jueves, mayo 07, 2009

No le digas a mi madre que soy blogger

Me he parado esta mañana en uno de los muchos nervios de la red de redes y he leído el resumen de una conferencia de Juan Luis Cebrián, consejero delegado del Grupo Prisa. Dice Cebrián un montón de cosas sobre el cambio de modelo de negocio que supone para la prensa la existencia de internet y los cambios en los usos de los consumidores que ha supuesto esta oferta acromegálica de contenidos. Hace bien en fijarse en esto. Alvin Toffler se hizo famoso hace un porrón de años con un libro que se llamaba La tercera ola, y que en su momento fue la pera limonera de Lérida; libro en el que, entre otras cosas, invita al lector a reflexionar sobre el hecho de que un niño apenas crecido de finales del siglo XX había recibido ya más información que la que había tenido que procesar un ciudadano medio del siglo XIX en toda su vida. Luego llegó internet y dejó a Toffler allá, allá lejos.

Pero la cosa viene de una frase que ha dicho Cebrián. Ha dicho que le parece muy preocupante el fenómeno de ganancia de lectores por parte de los blogs, donde sus autores escriben «la primera cosa que se les pasa por la cabeza sin contrastarla».

A mí me parece que esta manera de decir las cosas es, aparte de una agresión gratuita con la que el agresor no gana nada, una forma de ombliguismo, por llamarla de alguna manera.

No hay ninguna razón, así, en frío, para que un blog tenga más credibilidad que un periódico. Ambos son lo mismo: un tipo o tipa escribiendo lo que hay. Los blogs, por lo demás, no pueden hacer nada para ganar prestigio como no sea exponer su trabajo; todo su márquetin, salvo escasas excepciones, es viral. Así las cosas, ¿no será que el prestigio es un a modo de vaso comunicante? O sea, que si los blogs tienen prestigio, a pesar de escribir lo primero que se les pasa por la cabeza, quizá sea porque la prensa se lo ha cedido.

De toda la vida de Dios, las personas han necesitado algo en lo que creer y alguien a quien creer. Algo sobre lo que decir: lo he visto ahí, lo he leído ahí, me lo ha contado el Hombre-Memoria, cosas así. Cebrián, y todos los cebrianes de este mundo, deberían quejarse menos y reflexionar más sobre cuándo, cómo y, sobre todo, por qué saltó tanta gente del «lo dice el periódico» o «lo he oído en la radio» al «lo leí en un blog». En mi opinión, si reflexionasen sobre ello acabarían por descubrir, más temprano que tarde, que ellos tienen algo que ver en dicha conversión.

Los medios de comunicación siempre han tenido la oportunidad, supongo yo, de contratar colaboradores como Wonka u Omalaled, por citar dos de mis bloggers preferidos. Las personas que escriben hoy en buenos blogs siempre han estado ahí, no nacieron con la revolución tecnológica. De hecho, en el mundo siempre ha habido gente que sentía como suyo el reto del conocimiento, en muy diversas materias, desde la jardinería hasta la alta política, desde el aeromodelismo a la Historia del Vaticano. Lo que a mi modo de ver demuestra el fenómeno de los blogs es que, además, muchas de esas personas saben escribir que lo flipas de bien. Así las cosas, el problema será, en todo caso, de los medios y su apuesta por una información muy average, ni chicha ni limoná, simple simple, quizá nacida de cierto concepto del consumidor de información como alguien medio anormal incapaz de entender conceptos abstractos o complejos.

Vale que en el mundo de los blogs hay mucha mierda. Es que teniendo en cuenta que hay millones, si fuesen todos buenos no seríamos la raza humana sino la elfa. Si en España se editasen cinco millones de periódicos, seguro que el 99,9% de los mismos serían una caka de la vaka. Pero harían bien los responsables de la prensa, en mi opinión, despreciando menos a los blogs y fijándose más en ellos.

Los blogs son libres. No se trata exactamente de que los bloggers escribamos lo primero que se nos pasa por la cabeza; muchos de nosotros necesitamos cientos de páginas de lectura para que se nos pasen por la cabeza algunas de las cosas que escribimos. Como digo, no es que escribamos lo primero que se nos pasa por la cabeza; es que escribimos los que nos sale del pijo. Quizá esté equivocado, pero creo que eso es algo que el lector de blogs agradece. Cuando entra en su blog preferido y ve que hay un nuevo post, las más de las veces, si no todas, no tiene ni puñetera idea de lo que se va a encontrar; y eso es algo que le agrada. La libertad genera variedad y novedad. La escritura al servicio de algo, sea ese algo el liberalismo, el progresismo orteguiano o la identidad majorera, genera ofertas de contenidos altamente predecibles. Uno coge un periódico y, sin abrirlo, ya se imagina lo que va a contar y cómo. Porque los medios de comunicación generan una realidad, la realidad sobre la que informan, que no siempre coincide con la realidad de la vida de las personas. Los blogs, puesto que son libres, se apegan más a estas necesidades de conocimiento, llamémoslas reales. Pero eso es así porque la prensa les ha dejado el espacio libre.

Los blogs son participativos. Pocas secciones han sido más maltratadas en los periódicos que la de cartas al director (eso suponiendo que exista). Si son ciertas las estadísticas de Google Analytics, apenas un 3% o 4% de los lectores que paran en este blog comentan algo; pero el otro 96% sabe que puede hacerlo, y ahí está el secreto. Los medios de comunicación «tradicionales» son un viaje de ida: el Conocimiento le habla a la Ignorancia. Y, ¿a quién diablos le puede importar la opinión que tenga la Ignorancia sobre nada? Lejos de este concepto, muchos blogs crean comunidad y se perfeccionan a través de las aportaciones de los paseantes que los visitan.

Luego está eso de que en los blogs se publica sin contrastar. Acabáramos. Y en la prensa no, por lo visto.

Otra característica de los blogs de la que adolece la prensa, pero porque ha querido, es que se especializan. Por decirlo de alguna forma, la prensa es una especie de Gran Compromiso de Conocimiento, mientras que el blog es un microcompromiso. El blogger todo lo que quiere es compartir una porción de su conocimiento en la que cree que puede aportar algo. Los blogs abarcan muy poco, lo cual los hace, cuando son buenos, extremadamente eficientes. Cuando quiero aprender cosas sobre cómo es Asia, cómo evoluciona, leo a Tiburcio. Sinceramente, es difícil que un periódico, menos aún un informativo audiovisual, puedan competir con él. No se trata de que Tiburcio escriba lo primero que se le pasa por la cabeza. Se trata de que Tiburcio sólo tiene un compromiso con aquello de lo que sabe y, consecuentemente, firma un pacto tácito de su lector por el cual éste acepta que, si quiere conocer cosas que el blog no le cuenta, lo que hará será buscarse otro blog, no darle la barrila a Tiburcio para que se la cuente. Los medios de comunicación se han dejado llevar por la ambición de aportar un conocimiento global; pero quien mucho abarca poco aprieta y, consecuentemente, que sabe muchas cosas de casi todo no puede decir que tenga muchos conocimientos de casi nada.

Así las cosas, me cuesta entender esta inquina contra el mundo de los blogs, como no sea por esa pulsión tan humana de buscarle a nuestros problemas un responsable distinto de nosotros mismos. Probablemente, la prensa es en estos momentos el sector económico en España que está viviendo una crisis más grave y más profunda; más incluso que la construcción. Pero estas cosas no ocurren nunca sólo por acción de agentes externos.

Echarle la culpa de todo a internet y quienes en la red pululan es una generalización. Y se supone que la prensa nunca hace generalizaciones.