martes, mayo 29, 2007

Carta a D. Manuel Marín

Estimado señor Presidente:

Me dirijo a usted llamándole estimado porque, después de aprobada aquella reciente ley sobre gobierno corporativo en la que desaparecían los tratamientos de excelentísimo e ilustrísimo, supongo que es lo que debo hacer. El motivo de la presente es comentarle un par de cosas sobre un paseo que me dí no hace muchas horas del momento en que escribo estas líneas.

Como tenía tiempo y algo de dinero (como se verá, era algo, pero no mucho; no suficiente), me dirigí al Paseo de Coches del Retiro, a visitar la Feria del Libro. No es lugar al que vaya todos los años (yo soy más de Feria del Libro Antiguo), pero fui y, la verdad, me sorprendí muy gratamente. La Feria del Libro de Madrid es, cada vez menos, un compendio de librerías que trasladan su escaparate al parque y ofrecen un 10% de descuento, y más un compendio de casetas pertenecientes a quien tiene, de verdad, algo que ofrecer. Pasé dos horas deliciosas visitando stands, al cabo de las cuales me pesaba en el hombro derecho el resultado de dichas visitas, en forma de varias bolsas con libros y folletos.

Ya me iba cuando, saliendo de la Feria por su principio, las primeras casetas, caí en el área amarilla, correspondiente a las instituciones oficiales. Es muy recomendable visitar estas casetas. Los editores oficiales (casi todos) suelen tener dos características clave: la primera, publican libros interesantes que, por ser su interés minoritario, tienen dificultad para ser publicados por editores comerciales; y dos, ya que son públicos, suelen tener su propia red de ventas y esas cosas, editan libros baratos. En la caseta de la Junta de Comunidades de Castilla La Mancha, que por la presente recomiendo a los paseantes, encontré libros para mí muy interesantes, primorosamente editados, por 15 euros. Hoy en día, un libro nuevo ya no cuesta 15 euros.

Recomendabilísima, también, la pequeña caseta de la Diputación de Valladolid. Da gusto ver a una institución política trabajar, aunque sólo sea un poquito, por la cultura y el conocimiento.

Luego llegué a su caseta, señor Marín. La caseta de las Cortes Generales. Allí me atendió un señor muy amable que se interesó por mis intereses, valga la redundancia. Yo me confesé al punto: a mí, del Congreso, lo que me interesa son las actas de los plenos. He leído docenas de discursos e intervenciones recensionadas o copiadas en otros tantos libros de Historia, pero siempre he tenido grandes dificultades para encontrar las actas, la fuente directa.

Pero eso resulta que existe. Con escaso interés (al principio no lo entendí; pero luego llega la solución), el atendiente del stand me informó de que todas las actas de los plenos del Congreso desde las Cortes de Cádiz están siendo editadas en DVD. Me sacó uno, que hacía el número 14, que abarcaba algunas legislaturas de mitad del siglo XIX. Luego he comprobado que esta información está en su página web.

He de reconocer que me solacé. ¡Qué ejemplo de sensibilidad cultural e histórica! Finalmente, los cuatro gatos que tenemos este gusanito, amén de los profesores universitarios y ese tipo de ralea, tendremos la posibilidad de llevarnos a nuestras casas las actas y pasar las horas muertas leyendo.

Luego llegó la explicación del escepticismo de mi interlocutor. «La verdad», confesó entre dientes, «es que estos DVD tienen un precio un poquito disuasorio».

El que tenía en la mano valía 213 euros. Casi 35.500 pesetas.

Señor Marín: el Boletín Oficial del Estado desde 1845 está colgado en internet. Cualquiera puede, por el precio de la tarifa de ADSL (más el tóner de la impresora de las copias, y el papel), entrar en la página, utilizar un buscador, encontrar lo que busca, guardarlo en su disco duro e imprimirlo. El Instituto Nacional de Estadística tiene prácticamente todos sus anuarios estadísticos del siglo XX escaneados y colgados en su web. Conocer, por ejemplo, la mortalidad por la gripe española de principios del siglo XX es una operación que cuesta menos de cinco clicks.

Sin embargo, para leer los primeros debates parlamentarios tras La Gloriosa de 1868, hay que pagarle a usted 213 euros. 35.500 pesetas.

¿Tan pobre es el Congreso? Pues que suba el café y lo ponga al precio de la calle. Y no le diré eso de que «que se bajen los sueldos los diputados» porque me tengo por uno de los tres o cuatro españoles que piensan que los diputados no es que ganen demasiado, es que deberían ganar bastante más. Claro que, visto lo visto, me lo estoy pensando.

Con esta actitud, señor Marín, está demostrando un desprecio olímpico por el conocimiento histórico. No sé si es usted muy dado a hacer de corifeo de eso sobre lo que tanto se habla ahora de la memoria histórica y tal; pero si cree en ello, podía empezar por aplicarse el cuento [que, ya puestos, si tan imporante es la memoria histórica, ¿por qué no se ha comenzado la publicación de los diarios de sesiones por la República y el franquismo?].

¿Qué memoria histórica está usted fomentando si la vende por 213 euros? A un estudioso que quiera hacerse con los diarios de sesiones entre 1812 y 1856 le obliga usted a desembolsar 1.000 euros. Y, claro, como no lo he comprado, no puedo hablar de lo que hay dentro. Pero, no sé por qué, tengo escasas, escasísimas ilusiones de que los diarios vengan en el disco acompañados de algún buscador o herramienta de gestión. Por 213 euros, ¿a qué podemos aspirar? Unos cuantos legajos escaneados, y a tirar millas.

Le repito que, dentro del ámbito público, tiene usted muchos teléfonos a los que llamar donde instituciones con presupuestos similares o inferiores a los de la institución que usted preside le podrán explicar cómo se hace para poner eso a disposición de la gente. Gratis.

En la Feria del Libro hay muchas casetas. Unas las miras, otras no. Yo, por ejemplo, paso siempre de largo por las muchas que hay sobre esoterismo, parapsicología y esas cosas. Pues bien: que sepa, señor Marín, que ayer me fui del Retiro pensando que la opinión que yo tengo sobre el esoterismo es, cuarta arriba, cuarta abajo, la que tiene usted sobre el conocimiento histórico.

Su seguro servidor, más que improbable pagador,

JdJ