lunes, noviembre 12, 2012

Por si queréis dejaros de polladas

Os tengo un poco abandonados, lo sé. Me fui de puente y además, por esas circunstancias, no lo tengo fácil para pasar más de dos horas junto a mi ordenador y mis libros. Y este blog, la verdad, no puede escribirse en cualquier parte. Yo tendría que ser un privilegiado como dicen que era El Greco, que viajaba acompañado por un nutridísimo séquito de criados y, lo que es más importante, todos o casi todos sus libros en carros. Como no lo soy, tengo que esperar a que la vida se aquiete y se normalice para escribir.

No obstante lo dicho, me asomo a esta ventana para colocar un off topic total, cosa que mis seguidores habituales sabrán ya que hago de vez en cuando y con total desvergüenza. Quisiera recomendaros la lectura de un pequeño informe que encontraréis aquí. Se trata del resumen de una conferencia dictada recientemente, en el Club Empresarial ICADE, por el economista Jesús Fernández-Villaverde, sobre la crisis económica actual y las políticas a seguir para superarla.

Querido lector, que lees esto (y por eso eres lector, claro), puedes ser de uno de dos tipos. Puedes ser de ese tipo de personas que gustan de las polladas. Para saber si eres de ésos, sólo tienes que preguntarte si los debates que ves en la tele te llenan. O si te llena el discurso oficial de algún partido político o sindicato. Si es así, amigo mío, te van las polladas, y deberías dejar la lectura de este post en este mismo punto.

Caso de que hayas llegado hasta esta línea y, por lo tanto, cuando menos consideres de ti mismo que te gustaría tener algo más que la recetita de salmorejo ideológico con que te proveen los voceros de los tuyos o los sesudos analistas televisivos, que en minutos quince son capaces de hablar de Cataluña, de la prima de riesgo, del Real Madrid y de la hipercolesterolemia; si necesitas, digo, algo más que esto, pincha en el enlace, y/o sigue leyendo.

Verdaderamente, este pequeño discurso de Fernández-Villaverde, joven economista de sonoro e histórico apellido (será, digo yo, pariente del Villaverde que salvó España una vez) residente en Estados Unidos, tiene más enjundia que un año de tertulias, se produzcan éstas bajo palio o al rojo vivo, eso da igual.

El discurso de Villaverde empieza mal, para qué negarlo. Nos dice: "la economía española está en una situación muy mala y sufrimos esta situación desde enero del 2008". Frase que, en sí, no dice nada que no sepamos ya, ergo suena a deyección de tertuliano. Eso sí, el conferenciante rápidamente salpimenta la afirmación con una interpretación histórica, o tocante a la Historia, que, amén que atractiva, es coincidente, cuando menos en parte, con otros analistas del devenir económico de España en el tiempo, como Juan Velarde.

Según Villaverde, o tal lo interpreto yo, la economía española mantiene un tono decepcionantemente estable (encefalograma plano, pues) hasta el Plan de Estabilización del 59, que es el que dispara el bienestar español, en una proporción muy superior a la evolución del mismo en los grandes países del entorno, hasta conseguir, en la última década del siglo, la práctica convergencia con Estados Unidos y otros países híper-desarrollados. Como digo, esta tesis es muy coincidente con la de Velarde, que la adorna con muchos más datos en su Historia reciente de la economía española; y lo hace por interés personal, claro, pues fue él, junto con otros jóvenes economistas de la época, quien colaboró para maquinar aquel cambio radical de política económica.

Velarde, con una ausencia total de proclividad hacia lo políticamente correcto, sostiene que el Plan de Estabilización de 1959 y el primer mandato Aznar son los dos únicos momentos en los que, de verdad, en España se hizo buena política económica. Villaverde nada dice de la etapa Ansar, tal vez porque es más cauto o menos fogoso, pero ambos mensajes convergen en lo esencial. Eso sí, la interpretación de Villaverde añade un matiz realmente importante.

