miércoles, enero 05, 2011

Humaredas (algunos datos)

Visto que el asunto del tabaco tiene sus bemolcillos, he pensado que a lo mejor sería útil daros algunos datos que por lo menos en mi conocimiento se pueden aportar de lo que se puede conseguir de las estadísticas a mano.
Concretamente, me he pasado un rato divertido currando con la Encuesta de Presupuestos Familiares. La EPF no habla de individuos, sino de hogares. Por lo tanto, no permite individualizar al fumador, sino al hogar donde se fuma o, más concretamente, donde se compran cigarrillos, puros o tabaco de pipa (mayormente cigarrillos, como podéis fácilmente sospechar). La clasificación COICOP a cuatro dígitos permite individualizar el gasto en cigarrillos, puros y otros tabacos (pipa, sobre todo); aunque este análisis, a mi modo de ver, no merece mucho la pena. Si os sirve de algo el dato, según mis datos en el 53% de los hogares españoles donde se fuma se compra sólo uno de estos tres tipos (casi siempre cigarrillos); en el 28% se compran dos tipos, y en el 19% restante se compran los tres.

Los hogares que gastan en tabaco dedican a dicha partida de gasto el 2,9% de su presupuesto total de consumo. Si colocamos todos los elementos de consumo a cuatro dígitos (nota importante: a este nivel de granularidad de los datos, la alimentación se despliega en todas sus moldalidades, arroz, pan, carne de vaca, carne de cerdo, bla; ésta es la razón de que la alimentación no sea el elemento principal de gasto) y los ordenamos de menor a mayor peso en el presupuesto familiar, encontramos que en los hogares que se fuma el tabaco es la quinta prioridad de gasto; es decir, tiene una importancia mucho mayor de lo que cabría sospechar de la mera compra cajetilla a cajetilla.

Pero hay un dato más que me parece interesante. El conjunto de los hogares de España (fumadores y no fumadores) gasta en bares y cafeterías el 4,6% de su presupuesto, y en comer y cenar en restaurantes el 2,6%. En los hogares que fuman, estos porcentajes son del 6,3% y 2,1%, respectivamente. Esto es: el nivel de «esfuerzo» en consumo en la barra del bar es significativamente superior en los hogares que fuman que en los que no fuman. Aquí podemos, tal vez, encontrar una clave de por qué la hostelería tiene tanto miedo a la ley antitabaco.

Para que nos hagamos a la idea: por cada euro que gasta un hogar fumador en comprar ropa de mujer, gasta 1,8 en tabaco. Por cada euro en ropa de hombre, 2,4 en tabaco. Por cada euro en telefonía móvil, 1,9 en tabaco. Por cada euro en pescado fresco, 3,2 en tabaco. Y así mucho.

¿Cómo se distribuyen los hogares que compran tabaco por Comunidades Autónomas? Gráfico que te crió:





Como no podía ser de otra manera, el peso de los hogares que compran tabaco no es el mismo según los territorios. La mayor parte de las autonomías tienen una participación dentro de los hogares donde se fuma que es muy similar a su participación en los hogares totales. Sin embargo, destaca especialmente la Comunidad de Madrid como territorio que aporta muchos más hogares al colectivo de hogares fumadores que hogares totales, lo que apunta a una importante prevalencia de este tipo de consumo en la región.

Obviamente, este gráfico lleva a la elaboración de otro más claro, que consiste en calcular el porcentaje sobre el total de hogares que suponen los hogares que compran tabaco.



Tal y como cabía sospechar, la Comunidad de Madrid es la región que está llamada a vivir un más intenso debate en torno a la ley antitabaco. Si mis cálculos son correctos, en el 75,2% de los hogares madrileños alguien o alguienes compra(n) tabaco, tasa que se aparta muy considerablemente de la tónica del conjunto del país (53,2%). Murcia, Extremadura y Andalucía se destacan también por sus tasas, y Aragón y Canarias están también, todavía por encima de la tasa del conjunto de España. Por contra, Navarra, Galicia, La Rioja, Cantabria y Asturias tienen las tasas de hogares fumadores más bajas de España. Es curioso, por lo tanto, que cuando hablamos de elevada extensión del consumo de tabaco en los hogares no encontramos, o yo por lo menos lo encuentro sólo muy pálidamente, un patrón geográfico; patrón que, sin embargo, está bastante más claro cuando se habla de los hogares con baja tasa de consumo de tabaco.

