jueves, septiembre 03, 2015

Los Estados Unidos (1)

Por un cortacabeza, como se dice en lenguaje hípico, ha ganado la encuesta la formación de los Estados Unidos sobre otro de los temas que os proponía, que es el sistema métrico decimal y la medición del mundo. La votación ha sido tan ajustada que me estoy planteando desarrollar las dos series de forma más o menos simultánea. Llevará más tiempo, pero el cliente manda.

Comenzaremos, en todo caso, por los Estados Unidos. Ese lugar que nos importa un huevo, que muchas personas incluso odian, pero al que, curiosamente, no paramos de imitar. Hace unos días asistí (por primera vez en treinta años; tres décadas resistiendo) a una boda pagana en las afueras de Madrid. El novio esperó a la novia en el altar (o sea, en el cabecero de la sala donde se celebró la boda); costumbre que hemos aprendido en las pelis americanas porque en España (ahí están las pelis españolas para demostrarlo) el novio, de toda la vida, ha esperado a la novia (y eso si llega tarde) a la entrada de la iglesia. En la boda, asimismo, también hubo intervenciones de parientes y amigos de los novios; otra costumbre sajona que nosotros no habíamos practicado hasta que nos fascinó la cultura social de esos asquerosos imperialistas. Los españoles más progresivos, guays y socialmente divinos de la muerte, que son los actores y directores de cine, se montan cada año una ceremonia de entrega de premios cooptados que no puede esconder su vano (algunos dicen que estúpido) intento de parecerse a la gala de los Óscar de Hollywood. 

Vemos sus series, comemos su comida, y vivimos sus elecciones presidenciales como si fuesen nuestras, inventando conjunciones planetarias y todo. Lo cierto es que nos importan, como también es cierto que la historia de la formación de esta nación es, en realidad, importante para cualquiera interesado en los asuntos de la Historia. 

Si nos da el bofe, terminaremos esta serie allá por 1960. Es una percepción personal. En mi opinión, los Estados Unidos se han formado hasta dicha fecha y, a partir de la misma, han madurado, lo cual es un proceso relativamente diferente. El segundo en el que el cráneo de John Fitzgerald Kennedy revienta por la bala disparada por sabe Dios quién, el tiempo se dobla y comienza otro momento. Es una impresión particular, no está sacada de ningún sesudo manual. 

Vayamos, pues, todos juntos, yo el primero, por la senda constitucional.


América (del Norte) comenzó a forjarse de alguna manera en 1536. Ésta es la fecha en la que Juan Calvino publica sus Instituciones de la Cristiandad, publicación que lleva la revolución reformadora luterana más allá de Lutero. Calvino pensaba que en el mundo sólo existe una pequeña elite de hombres realmente elegidos por Dios para gobernar la Tierra, su Creación. Llevó a término esa idea en sí mismo y en la ciudad suiza de Ginebra, donde creó un régimen que ha recibido el nombre de puritano. Aunque la intención de Calvino, desde luego, no era luchar por las libertades colectivas, lo cierto es que diversos elementos de puritanismo, como la libre interpretación de las Escrituras, que no deja de ser una defensa de la libertad individual, o la afirmación de la existencia de un poder divino por encima del de los Estados, acabarían por florecer en diversas filosofias individualistas y, diríamos hoy, liberales, que impregnan todavía hoy en buena medida el alma de los Estados Unidos.

Dos años antes, 1534, el anglicanismo había sido proclamado religión de Estado en Inglaterra. Anglicanismo y calvinismo, ambas fes protestantes, acabarían entrando en conflicto. En 1563, Isabel I, la Reina Virgen (según algunos, más bien la Reina Bollera), consolidó el anglicanismo mediante la adopción de los llamados 39 artículos de religión, que lo separaban definitivamente de la Iglesia de Roma. Sin embargo, los 39 artículos le supieron a poco a los calvinistas ingleses, que querían ir mucho más allá hasta extirpar completamente de su país cualquier residuo de catolicismo.

Inglaterra comenzó su exitosa carrera en el Nuevo Mundo en mayo de 1607, cuando tres barcos que llevaban un centenar de aventureros desembarcaron y se establecieron a unas 50 millas del James River, en Virginia. Estos pioneros habían embarcado con financiación de un grupo de ricos comerciantes londinenses, encabezados por sir Thomas Smith y un noble, sir Edwin Sandys, especialmente conocido por sus tendencias puritanas. Soñaban con la posibilidad de que estos colonos pudieran establecerse en algún lugar donde pudiesen producir sedas y tintes que en ese momento los ingleses debían comprar a Francia y España; dos clientes sometidos a enormes riesgos.

