jueves, mayo 19, 2011

15-M y M-68

Me preguntan por correo electrónico si el 15-M será como el Mayo del 68. Yo, la verdad, no lo veo claro. Hay cuatro grandes razones que me nublan la vista.

Razón 1: Contra lo que pueda parecer, el Mayo del 68 no es recordado por las famosas consignas, entre geniales y lerdas, de aquel movimiento. Todo aquello de «prohibido prohibir» (que anda que los herederos del 68 le han hecho mucho caso) o «seamos realistas, pidamos lo imposible», y bla. Mayo del 68 se recuerda porque fue un órdago en toda regla al estatus político vigente en aquel momento (que siguió vigente después, y lo sigue ahora en gran parte). Pero ese órdago no lo plantearon los estudiantes con sus eslóganes hippies y cantando Blowing in the wind, sino líderes y grupos de izquierda absolutamente organizados (especialmente el troskismo que orbitaba alrededor de Alain Krivine); y, sobre todo, se produjo desde el momento en que el movimiento estudiantil se convirtió en un movimiento estudiantil-sindical.

Si Mayo del 68 fue tan importante no fue por parar las clases en Nanterre, sino por parar la Renault. Esto es bastante evidente por el hecho de que, desde el momento en que los sindicatos llegan a un acuerdo con el gobierno (a espaldas de los estudiantes), el globito se pincha a marchas aceleradas.

¿Puede devenir el 15-M en un movimiento sindico-estudiantil? Hombre, como poder, puede; pero para que sea así, antes las asambleas de la Puerta del Sol tienen que decidir exactamente lo contrario de lo que defienden ahora mismo, en el punto y hora que los sindicatos (que, que yo sepa, no han aparecido por Sol; todo un síntoma) son, para los acampados, parte del problema que denuncian. En este aspecto, pues, Mayo del 68 y el 15-M se parecen, al menos de momento, como un huevo a una castaña.

Razón 2: Mayo del 68 tenía una ideología. Es posible que no la tuviese en su inicio, que son los momentos en los que más se parecen a lo vivido hasta ahora en España. La movida parisina comienza por la formación de un grupo contra la guerra de Vietnam (ambos movimientos comparten, pues, la tendencia pacifista) y reivindicaciones puramente estudiantiles. Cuando el ministro de Educación francés visita, creo recordar que en marzo, una de las facultades donde el M-68 está comenzando a fraguarse, y se encuentra con un portavoz de los estudiantes llamado Daniel Cohn-Bendit, éste le espeta, como principal reivindicación, una que no tiene nada que ver ni con la pobreza, ni con la democracia, ni con casi nada: los estudiantes están cabreados porque en los colegios mayores no se pueden llevar personas del otro sexo a la habitación.

Pero eso fue en marzo y Mayo del 68, como su propio nombre indica, ocurrió en mayo. En esos dos meses, el movimiento se impregna de una decidida ideología de alternativa al modo de vida, y al modo político, burgués. Es, mal que le pese a Cohn-Bendit, un movimiento de hondas raíces marxistas (lo cual no quiere decir soviéticas; si a algún comunismo «oficial» se parece M-68, es al maoísmo).

Así pues, el movimiento del 68 tenía una ideología, mientras que el 15-M pretende, creo yo, no tenerla. Ayer ví en la tele como tres o cuatro entrevistas con portavoces del movimiento. Todos ellos dijeron, más o menos: «Lo que yo reivindico es Bla y Bla y Blabla. Pero hay otra gente». Valientes portavoces que sólo hablan de lo que quieren ellos mismos, pero, en fin, es lo que hay. Mis amigos más cercanos al movimiento me insisten: la plantaforma reivindicativa más o menos unificada llegará. Yo siento disentir con ellos. A mí me parece que las plataformas reivindicativas deben ser previas a la movilización. En esto, sí es verdad, 15-M y M-68 se parecen un poco. Lo cual, a mi modo de ver, no es ninguna buena noticia, porque viene a decir que el 15-M es una revolución altamente manipulable, como lo fue, de hecho, la parisina.

