domingo, julio 03, 2011

El siglo (Tiburcio ataca de nuevo)

Me manda un post Tiburcio que repostea otro mío. No está completo, pero lo completará en las próximas horas. Aquí está, en todo caso, lo que hay hasta el momento.

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Me gusta cómo escribe JdJ hasta cuando se equivoca, como ocurre cada vez que me rebate.

A nivel geopolítico los próximos años estarán marcados por la crisis sistémica en la que estamos entrando. Crisis sistémica es como llaman los enterados a una crisis del carajo. En mi opinión los elementos principales de esta crisis serán:

+ La crisis económica: sólo conozco a dos tipos de personas que afirman que la crisis económica que empezó en 2007 se ha terminado: los políticos, que no saben cómo salir de ésta, pero tampoco quieren alarmar a los votantes, y los periodistas de The Wall Street Journal”porque a Murdoch y a unos cuantos más les ha ido muy bien en estos años.

Resumiendo un poco las cosas. La crisis de las hipotecas basura norteamericanas se extendió a medio planeta porque los maestros en ingeniería financiera (que solían ser llamados estafadores, antes de que el neoliberalismo económico triunfase) habían ideado métodos para diversificar riesgos que lo que hicieron fue aumentarlos. La idea base es que si creo un producto que englobe hipotecas malas, regulares y buenas, por arte de birlibirloque consigo que las hipotecas malas se contagien de la bondad de las hipotecas buenas. En la práctica lo que ocurría es que eran productos tan complicados que el comprador no tenía ni idea de lo que realmente estaba comprando. Esos productos al final funcionaron como células cancerosas, que transmitieron el cáncer del mercado hipotecario norteamericano al sistema financiero de medio mundo.

En la segunda mitad de 2008 el sistema financiero occidental estuvo a punto de irse al carajo y sus banqueros de irse a la cárcel. Lo segundo era menos lamentable que lo primero. Se sabía que había mucha deuda incobrable en el sistema, pero los nuevos productos financieros habían enturbiando tanto las aguas, que nadie sabía quién la tenía. Los Estados resolvieron la situación inyectando dinero a los bancos. Nos salvamos del peligro de la quiebra del sistema financiero para caer en el abismo de la deuda de los Estados. En otras palabras: el contribuyente corrió con la factura de los banqueros, que no habían sido diligentes en los años anteriores y habían permitido que todo esto ocurriera.

La situación a la que hemos llegado en 2011 es jodida. Los Estados occidentales tienen unas deudas elevadísimas, lo que hace que la tradicional receta keynesiana de inyectar dinero en la economía vía gasto público no sea aplicable. Si la economía se tiene que recuperar, tendrá que hacerlo por sus propios esfuerzos (demanda interna), porque por la vía del gasto público o por la del comercio exterior (cuando la mitad de tus clientes lo están pasando igual de mal que tú) no podrá. Ahora bien, en un contexto de elevadas tasas de paro, bajada de los salarios y recorte de los beneficios sociales, ¿quién se va a poner a consumir?

Los capitales especulativos que tanto tuvieron que ver con la burbuja inmobiliaria de la primera década del siglo, andan a la búsqueda de nuevas burbujas. Lo de tener rentabilidades del 0’25% (tipo de interés del Fed norteamericano) no mola cuando la inflación es del 3’6% y te acostumbraste a beneficios del 15% durante los años del boom inmobiliario. Desde que reventó la burbuja inmobiliaria en EEUU y Europa ha habido subidas sospechosísimas de precios en: los alimentos, el petróleo, el oro, los bienes inmuebles en Asia… Algo me dice que hay capitales esperando que se repitan los pelotazos de la década de los 90 y los inicios de los 2000. Lo malo es que si vuelve a pinchar la burbuja, papá Estado ya no tiene dinero para venir a rescatar a los inversores, a los especuladores y a los estafadores.

Para terminar de complicar las cosas, tenemos el dólar norteamericano, que desde 1971 ha funcionado como la divisa de referencia y la divisa refugio. Hace ya algún tiempo que muchos se preguntan si se pueden fiar de una divisa emitida por un país tan endeudado como EEUU que, además, ha recurrido a su manipulación para salir de la crisis. EEUU sigue teniendo unos activos que le hacen atractivo: es la primera economía mundial; tiene estabilidad política; no suele dar sorpresas demasiado desagradables a los inversores extranjeros. A eso se añade que no hay alternativas creíbles al dólar en estos momentos. Pienso que las debilidades del dólar se harán cada vez más evidentes, a medida que se vea que la economía norteamericana no consigue recuperarse. Tal vez a medio plazo acabemos funcionando con algún tipo de cesta de monedas en la que el dólar tenga un papel preponderante, pero no único.

Vuelvo a resumir: nos esperan económicamente unos años de Estados endeudadísimos, con poco margen de maniobra; sistemas financieros tocados del ala (sospecho que si supiéramos más cosas de los balances bancarios no podríamos dormir por las noches); demanda interna renqueante; tasas de desempleo enormes; sueldos reales deprimidos (menos para los banqueros) y brutales desequilibrios mundiales.