Fallaron. Los colonos que fundaron Jamestown pronto fueron pasto de la malaria y de los ataques de los indios. En 1624, el rey Jacobo I revocó la autorización colonial para Virginia, convirtiéndola en una provincia. De las 6.000 personas que habían partido hacia allí, 4.000 habían perecido. Había otro problema, además. No pocos de aquellos colonos virginianos eran pobres sirvientes que habían firmado un contrato denominado indenture, mediante el cual se comprometían a servir a sus señores durante una serie de años a cambio de recibir, al final del periodo, un pasaje para América. Encerrados en la jaula de su servidumbre durante años como hemos dicho, una vez que llegaban al nuevo mundo, estos firmantes de indentures se solían descontrolar, y no pocos de ellos se convirtieron en los primeros elementos de una larga lista de fieros buscadores de oro. En 1618, los promotores de este sistema, esto es los grandes comerciantes de la capital, reconocieron sus limitaciones y cambiaron de estrategia: desde entonces, a cada colono (hombre) se le garantizaría la propiedad de 100 acres de tierra. Este sistema se combinaba con otro llamado head right, por el cual cada amo que se llevaba 50 acres recibía, también, 50 acres para cada sirviente que hubiese conseguido llevar consigo a la incierta nueva vida. El 39 de julio de 1619 celebró su primera sesión la House of Burguesses, primera institución con representantes elegidos en América.

Con todo, el hecho principal que trabajaría por el desarrollo de Virginia fue el descubrimiento, en 1615, de que el tabaco medraba en sus tierras y, consiguientemente, se podía plantar. En la tercera década del siglo XVII comenzaron a trabajar negros en las plantaciones de tabaco, pero no sería hasta treinta años después que fuesen considerados esclavos.

El tabaco fue un gran negocio para Virginia y creó allí una primera clase de terratenientes locales. Sin embargo, la avidez de la planta tendía a empobrecer el suelo, y éste fue el motivo de que los colonos comenzasen a pensar en expandirse hacia el interior. Los ricos, ésta es una historia tan vieja como nueva, controlaban en monopolio la House of Burguesses y, consiguientemente, desde la misma imponían fuertes impuestos a los pequeños propietarios, además de hacer bastante poca cosa para protegerlos de los indios. En 1676, estos pequeños colonos estaban tan hasta los huevos de la situación que, liderados por Nathaniel Bacon, asaltaron Jamestown. Organizaron una buena, pero pocas semanas después Bacon murió y sus adláteres, sin líder, se disolvieron. El gobernador William Berkeley ahorcó a 23 de ellos.

El rey Carlos I dió carta de naturaleza en 1632 al primer vecino de Virginia: Maryland. En tal fecha, otorgó una garantía en el nombre de sir George Calvet, primer lord Baltimore, para controlar el territorio entre el Potomac y el paralelo 40. Dos años después Cecilius, el hijo de George, llevó allí los primeros colonos, la mayoría de ellos católicos pues ésa era la religión de los Calvet (algo que, a poco que se piense, está claramente estatuido en el nombre del Estado). Esto, sin embargo, entró en conflicto cuando el establecimiento de la Iglesia anglicana en Virginia provocó una emigración de puritanos hacia Maryland. En 1649, el poder de los puritanos era ya tan fuerte en Maryland que la asamblea colonial tuvo que aprobar una ley para proteger a los católicos, la muy célebre, en Estados Unidos, Toleration Act. En 1691, los problemas entre puritanos y los sobarrosarios eran tan fuertes que la Corona tomó la decisión de revocar el poder de Calvet y convertirla en provincia para poder controlarla mejor. En 1715 regresó a poder de la familia, donde seguiría hasta la independencia.

Los católicos de Maryland importaron de Virginia tanto el tabaco como la costumbre de explotar a los negros.

Trece años después del asentamiento de Jamestown, 100 puritanos ingleses, incapaces de llegar a buenos términos con los anglicanos, se separaron de esta Iglesia y se embarcaron en el puerto de Plymouth, con destino en Virginia y el objeto de “disfrutar de su propia forma de pensar en paz y pureza”. Su pequeño pero famoso barco, el Myflower, llegó el 11 de noviembre de 1620 a la bahía de Cape Cod; así que imaginaros la que va a montar el Tea Party el 11 de noviembre del 2020, que quedan cinco añitos...

Habían terminado tan al norte por culpa de las tormentas. Anduvieron buscando un lugar bueno para su pequeña república puritana, y un mes después lo encontraron en un lugar que llamaron (muy imaginativos no eran) Plymouth. Llegaron allí el día de Navidad; para abril del año siguiente, la mitad la había palmado.

