lunes, diciembre 10, 2012

Soixante huit (7: El salto cualitativo)


De esta serie se ha publicado ya un primer, segundo, tercer, cuarto, quinto y sexto capítulo.

Resumen de lo publicado: Al final, como era de esperar, acaba montándose. Las huestes de Sauron ocupan Hobbiton para controlarla, no sin provocar con ello el nada secreto orgasmo de los Rojirrim, que en las horas impares declaran su solidaridad con los "hermanos hobbits", y en las pares hacen asambleas donde se solazan con la idea de que los orcos "no dejen ni las raspas de esos sucios pies grandes". En el mercado de Hobbiton, los hobbits se reúnen para ver qué hacer ante la escalada de la situación, pero son rodeados por los orcos, que les invitan a salir de la lonja en grupos pequeños. Los hobbits, sin embargo, se encabronan y comienzan a lanzar cascotes elfos sobre los orcos, causando heridas a varios de ellos, muy graves en un caso. Al final de la jornada, Sauron anuncia la invasión de la Tierra Media.

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Manifestantes de Mayo del 68 portan el maniquí de un policía antidisturbios. Obsérvese en la foto lo poco, poquísimo, que ha cambiado la estética de la resistencia clandestina.





La misma noche que el rector Roche anuncia el cierre de la Sorbona comienzan las reacciones. El SNE Sup, por ejemplo, saca una nota urgente solidarizándose con los estudiantes y llamando a la huelga general de profesores. La UNEF, por su parte, llama a todos los estudiantes de la región de París a unirse a la manifestación del 6. Cerca ya de la medianoche, los estudiantes que fueron detenidos son liberados en las comisarías, aunque 27 de ellos lo hacen imputados de cargos de posesión de armas prohibidas.

A la una de la mañana, se produce una reunión de prácticamente todas las organizaciones estudiantiles a la izquierda del Partido Comunista, además del SNE Sup: el 22M, por supuesto; pero también el MAU, la UNEF, los ESU, la JCR, la FER y la UJC (m-l).

UNEF, ESU y FER hacen frente común en la demanda de una llamada a las organizaciones sindicales. El resto, sin embargo, consideran que esa sería una respuesta demasiado tradicional que rompería la espontaneidad del movimiento (es extraño el voto en contra de la UJC (m-l) a esta propuesta, teniendo en cuenta que los maoístas siempre han defendido que el conflicto estudiantil debe convertirse en un conflicto obrero; sin embargo, la negativa tiene su lógica, porque la propuesta habla de convocar a los sindicatos mayoritarios, que son organizaciones donde el maoísmo tiene una presencia prácticamente testimonial). La UNEF, en todo caso, acabará por hacer por sí sola el llamado a las organizaciones sindicales.

Esa noche del jueves, 4, tras todo el movidón de la Sorbona con cierre incluido y antes de la reunión de madrugada, la principal actividad ha estado en un pequeño piso en el número 28 de la rue Monsieur-le-Prince, donde tiene su sede el SNE Sup. La directiva del sindicato profesoral celebra una reunión presidida por su secretario general, Alain Geismar (procedente de una familia judía alsaciana, militó en el ESU durante sus años estudiantiles en la Escuela de Minas. Dos años antes de los sucesos que ahora relatamos, se ha salido del PSU. Pasado Mayo del 68, organizará la Gauche Prolétarienne GP, de tendencia maoísta; actividad que le costará la cárcel. En 1986 recaló en el Partido Socialista, donde le nombran Inspector Nacional de Educación. Participa en el gobierno de Michel Rocard, primero en el ministerio de André Laignel, y luego con Lionel Jospin, tanto cuando fue ministro de Estado como, ya con Edith Cresson, fue nombrado ministro de Educación Nacional. Se retiró en el 2004. En el 2008 publicó sus memorias de Mayo del 68, un puntito autojustificativas).  Esta reunión repasa los intensos sucesos del día, durante los cuales los dirigentes del SNE Sup han multiplicado sus contactos con el SGEN, es decir el sindicato de enseñantes de la CFDT, o Confédération Française Démocratique du Travail, un sindicato de izquierdas, de orígenes cristianos pero no confesional, para unirlos a las protestas.

