosa estaba ya madura para ver el nacimiento de organizaciones más elaboradas. Tales como la Sociedad Thule, y la figura de Rudolf von Sebottendorff.

Quien luego se conoció, gracias al mito de sí mismo que construyó, como barón Rudolf von Sebottendorff, había nacido el 9 de noviembre de 1875 en la pequeña ciudad sajona de Hoyerswerda. Era hijo de Ernst Rudolf Glauer, un maquinista de tren, y de Christianne Henriette Müller. Fue bautizado Adam Alfred Rudolf Glauer.

Con los años, el futuro barón desarrollaría una vida de aventurero que incluiría la prosprección de oro en Australia, entre otros episodios. A finales del XIX trabajó para los turcos. En Alejandría, en el 1900, tomó contacto con derviches y visitó las pirámides de Giza; lo cual, inmediatamente, disparó su interés por el ocultismo. Rápidamente, desarrolló la teoría (que, cabe suponer, provocaría arcadas en Hitler) de que la cultura germánica de las runas estaba emparentada con el misticismo musulmán.

El 25 de marzo de 1905, Glauer se casó en Dresde con Klara Voss, aunque se divorciaron apenas dos años después. En 1908, volvió a Turquía, alentado por las oportunidades económicas de la revolución de los Jóvenes Turcos.

En el nuevo nacionalismo turco, Glauer encontró las semillas de la que sería su ideología; sobre todo, el panotomanismo que preconizaba la dominación turca de todos los Balcanes. Su afición la alquimia y los rosacruces, y la reacción antibolchevique hizo lo demás para construir el teórico antidemocrático, antirracionalista y antisemita que luego fue.

Glauer afirmó que había sido naturalizado turco en 1911 y que en dicho año, también bajo la ley turca, había sido adoptado por el barón Henrich von Sebottendorff. Puesto que dicho acto no era legal en Alemania, el acto se repitió en 1914 en Wiesbaden, esta vez realizado por Siegmund von Sebottendorff von der Rose y, aún, más tarde por la viuda de éste, en Baden-Baden. El 15 de julio de 1915, se casó con una divorciada, Berta Anna Iffland. En 1916, en la localidad termal de Bad Aibling, Sebottendorff le echó un ojo a un periodico de la Germanenorden donde aparecían unas runas, y decidió apuntarse. En septiembre de 1916, mantuvo un encuentro en Berlín con Hermann Pohl, tras lo cual se convirtió en un activo acólito del mismo en Baviera. En diciembre de 1917, fue nombrado Maestro de la provincia. En 1918 conoció al que se convertiría en su mano derecha, un estudiante de arte y herido de guerra llamado Walter Nauhaus.

A partir de ahí, la actividad de la orden en Munich creció exponencialmente. Las reuniones se celebraban en el domicilio de Sebottendorff (en la Zeigstrasse de la ciudad); pero en julio de aquel año la organización era lo suficiente solvente como para alquilar salones para 300 personas en el Hotel Vierjahreszeiten (las cuatro estaciones, si no está muy apolillado mi alemán).

Puesto que las reuniones tenían contenido ariosófico, pero también político, y para desviar la atención de los grupos y fuerzas de izquierdas, a la orden en Baviera la comenzaron a llamar sus miembros Sociedad Thule, considerando que eso despertaba menos reticencias. Thule deriva de la tierra descubierta al norte del norte por Pitias allá por el año 300 AC. Sebottendorff identificaba Thule con Islandia, país de gran importancia para los ariocéntricos, pues para muchos de ellos era la tierra remota que habían encontrado los arios puros para refugiarse cuando fueron empujados por las razas menores. Para los españoles de mi generación, Thule es esa tierra norteña cuya reina, Sigrid, era el pibón aquél que sostenía un eterno y casto noviazgo con el Capitán Trueno.

La tarde del sábado 9 de noviembre de 1918, apenas unas horas después de eclosionar la llamada revolución bávara, la Sociedad Thule celebró una velada musical. Los Wittelsbach, o sea los borbones cerveceros (bávaros) habían huido como valientes, el gobierno legal había dimitido, y la ciudad estaba en el poder teórico de los soviets. Para los thules, estos hechos eran algo inconcebible y estaban, por supuesto, dirigidos por judíos (la revolución bávara, de hecho, estaba dirigida por el judío Kurt Eisner). En la oración dedicada por Sebottendorff a los hechos aquella tarde puede observarse la importante imbricación que existe entre la reacción nazi como anticomunismo y la reacción nazi desde raíces más ariosóficas, relacionadas con la permanencia de un orden en peligro: Wir enlebten gestern den Zusammenbruch alles dessen, was uns vertraut, was uns lieb und wert war. An Stelle unserer blutsverwandten Fürsten herrscht unser Todfeind: Juda. Ayer, hemos experimentado el colapso de todo lo que nos era familiar, querido y valioso. En el lugar de nuestros príncipes de sangre germánica se encuentra ahora nuestro enemigo: Judas.

Estas palabras convirtieron a Sebottendorff en algo más que un parlanchín seudofilosófico; lo convirtieron en un líder contrarrevolucionario.

El barón prestado había, para entonces, medrado ya como dirigente, también de forma financiera. Es por esto que, en 1918, a la muerte de un financiero muniqués llamado Franz Eher, adquirió un pequeño semanario que, desde 1868, llevaba una vida modesta. Por 5.000 marcos, Sebottendorff se hizo con la propiedad del Beobachter, que él rebautizó como Münchener Beobachter und Sportblatt. Cuando, en 1919, coincidiendo con la revolución en Munich, H. G. Grassinger, jefe de producción del periódico, fundó el Deutsch-Sozialistiche Partei (DSP), Sebottendorff trasladó la sede de la publicación a la del partido, y convirtió la hoja en su boletín oficial.

