jueves, abril 26, 2007

No lo pillo

Juan José Ibarrexte, presidente del gobierno autonómico vasco o, como se dice en euskera, lehendakari, prepara estos días el setenta aniversario del bombardeo de Guernica. Es ésta una población de hondo significado para el nacionalismo vasco y está considerada como la receptora del primer bombardeo masivo de civiles planificado por la Alemania de Hitler, pues fue la temida Legión Cóndor la que realizó dicha razzia. Aunque sobre el bombardeo se han dicho algunas cosas que no parecen ser del todo ciertas (siempre se ha dicho, por ejemplo, que murió mucha gente porque era día de mercado, pero he leído por ahí que estaba suspendido), fue una acción horrenda y, sobre todo, bastante gratuita; bombardeando Guernica, los franquistas no le dieron ni la mitad de media vuelta a la guerra.

Lo que no acabo de entender es la actitud del gobierno vasco el cual, según leo en la prensa, quiere que el gobierno actual pida perdón por esa acción. Según la curiosa lógica filosófica de Ibarrexte, si el gobierno democrático alemán ya admitió en su día que aquel bombardeo estuvo muy mal hecho, lo mismo debería hacer el gobierno español actual. El argumento, según reproduzco de la prensa, es éste: «el actual Gobierno y el Parlamento español son herederos de aquel gobierno legítimo de la República, truncado por el alzamiento de Franco. Tienen, por tanto, toda la legitimidad democrática para condenar la dictadura franquista y para pedir perdón por todos los crímenes cometidos en nombre de España. Un gesto y un reconocimiento que se nos debe a Gernika y a Euskadi y, también, a la propia sociedad española».

Para empezar, eso de las herencias tiene mucha miga. La democracia actual es heredera de sí misma, en primer lugar, y de algunos elementos, no todos, de la última República de nuestra Historia (de momento). Pero, en fin, esa, en el fondo, es una historia. Aceptemos barco como animal acuático.

Pero es que, una vez hecho esto, nos encontramos con que, si los gobernantes actuales son los herederos de la República, entonces son los herederos de quienes, literalmente, fueron bombardeados por la Legión Cóndor. Pero, si es así, ¿por qué tienen que pedir perdón? O sea, un chuloputas me para un día por la calle y me arrea una hostia que me cambia la cara; y, al correr de los años, ¿yo tengo que pedir perdón por su afrenta?

El gobierno actual, o más bien el Estado democrático (pues el gobierno no es sino la expresión coyuntural de dicho Estado), tienen derecho, yo diría que la obligación histórica, de señalar, cuantas veces haga falta, el oprobio de Guernica. Pero no tienen que perdirle perdón a nadie, ni vasco ni moluqueño. Por la simple razón de que ni ellos ni aquéllos que de los que se dicen o les dicen herederos tuvieron nada que ver en el daño que se denuncia; es más, podríase decir que trabajaban en contra de dicho daño.

Al correr del tiempo, por cierto, acabará cumpliéndose también el 70 aniversario del acuerdo entre las milicias vascas y las italianas profanquistas en Santoña. Pacto del que algunos autores de la época, como Julián Zugazagoitia, escriben con prístino desprecio. No sabemos si ese día alguien pedirá perdón.