El SGEN (CFDT), sin embargo, marca distancias con las movidas. Condena la brutalidad policial, pero al mismo tiempo “rechaza toda solidaridad con grupos cuya acción incoherente compromete una reforma real y podría hacer popular la política educativa gubernamental”.

Por lo que se refiere al SNES, Syndicat National des Enseignements de Second Degré, mayoritario en la enseñanza secundaria y de tendencias comunistas, condena la violencia policial y el cierre de las facultades, sin más. Lo más probable es que el camarada Marchais ya les hubiera dicho, aquella noche, que, solidaridades, las justas.

Con todo, la principal novedad de aquella jornada del 6 se ha producido a mediodía, cuando seis de los estudiantes que han sido arrestados en el día anterior son finalmente conducidos ante la Chambre Correctionelle, esto es son definitivamente juzgados.


  • Jean-François Raguet, 24 años, llevaba una porra casera (Raguet, conocido por sus compañeros de instituto como “el bolchevique”, era entonces militante de la OCI, Organisation Communiste Internationale, trotskista lambertista, y era miembro del servicio de orden de la UNEF. Enquistado en su vida estudiantil, es la quintaencia del universitario eterno; se ha presentado durante muchos años a los exámenes para convertirse en profesor de Filosofía. Todavía en 1998, 30 años después de mayo del 68, fue excluido por un año en la Sorbona).
  • A Jean Barbaza, 21 años, le han intervenido un hacha en el maletero de su coche.
  • A la pareja formada por Marc Fenetrier (22 años) y Sylvie Riedacher, 21, les han intervenido en su coche un hacha y una barra de hierro.
  • A Georges Tcherkezoff, 19 años, le han intervenido un tirachinas para lanzar piedras.
  • A Marc Vernant, 19 años, le han intervenido una herramienta que usaba como arma.
  • A Dominique Colombani, 20 años, le han intervenido otro hacha.


Todos estos detenidos son acusados de poseer armas de sexta categoría (“objetos susceptibles de ser peligrosos en el curso de una manifestación”). Entre los abogados que les defienden se destaca, enseguida, Henri Leclerc (que será en los noventa, de hecho, presidente de la Liga Francesa por la Defensa de los Derechos del Hombre. Abogado defensor de diversas personas, siempre en temas de libertades civiles, ha tenido entre sus clientes a personajes públicos como Dominique de Vilepin e, incluso, el ahora famoso Dominique Strauss-Kahn, en su caso con la periodista Tristane Banon. En el 2011, formó parte del equipo de campaña de Martine Aubry en las primarias socialistas que perdió frente a François Hollande). Las apelaciones de Leclerc y de su compañero Michel Blum, asistidos por un tercer abogado con un nombre muy propio para su labor (Michel La Guardia), en el sentido de que las armas portadas por los estudiantes son un signo protector frente al clima de violencia en la universidad (argumento que, es, en parte, cierto), hace que las consecuencias para los detenidos sean menores: Raguet, Barbaza, Fenetrier, son condenados a tres meses de prisión y 300 francos de multa; Tcherkezoff, Vernant y Riedacher, a dos meses y 200 francos; y Dominique Colombani, a un mes y 200 francos. Todos ellos son indultados. Sin embargo, como veremos, ésta es sólo la primera intentona, y no la más importante. Estos juzgados no son los que tienen acusaciones de violencia más fuertes, o más probadas.

