jueves, enero 11, 2007

Humor dictatorial

El humor es, a veces, la única herramienta que hay contra una dictadura. El humor se practica en las barras de las cafeterías, en los bancos de los parques y, sobre todo, en casa de uno, donde la policía suele tener problemas para llegar. Es por eso que los chistes que tienen por protagonistas a los dictadores son todo un subgénero. Ina ha recopilado unos cuantos y yo he salpimentado su texto con algunas aportaciones propias, que esta vez voy a meter por ahí sin destaques.

A ver si alguno os hace sonreír.

En torno a Franco y al franquismo.

A Franco le presentan al hombre que se inventa los chistes sobre él.

- Así que usted es el que se inventa todos los chistes que circulan sobre mí- le dice Franco.

- Todos, no- responde el hombre.- El de ni un hogar sin lumbre, ni una mesa sin pan… ése no es mío.

(Ni un hogar sin lumbre ni una mesa sin pan fue un eslogan muy conocido del franquismo).

Dos loqueros se encuentran y el primero le dice al segundo. «Es tremendo. Tenemos en mi manicomio a Franco, que se cree Dios».

- Peor es lo nuestro- responde el segundo.- Nosotros tenemos a Dios, y se cree Franco.

(Estos dos están sacados del libro Autobiografía del General Franco, de Manuel Vázquez Montalbán)

Franco viaja a Francia y al regreso se encuentra con que en España todo el mundo le llama Señor Peseta.

(Ya sé que es muy malo, pero me trae buenos recuerdos. Fue el primer chiste político que oí. Me lo contaron en el colegio. Entonces no me hizo ninguna gracia porque no lo entendí. Ahora que lo entiendo, sigue sin hacerme ninguna gracia.)

Este chiste tiene un correlato en una viñeta, no recuerdo de qué periódico (sería La Codorniz,, probablemente), que, en los años sesenta, presentaba el general De Gaulle que le decía a un subordinado: Hay que ver lo que son capaces de hacer los españoles con un solo franco.

Otro chiste no lo es, sino que es leyenda urbana. Cuando yo era niño se decía en algunos lugares que un falsificador de moneda había llegado a fabricar monedas de 50 pesetas (que eran enormes) en las que la esfigie de Franco estaba rodeada por la expresión Francisco Franco, Caudillo de España por una gracia de Dios (la expresión auténtica era sin una, claro). Por increíble que pueda parecer, había gente que buscaba esas monedas con verdadero interés.

Por último, está la explicación que entonces se daba del lema franquista de España. Una, Grande y Libre. Es Libre porque en ella cualquiera puede criticar a la Unión Soviética; es Grande porque en ella caben todos los presos políticos que se quiera meter. Y es Una porque si hubiera Otra, allí estaríamos todos.

El comunismo soviético

Hay un desfile popular en la Rusia de los años 30 y un anciano de unos ochenta años pasa portando un letrero que dice: «Gracias, Stalin, por mi infancia feliz».

Un asistente le dice: «Pero, ¿qué dice, usted, si Stalin no había nacido cuando usted era niño?».

- Por eso.

(Tomado de The rise and fall of the Soviet Empire, de Dmitri Volkogonov).

Un jubilado en la Unión Soviética de finales de los 70 está rellenando los papeles de la pensión.

Funcionario: ¿Dónde nació?

Jubilado: En San Petersburgo.

Funcionario: ¿Dónde cursó los estudios universitarios?

Jubilado: En Petrogrado.

Funcionario: ¿Dónde desarrolló su vida profesional?

Jubilado: En Leningrado.

Funcionario: ¿Dónde querría retirarse?

Jubilado: En San Petersburgo.

(San Petersburgo era el nombre de la capital de los zares hasta 1914. En ese año, con motivo de la guerra con Alemania, se le cambió el nombre por el más eslavo de Petrogrado. Posteriormente, tras la muerte de Lenin, Petrogrado pasó a ser Leningrado. Al caer el comunismo, Leningrado volvió a ser San Petersburgo. Si el viejito logró sobrevivir hasta entonces, debió de reírse mucho. Este chiste está tomado del Selecciones del Reader´s Digest que durante la Guerra Fría era una fuente inagotable de chistes antisoviéticos. Ahora supongo que publicará chistes anticastristas y anti-ayatolas).

Un ciudadano soviético entra en el concesionario de coches en 1987 y pide un “Lada”. Le responden que la lista de espera es muy larga y que no podrán entregárselo hasta el 14 de marzo del 2007. El ciudadano pregunta: «¿Por la mañana o por la tarde?» El hombre del concesionario le responde: «Estamos hablando del 2007, ¿qué importancia tiene que sea por la mañana o por la tarde?»

