martes, enero 04, 2011

Mano Negra, Mano Blanca (2)

Ahora ya no había vuelta atrás para Frankie Yale y sus hombres. Sin embargo, a pesar de ser una persona sanguínea y obviamente violenta, el líder de la Mano Negra supo tener la mente fría y rendir tributo a la idea, propia de los grandes jefes mafiosos, de que la mejor venganza es la que se sirve fría. Nueve semanas pasaron desde la muerte de Crazy Benny sin que los italianos devolviesen seriamente el golpe. Finalmente, pasado aquel periodo, Yale convocó a través de Altierri una pequeña cumbre de sus coroneles. Además de a Two Knifes, fueron convocados a aquel encuentro Augie «The Wop» Pisano y Don Guiseppe Balsamo, jefe de la Mafia en Little Italy; el hombre que había llegado a Nueva York en 1895, siendo ya un jefe mafioso en su Sicilia natal, y que controlaba con mano de hierro los barrios donde se hacinaban los italianos. Debemos suponer, de hecho, que Don Fanucci, el usurero cabrón a quien mata Vito Corleone en la segunda parte de The Godfather, era un capitán de Balsamo, o Battista, como le llamaban sus amigos.

Junto con Balsamo, fueron convocados a la reunión sus guardaespaldas Vincenzo Mangano (quien pronto sería designado por Balsamo como su sucesor) y Johnny «Silk Stocking» Guistra, quizás uno de los pocos mafiosos conocidos que no soportaba la vista de la sangre, motivo por el cual tenía un método para acabar con sus víctimas que justificaba su mote.

El hecho de que todas estas personas se reuniesen juntas en su club preferido, el Club Adonis en la calle 20, a la vista del muelle Gowanus, sólo podría querer decir que Yale quería discutir algún tipo de acción de gran significado. En su lugar de reunión estaban seguros. El Adonis era propiedad de un miembro de la Mano Negra, Fury Argolia. Argolia se ocupaba, entre otras cosas, de organizar grandes banquetes coincidiendo con la hora de los asesinatos de la organización, para así proveer a la banda de públicas coartadas (este personaje, el del restaurador amigo del mafioso, se invoca en The Sopranos en el personaje del rijosillo Artie Bucco).

A las 8,10 de la tarde del 15 de marzo de 1920, Frankie Yale llegó al Adonis en una limusina conducida por su hermano Tony, y con Willie Altierri en el asiento de atrás, expurgando sus uñas con uno de sus cuchillos. Poco tiempo después, un Pierce Arrow con Balsamo y sus dos guardaespaldas llegó al mismo lugar.

Yale planteó sin ambages el orden del día de la reunión: el asesinato de Denny Meehan. Su primera idea era acabar con el irlandés a la salida del Strand Dance Hall, su local favorito. Sin embargo, Balsamo le recordó que sería difícil encontrarle allí sin sus guardaespaldas. Todos insistieron en la necesidad de que el asesinato fuese privado, pero en ese punto Yale carecía de ideas que poder intentar. En ese punto, Altierri, algo corrido, le sugirió a su jefe la posibilidad de que alguien de fuera les ayudase a llevar la acción adelante. Ante el escepticismo de todos, Willie enrojeció hasta la raíz de los pelos e hizo una confesión que a sus contertulios les sonó increíble.

Un mick, un cuntface, un irlandés lechoso de la organización de Meehan, un tipo llamado Patrick Foley, estaba saliendo con la hermana de Dos Cuchillos.

Cuando los sicilianos se recuperaron de la impresión negativa que tal confesión les provocaba (y que justificaba la timidez de Altierri), se dieron cuenta de cuáles eran los beneficios que les podía reportar. Two Knife también consideraba poco menos que herético que su hermana y Foley anduviesen haciendo guarrerías por los portales. Sin embargo, conocedor de que no podría impedirlo, había decidido hablar con Foley, momento en que éste le había confesado que estaba un poco harto de Meehan y otros miembros de la Mano Blanca. Como prueba de estos sentimientos, Foley había llevado en secreto a Altierri hasta el piso del líder irlandés en la Warren Street. Allí el italiano pudo comprobar que Meehan vivía en el segundo piso, en la parte posterior del edificio, y, lo que es más importante, la vivienda tenía una ventana en el pasillo exterior que daba directamente al salón.

Si Meehan no estaba al tanto de la acción, podría ser asesinado de una forma totalmente privada.

Don Giuseppe Balsamo ofreció inmediatamente a Silk Stocking Gistra para que realizase la acción. Pero Yale, no sin agradecérselo, declinó la invitación. El jefe de la Mano Negra no quería a nadie de Nueva York implicado en aquella acción. Además, el tipo de atentado que se debía cometer exigía el uso de un arma de fuego (y el derramamiento de sangre y sesos).

Yale prefirió proponer una metodología que se haría bastante común para la Mafia en los años siguentes: la contratación de asesinos a sueldo radicados en otros lugares de los Estados Unidos. En este caso, pensó en Ralphie DeSarno y Giovanni Sciacca, en aquel entonces una de las parejas de asesinos más eficientes del país, radicados en Cleveland. No eran baratos; su trabajo costó 10.000 dólares por cabeza.

Decidieron que el asesinato se cometería el 1 de abril, es decir el April's Fool, que viene a ser algo así como los Santos Inocentes para nosotros. Yale decidió adornarse en la suerte. Le envió por correo a Meehan una tarjeta propia del día con el texto escrito a mano: «Buona sera, Signore». Era su forma de burlarse de él antes de matarlo.

El 31 de marzo, Altierri y Pisano recogieron en la estación Grand Central a DeSarno y Sciacca, que llegaron en el Spirit of St. Louis.