En el verano de 1919, el periódico se convirtió en una sociedad limitada de 120.000 marcos de capital cuyos accionistas eran Käthe Bierbaumer, la mujer de Sebottendorff, con 110.000 marcos; y Dura Kunze, hermana del barón, con 10.000. Pero apenas un año después, la Franz Eher Verlag tenía una distribución bien distinta. Su mayor accionista minoritario seguía siendo Käthe, pero sólo con 46.500 marcos; Dora Kunze conservaba sus 10.000. En el resto, Franz von Fleilitszch tenía 20.000 marcos. 10.000 marcos, cada uno, tenían: Gottfried Feder, Franz Xaver Eder, Wilhelm Gutberlet, y Theodor Heuss. Y completaba el accionariado Karl Alfred Braun, con 3.500 marcos.

En esta lista encontramos a uno de los seguidores de Hitler de primerísima hora (Feder), a miembros de Thule como Fleilitizsch o Heuss... Todos ellos, probablemente, formaron parte de una movida para arrebatar a la familia Sebottendorff el control del Beobachter. De hecho, en diciembre de aquel mismo año de 1920 ya sólo había un accionista: Anton Drexler, quien el 5 de enero de 1919, en la Fürstenfelder Hof Tavern, había fundado el Deutsche Arbeiterpartei (DAP); que, en febrero de 1920 se había convertido en el NSDAP. En noviembre de 1921, las acciones fueron nominalmente transferidas a la persona de Adolf Hitler, quien en septiembre de 1919 había asistido, por primera vez, a un mitin del DAP, y que rápidamente había ido ascendiendo al liderato de la formación.

Pero ya hemos dicho que Sebottendorff se convirtió, tras el golpe de Einer, en algo más que un teórico. No sólo aportó al movimiento nazi el que sería su órgano de expresión, sino que, a lo largo del periodo posrevolucionario, coordinó el acopio clandestino de armas para un movimiento contrasoviético. También diseñó un plan, fallido, para secuestrar, y probablemente asesinar, a  Eisner en Bad Aibling. En todo caso, durante el periodo de dominación comunista en la patria de la cerveza alemana creó grupos armados, la conocida como la Kampfbund Thule. Pero no fue éste un movimiento alocado de un pasado de vueltas: Sebottendorf fue autorizado por el gobierno refugiado en Bamberg para reclutar gente.

En febrero de 1919, Eisner fue asesinado por el conde Arco auf Valley, un judío resentido porque no le habían dejado entrar en Thule; se formó un gobierno de inspiración cristianodemócrata bajo la dirección de Johannes Hoffmann, que no logró devolver la normalidad a la ciudad; en esas circunstancias, hubo de refugiarse en Bamberg. El 6 de abril, un grupo anarquista había proclamado la República Soviética Bávara, y el 13, los comunistas tomaron el poder. La ciudad entró en una fase de violencia gratuita y, en términos generales, puta mierda.

Hoffmann, en Bamberg, fue incapaz de organizar una resistencia por sí sola, así pues se vio obligado a aliarse con las fuerzas más radicalmente conservadoras. Llamó entonces a las Frei Korps, a Von Epp, a Sebottendorff, a todo dios. El 26 de abril, los comunistas entraron en la sede Thule y detuvieron a su secretaria, la condesa Heila von Westarp, y seis personas más, a las que fusilaron el día 30. Uno de estos fusilados era el príncipe Gustav von Thurn und Taxis, miembro de una de las más rancias familias aristocráticas alemanas (que da nombre a un montón de vehículos coloreados en las ciudades del mundo entero), lo que fue un gravísimo golpe de imagen para el régimen sovietobávaro.

Cuando el llamado Ejército blanco contrarrevolucionario entró en Munich, el 1 de mayo, se encontró la ciudad en medio de una rebelión interna, que había sido organizada, instigada y ejecutada por los Thule. Cuando se logró restablecer la normalidad, regresó el gobierno Hoffmann de Bamberg; pero para todo el mundo era evidente que aquel Ejecutivo era rehén de las fuerzas radicales que le habían pavimentado el camino de regreso al poder.

El último servicio que rindió la Sociedad Thule al radicalismo conservador ultranacionalista alemán durante los difíciles meses de la revolución bávara fue acoger en sus salones del hotel Vierjahreszeiten a algunos de los líderes y formaciones de su cuerda que habían sido hostilizados, cerrados o perseguidos por el régimen. En la lista de acogidos hay nombres como los de Alfred Rosenberg, Dietrich Eckart, o Rudolf Hess.

¿Qué pasó con Sebottendorff tras las jornadas de Munich? Pues fue acusado de negligente por otros miembros de la sociedad por haber dejado en la sede los archivos de sus miembros, lo que permitió a los comunistas, cuando la tomaron, tener información preciosa de a quién y dónde encontrar. Por esta razón, el barón no volvió a asistir a reuniones de la sociedad. Abandonó la actividad política y se conformó con dirigir un pequeño periódico sobre astrología. En 1923 se fue a Suiza pero regresó en 1933, tras la victoria de Hitler, para refundar la Thule. Sin embargo, sus constantes apelaciones públicas en el sentido de que él había inventado el nacionalsocialismo (lo cual, desde un punto de vista teleolo-ideológico, no era ninguna imbecilidad) le granjearon las iras del gobierno, para el cual obviamente, todo había empezado en Mein Kampf. Así pues, fue arrestado en 1934 y, cabe suponer, acojonado en proporción suficiente como para que se marchara del país, de nuevo a Turquía. Parece ser que en Estambul trabajó para la inteligencia alemana hasta que el ejército germano abandonó la ciudad, en septiembre de 1944. Las informaciones más probables apuntan a que medio año después se suicidó tirándose al Bósforo.