lunes, marzo 24, 2014

El hombre que sabía hacer las cosas bien (3)

El 28 de enero de 1938, la edición del Pravda incluia en su primera página la foto de un hombre ya calvo y con cierta pinta de hombre de campo: Nikita Kruschev, el hombre al cual el Plenario del Comité Central del Partido Comunista ucraniano había elegido primer secretario. Probablemente Leónidas Breznev no lo sabría en ese momento, pero con aquella primera página se estaba laborando la lanzadera que, durante un cuarto de siglo, iba a elevarlo a los eslabones superiores de la estructura de poder de la Unión Soviética, aportándole la oportunidad de llegar a ser, según se vea, el hombre más poderoso del mundo, o el segundo.

Sin embargo, en 1938 se puede decir con casi total seguridad que Breznev y Kruschev no habían tenido relación alguna. El segundo de ellos había conseguido auparse a la condición de uno de los favoritos de Iosif Stalin. El secretario general del PCUS y dictador de la URSS lo había querido tener bien cerca, y por eso lo había hecho jefe del partido en Moscú, donde se había responsabilizado, entre otros actos sobresalientes, de la construcción del muy famoso metro de la ciudad.

En enero de 1938, sin embargo, Stalin necesitaba que el Comité Central del PCU eligiese a alguien para comandarlo, más que nada porque tenía el pequeño problema de que el citado Comité ya no existía. La inmensa mayoría de sus miembros había desaparecido.

Hay que explicar alguna cosa. La enorme fuerza que, en los tiempos de la consolidación de la URSS, había tenido en Ucrania su movimiento nacionalista, hizo que, al revés de lo que ocurría en la práctica totalidad del resto de la URSS, en Ucrania, en realidad, el Partido Comunista local se acercase más al concepto de una coalición entre bolcheviques y nacionalistas, que eran los que habían conseguido pulirse tanto a los rusos blancos como a los anarquistas, y conservaban una especie de alianza. De hecho, los socialrrevolucionarios ucranianos, movimiento que había aglutinado buena parte de ese nacionalismo estructurado, habían conservado hasta 1920 su propio movimiento legal, el llamado Partido Borotbista. A lo largo de los años treinta, e incluso en 1934 tras el asesinato de Sergei Kirov y la ola de purgas que desató Stalin como represalia, el partido ucraniano había resistido muy bien todos esos embates.

Tras la conocida como segunda gran oleada de purgas estalinianas, en la primavera de 1937, Stalin decidió que tenía que embridar el partido en Ucrania. Empezó por el segundo secretario del partido, Pavel Potishev, que fue cesado entonces y fusilado en 1940. Inmediatamente después del cese de Potishev, Stalin cesó (y también ejecutó posteriormente) al comendante del distrito militar ucraniano, general Iona Yakir; de hecho, uno de los primeros militares que resultó ser víctima de las paranoias del secretario general.

Con mucha probabilidad, Moscú esperaba que la caída de Potishev generase una serie de peleas intestinas dentro del partido en Ucrania. Sin embargo, en su XIII Congreso, en los inicios del verano de 1937, los miembros del partido eligieron a la vieja guardia, más ucraniana que comunista en algunas cosas.

La respuesta de Stalin fue enviar a Ucrania a un auténtico ejército de agentes y mandos de la NKVD, la misma organización que, por aquel entonces, estaba preparando el asesinato a hostia limpia de Andreu Nin en Alcalá de Henares, o donde quiera que fuese que lo forrasen. Acudimos a este ejemplo porque viene muy al pelo para entender la labor de estos secretas. Exactamente igual que en la España de la guerra civil hicieron todo lo posible por convencer al bando republicano de la existencia de redes conspiratorias fascistas de las que el POUM y otras organizaciones formarían parte, su dedicación en el caso ucraniano se centró en sostener la tesis de que los «enemigos del pueblo» estaban tramando algo gordo.