En su opinión, el diferencial de renta de España respecto de los países más desarrollados ha hecho que, durante 50 años, no hayamos pensado en otra cosa que en converger. Lo hemos sacrificado todo a cambio de poder darle un mordisco más a nuestro diferencial de renta. Sin embargo, una vez que esto se consigue, ¿qué se hace? En opinión de Villaverde, lo que se tenía que haber hecho era sentarse a repensar España. A pensar, dice él, "las bases del crecimiento económico de las siguientes décadas", que ya, añado yo, no podían ser las mismas que en el pasado. Pero lo fueron. Lo que tuvimos, una vez alcanzados nuestros competidores en nivel de renta, fue una continuidad de esa política de crecer como sea, o sea burbuja, o sea hostión.

De los siete grandes problemas que aquejan a nuestra situación actual (que no te voy a copiar aquí, ni siquiera los voy a comentar todos, para que así leas al autor y no, o no sólo, al amanuense), el que más certeramente analiza Villaverde es el relativo a la actual estructura institucional española. Es donde mayor clarividencia derrocha el conferenciante, quizá porque, como demuestran sus ejemplos, vivir en Estados Unidos le hace ver cosas que tal vez otros no vemos.

Resumiré lo que yo creo que dice el autor con mis propias palabras. Para juzgar si soy justo en la recensión, siempre está la fuente originaria.

La cosa es que yo estoy bastante de acuerdo con lo que leo, o creo leer, en la conferencia. España tiene hoy una estructura civil, social, en la que los partidos políticos lo son todo. Los partidos políticos nombran el gobierno de los jueces. Los partidos políticos engrosan las estructuras que deciden si ha habido o no comportamientos reprobables en los medios de comunicación. Los partidos políticos, shit you little parrot, nombran al tipo o tipa cuyo trabajo consiste en proteger a la gente de los políticos (Defensor del Pueblo, lo llaman). Los partidos políticos se colocan, con luz y taquígrafos, detrás de las personas que pretenden ser rectores de universidad, o presidentes de colegios profesionales. Cuando no son los partidos políticos los que actúan, lo que se hace es darle vitola de representantes de la sociedad a personas que tampoco se han sometido jamás a ningún tipo de escrutinio por parte de dicha sociedad (como, por ejemplo, las organizaciones ecologistas) y que, además, no están muy alejadas de los partidos políticos, entre otras cosas porque según qué partido gobierne, les cae o no les cae la subvención que les paga la sede, la mecanógrafa y, tal vez, un pequeño excedente, que hay que vivir.

Los partidos políticos son como iglesias. "Sólo sois una pandilla de curas", les espeta Imanol Arias a sus ya ex compañeros batasuneros, en La muerte de Mikel. La iglesia católica es: jerarquía estricta (el párroco López manda menos que Rouco, y Rouco manda menos que Benedicto) e interpretación única de las escrituras (Catecismo). Los partidos políticos no se mueven ni un ápice de este punto. En un sistema de listas cerradas, la jerarquía lo es todo: si el número 2 por Logroño es puesto seguro, sólo irás de número 2 por Logroño si Mariano quiere. Si Mariano no quiere, ya puede la gente de Logroño saludarte por la calle haciendo genuflexiones y cantándote Hosanas mientras recorres la ciudad en pollino, que da igual. 

Pero está la segunda cosa: la explicación catecumenal. La ideología política, convenientemente gobernada por el partido, establece interpretaciones unívocas para las cosas. A pasa porque B. No te pedimos que pienses en A, ni en B; te pedimos, simplemente, que repitas, en tu perfil de Facebook, en tu Twitter, en la barra del bar: A pasa porque B. B es un cabrón. B tiene la culpa.

"No es una casualidad", dice Villaverde, "que nos hayan tocado los presidentes del Gobierno que hemos tenido". Desde luego. Nos han tocado los gobernantes que hemos querido; los más ajustados a la explicación catecumenal mayoritaria. De ahí, entiendo yo, que sean tan frecuentes las acusaciones a los gobernantes en el sentido de incumplir los programas electorales. Porque la gente, en España, no te vota porque piense que vas a ser un buen gobernante; te votan para que cumplas el Catecismo.