Cerca de las nueve y media de la noche, son liberados. Cuatro horas después, tras largos interrogatorios, lo son Daniel Cohn-Bendit, Jacques Sauvageot y Pierre Rousset (hijo de un famoso escritor de la primera mitad del siglo, David Rousset, a quien personas como Jorge Semprún consideraban un gran olvidado de la literatura francesa, es posible que sea el mismo Pierre Rousset que milita en el NPA o Nuevo Partido Anticapitalista francés). Al mismo tiempo, los vespertinos parisinos están saliendo en la calle para informar que el brigadier Brunet está en coma.

El sábado día 4, la acción estudiantil da un paso más con la creación de comités de acción. El centro de París aparece esa mañana empapelado de manifiestos llamando a su constitución. También anuncian la creación, durante la noche anterior, del llamado Comité de Defensa contra la Represión, que ha sido formado por los maoístas de la UJC (m-l). Pero éste es sólo el primero de los comités. En una dinámica muy de guerrilla (recuérdense las muchas juntas creadas en la España que luchaba contra el francés) en pocos días habrá un comité por cada facultad, casi por cada curso; un comité de acción en cada baño, en cada cagadero. Los manifiestos los definen como organizaciones totalmente centradas en la agitación. Son células de base al más puro estilo revolucionario, según el catón trotsko-maoísta. El sábado día 4, por si antes le quedaba algo (éste cronista, desde luego, piensa que Mayo del 68 nunca fue de eso), la creación de los comités de acción acaba con todo viso que permitiese considerar M68 como un movimiento político-cultural, de rebelión pacífica, basado en églogas más o menos imaginativas pintadas en una pared (que es, paradójicamente, el recuerdo que se trajeron la mayoría de los 234 millones de jóvenes españoles que aquel año estudiaban en París). Tal vez Cohn-Bendit y los otros anarquistas asamblearios que lo iniciaron no se diesen cuenta todavía. Pero, en fecha tan temprana, la concepción de Mayo del 68 como un enfrentamiento frontal con el orden establecido, destinado a derribarlo; y la idea, de honda raigambre maoísta, de realizar esta labor mediante una alianza y supeditación final a la clase obrera, está, ya, plenamente vigente. De hecho, el movimiento de Geismar de intentar implicar al SGEN y al SNES en una huelga profesoral, puede interpretarse de dos modos. En el modo Rita Irasema, podemos pensar que lo que intentaba el dirigente sindical de los profesores era apoyar a los estudiantes. En un modo más maoísta, esto es más coherente con el punto de vista ideológico y estratégico adoptado por el propio Geismar al implicarse en la Gauche Prolétarienne, se puede pensar que lo que se intentaba era mutar el conflicto estudiantil en un conflicto profesional y obrero. Que, oh casualidad, es lo que acabará pasando.

El movimiento del 4 de mayo es un intento de los grupúsculos de ultraizquierda de superar el liderazgo semioficial de la UNEF, el sindicato de estudiantes. Les estructures du syndicat UNEF ne suffisent pas, ne sont pas adaptées, clama uno de los manifiestos que aquella mañana de sábado se distribuyen a tutiplén por el boulevard Saint-Michel. Otro de los manifiestos habla, en su titular, de la necesidad de formar los comités pour developper la revolte commencée vendredi. Esto es, aquellos manifiestos entienden la movida del viernes como el comienzo de algo, de un enfrentamiento. Un enfrentamiento global porque, si bien estos papeles siguen hablando de la lucha contra la burocracia universitaria, añaden, además, “et le pouvoir gaulliste”.

Al día siguiente, domingo, se celebra una sesión especial de la segunda Cámara Correccional, para juzgar a otros siete jóvenes detenidos el viernes anterior durante la manifestación. El mero hecho de esa sesión revela hasta qué punto el Gobierno está intentando, en ese momento, evitar los incidentes el lunes. La cámara casi nunca ha celebrado sesiones en domingo.