El lugar elegido por los colonos, y sobre el que les fueron reconocidos derechos en 1621, no daba para la agricultura, pero sí para la pesca y el comercio de pieles, que fue a lo que se dedicaron. A finales de siglo, 1691, este experimento de los inquilinos del Mayflower sería absorbido por el establecimiento de la bahía de Massachusetts. De hecho, ya en 1629 la Compañía de la Bahía de Massachusetts había conseguido una carta de garantía de Carlos I, por la que se le concedía un espacio de terreno muy generoso entre los ríos Charles y Merrimack. La concesión daba a los concesionarios total propiedad de los recursos minerales y pesqueros.

La compañía había sido creada por ricos mercaderes puritanos. Esto quiere decir que el proyecto de Massachusetts tenía, en realidad, dos objetivos simultáneos: en primer lugar, hacer pasta; y, en segundo, servir de canal para la emigración de puritanos desde Inglaterra, movimiento liderado por John Winthrop, él mismo devoto calvinista. Winthorp habría de hacerse finalmente con la concesión. En marzo de 1630, comenzó la emigración masiva de personas a la bahía, en un ritmo de unas 25.000 personas en diez años. Estos colonos construyeron su capital, a la que llamaron Boston.

Boston y su bahía se convirtieron, de la mano de los poderes de autogobierno que se reconocían en la concesión, en una oligarquía clerical. Todos los miembros de su General Court o parlamento debían ser puritanos. Los principales miembros de la asamblea, llamados freemen (había otra categoría, los assistants; pero eran designados por los freemen) venían a suponer el 1% de la población, así pues las virtudes representativas de este órgano eran muy relativas; aunque esto se fue suavizando conforme más personas en el territorio fueron haciendo fortuna.

Una ley de Massachussets de1635 garantizaba a los freemen de cada localidad amplios poderes en la organización de la vida de sus villas. Así se fundó el sistema de reuniones decisorias a escala de cada población que persiste hoy en día, y que podemos ver en muchos episodios de The Simpsons, en los cuales el pueblo entero se reúne en un salón de actos para discutir tal o cual cosa. En todas las ciudades de Nueva Inglaterra, los votantes, que no los ciudadanos, ejercían un poder directo sobre la administración de las escuelas, las carreteras, la policía, etc. En 1644, las ciudades ganaron el derecho de enviar representantes a una asamblea, que se convirtió en la cámara baja de la General Court.

La siguiente línea de expansión del proceso colonizador de los futuros Estados Unidos estuvo provocada por la asfixiante manera que los clérigos puritanos tenían de llevar las cosas en Nueva Inglaterra, y que impulsó a algunos a pensar en salirse de las fronteras de sus concesiones. Fue el caso, por ejemplo, de Roger Williams, que había llegado a Boston en 1631 siendo un ministro puritano, pero que pronto se desencantó de la forma de hacer las cosas. Saliendo de Massachusetts en 1635 en compañía de algunos seguidores, Williams fundó la ciudad de Providence, en el área de la bahía de Narraganset. Tres años después, los curas puritanos echaron de Massachusetts a otra tipa problemática, Anne Hutchinson. Hutchinson primero marchó hacia Providence, pero pronto cogió a su familia y se la llevó de allí hasta el territorio de lo que hoy es el Estado de Nueva York, donde todo lo que consiguió fue que todos los colonos fuesen apiolados por los indios.

En 1643, una parte importante de todos los asentamientos que habían sido creados por huidos de Massachusetts se unieron para crear la patria de Peter Griffin: Rhode Island, para la cual consiguieron una concesión real como colonia separada en 1644. Williams, el gran líder de este nuevo proyecto, decretó la libertad religiosa y la separación entre Iglesia y Estado en la nueva colonia.

Otros desencantados del proyecto semiteocrático de Massachusetts (pero, en este caso, por considerar a los gobernantes puritanos demasiado blandos) se establecieron, durante esos años, en el territorio del actual Connecticut, liderados por Thomas Hooker. Encontró el fructuoso valle del río Connecticut, y allí vio crear establecimientos como Hartford, Wethersfield o Windsor, que se unieron en 1639 bajo las Fundamental Orders of Connecticut, un embrión de constitución. Un año antes, un grupo de colonos de Connecticut se había establecido en New Haven. Éstas y otras ciudades creadas fueron reunidas en 1662 para formar la colonia de Connecticut. Hooker estableció en la colonia un gobierno religioso todavía más duro que el de Massachussets.

El territorio más al norte del río Merrimack había sido adjudicado en 1620 a un grupo de aventureros, pero pronto la colonia de Massachussets reclamó la propiedad y, cuando la obtuvo, comenzó a enviar (1640) colonos allí. En 1679, una parte de estos nuevos asentamientos adquirió autonomía propia al crearse la colonia de New Hampshire; no obstante, el resto, esto es el actual estado de Maine, permaneció hasta 1820 como parte de Massachussets.