viernes, diciembre 22, 2006

Hasta luego

A partir de hoy, y hasta el año que viene, dormiré en otra cama distinta de la que me es habitual. El lugar al que voy por Navidad no tiene ordenador ni internet, así pues mi ciberyo, digamos, tendrá que hibernar hasta el Año Nuevo, por lo menos.

Quiero advertíroslo porque en los próximos días el único servicio que os puedo ofrecer es el repaso de post antiguos que ya están publicados en el blog. No introduciré ninguno nuevo.

En el 2007 regresaré, no diré que con ánimos renovados; con los mismos. Hace ya algunos meses que empecé este blog y, la verdad, a pesar de que te disciplina, a pesar de que te obliga a regular tu presencia, a acopiar materiales, a leer con otro espíritu, no hago más que preguntarme por qué no lo iniciaría antes. Me encanta escribir estos artículos y cada vez que sé de alguien que los disfruta también, me siento retribuido. Hay algo en el contacto electrónico que sabe ser extremadamente cálido.

Cuando yo era un crío tenía unas mañanas de Nochebuena realmente intensas. Mi madre nos tenía prohibido, a mí y a mis hermanos, cabrearnos a partir de la tarde porque era Nochebuena, así pues aprovechábamos para pelearnos en la mañana absolutamente por todo; eso sí, en la tarde todo tenía que estar arreglado. Por eso creo que la Navidad se asemeja mucho al periodo de sueño; es ese momento de la existencia en el que recargamos pilas, apartando un poco los asuntos que nos angustian, que nos cabrean o que directamente nos amargan la vida.

Os transmito a todos el deseo de que podáis, en efecto, apartar los malos rollos y terminar, estas noches y todas las que traigan, con un beso.

Y hasta el año que viene.