Sin embargo, hay países en los que la Justicia es independiente. O, tal vez, es que el Gobierno, el Poder, nunca pensó que necesitaría tener terminales en las cortes encargadas de juzgar los delitos y faltas de los jovenzanos, cual son las cámaras correccionales. El caso es que aquellos jueces, obligados a currar en domingo, harán lo que les parezca, y haciéndolo echarán gasofa a la hoguera. 

Roger Grosperrin, subdirector de la Prefectura de Policía; Jacques Quilichini, jefe de una de las compañías de fuerzas de intervención; y Leon Demurier, comandante de los gardiens de la paix, tratan de convencer a los magistrados de que los jóvenes deben recibir duras penas, entre otras cosas por los hasta 70 heridos que ha habido entre las fuerzas policiales.

Los juzgados son:


  • Jean Clément, estudiante de Letras y presidente de los estudiantes cristianos de la Sorbona. Será condenado a dos meses de prisión y 200 francos de multa.
  • Marc Lemaire, auxiliar de química. Le caen dos meses y 600 francos.
  • Guy Marnat-Damez, estudiante de quinesiterapia [sic]. Dos meses y 600 francos.
  • Bernard Malabre, estudiante de Bellas Artes, será juzgado en junio (el agente que le acusa está enfermo). El sábado anterior, por estar detenido, Malabre no se ha podido presentar a un examen, y ha perdido el curso.
  • Yves Lescroat, estudiante de arte y arqueología. Dos meses y 200 francos (una persona con este nombre ha escrito varios libros de arte, entre ellos sobre la catedral de Rouen; teniendo en cuenta los estudios del joven juzgado en mayo del 68, podría tratarse de la misma persona).
  • Daniel Legros, un pastelero de Montrouge; le caen tres meses y 300 francos, pero será indultado.
  • Jean-Pierre Leboleux, estudiante de Derecho. 15 días de prisión, con indulto, y 500 francos.


El comité nacional de la UNEF se reúne en la tarde del domingo, nada más conocerse los fallos. Se lanza un manifiesto anunciando una huelga general indefinida, además de la manifestación el lunes a las seis y media de la tarde.

El gobierno, a través del ministro Peyrefitte, también reacciona esa tarde argumentando, en un comunicado, que no puede dar carta de naturaleza a un proceso de conflicto permanente.

A las diez de la noche, Alain Geismar, como secretario general del SNE Sup, que horas antes ha hecho un comunicado conjunto de solidaridad (pero sin comprometer la participación en la huelga) con el SGEN y el SNES, da una rueda de prensa. Geismar reclama la liberación de todos los estudiantes detenidos (esa misma tarde, unos cuantos lo han sido mientras repartían pasquines de la UNEF) y se adhiere a la huelga, como acabamos de ver, sin haber logrado arrastrar a las otras organizaciones.

Horas después, 20 profesores universitarios, entre los cuales hay dos premios Nobel (Alfred Kastler y Laurent Schwartz) firman un manifiesto en el mismo sentido.



El lunes, 6 de mayo, el día en que el salto cualitativo de Mayo del 68 se habrá de ver bien claro, el Quartier Latin amanece sitiado por la policía.

viernes, diciembre 07, 2012

Bowmen

En la Historia de la Humanidad ha habido muchas bombas atómicas. La bomba basada en la fisión del átomo no es, ni de lejos, el único arma que, con su aparición, ha cambiado completamente el signo de las guerras y la capacidad de hacer daño. Antes que la bomba atómica, la aparición de la artillería moderna mudó la faz de la guerra. Pero, antes aun de ello, debemos hablar de la artillería antigua; del uso del arco. De eso van estas notas.

El arco bélico ha dado, históricamente, una ventaja inusual a aquél que sabe manejarlo. El manejo del arco está, por ejemplo, en el fondo del éxito de las hordas de Atila el huno contra los romanos, porque los hunos usaban un arco asimétrico (no disparaban la flecha apoyándola en el centro de la longitud del arma, sino más arriba), que les permitía dispararlo sin bajarse del caballo. Los romanos sabían bien que los hunos eran soldados del montón cuando se bajaban del caballo, igual que eran verdaderamente temibles cuando permanecían en él.

