viernes, diciembre 15, 2006

Cuando las guerras empiezan a ser mediáticas

Si algo caracteriza las guerras de los últimos cuarenta años del resto de las guerras de la Historia del hombre, ese algo es la influencia que en las mismas ejercen los medios de comunicación. Se dice que la primera guerra del golfo (1991) fue la primera guerra retransmitida por televisión; pero no fue la primera en la que la televisión tuvo un papel decisivo.

Hoy, y cara al fin de semana que es momento propio de lecturas algo más distintas, Inasequible nos trae uno de los primeros ejemplos de, si no guerra, sí batalla perdida a causa de la televisión.

Se trata de la acción del Tet, en Viet Nam.

Le cedo la palabra.

--------

El Tet: una victoria televisiva

Por Inasequible Aldesaliento



El Tet es el año nuevo vietnamita y se celebra, según las fases de la luna, entre la segunda quincena de enero y la primera de febrero. Durante la Guerra de Vietnam era un momento en el que las hostilidades paraban en virtud de una suerte de acuerdo tácito. Y así fue hasta 1968.

1967 no había sido un buen año para Vietnam del Norte. La guerra llevaba ya alargándose muchos años y existía el peligro de que el desánimo se extendiera entre la población. Desde 1966 EEUU había empezado a aplicar una estrategia en la que las fuerzas survietnamitas se ocupaban de la seguridad de las poblaciones, protegidas por un escudo formado por fuerzas norteamericanas con gran movilidad y potencia de fuego. Esta estrategia había disminuido la eficacia de las tácticas habituales de los norvietnamitas, de golpes rápidos a objetivos muy concretos. Para salir del callejón sin salida al que parecía que los norteamericanos les estaban llevando, el alto mando norvietnamita optó por ejecutar durante el Tet de 1968 una gran ofensiva general/levantamiento general en el sur. En términos militares españoles, un órdago a la grande.

El plan norvietnamita preveía la ocupación de centros urbanos por parte de la guerrilla comunista survietnamita del Viet Cong, con el apoyo de tropas norvietnamitas. Esto debería desencadenar un levantamiento popular y la caída del gobierno de Saigón. El plan estaba tan cogido por los pelos, que preveía incluso el uso de artillería que se capturaría al enemigo; brillante, pero primero había que capturarla. La ofensiva Tet no sólo fue osada; también supuso una ruptura con las tácticas que hasta entonces habían empleado los norvietnamitas. Por primera vez el Ejército norvietnamita no golpearía y huiría, sino que se haría fuerte en los objetivos que ocupase, aunque ello implicase esperar a que los norteamericanos les machacasen con su artillería y su aviación.

La ofensiva comenzó la noche del 30 de enero de 1968. Cuarenta poblaciones fueron atacadas. Para no entrar en un relato de batallas casa por casa, combates entre francotiradores y tanques demoliendo los reductos desde los que disparaban los comunistas, pasaré mejor al resultado de la ofensiva. Los norteamericanos perdieron unos 4.000 hombres y sus aliados survietnamitas entre 4.000 y 8.000. Frente a ellos el Ejército norvietnamita y la guerrilla del Viet Cong perdieron de 40.000 a 50.000. No hubo levantamiento popular y el Viet Cong, que perdió a muchos cuadros y combatientes en la batalla, quedó prácticamente desmantelado.

La ironía de la historia es que cuando el General Westmoreland anunció que el Tet había sido un triunfo, nadie le creyó en Estados Unidos. Las imágenes de los cadáveres del Viet Cong en el césped de la Embajada de Estados Unidos en Saigón contrastaban tanto con las promesas anteriores del Presidente Johnson de que la guerra de Vietnam se estaba ganando, que nadie le creyó. La opinión pública y los medios de comunicación hacía tiempo que habían dejado de confiar en los pronósticos optimistas de sus políticos y sus militares y, para una vez que decían la verdad, no les dieron crédito.

Así, mientras que lo lógico hubiera sido terminar este relato con lo sucedido en Hanoi tras la derrota de su ofensiva, es con los norteamericanos con quienes lo terminaremos.

El 27 de febrero, el influyente periodista Walter Cronkite comentó en su crónica que la negociación era la única manera de salir de la guerra. Un miembro de la Administración Jhonson comentó: Si hemos perdido a Cronkite, hemos perdido la guerra. Dos días después fue reemplazado el Secretario de Defensa estadounidense, Robert McNamara. El 20 de marzo, una encuesta de Gallup mostró por primera vez que en EEUU había más partidarios de la paz que de seguir la guerra. El 16 de abril, EEUU anunció la progresiva vietnamización del conflicto, es decir, que las tropas survietnamitas volverían a ocupar posiciones de primera línea. Era el primer paso hacia la retirada definitiva.

En la guerra clásica, la victoria se consideraba que correspondía al lado que al final del día hubiera quedado dueño del campo de batalla, con independencia de que hubiera sufrido más o menos bajas que el contrario. Los norvietnamitas en el Tet no consiguieron hacerse con las ciudades contestadas y tuvieron unas cinco veces más bajas que sus enemigos. Sin embargo, al final del día, fueron los vencedores. Gracias a la televisión.