Dado que la EPF clasifica la tipología de los hogares encuestados, es posible estudiar la presencia de la compra de tabaco según dichas tipologías. En la Encuesta hay como diez, pero a mí me gusta utilizar la séptima, que es la que he utilizado en este gráfico:


Contra lo que yo pensaba, la presencia de consumo de tabaco es extraordinariamente baja en el caso de hogares con personas mayores que viven solas. Digo contra lo que yo pensaba porque al menos yo tengo en la cabeza la imagen del hombre mayor fumando en el parque (bueno, a partir de ahora tendrá que fumar en las escalinatas de la Bolsa de Madrid, o similar). Luego he pensado que, probablemente, una parte importante del colectivo de hogares donde vive una persona mayor sola está formado por mujeres de avanzada edad, todas ellas de una generación de españoles en la cual las mujeres no solían fumar.

Lo más preocupante desde el punto de vista de salud pública es que se aprecia una correlación bastante estrecha entre el hecho de que en la casa haya hijos. Los hogares en los que viven personas por debajo de la tercera edad solas tienen una tasa de compra de tabaco relativamente baja (30%), que aumenta 10 puntos en el caso de que los que vivan en la queli sean pareja sin crianzas, y ya se dispara claramente cuando aparece el offspring. Queda, pues, confirmado que los niños ponen de los nervios.

Por último, y según la estadística de defunciones por causa de muerte del INE (2008), en España murieron en dicho año 386.324 personas, dentro de las cuales:

* 1.548 murieron de cáncer de laringe.

* 20.213 murieron de cáncer de tráquea o, más habitual, pulmón.

* 535 murieron de otros tumores respiratorios.

* 14.086 murieron de enfermedades crónicas de las vías respiratorias.

* 3.476 murieron de insuficiencia respiratoria.

No tengo nivel para discutir si todas estas muertes se pueden adjudicar al tabaquismo, que si hay otras dolencias que habría que añadir. En todo caso, todas estas personas suman 39.858 muertes, el 10,3% de las totales.

Pero, como decía ayer en un comentario, si se adopta un punto de vista de coste (hay que luchar contra el tabaco porque el tabaco provoca costes sanitarios) y se toman las muertes como un proxy de dicho coste, también hay que tener en cuenta los ingresos. Según la Memoria Estatal de la Administración Tributaria (cuadro de la página 617; accesible en la página del Ministerio de Economía y Hacienda), en el año 2008 la recaudación por los impuestos especiales del tabaco fue de 7.024 millones de euros. Por su parte, el MTIN, en su anuario estadístico (también accesible en su página de internet), nos dice que el gasto público en atención sanitaria, calculado según el estándar europeo EESPROS, fue en dicho año de 74.445 millones de euros. Consecuentemente, del consumo de tabaco se ingresó directamente el equivalente al 9,4% del gasto en sanidad, porcentaje que está bastante cerca de la participación del tabaquismo en la cifra de muertos.

Otra forma que se me ha ocurrido de aproximarme al impacto del tabaquismo sobre la actividad de los servicios de salud es utilizar las estadísticas que ofrece el Ministerio de Sanidad, basadas en el estándar CMBD. He visto el total de estancias provocadas por grupos de dolencias y he hallado el porcentaje que dichas estancias suponen sobre el total.

Como se pude ver (si es que se amplía, claro; que a veces sí y a veces no, así de impredecible es Mr. Blogger), las enfermedades del aparato respiratorio son, desde luego, el grupo de enfermedades que más estancias provocan. Esto es así porque aunque el número de altas provocadas por dichas enfermedades no es la más alta, la estancia media sí tiende a ser bastante elevada. Como ejemplo, las 432.000 altas por enfermedades respiratorias son bastantes menos que las casi 505.000 por embarazo y parto; pero mientras las primeras tienen una estancia media de 8,7 días, en las segundas es de 3,3 días.



En todo caso, esto hay que tomarlo con mucho cuidado, porque enfermedades de las vías respiratorias hay muchas. La gripe, sin ir más lejos. O la neumonía, que no es algo que sólo pillen los fumadores. O el asma. Ese 13% no puede ser, a mi modo de ver, un indicativo del peso del tabaquismo en el esfuerzo de la asistencia sanitaria, sino todo lo más un umbral máximo.

Ya puestos a provocar, el ingreso por el impuesto especial sobre el alcohol fue de 903 millones de euros, esto es el 1,2% de los gastos en salud. ¿Acaso el alcohol no provoca más, bastante más, que el 1,2% del gasto en salud?

A mi modo de ver, el argumento, pues, ha de ser moral, cívico o de otro tipo. Pero no económico. Los fumadores, evidentemente, generan gasto; pero también se lo pagan.