La crítica a las instituciones ultrapolitizadas alcanza, en la conferencia de Villaverde, cotas elevadísimas en el momento en que compara los portales en internet de su lugar de residencia (Lower Merion, Penn) y una ciudad semejante de España: Majadahonda. En la web de Majadahonda hay un huevo de fotos y noticias del alcalde, por aquí, por allá, y 7 páginas de información presupuestaria. En la de Lower Merion el alcalde no se llama major, sino city manager; no aparece en la portada de la web (el que aparece es el director de una bibioteca recién inaugurada); y hay un documento presupuestario de 340 páginas.

Eso sí, el city manager es un señor con estudios, másteres y experiencia laboral en gestión local... y cobra 275.000 euros. Mientras que, en España, "elegimos un alcalde politizado. Como es un alcalde politizado, que nunca ha hecho nada en la vida profesional o privada, nos parece mal pagarle, con lo que su sueldo es de 50.000 euros. Y el tipo tiene una tentación muy grande de corrupción". Bull's eye: lo que hay que hacer con los políticos no es pagarles menos, sino pagarles más. Eso sí, exigiéndoles... que dejen de ser políticos (váyase el lector a la página web de Lower Merion y cuente los clics que le cuesta conocer la afiliación partidaria o ideológica del alcalde).

Más demoledora aún es la comparación entre la actual presidenta de la Securities and Exchange Commission y la de la CNMV española. Mary L. Shapiro tiene titulaciones específicas y lleva 29 años trabajando en materias relacionadas con los mercados de valores. Elvira Rodríguez ha sido alta funcionaria en materia de presupuestos; ministra de Medio Ambiente (WTF?); Consejera de Transportes (Ein?); Presidenta del parlamento regional madrileño (What?) y senadora. Y, ahora, tiene la última palabra a la hora de decidir la posición del mercado español de valores sobre tal o cual operación. Como dice Villaverde con sorna, resulta difícil de creer que, en esa situación, "va a poner los intereses de los inversores por encima de los de Cristóbal Montoro". Por cierto, Shapiro, a lo largo de su carrera profesional, ha sido nombrada bajo las administraciones Reagan, Bush padre, Clinton, Bush hijo y Obama. ¿Es imaginable un alto cargo técnico en España fue fuese nombrado durante las teóricas presidencias del gobierno de Aznar, Zapatero, Rajoy, Rubalcaba, Esperanza Aguirre y Tomás Gómez?

Desarrolla también Villaverde la personalidad y proceso de nombramiento del actual rector de la universidad de California, Mark Yudof. Para empezar, Yudof ha dirigido antes otras universidades (Minnesotta y Texas); o sea, que gestionar la universidad, lejos de un cargo, es un trabajo. Lo selecciona un comité de notables y lo nombra, finalmente, governator Arnold Schwartzennegger. ¿Destaca el gobernador la ideología del rector? Pues no. No existen indicios de que la conozca siquiera. Sin embargo, nos recuerda Villaverde, el nombramiento del nuevo rector de la Complutense es saludado con el siguiente titular periodístico: La izquierda mantiene su bastión en la Complutense con la victoria de Carrillo.

Ninguna universidad española está entre las 200 mejores del mundo. Será por el mal olor de los baños, quizá.

Más. Nos informa Villaverde del Civil Service First Stream, que es un sistema británico de selección de funcionarios, en los que los candidatos no son enviados a una academia a estudiarse decenas de temas de Derecho Administrativo, sino que "se les sienta en una habitación, se les dan correos electrónicos y se mide la capacidad que tienen de procesar esos correos electrónicos, de presentar la información de manera adecuada y de proponer soluciones a los problemas ficticios que tienen esos casos".

Otro mal que toca de pasada Villaverde en su texto, y que me ha arrancado una sonrisa de aficionadillo a la Historia, es el ligado a la famosa frase de Romanones: haga vuecencia las leyes, que ya haré yo los reglamentos. Doy fe que esta frase es notablemente exitosa en los corrillos de coleguitas en el extranjero. A los británicos, especialmente, les hace mucha gracia.