El término artillería, artillerie, es un término francés que deriva de archerie, esto es uso del arco. Esto nos da la pista de que fueron los franceses, o más concretamente francos y borgoñones, los primeros que, en Europa, rescataron el arco como herramienta bélica. Los arqueros eran llamados artillier du roy, lo cual es, también buena demostración de que los arqueros eran tan importantes en los ejércitos medievales que el rey, que combatía con infantes y caballeros aportados por los nobles, quería a los arqueros bajo su directa dependencia. Ésta es la razón original de que el Arma de Artillería, en ejércitos como el español, ha sido Real desde sus inicios, como bien nos recuerda el general Jorge Vigón en su Historia de la artillería española.

Francia, sin embargo, acabaría por verse superada por Inglaterra. Guillermo el Conquistador, en la batalla de Hastings, se presentó con una considerable compañía de bowmen (Bowman, de hecho, es un apellido muy común en Reino Unido). No parece estar del todo claro, sin embargo, si aquellos arqueros usaban un crossbow o un longbow. Lo más probable es lo primero. El crossbow, también denominado artalest, es una ballesta larga. La conversión del arco en algo parecido a una ballesta es una innovación interesante porque permite que cualquiera pueda ser arquero, puesto que es mucho más fácil disparar una ballesta que un arco. Por esta razón, conforme fue avanzando la Edad Media, también en parte gracias a la dominación franca en el continente, el crossbow se fue imponiendo. El rey inglés Ricardo V, nos dicen las crónicas, murió a causa de una fecha disparada por uno de estos arcos desde las murallas de Limoges, ciudad que estaba sitiando.

Los ingleses, sin embargo, abandonan, en algún momento, el uso del crossbow para pasarse al arco largo o longbow. Y la primera razón para hacer esto fue, probablemente, muy inglesa.

El artalest no era un aparato fácil de manejar. Era grande, un tanto aparatoso, difícil de proteger; mucho más que el arco largo (de hecho, los archeros de este tipo de armas combatían acompañados de un pavesero, que era una especie de paje que llevaba un escudo grande, llamado pavés, con el cual les protegía mientras cargaban el arco, labor larga y tediosa). En 1346. ingleses y franceses se enfrentaron en la batalla de Creffey y, en lo que a los arcos se refiere, la cosa parecía estar bastante clara. Inglaterra había conseguido reclutar, en todas las villas de su reino, 4.000 arqueros. Los francos, por su parte, tenían 15.000 arqueros mercenarios genoveses. Pero los ingleses ganaron. Y ganaron por la sola razón de que llovió de la hostia.

Cuando empezó a jarrear, los genoveses dejaron que sus artalestes se mojasen. Lógico: era muy difícil protegerlos. Los ingleses, en cambio, envolvieron sus arcos, mucho más manejables, y los mantuvieron secos. Como consecuencia, nos dicen las crónicas, al llegar el turno de los disparos, los arcos francos habían perdido distancia: sus cuerdas estaban empapadas. Los de los ingleses no, y eso les permitió obtener una ventaja decisiva.

Eduardo V de Inglaterra, ya en el siglo XV, es reputado para muchos como el rey que introduce definitivamente el arco largo en el ejército isleño. Y lo hace, probablemente, tras su esperiencia en las Cruzadas, donde pudo observar la elevada efectividad que los persas obtenían del arco largo. La sustitución del arco largo usado hasta entonces por los ingleses por éste nuevo, de factura asiática, más potente, cambió la capacidad de la artillería inglesa.