- Es que el 14 de marzo del 2007 me viene el fontanero a casa por la mañana.

(Este me lo contó un español al que conocí en un curso en la URSS. Era comunista y cuantos más días pasaba en Moscú, más se le helaba la sonrisa, y no por el frío).


Un tipo que vive en Moscú decide ir a visitar a su tía a Vladivostok y toma el Transiberiano. Cuando el tren lleva ya un montón de horas en marcha, de repente se para en medio de la estepa nevada.

- ¿Qué pasa? -pregunta el viajero al revisor.

- Oh, nada -contesta éste-. Están cambiando la locomotora.

A las dos horas, el tren vuelve a ponerse en marcha. Pero a las tres horas se para de nuevo.

- ¿Qué pasa ahora, oiga?

- ¡Qué va a pasar! -Contesta el revisor, seguro de sí mismo-. Que están cambiando la máquina.

- ¿Otra vez?

- Otra vez.

Tres horas después, el tren se pone de nuevo en marcha. Pero a las cinco horas, se para de nuevo. El viajero, muy mosqueado, se va a por el revisor.

- ¡Oiga! Cambiaron la máquina hace cinco horas, y hace ocho la cambiaron también. ¿Por qué cojones tienen que cambiar la locomotora ahora de nuevo?

- Camarada -le contesta el revisor-: es que esta vez les han ofrecido una botella de vodka a cambio.


Rumanía de Ceaucescu (contados por un diplomático rumano cuatro años después de la caída del dictador. El diplomático, por supuesto, nunca había sido comunista ni había pertenecido a la Securitate)

Un hombre entra en un estanco. Compra un sello. Le pone saliva, pero no se le queda pegado al sobre. Compra otro sello y lo mismo. El estanquero le pregunta lo que le sucede.

- Estos sellos no se quedan pegados. No tienen cola.

El estanquero coge un sello, le pone saliva y el sello se queda pegado al sobre.

- Pero, ¿qué dice?- señala el estanquero- Estos sellos sí que tienen cola.

- No por el lado que yo los escupo.

(Evidentemente, por ese lado llevaban la efigie de Ceacescu).


Cada mañana un hombre compra un periódico en el quiosco. Mira simplemente la primera página y luego lo tira a la papelera. Un día, extrañado, el quiosquero se dirige a él.

- ¿Por qué cada mañana compra el periódico y apenas lo lee, lo tira?

- Es que lo único que me interesa del periódico son las esquelas.

- Pero las esquelas aparecen en la página 36.

- No la que a mí me interesa.


Alemania nazi (tomados de «The Third Reich in Power», de Richard J. Evans).

Un alemán está riéndose de un suizo: «No entiendo cómo podéis tener un Ministerio de la Marina si no tenéis mar ni barcos».

El suizo replica: «Si es por ésas, yo no entiendo cómo podéis tener vosotros un Ministerio de Justicia».

...

Una mañana, una muchedumbre de conejos alemanes aparece en la frontera belga y dicen que son refugiados políticos.

- La GESTAPO ha declarado que las jirafas son enemigas del Estado alemán-dicen los conejos.

- Pero vosotros no sois jirafas- responde el policía belga.

- Eso ve y explícaselo a la GESTAPO.


Cuba castrista (ya no recuerdo quiénes me los contaron. Posiblemente amigos cubanos, conocidos fuera de Cuba)

Un balsero llega a Miami remando, montado en una lata de sardinas. Los periodistas van a recibirle, asombrados de la hazaña y le preguntan cómo lo hizo.

- Bueno, lo verdaderamente difícil fue encontrar una lata de sardinas.

Meten a un hombre en una celda y se encuentra con otro que tiene los hombros en carne viva, sangrando. Le pregunta qué le ha pasado.

- Estaba Fidel Castro pronunciando un discurso y dije a voz en grito: «¡Ese tío es un huevón!»

- Y entonces te torturaron, ¿no?

- ¿Qué me van a torturar? Todos los cubanos que estaban a mi alrededor empezaron a darme palmaditas en los hombros y a decirme: «Estoy contigo, chico».

No conocemos ningún chiste correspondiente a las dictaduras del Cono Sur, tal vez porque apenas hemos leído sobre aquella época y porque nunca nos hemos encontrado con ningún argentino, chileno, uruguayo, paraguayo o boliviano que tuviera muchas ganas de hablar de ese período.

Lo que nos llama la atención es que, a pesar de todo lo leído y la gente conocida, no sabemos ningún chiste sobre la China de Mao, sobre la Camboya de Pol Pot ni sobre la Corea del Norte de los dos Kim. Ni bueno ni malo.