La dicotomía ley/reglamento en España tiene que ver con dos cosas que, desgraciadamente, en mi opinión Villaverde apenas apunta en su conferencia. La primera es bastante evidente y tiene que ver con la querencia de los partidos políticos por hacer a su interés. Y la segunda tiene que ver con la ausencia de debate naciente del hecho de que, si los partidos políticos han instilado toda la sociedad española, su presencia es, más que abrumadora, aplastante, en los medios de comunicación, que son los que deberían articular dicho debate.

El ejemplo que pone Villaverde es sangrante. El Congreso modifica la Constitución para elevar el equilibrio presupuestario a la categoría de dogma. Pero deja el desarrollo real de ese compromiso para una ley que, sucintamente, dictamina que tanto las previsiones presupuestarias como el cuadro macroeconómico y la comprobación de lo que se ha hecho corresponden al mismo actor: el Gobierno. Dicho de otra forma: yo soy el violador y, al mismo tiempo, el forense que dictamina si hubo consentimiento. Con un par.

... y no pasa nada. No pasa nada, entre otras cosas, porque la prensa, el día que llegó al Congreso el borrador de esa ley, estaría hablando de Belén Esteban. Bueno, eso la mitad de la prensa. Porque la otra mitad, simple y llanamente, recibió una llamada de alguien que susurró: hoy llega nuestro proyecto de ley al Congreso; cumple con tu obligación, camarada. Aun queda otra opción, desgraciadamente no desdeñable: esa noche, la mitad, si no dos tercios, si no la totalidad, de los contertulios que se sentaron en cualquier plató a discutir, no distinguían una Ley Orgánica de un soplete oxiacetilénico.

La penetración política en los medios de comunicación es algo bien perceptible hoy en día en Cataluña, por ejemplo. Los medios de comunicación allí, como en el resto del Reino, tienen eso que se llama una narrativa. Es decir, un relato de los hechos al que se ciñen, y al que van a adaptando los hechos que ocurren en cada momento. Se parecen a aquel periódico conservador alemán que jamás escribió las palabras Deutsche Democratische Republik y para el cual, por lo tanto, nunca hubo reunificación alemana, porque nunca hubo partición. Con las mismas, nunca ha habido, ni habrá, secesión de Cataluña, por la simple y pura razón de que nunca hemos estado unidos. Et voilà!

Cuando Villaverde entra en el campo económico, que es su terreno, la cosa va incluso a peor. Se sorprende, y es que es como para sorprenderse, cómo es posible que en España, en los tiempos recientes, hayan caído el PIB y el empleo mientras el salario medio subía. Como bien dice, la ley de la oferta y la demanda prevé que, por lógica, bajará. Pero Spain is different. Al loro con el palito que les endiña a los sindicatos...

¿La educación? Pues qué queréis que os diga. En Shangai, nos dice Villaverde, el 26,6% de los estudiantes son excelentes en matemáticas;  en Madrid, el 1,9%. Añado yo: en China no sé; pero, en Madrid, España, además de excelentes, son raritos, asociales, odiosos, capullos y membrillos. Opinión de ellos que tienen muchos de sus compañeros, y algunos de sus profesores, que cuando eran estudiantes eran tanto o más bandarras que los tipos a los que ahora suspenden.

¿Cuál es el corolario de todo esto? A mi modo de ver, el corolario de todo esto es lo que tenemos. Lo que se percibe después de un cuarto de hora en Facebook o en cualquier otro lugar no eremítico. Lo que tenemos son personas que realizan interpretaciones unívocas, y de una extremada sencillez, de la realidad. Personas que se pasan la vida creyendo en la absoluta maldad de los que no son los suyos, y confiando en la absoluta habilidad de los suyos para resolver sus problemas. Personas que no quieren hablar de las carreteras que hay que construir en los próximos 50 años, sino de quién les va prestar 10 pavos para irse a casa en taxi dentro de media hora. Personas que sólo trabajarán para arreglar las cosas con los suyos. España es un trineo en el que cuando tiran los huskies, los malamute se tumban, y viceversa.

Estamos, más que probablemente, exactamente en el punto en el que nuestras élites quieren que estemos.