miércoles, diciembre 20, 2006

Cositas para leer

No sé cuántos de vosotros seguís el tráfico de comentarios que registran estos post, pero en el último de ellos (penúltimo, con éste), Teramenes ha colocado un comentario con la recomendación de una novela histórica: Los novios, de Alessandro Manzoni.

Bueno, he pensado que, dado que enfrentamos días de solaz y tiempo libre, sería bueno que os dejase aquí algunos comentarios sobre novelas históricas que creo son entretenidas de leer.

Una novela histórica se puede leer, a mi modo de ver, por dos razones. La primera, universal, porque el estilo o la historia enganchen; en realidad, no estaremos leyendo entonces una novela histórica, sino una buena novela, sin más. El segundo motivo es más puro: leemos la novela porque, además de estar bien escrita, ofrece datos interesantes y precisos sobre la época en la que transcurre la trama.

En esta segunda categoría, en mi humilde opinión, el mejor novelista histórico es Gore Vidal. Vidal es un escritor y politólogo norteamericano, aunque creo que vive en Italia, que ha escrito varias novelas ambientadas en los tiempos antiguos (tales como Creación, Juliano el Apóstata o El conde Belisario, para mí la mejor de las tres); pero, sobre todo, se ha dedicado a historiar los últimos 200 años de la vida de su propio país. En algunas de sus novelas da continuidad a los personajes y el conocimiento que tiene de los hechos le lleva a contar historias cuyos protagonistas son los propios personajes históricos, lo cual se agradece. Si hemos de encontrarle un pero, yo diría que, a veces, se le nota que escribe para personas que han hecho el bachillerato en Estados Unidos, y con aprovechamiento además. Quiero decir que da algunas cosas por sabidas que no lo están tanto para lectores no estadounidenses.

Dos escritores sajones más que no os podéis perder son Robert Graves y Coleen McCollough. Graves escribió en la primera mitad del pasado siglo una obra monumental, Yo, Claudio, seguida de Claudio el dios y su esposa Mesalina, que fueron llevados a la televisión, ahora mismo no recuerdo si por la BBC o por Granada TV, en una magistral obra de teatro filmada. Os recomiendo los libros y los DVD, ambos, sobre todo para aquellos que me leais y que, teniendo, digamos, menos de treinta y pocos años, no habéis tenido la posibilidad de ver la serie cuando la pasaron por la tele española. Los aficionados a Star Trek tienen el beneficio añadido de poder ver al capitán Jean-Luc Pickard en el papel de Elio Sejano, el sanguinario jefe de la guardia pretoriana del emperador Tiberio.

Esta recomendación tiene la ventaja de que, por una vez en la vida, es absolutamente irrelevante que leais primero los libros y veais luego la serie, o al revés. Los guiones le son absolutamente fieles a la obra de Graves y, en realidad, da igual la imagen que os hagais de Claudio al leer el libro: Derek Jacobi os la va a borrar.

Coleen McCollough se hizo famosa en el mundo entero con un libro, El pájaro espino, que narra la historia de amor imposible entre la hija de unos granjeros australianos y un ambicioso cura. Sin embargo, además de ser capaz de escribir argumentos de amoríos más o menos atrayentes, McCollough es una escritora con una erudición histórica admirable, especialmente sobre la antigua Roma. Con esta temática ha escrito una serie de libros que comienzan en la juventud de Cayo Mario y terminan con Julio César (es decir: de alguna manera, analiza las décadas en las que Roma pasó del sistema republicano al imperial). Si te interesa la Historia de Roma, ésta es tu colección. Deberás leer unas cuatro o cinco mil páginas, pero te aseguro que no te va a pesar.

Si lo que te pasa es que todo lo que te mola de Roma es la figura de Julio César, entonces tienes dos píldoras más tragables: El joven César y César Imperator, obra de Rex Warner. En esta novela, el autor fantasea con la idea de que la noche antes de ser asesinado en la escalinata del Senado, Julio César ya barrunta la conspiración y, en la madrugada, hace un repaso, en primera persona, de su vida. Excelente.

Otra joya de la novelística de la antigüedad es Nerópolis, de Hubert Monteilhet. Las cartas que el joven Kaeso le escribe a su padre desde Grecia, donde estudia, consultándole si debe hacerse homosexual dado que todos sus compañeros de academia lo son, no tienen desperdicio.

Últimamente, con toda esta discusión un tanto sicoanalítica que tenemos los españoles sobre desde cuándo somos España y tal, está bastante de moda hablar y leer sobre los Reyes Católicos, Isabel y Fernando. A mí la novela que más me gusta en este terreno es Fernando e Isabel, de Hermann Kesten. Evidentemente, un novelista histórico tiene que adoptar tesis con las que quizá no comulguemos, y Kesten defiende una (la del presunto enamoramiento entre Isabel de Castilla y Gonzalo Fernández de Córdoba) en la que yo, la verdad, creo menos que en la posibilidad de que el Nástic gane la liga. Pero la novela es excelente.

Otras épocas, otras novelas. Sobre los Estados Unidos de la época de la guerra civil me gusta La última viuda de la Confederación lo cuenta todo, de Allan Garganus. De la Alemania prenazi he leído, con mucho gusto, Una princesa en Berlín, obra de Arthur R. G. Solmssen. Acerca de la Rusia estalinista, en tono ferozmente crítico, la excelente Los hijos del Arbat, de Anatoli Ribakov, seguida de una continuación, para mi gusto algo más floja, que creo que se llama Terror.

De la revolución francesa no os podéis perder La sombra de la guillotina, de Hillary Mantel (nota para revisitadores: en la primera versión de este post decía aquí, por error, Pamela Marcantel); y la trilogía escrita por Robert Magerit (aunque en esta estorba un poco, en mi opinión, la historieta de amor más o menos imposible que le da unidad al argumento).

Obra maestra de la novela histórica, como libro singular, es Bomarzo, de Manuel Mújica Lainez. De verdad, tenéis que leerla. Todos. El mundo de la nobleza italiana renacentista, la corte medicea, los condottieri... Si todo eso os parece fascinante, Mújica os lo va a elevar al séptimo cielo. Bomarzo cuenta la historia de un noble menor de una de las grandes familias italianas los Orsini, contrahecho y débil, que, por una serie de circunstancias, llega a ser la cabeza de su casa. Cada vez que leo en este libro, la escena de la coronación de Carlos V en Bolonia, que Orso Orsini observa desde un balcón, escucho la batahola de sonidos que el autor describe. Literatura en estado puro.

Si os gusta ese subgénero, hoy en día tan de moda, de las novelas detectivescas ambientadas en épocas históricas, os recomiendo las novelas de Paul Doherty en las que cuenta las andanzas del forense de Londres, sir John Cranston, y su amigo el fraile Athelstan, en la época del rey Ricardo II. Si os fascina Londres, además, debéis leer la novela Londres, de Edward Rutherfurd.

Y también podéis leer novelas que no lo son. Por ejemplo, un libro de investigación histórica que escribió Carmen Martín Gaite, El proceso a Melchor de Macanaz, que se lee como una novela. Algún día hablaré de este libro en otro post.

En fin, todo esto no es sino una lista tentativa, para abrir boca. Mi intención no es otra que excitaros para que dejéis alguna que otra recomendación.

Buena luna y buena lectura para todos.