lunes, mayo 30, 2011

Un diario del quintacolumnismo

Durante la guerra civil funcionó en Madrid una especie de comité de la Quinta Columna, coordinador de diversas acciones de los nacionales en territorio republicano, comité que estaba presidido por un coruñés.

José María Taboada Lago era, en 1932, empleado de la oficina del Banco Pastor en Ribadeo. A raíz de su militancia católica, en febrero de 1932 dio una conferencia en el teatro Rosalía de Castro de La Coruña. Esta acción provocó una nota admonitoria de Ricardo Pastor, dueño del banco (y consecuente responsable de que, aún hoy, se llame Banco Pastor). Aquella llamada de aviso impulsó a Taboada a pasarse a la política profesional, por lo que se convirtió en secretario de Acción Católica, la formación política que crecía alrededor de la figura de Ángel Herrera Oria.

El 18 de julio del 36, Taboada vivía en Madrid, en la confluencia de las calles Prim y Barquillo. Desde el primer momento tuvo problemas por su militancia católica. Una de las cosas que se decretó tras las primeras horas del golpe de Estado, cuando menos en Madrid y Barcelona que yo sepa, fue que las casas deberían tener las ventanas abiertas y las luces puestas. Esto se hizo así para evitar en lo posible la acción de los pacos, es decir de los francotiradores que, a menudo desde los balcones y usando las celosías para permanecer ocultos, disparaban hacia la calle. Según cuenta el propio Taboada en sus memorias, tenía en la pared de su salón colgado un crucifijo tan enorme que se veía desde la calle. Los amigos le aconsejaron que lo descolgase, por un siaca.

En ese domicilio fue detenido por García Atadell y su tristemente famosa Brigada del Amanecer. El propio Taboada confiesa que, sin embargo, Atadell le salvó la vida; en lugar de llevarlo a la checa de Bellas Artes, donde probablemente lo habrían asesinado aquella misma noche, ordenó al chófer -y no sabemos bien si porque le dio la gana, o porque ésas eran sus órdenes- que pasara de largo y lo llevase a la Dirección General de Seguridad en la Puerta del Sol. Allí, tras unos días, fue puesto en libertad, es posible (al menos en mi opinión) que tras alguna mediación vaticana.

Tras este episodio, montó una especie de comité de ayuda para los sacerdotes y monjas, que llevaban casi todos una existencia clandestina y difícil. No obstante, su papel más importante en la guerra llegó tras la unificación de Falange y Tradicionalistas, en la primavera del 37. Desde Salamanca se impulsó la creación de una especie de comité conspirador, cuya función principal era captar información de interés para los nacionales, esto es trabajar de Quinta Columna, no tanto saboteando la retaguardia como transfiendo datos sobre la misma. Quizá la acción más descollante de dicho comité fue pasarle a los nacionales un voluminoso fajo de documentación sobre las posiciones del ejército republicano durante la conocida como batalla del Ebro, operación que realizó personalmente Taboada atravesando las líneas sentado sobre los pliegos.

Como acabo de decir, alguna de las acciones se realizó traspasando las líneas. Un aspecto difícil de historiar sobre la guerra civil, sobre el que que yo sepa escasos datos hay, es la permeabilidad de los frentes de guerra. Ésta, evidentemente, tuvo que ser una realidad diferente según el lugar. En la guerra civil hubo frentes en los que uno y otro bando estaban tan cercanos que sus contactos eran bastante habituales. Además, hay que tener en cuenta que contra lo que se quiso hacer creer en los tiempos del franquismo, y lo que se quiere hacer creer en los actuales memoriohistóricos, a la inmensa mayoría de las gentes que hicieron la guerra civil los motivos de la misma se la traían ondulante penduleante; ellos estaban allí, básicamente, porque les había tocado.

Cercanía de muchos frentes y masa crítica de combatientes más o menos hueros de motivaciones ideológicas, hecho éste presente en el bando nacional desde el principio y en el republicano crecientemente conforme la guerra avanza, provocaron la permeabilidad de muchos frentes. De los testimonios que he leído he sacado la conclusión que el principal motivo de dicha permeabilidad fue la correspondencia. Soldados cuya familia estaba en la otra parte le escribían cartas a dichos familiares, que eran pasadas, bien por los profesionales en atravesar los frentes, bien por soldados del bando contrario, en el marco, casi siempre, de una relación quid pro quo. Algunos libros hablan de la existencia de esta práctica ya en el frente de la Ciudad Universitaria de Madrid en el otoño del 36, por lo que cabe estimar que la permeabilidad de los frentes es tan antigua como los frentes mismos.

El Comité de Taboada no estuvo exento de problemas. Se llevaron de puta pena con los avanzados del SIPM, servicio de inteligencia militar franquista, destacados en Madrid, a los que acusaron de no ayudarles en lo absoluto. También tuvieron problemas cuando, tras la creación de FET y de las JONS, tamnbién se nombró en Madrid una especie de jefatura provincial del partido en la clandestinidad, pues ambos «órganos» compitieron de alguna manera por el mando de uno sobre otro. Algunos de los miembros del Comité, además, intentaron, al final de la guerra, que Franco los reconociese como mando natural del partido en Madrid también en tiempos de paz, a lo que Franco se negó.

Una prueba de lo sobrados que se sentían los conspiradores clandestinos de Madrid es una carta que Taboada le escribió a Franco en el 37, cuando la famosa estancia de Negrín en Suiza para un congreso médico que disparó todos los rumores en el sentido de que en el seno de la Sociedad de Naciones, republicanos y franquistas iban a pactar una solución para el conflicto (los tiempos, pues, del famoso «paz, piedad, perdón», de Manuel Azaña, AKA El Moñas). Taboada le escribió una carta a Franco mostrándose contrario a esta posible componenda, y lo hizo en unos tonos respetuosos pero que rozan la neta superioridad. Conociendo a Franco, es probable que fuese leyendo esa carta cuando decidió prescindir de Taboada en el futuro.

Las actas del citado Comité son una fuente histórica de gran interés, sobre todo por los datos que aportan sobre las negociaciones y contactos con el coronel Casado y con Julián Besteiro en las últimas semanas de la guerra. El Comité, de hecho, muta de función a partir de algún momento en la segunda mitad del 38. Deja de ser un grupo con la labor encomendada de pasar información a los nacionales, y pasa a ser un grupo destinado a estudiar el gobierno franquista sobre Madrid a partir del día cero, es decir del final de las hostilidades. Las subsiguientes divisiones del Comité, con un miembro dedicado Transportes, otro a Infraestructuras, etc., pasa a tener el mismo contenido, sólo que ahora los encargados lo que hacen es acopiar información sobre lo que hay, lo que queda y, por lo tanto, puede ser utilizado en el momento en que los nacionales entren en la ciudad, cosa que para entonces es ya segura para todo aquél que esté mínimamente informado. Como decía, elemento de gran importancia tiene la función del Comité en la realización de contactos, sobre todo con un médico amigo de Casado y que le hará de correo con los falangistas.

Taboada fue nombrado Consejero Nacional del Movimiento, pero no tuvo mayor actuación dentro del Estado franquista. Probablemente fue arrastrado por la desafección de importantes elementos católicos respecto del régimen (como Gil Robles), por lo que permaneció en una posición crítica, pero de total fidelidad al fin y a la postre.

Ignoro las circunstancias de su muerte, si es que se ha producido, cosa que es altamente probable.

Por una España mejor. José María Taboada Lago. Madrid. G. del Toro, 1977.