+ La crisis demográfica que va acompañada del cambio en la pirámide de edades a la que aludía JdJ. Nadie sabe cuántos seres humanos puede acomodar el planeta con un nivel de vida decente, aunque parece que estamos decididos a descubrirlo por nosotros mismo vía polvos sin condón. Se calcula que en los próximos meses podríamos alcanzar los 7.000 millones, algo por delante de lo que decían algunos pronósticos que nos daban un par de añitos más antes de que alcanzáramos un número tan redondo. Cierto que las tasas de fertilidad están bajando en todo el mundo, pero dudo que lo hagan a una velocidad tal que impidan que para el 2050 seamos como poco 9.000 millones. Desde el siglo XVIII cada vez que los maltusianos han gritado con alarma que el ritmo de crecimiento de la población era más rápido que el de creación de recursos, han venido los avances tecnológicos a desmentirlos. Puede que ocurra lo mismo en el siglo XXI o puede que no. Un romano del siglo II d.C. también tenía derecho a pensar que el limes resistiría a los bárbaros como había venido haciendo durante los 200 años precedentes.

El tema de la pirámide poblacional es bastante jodido y tiene un agravante: carecemos de precedentes históricos que nos indiquen lo que cabe esperar. No sabemos bien cómo puede ser una sociedad donde más de la tercera parte de la población tengan más de 65 años. La experiencia más parecida en la japonesa de finales del siglo XX, que además se les juntó con una burbuja reventada, y no resulta muy apetecible.

Por cierto que en algunos países de Asia, a ese mogollón del envejecimiento de la población se le sumará el de la falta de mujeres. Las ecografías han permitido la realización de abortos selectivos, cuando lo que viene es una niña en lugar del ansiado varón. Es más limpio que el infanticidio. El resultado es que en varias partes de Asia ya se ha empezado a notar la falta de mujeres. El caso más extremo es el de la ciudad de Lianyungang en China, donde nacen sólo 100 niñas por cada 163 niños. Los efectos los veremos muy pronto, cuando todos esos niños alcancen la pubertad. Por orden de más a menos probable puede ocurrir: 1) Que tengan que importar mujeres para emparejarse (ha ocurrido regularmente en Asia y mientras no se sequen las fuentes de suministro…): 2) Que se produzca un aumento de la violencia social, porque lo de tener 18 años y no poder echar un quiqui irrita al más apacible; 3) Que se multiplique lo que se denomina la homosexualidad situacional: a falta de pan, buenas son tortas.

Finalmente, está la cuestión de los desequilibrios. Unos no se reproducen nada (los europeos, por ejemplo) y otros no paran de parir (los africanos subsaharianos, por ejemplo). Por más controles aeroportuarios que pongamos y más pateras que paremos, no se pueden poner puertas al campo: los que se reproducen con mayor entusiasmo, que suelen ser también los que vienen de países más cutres, desean emigrar a sociedades ricas y con déficit demográfico. ¿Cómo reacciona una sociedad cuya composición demográfica cambia drásticamente en dos o tres décadas? Mal, si nos atenemos a los ejemplos francés y británico.

+ El cambio climático: Podremos discutir si es culpa humana o no, pero lo que resulta indiscutible es que el planeta se está calentando a ritmo allegro y troppo. Incluso parece que el ritmo del calentamiento va en aumento. Me pregunto si no existe el peligro de que el calentamiento adquiera vida propia, que no haya mecanismos naturales o humanos que lo frenen y que un día nos encontremos con que las playas de Siberia con sus 40 grados a la sombra son un lugar demasiado caluroso para pasar el verano. Para quienes piensen que pase lo que pase la Tierra seguirá siendo un lugar hospitalario para la vida, tengo malas noticias. Los científicos piensan que durante sus primeros mil millones de años Marte tuvo un clima como el de Torrevieja y que el Venus primigenio hubiera sido un buen lugar para que el Club Mediterranée colocase un resort. Hoy Marte es un desierto con temperaturas bastante por debajo de los cero grados y si vas a Venus y te asfixian sus 460 grados de temperatura, espera a que llueva un poco de ácido sulfúrico y se refresque el ambiente.

El cambio climático ya nos está causando problemas del carajo, tantos que hasta lumbreras como el ex-Presidente Bush han empezado a reconocer que después de todo puede que sea un poco marroncete. Entre estos problemas podemos señalar: inundaciones, sequías, cosechas más irregulares y, en general, menores, enfermedades tropicales que se aclimatan a nuevas latitudes, extinciones masivas… ¿Qué se está exagerando lo del cambio climático? Puede, pero en la duda, prefiero ponerme del lado de los que exageran, que no tomármelo en serio. Si en 2100 descubrimos que los alarmistas tenían razón, será demasiado tarde para remediarlo. Como curiosidad, puedo aconsejar a los interesados el libro “Colapso” de Jareed Diamond, que describe varias civilizaciones a las que los desastres ecológicos que ellas mismas habían creado se las llevaron por delante.

Y mañana me meto con mis pronósticos geopolíticos.