jueves, mayo 31, 2007

Leer vidas

Como ya sabéis, ando yo un poco apartado del mundo ordenadoril y con dificultades para escribir posts en los ratos libres. Afortunadamente, todavía nos queda Tiburcio, nuestro elefante de cámara, coposteador de este espaciete. Es él quien ha venido a salvarme con un excelente post recomendando más lecturas. En leyéndolo me ha entrado en gusanillo de añadir dos o tres apostillas, motivo por el cual el texto original lleva, en su final, un anexo debido a mí, con mis recomendaciones.

La cosa va hoy de biografías. Que lo disfrutéis, y que disfrutéis las recomendaciones.

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Leyendo vidas. By Tiburcio Samsa (AKA Inasequible Aldesaliento), con un interesantísimo anexo de JdJ.

Una buena biografía tiene que estar un poco a caballo entre la Historia y la literatura, aunque siempre inclinándose más del lado histórico. Para mí los mejores biógrafos son los anglosajones. No sé cómo, consiguen contar la Historia sin resultar aburridos ni pedantes, y meten anécdotas que humanizan al personaje y distraen al lector, sin caer nunca en el cotilleo. En comparación, los alemanes son plúmbeos y sus biografías parecen hojas de servicios de funcionarios extraídas de algún Boletín Oficial; los franceses son ligeros y se van por las ramas a la mínima de cambio y así relatar los éxitos de Alcibíades en las Olimpiadas puede servir de excusa para informar al lector de que la autora del libro en cierta ocasión ganó el primer premio de latín y el segundo de griego en un concurso (ver Alcibíades, de Jacqueline de Romilly). En cuanto a los españoles, las pocas veces que se deciden a escribir biografías suele ser para denigrar al biografiado (La incompetencia militar de Franco, de Carlos Blanco Escolá) o para hacer prensa del corazón (véase la pésima biografía que sobre Jaime Gil de Biedma escribió Miquel Dalmau, que parece más interesado por la vida sexual del biografiado que por su literatura; tal vez si escribiera la biografía del actor porno Nacho Vidal, haría hincapié en sus poemas de adolescencia).

En fin, algunas recomendaciones para los que quieran mezclar Historia y literatura:

El Conde-Duque de Olivares, de J.H. Elliott. Se centra sobre todo en la acción política del Conde-Duque. Relata con minuciosidad todos los pormenores de los problemas a los que se tuvo que enfrentar el Conde-Duque y cuáles fueron los determinantes de las decisiones que tomó. Al final uno no puede menos que sentir simpatía por ese hombre trabajador, al que si hubiera montado un circo le habrían crecido los enanos.

Ribbentrop, de Michael Bloch. Es la biografía del jerarca nazi más ridículo de todos, mal que le pese a JdJ, que sigue convencido de que ese título le corresponde a Göring. Ribbentrop fue el Ministro de Asuntos Exteriores de Hitler entre 1938 y 1945 y resulta entre patético y grotesco, verlo pasear por una Europa en llamas, preocupado exclusivamente por si Rosenberg le estaba invadiendo sus competencias o si Ciano le había hecho un feo.

Alejandro Magno, de Mary Renault. Me imagino que Mary Renault, después de escribir su trilogía sobre el conquistador macedonio, se dijo que para amortizar el esfuerzo de documentación, bien podía escribir una obra histórica. Es indudable que Mary Renault está enamorada de su personaje y que el libro es más una hagiografía que una biografía, pero aun así es de lo más recomendable.

Freud, darkness in the midst of vision, de Louis Breger, que no solo escribe la vida de Freud, sino que psicoanaliza al mismísimo padre del psicoanálisis. Me confirmó lo que siempre había sospechado: que el complejo de Edipo es una engañifa. Según Breger, Freud lo descubrió para distraer la atención sobre su verdadero complejo de inferioridad, que le venía de ser hijo de un padre judío en una sociedad antisemita, manirroto e incompetente. Como Gil de Biedma diría muchos años después: era imposible descubrir el complejo de Edipo en las condiciones reales de la sociedad austrohúngara de finales del siglo XIX. Un Edipo entonces habría consistido en el deseo de matar a tu madre (que era la dueña de la casa) para poder acostarte con la criada (que era quien hacía las tareas domésticas). Pero me estoy yendo por las ramas. Es mi gran defecto, como me dice mamá Yocasta.