Sin embargo, poco podría haber hecho esta novedad de no haber caído en un pueblo como el inglés, para el cual el arco era una especie de deporte nacional. En 1363, Eduardo III, en un decreto en el que prohíbe la práctica de un montón de deportes rurales, prohíbe también el uso del arco. Pero un signo del caso que le hicieron los aldeanos ingleses es que en 1365 tuvo que volver a publicar la misma orden, signo de que el personal pasaba de él. En 1392, bajo Ricardo II, las cosas habían cambiado, y de hecho este rey decretó que todos los sirvientes de su casa viajasen siempre acompañados de arco y flechas, animándolos a usarlos en cuanto pudiesen. Una ley posterior obligaba a todos los sirvientes a ejercitar el arco los domingos y fiestas. En el enfrentamiento entre los rebeldes del duque de Exeter y los partidarios del rey Enrique IV, en Cirencester, la victoria de este último se produjo gracias a la intervención de los arqueros y arqueras del pueblo; hasta el punto de que Su Majestad decretó que la villa se beneficiase, a partir de entonces, de una entrega anual equivalente a cinco patos y un odre de vino que, conociendo a los ingleses, lo mismo sigue recibiendo.

La superioridad inglesa alcanza su punto más elevado en la batalla de Agincourt, 1415, que durante mucho tiempo fue para los ingleses como una especie de Waterloo; batalla en la que la capacidad de los arqueros ingleses detuvo a la caballería francesa, algo totalmente inesperado para los gabachos, que todavía creían en la guerra antigua, en la que los caballeros con armadura, si eran suficientemente numerosos, resultaban imparables. En realidad, desde Agincourt algo muy esencial cambia en la guerra del hombre, pues los combatientes de siempre, los nobles y gentes de alcurnia, fueron, primero parados, y luego masacrados, por unos puta base como los arqueros, todos ellos aldeanos sin historia.

Aquellos tipos, sin embargo, eran capaces de disparar nubes de flechas a razón de una tanda cada seis segundos. Sus flechas eran con seguridad mortales a unos 50 metros de distancia, incluso aunque el cuerpo en que impactasen llevase armadura, y seriamente dañosos hasta los 150.  Como digo, hasta Agincourt, se consideraba que una masa suficiente de humanos con armaduras subidos en sus caballos era una presión insostenible e imparable. Sin embargo, el poder del arco largo demostró lo contrario.

La enorme victoria en Francia, que dio a los ingleses la oportunidad de dominar porciones muy importantes de dicha nación durante mucho tiempo, entró, como digo, en la mítica nacional. Haber estado allí se convirtió en timbre de gloria y para los ingleses tardomedievales o renacentistas, aquella batalla adquirió los tintes que tendría, siglos después, Trafalgar. Agincourt ascendió a los cielos de la fama, y con ella el arco largo.

Enrique V admite el papel fundamental del arco largo en la victoria francesa dos años después, en 1417, cuando redacta una serie de instrucciones para los sherives de la nación, de forma que se regule definitivamente la formación de arqueros en Inglaterra. Entre otras cosas, esas instrucciones establecen que han de tomarse para cada flecha, del ala de los gansos, seis plumas destinadas a mejorar la precisión del dardo, y que se obtenían a expensas del rey. Teniendo cuenta que cada arquero iba a la batalla con 48 flechas, que los reclutados podían ser miles, etc., cabe considerar que la corona se gastaba una pasta en plumas (aunque parece ser que pagaba de puta pena, como siempre).

Además, el uso de las plumas en las flechas fue asimismo regulado, aunque no por leyes sino por las prácticas de los fabricantes. Las seis plumas usadas eran siempre la segunda, tercera y cuarta de cada ala.

Para satisfacción de los ingleses, los franceses, siempre tan dados a oponerse a que les cambien el paso, siguieron creyendo en su crossbow, incluso después de Creffey, Poitiers y Agincourt.