A las 2,30 horas del día 1 de abril de 1920, sonó el teléfono en el Club Adonis. Quien llamaba, desde una cabina pública, era Chootch Gianfredo (Confieso que mis investigaciones no han dado resultado alguno: ¿alguien sabe qué narices significa Chootch, o de qué nombre puede venir?), el soldado de la Mano Negra que había sido situado en las cercanías del Stand Dance Hall, donde Denny Meehan y su mujer pasaban la velada. Algunos minutos después, mientras DeSarno y Sciacca ya viajaban hacia la Warren Street, en una nueva llamada Nick «Glass Eye» Pelicano informó de que la pareja había llegado a la casa. A las 3,30 horas, Frenchy Carlino, el chófer de los dos asesinos aquella noche, aparcó el Packard en que viajaban justo enfrente de la casa de Meehan. Los dos de Cleveland se introdujeron sigilosamente en la casa, subieron al pasillo de la segunda planta, y localizaron la ventana. Sciacca musitó a su compañero:

-Está chupado, tío. Puedo ver a ese cabrón en la cama con su mujer.

Dicen algunos relatos que el irlandés le estaba sobando las tetas mientras los italianos miraban.

Finalmente, Sciacca se adjudicó aquel penalty, y lo lanzó en solitario. Dos tiros. Luego, todos a la naja hacia el coche.

Sciacca, desde luego, conocía su oficio. En la penumbra de la madrugada, le metió a Meehan la primera bala en la nuca, mientras que la segunda se clavó en el abdomen de Peggy Meehan, quien se colocó en la trayectoria del disparo por el gesto eléctrico de tratar de proteger a su marido. Gesto inútil pues, probablemente, para el momento en que ella soltó el primer grito, su Denny ya no estaba en situación de oírlo.

No menos de 9.000 irlandeses de Nueva York abarrotaron el funeral de Denny Meehan, al que no pudo asistir su mujer Peggy por estar aún en estado crítico en el Cumberland Hospital. En todo caso, el acto no descabezó a la Mano Blanca, que se apresuró a aclamar a su frente al principal lugarteniente de Meehan, Wild Bill Lovett; uno de los hombres que había estado en el muelle 2 del East River el día que a Crazy Benny Puzzo le abrieron el pecho a balazos.

Una anécdota nos dice quién era Lovett. El 20 de enero de 1920, es decir el día que se aplicó la Ley Seca en Estados Unidos, se presentó en su bar preferido y pidió un trago. Cuando el camarero le dijo que no servía alcohol, Wild Bill sacó su 38 y le metió tres balas en el cuerpo. Sólo dos de los diecisiete parroquianos que estaban presentes aceptaron declarar ante el Gran Jurado. Ambos, sin embargo, tuvieron la desgracia de fallecer en sendos atropellos algunos días antes de la declaración.

Esperemos, sinceramente, que la reencarnación de Wild Bill Lovett no sea fumadora y se encuentre en España por estas fechas.

El 4 de abril de 1920, apenas unas horas después de los funerales por Meehan, Wild Bill Lovett convocó un sínodo de mafiosos irlandeses en un almacén de la Gowanus en el muelle 7 de Brooklyn. Allí, delante de todos, Lovett acusó a Foley de haber perdido a su jefe. El irlandés enamorado lo negó primero pero después, convenientemente presionado y sobre todo cuando tuvo claro que Lovett conocía a la perfección su historia con Miss Altierri, acabó por confesar. Wild Bill le dijo que no lo quería ver más y que le daba la oportunidad de desaparecer. Foley, algo relajado, salió por patas del almacén. Si hubiera sido algo más listo, se habría dado cuenta del detalle de que las reuniones de la Mano Blanca se celebraban siempre en el garage de Baltic Street. En realidad, el lugar elegido para aquel encuentro, un muelle solitario y cuyos eventuales testigos, en cualquier caso, estaban controlados (la mayoría estaban fuertemente endeudados con la organización), lo decía todo.

Nada más salir del muelle, Foley se encontró con Pugs McCarthy. El ejecutor de la Mano Blanca le disparó en la cara, tan cerca que los forenses no pudieron hacer uso de los registros dentales para identificar el cadáver. De hecho, es posible que alguno de los dientes de Patrick Foley todavía siga por ahí, noventa años después.

Como ya he dicho, la Mano Negra solía organizar una cuchipanda a la misma hora a la que se realizaban los asesinatos que había encargado. Esto salvaba a Yale de toda acusación. Pero aquella vez, Yale estuvo a punto de acabar con su carrera por el asesinato de Denny Meehan. Y quien le salvó fue el personaje más modesto de esta historia.

Frankie Yale había cometido el tremendo error de escribir personalmente el mensaje de la postal que le había enviado a Meehan. De aparecer dicha postal en el domicilio del irlandés, la policía podría haber relacionado a Yale con el asesinato.

Sin embargo, eso no ocurrió. La postal se retrasó a causa del fuerte tráfico de correo que generaba entonces el April's Fool, y llegó a las manos del cartero Benvenuto Itaglia cuando Meehan ya estaba muerto. Itaglia leyó la postal, Buona sera, Signore, y decidió no entregarla. Itaglia, un inmigrante de la Italia profunda, había sido directamente trasladado de su pequeña aldea al gran Nueva York, y allí se había llevado todas sus supersticiones. Tenía miedo de entregar una postal en el domicilio de un muerto, pensaba que eso podría traerle mala suerte, así pues decidió guardársela.

Y, guardándosela, salvó a Yale de haber sido encontrado culpable del asesinato que realmente había ordenado.