jueves, septiembre 14, 2006

El Códice Calixtino I: de navarros y vascos

El Códice Calixtino, o Codex Calistinus, es la Guía CAMPSA del Camino de Santiago. Fue escrito por varios autores en las primeras décadas del siglo XI, cuando la cosa de la peregrinación jacobea empezaba a pitar de verdad. Es un texto propagandístico, por lo tanto, cuyo destino es animar la peregrinación a Compostela y referir sus beneficios. El tiempo ha hecho que este folleto de propaganda se haya convertido en un documento histórico de primer nivel; lo cual no es ninguna crítica ni ningún desprecio. Si todo lo que quedase, dentro de treinta siglos, de la actual civilización canadiense fuese un catálogo de IKEA, con seguridad los ¿canadiólogos? del futuro le darían la misma importancia.

Dos cosas voy a contar del Códice, para intentar demostrar al lector, si es que es, como debería por pura inferencia estadística, aficionado a pensar que todo lo que tiene que ver con la Edad Media es plúmbeo y aburrido, que está equivocado. La primera de esas cosas que quiero contar, que es la que toca en este post, es la opinión que, en el siglo XI, tenía un francés de los vascos y navarros.

Si eres vasco o navarro, las orejas ya te deberían estar pitando. Bueno, en realidad, aunque no lo creas, llevan mil años pitándote.

Aymerico Picaud fue un fraile, creo que benedictino, oriundo de Parthenay-le-Vieux, en Poitou. Este francés es autor cuando menos del quinto libro del Códice, dedicado a servir de guía básica del peregrino sobre los lugares que va a recorrer y las gentes que va a encontrar. El camino francés, lógicamente, atravesaba el País Vasco y Navarra. Veamos lo que decía Aymerico de ambas tierras.

Al dejar la actual Francia y entrar en el actual Euskadi, decía Aymerico, se tendría la primera experiencia del pueblo vasco-navarro, pues en el pueblo de Saint-Michel-Pied-de-Port encontraría a unos aduaneros que robaban a los peregrinos bajo amenazas, siendo lo cierto que sólo los mercaderes habían de pagar portazgo; así como barqueros que cobraban a los pobres por cruzarles el río, cosa que también estaba, cuando menos formalmente, prohibida.

Una vez pasado el trance, el peregrino se encontrará, refiere el fraile, con los vascos y navarros, hombres de caras feroces y que aterrorizan a la gente con los gruñidos de su bárbara lengua. Aymerico apela a vascos y navarros de ladrones, y les acusa de que, a menudo, no se contentan con robar a los peregrinos, sino que los cabalgan como asnos y los matan.

Seguimos. Los vasco-navarros comen, beben y visten como cerdos. De hecho, las familias vasco-navarras comen todas juntas, siervos con amos, juntando todos los platos en una sola olla, de la que obtienen el alimento con las manos, sin cubiertos. Si los vieras comer, apostilla Aymerico, los tomarías por perros o cerdos. Y si los oyes hablar, los tomarías por perros.

El pueblo navarro, para Aymerico, es un pueblo (…) repleto de maldad, de tez oscura, de aspecto aberrante, perverso, pérfido, desleal y falso. Son personas rijosas, borrachas, asilvestradas, malvadas, crueles, pendencieras y aficionadas a vicios inconfesables. Aunque confiesa uno de esos vicios. Dado que este blog se puede leer en horario infantil, referiremos dicha acusación en su versión original: Nauarris etiam utuntur fornicatione pecudibus. Ahí queda eso.

¿Suficiente? No para Aymerico. Sigue refiriendo en su libro que el vasco-navarro es aficionado a besar el sexo de la mujer y de la mula; y que hombres y mujeres, cuando se están calentando al fuego, tienen afición por enseñarse impúdicamente las partes. El único cuartelillo que les da es admitir que se baten muy bien en batalla campal y que son absolutamente cumplidores con el diezmo eclesial.

¡Ah, se me olvidaba! También les acusa de ser asesinos a sueldo. Dice que, por una sola moneda (lo que costaba, por ejemplo, atravesar un caballo un río en barca), eran capaces de matar a un francés (quizá aquí francés quiera decir peregrino a secas; hemos de recordar que la compostelana Rúa do Franco, o calle del Francés, es en realidad la calle del peregrino; lo que pasa es que las expresiones franco y peregrino eran sinónimas).

Según este señor tan ecuánime, el origen de los vasconavarros es Escocia. De hecho, refiere que su aspecto físico es muy cercano y que visten de una forma parecida.

¿Qué le hicieron los vasco-navarros al fraile Aymerico? Bueno, yo tengo mi teoría. En primer lugar, es obvio que, al paso por sus tierras, o bien a Aymerico o bien a algún otro francés amigo suyo le robaron. Aunque hay cosas que refiere que no pueden ser, en modo alguno, privativas de los vascos y navarros. Los abusos en los portazgos medievales eran habituales, y los señores que de esos ingresos percibían fielato lo consentían, porque el negocio es el negocio.

Más allá, hay críticas que no se entienden. Que el vasco o euskera es un idioma difícil o imposible de entender por alguien que hable lenguas de raíz latina, es cierto. Pero que tenga un sonido fuerte y cortante, tipo ladrido, es, simple y llanamente, mentira. Estos párrafos de Aymerico vienen a denunciar, más bien, cierto complejo de superioridad del francés sobre un pueblo que considera salvaje y atrasado.

Aunque se ha dicho, no pocas veces, que la Canción de Roldán refiere un enfrentamiento entre francos y sarracenos en el paso de Roncesvalles, hoy es teoría ampliamente aceptada que los presuntos musulmanes eran, en realidad, vascones. Que a los francos les dolía aquella humillante derrota lo demuestra la propia pervivencia de la Canción y de la memoria colectiva. Así pues, Aymerico, probablemente, no hizo sino descargar en las páginas un odio nacionalista contra un pueblo al que consideraba su enemigo. Que lo hiciese, además, en un libro que estaba redactando para animar a las gentes a peregrinar a Santiago, da la exacta medida de su odio.

O sea: franceses y españoles ya nos teníamos tirria, pero mucha, incluso antes de ser, propiamente, franceses y españoles.