En agosto de aquel mismo año, Stalin envió a Kiev a una comisión especial del Partido, de la que formaban parte Kruschev, Molotov y Nikolai Yezhov, jefe de la NKVD. O sea, todo lo gordo. Inmediatamente, la delegación del poder soviético comenzó a elaborar acusaciones contra la nomenklatura del partido en Ucrania por no haber estado suficientemente vigilante. Convocaron al Comité Central local, ante el cual Molotov se despachó con un auténtico rosario de acusaciones. Consecuentemente, propuso una moción de censura contra Stanislav Kossior, el jefe del partido, y sus adjuntos; incluyendo al presidente de la república, Grigory Petrovsky, y el primer ministro, Panas Lyubchenko. La moción de censura llevaba aparejada la expulsión del Comité. Por supuesto, insistió en que el elegido en lugar de los ahora censurados habría de ser Kruschev.

Los ucranianos, con un par, se negaron. Como partido político propio, dijeron no estaban obligados a cumplir las consignas de Moscú. Siguieron días y días de arduas negociaciones.

Finalmente, Molotov, de acuerdo con Stalin, ofreció una alternativa: el traslado de la totalidad de los 102 miembros del Comité Central a Moscú para discutir allí la movida. El Comité ucraniano aceptó, con la única excepción de Lyubchenko, que votó en contra; y no sólo votó en contra: en cuanto se dio cuenta de que había perdido, se suicidó.

Un tren especial trasladó al Comité Central del Partido Comunista de Ucrania a Moscú el 2 de septiembre de 1937. Eran 101 hombres, de los cuales tan sólo tres no desaparecerían en las semanas siguientes. En puridad, el único superviviente de aquella purga fue Grigory Petrovsky.

Nada más desaparecer el Partido Comunista Ucraniano en Pleno en  el agujero negro de Moscú, comenzó la purga en todos los escalones inferiores: las jefaturas de partido de provincia, de distrito, de ciudad, de barrio incluso. Algunos, incluso, fueron purgados antes de que la prensa hubiera podido publicar su nombramiento, o sus nombres rotulados en las puertas de sus despachos. Sin embargo, Breznev no tuvo que temer nada, porque estaba bajo la protección de Demian Sergueyevitch Korotchenko, líder del partido en Dnepropretovsk y muy cercano a Kruschev. Korotchenko habría de proteger al Cejas, y éste bien que se lo pagaría, porque moriría en 1969 bien situado dentro de la elite gobernante soviética.

Esta es la razón de que en enero de 1938 Kruschev tuviese que desembarcar en el Partido Comunista Ucraniano, para el cual no tenía cuadros ni de segunda fila: los habían matado a todos. Se llevó de Moscú a un ex chequista, Mihail Burmistenko, para que le echase una mano, pero ésa era casi toda la ayuda con que contaba. Cuatro meses después de haber sido nombrado, Kruschev promovió a más de 1.600 cuadros del Partido a puestos más elevados que habían quedado vacantes por las purgas.

Fue el caso de Leo. En mayo de 1938, Breznev fue transferido a Dnepropretovsk, la capital del distrito, donde fue nombrado jefe del departamento provincial de ideología y adoctrinación. Un año después, cuando se creó el cargo de jefe provincial de propaganda, lo ocupó. Esto lo convertía en el quinto hombre más poderoso en el partido comunista de la segunda república más importante de la URSS, después de la propia Rusia; y, en ese momento, la más industrializada.

Además, esto lo convertía en un kruschevista acérrimo. Desde su oficina situada en la esquina entre la Pushkinska Prospekt y la Polevaya Ulitsa de Dnepropretovsk, Breznev ya no tenía que reportar a Korotchenko, pero sí a Semion Borisovicht Zadiochenko, otro cuadro del partido traído de Moscú, más concretamente del distrito Baumanski, donde Kruschev había hecho toda su carrera política hasta entonces. Por lo tanto, estaba estrechamente vigilado por el nuevo secretario general, a pesar de que su segundo secretario del partido fuese un extraño caso de ucraniano superviviente a las purgas: Leónidas Romanovitch Korniets. Un auténtico superviviente Korniets, pues logró sobrevivir a Stalin como presidente de Ucrania y luego, en Moscú, como ministro, incluso a Kruschev.