Tener una ideología le permitió a M-68 poder convertirse en un conflicto obrero, es decir presentar reivindicaciones concretas en el ámbito económico (aunque esto también fue su perdición: una vez resueltas estas reivindicaciones, a tomar por saco el movimiento). El sustrato del pensamiento económico del 15-M, si no me he liado con las [por cierto, escasísimas] declaraciones que he visto, es el movimiento antiglobalización. Los antiglobi llevan años montándola acá y acullá, con diferentes grados de violencia, pero nunca, que yo sepa, han expresado qué es lo que harían si mañana llegase la ONU y les regalase un país para que lo gobernasen. Yo, cuando menos, sé lo que no quieren, pero no sé lo que quieren. Por ejemplo, eliminar el principal eje de la globalización, que es el libre movimiento de capitales, ahogaría la financiación de muchos países en desarrollo, que no pueden aspirar a financiarse en su propia moneda. De momento, aún no he conseguido averiguar cómo se formula en la teoría antiglobalización una solución para este problema.

Razón 3: Mayo del 68 tenía un enemigo. Un enemigo que ocupaba el palacio del Elíseo. El 15-M dice que tiene mil enemigos (todos los políticos, los medios de comunicación, los herederos de Torrebruno...) y, si algún día llega a escoger uno, visto el perfil ideológico de la mayoría de sus activos participantes, elegiría al Partido Popular. O sea, problema, porque es que resulta que, en este caso, De Gaulle no está en el Elíseo, sino en la oposición.

Razón 4: Mayo del 68 es un movimiento que respira Guerra Fría. Sin ese componente en el aire, habría muerto. El sustrato de la revolución parisina, habilísimamente utilizado por las organizaciones a la izquierda del PCF y por supuesto del socialismo, es la existencia de una alternativa y de un enemigo en términos ideológicos, que es el sistema liberal capitalista. El 15-M parece tener claro el mismo enemigo, y escribo parece tener porque, de momento y en mi nivel de información, peca del mismo pecado que su sustrato antiglobalización, esto es carecer de una alternativa como tal estatuida y, paradójicamente, se limita a manejar como propios argumentos construidos precisamente por ésos contra los que va, es decir los políticos. Pues, que yo sepa, el mantra ése de que la culpa de todo la tienen los mercados no se inventó en la biblioteca de un cotolengo carmelita.

Otra comparación que ha surgido es la comparación con las revueltas en el mundo musulmán. Ésta segunda me parece, sinceramente, repugnante, y si yo tuviese algún poder de opinión, recomendaría a todo aquél que sienta la tentación de echar mano de ella que se lo pensase dos veces.

Un español de veinte años que abre su portátil y se conecta a Facebook hoy, puede cagarse en la madre de cualquier miembro del Gobierno. Puede redactar un escrito solicitando del presidente del Congreso que expulse del hemiciclo a los diputados del partido que no le guste, y presentarlo en el registro del Congreso. Puede salir a la calle y gritar que Zapatero debe dimitir, o que debe seguir. Y, sobre todo, puede votar.

Un sirio de veinte años que va a una manifa se está jugando que le revienten la cabeza con munición de guerra.

Ésos son los términos de la comparación.

Con todo, a mí lo que más me atrae o ilusiona del movimiento es la posibilidad de que abra un portín a las reformas del sistema que lo hagan más participativo. Creo que el 15-M estaría plenamente justificado con sólo conseguir una reforma del sistema electoral, que en mi opinión debería migrar a un sistema a la americana, es decir distritos electorales pequeños, listas abiertas, y el personal a votar a un candidato, no a 37. O una reforma de la financiación de los partidos políticos. O una reforma del reglamento del Congreso que impida que el control al gobierno sea un control teledirigido y que, sobre todo, el Gobierno conoce con antelación.

Habrá que esperar, en todo caso, a esa plataforma reivindicativa que, según me dicen quienes saben de esto, va a llegar.

Y una coda: por muy atractivas que sean las movidas, por muy excitante que sea la perspectiva de pasar una noche al raso con los colegas en el kilómetro cero, hay una cosa que comparten los activistas del 15-M, los estomatólogos licenciados en Zaragoza, los blogueros que escriben sin acentos y el cardenal Rouco Varela: todos ellos, por muy distintos que sean unos de otros, están sometidos al imperio de la ley. No se puede ir por la vida pidiendo democracia efectiva y acto seguido vulnerar la ley en nombre de dicho principio, pues en ese caso se está negando lo que se defiende.

España tiene una ley democrática, votada por los españoles, que dice que las 24 horas antes de unas elecciones no se pueden celebrar actos de índole política. Así pues, el sábado, a casa. La profundización de la democracia no puede comenzar por socavar los principios que informan la que ya existe.