Espero que disfrutéis con estos libros. Siempre es más fácil leer una biografía que vivir una vida y vistos los resultados puede hasta resultar más aconsejable.


Apéndice de JdJ

Hay algunos libros que me parece pueden ser añadidos a esta lista, y no creo que Tiburcio esté en contra de una sola de estas recomendaciones.

Extraordinaria me parece la biografía de Stalin, Stalin: triumph and tragedy, de Dmitri Volkogonov. Yo la leí en inglés y, honradamente, no sé si existe edición en español. Volkogonov fue uno de los militares de alta graduación que se apuntaron a la era Gorvachov, aquello de la glasnost y la perestroika. Por lo tanto, es uno de los primeros historiadores rusos que tiene acceso a fuentes que han pasado décadas, y en parte siguen, ocultas a los ojos mortales. Es autor también de sendas biografías de Lenin y de Trosky, que no he leído porque son dos personajes que me causan mucha menos curiosidad.

En todo caso, si quien lee esto es capaz de leer en ruso (o en inglés para las traducciones) me parece valioso recomendarle que esté al tanto de las novedades historiográficas rusas. Rusia es un país que hoy está elaborando grandes trabajos a causa, precisamente, del volumen de documentación hasta ahora ignota que se está poniendo a disposición de los scholars. Entre los libros escritos por no rusos, me gustó bastante Beria: Stalin’s first lieutenant, obra de Amy W. Knight, a pesar de que el libro trata de reivindicar la figura de Beria, algo que me parece misión imposible.

Otro libro muy interesante es RFK: his life, escrito por Evan Thomas. De nuevo, debo decir que lo he leído en inglés. La biografía es muy completa y cumple la función para la que fue concebida, esto es, sacar a un personaje histórico de primer nivel, Robert Kennedy, de la sombra de su hermano Juanito, y mostrárnoslo.

Sí que sé que se ha editado en español el libro de Chung Jang y John Halliday, Mao: the unknown story. Otro libro muy recomendable, si bien para disfrutarlo completamente es, tal vez, necesario, conocer dos palabras con anterioridad sobre la historia de China en el siglo XX.

Olvido imperdonable por tu parte, Tibur, es la monumental biografía de Adolf Hitler escrita por Ian Kernshaw, y que en España está ya editada en libro de bolsillo baratito.

Entre los españoles, me gustaría recomendar las últimas tendencias, relativas sobre todo a los tiempos de la República, pero no puedo. Al contrario que Tiburcio, no creo que las biografías se escriban en España para denostar; también hay un importante volumen de hagiografías. Así, el libro de Octavio Cabezas sobre Indalecio Prieto es un inteligente ejercicio boxístico: el autor hace uso de un inigualable juego de piernas y de cintura para esquivar, uno tras otro, los aspectos no demasiado claros, y hay bastantes, de la vida política de Prieto. Por lo que se refiere a la biografía de Negrín escrita por Moradiellos, como ya he escrito aquí es bastante más equilibrada, lo cual no quiere decir, en modo alguno, que sea equilibrada.

Por supuesto, esta división de los historiadores en tirios y troyanos afecta, primero que a todos, a la figura centralmente polémica de todo aquello, que es el general Franco. Nunca recomiendo biografías de él porque pienso que la biografía adecuada (o la que yo considero adecuada) está por escribir. Y me explicaré: mi opinión es que, para acercarse a una figura compleja, importante y de peso históricamente hablando, una figura de poder, no se puede analizar tan sólo al hombre. Como dice Kernshaw en el prólogo de su libro, escribir la historia de Hitler es, en gran parte, escribir la historia del pueblo alemán y de cuándo, cómo y, sobre todo, por qué, decidió unir su destino con el de aquel soldado veterano, bajito y de mala leche, aficionado a la pintura y a Wagner, para colmo austriaco. Ese análisis, apasionado a la par que desapasionado, no ha sido hecho aún en el caso de Franco y el franquismo.