Tras la salida de Korniets del partido para ocupar el puesto más bien simbólico de presidente de la república ucraniana, llegó al partido Iván Samoylovitch Grushetski, como uno de los secretarios del partido Dnepropretovsk. En 1972, Breznev habría de permitir, si no impulsar, la ascensión de Grushetski a miembro del Politburó del Partido en Ucrania.

Además, hay que recordar a dos de los compadres de Breznev en la academia metalúrgica: Pavel Nikitovitch Alferov y Konstantin Stepanovitch Grushevoi. Alferov fue nombrado jefe del partido en la ciudad de Dneprodzerzhinsk, y fue sustituido un año después por Grushevoi. En 1939, Grushevoi fue nombrado segundo secretario del partido en Dnepropretovsk, lo que lo convirtió, automáticamente, en superior de Breznev.

Asimismo, en el mismo tiempo en que Breznev era nombrado responsable de propaganda, otro amigo de la academia metalúrgica, Nicolai Anisimovitch Shelokov, fue nombrado alcalde de Dnepropretovsk. Shelokov y Breznev se hicieron íntimos y, de hecho, el segundo de ellos, cuando llegó al poder, lo nombró ministro del interior y lo llevó a vivir el mismo edificio de Kutuzovski Prospekt donde vivía él mismo (y, por cierto, Yuri Andropov).

En distrito vecino al de Breznev, Zaporozhe, otro futuro amigo del futuro secretario general, Andrei Pavlovitch Kirilenko, fue nombrado segundo secretario del Comité Central. Durante la reconstrucción de la zona tras la guerra, Kirilenko se ganó la confianza de Breznev, quien se lo acabaría llevando a Moscú con él.

En estos y otros nombres que podríamos citar está lo esencial de una cosa que hoy ya casi no se recuerda, pero que en su momento fue una de las organizaciones políticas más importantes del mundo: la conocida como Mafia del Dnieper, esto es el grupo de jerifaltes comunistas, la mayoría de ellos ucranianos de origen, que formaron la guardia pretoriana, primero de Nikita Kruschev y luego, con éste fue devorado por su hijo, de éste, es decir Leónidas Ilych Breznev.

¿Cuáles fueron las labores de Leo al frente de su flamante departamento de Propaganda? La principal de ellas, sin duda, fue coordinar la política de rusificación de Ucrania, que siguió al decreto de 1938 por el cual el ruso se hizo obligatorio en el sistema educativo, además del idioma oficial de la administración y del Partido.

Estas responsabilidades se acabaron extinguiendo en el vestíbulo del inicio de la guerra mundial para la URSS. Tras el armisticio con Finlandia, en abril de 1940, el Soviet Supremo de la URSS votó y aprobó un aumento sideral en el presupuesto de defensa. Stalin ordenó inmediatamente que diversas factorías fuesen recicladas en fábricas de armas. El Partido fue reorganizado para nombrar responsables de temas militares en todos sus niveles. Breznev fue designado para esta responsabilidad en el distrito de Dnepropretovsk.

Como Leónidas era el hombre que todo lo sabía hacer bien, su labor en esta materia fue muy buena, tanto antes como después de que las tropas alemanas cruzasen la frontera de la URSS. En menos de un mes, el distrito de Dnepropretovs había reclutado casi cinco divisiones de combatientes, lo cual hay que reconocer que tiene mucho mérito. Se hizo famosa una medida tomada por Breznev, absolutamente revolucionaria en un lugar como Ucrania, de tirar todo el vodka de la ciudad por las alcantarillas para evitar el alcoholismo. Aunque también hay que reconocer que, con el final de la URSS, investigadores bien documentados como Dimitri Volkogonov han desenterrado informes de aquellos tiempos que retratan precisamente a Breznev como un borrachuzo bastante ineficiente en su labor como comisario ideológico de las tropas.


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