Cuando llega el reinado de Eduardo IV, rey que consiguió frenar el ímpetu de los enemigos lancastrians, los arqueros volvieron a marcar la diferencia en los enfrentamientos, con la novedad de que, ahora, ya no son sólo ingleses, sino también irlandeses. Una ley de ese reinado, conocida como The Irish Statue of Edward the Fourth, establece que todo ciudadano inglés, o irlandés que viva con ingleses, debe poseer un arco largo de la longitud de su talla (para el cual tallaría flechas con una longitud de la mitad del arco), y que debía estar hecho de tejo, avellano, fresno o, nos dice la ley, "cualquier otro árbol razonable". Todas las villas quedan obligadas a organizar pequeños torneos para ejercitar el arco en los días de fiesta, con una multa de medio penique para la que no lo hiciera.

La fama y valor de los arqueros largos ingleses queda atestiguada por el envío, hecho por este mismo rey, al duque de Borgoña, de 1.000 arqueros; los cuales, según nos dicen las crónicas, cobraron 6 peniques por día; el salario de un soldado inglés doscientos y pico años después. Luego, con la llegada de la artillería, el arco perderá importancia bélica, pero ya no abandonará las costumbres inglesas; personajes de la corte o reyes tan "modernos" como Carlos I o Catalina de Portugal eran arqueros, o gustaban de las competiciones de arco. Enrique VIII, por su parte, además de permitir a los miembros de la artillería vestir de cualquier color menos púrpura y escarlata, les otorgó el privilegio de no disparar sólo a dianas, sino también a pájaros; y de poder hacerlo en el entorno de dos millas de los palacios reales, donde estaba prohibido para el resto. Asimismo, el rey de las muchas esposas reguló el pago de indemnizaciones del erario público para todas aquellas personas que resultasen muertas de un flechazo por haber pasado entre el arquero y la diana; siempre y cuando el artillero pudiese demostrar que había gritado ¡Fast! (posiblemente, una abreviación de: ¡stand fast!)

¿Cuál es la gran ventaja aportada por el longbow? Según los ingleses que han escrito sobre el tema, la gran novedad introducida por esta arma tiene que ver con la forma de disparar.

Todo parece indicar que el arco, en la Antigüedad, se ha disparado llevando la flecha al pecho. Esto lo sabemos, entre otras cosas, por el mito de las amazonas, que nos dice que se amputaban el pecho de su mano diestra para que no les molestase al apuntar (unum execta latus pugnae pharetrata Camilla, nos dice Virgilio). Las condiciones del arco largo, y la pericia adquirida, una generación tras otra, por los ingleses, les permitió, sin embargo, llevar la flecha to the ear, esto es, hasta la oreja. Durante mucho tiempo fue famosa en Inglaterra, hoy perdida supongo, la historia del forzudo Topham, que solía hacer exhibiciones de su potencia en Islington como los culturistas hoy en las playas de Río de Janeiro. Y que un día, coincidiendo con uno de los entrenamientos de los arqueros de Finsbury, fue retado por uno de ellos, delgaducho y retaco, a ver si era capaz de disparar una flecha que tuviese dos tercios de su altura. Topham aceptó el reto, confiado, pero no fue capaz de disparar el dardo. Acto seguido, su escuchimizado competidor tomó su arco, una flecha larga en dos tercios de su altura, y, estirando el arco hasta su oreja, la disparó, aparentemente sin esfuerzo.

El buen arco largo, así acabó consolidándose la tradición de los ingleses, debía pesar una onza. Asimismo, el ganso que aportase las plumas debía de tener entre dos y tres años de edad; y las plumas usadas deberían de haberse caído por sí mismas. Asimismo, si algún día leéis la balada de Cheviot Chase (también conocida como de Chevy Chase), allí podréis aprender que dos de las tres plumas que se conseguían de cada ala habían de ser blancas; pero la tercera debía de ser marrón o gris. Y la cosa no es baladí, porque la diferencia de color ayudaba al arquero a alinear correctamente la flecha.

Como podéis ver, pues, el mito de Robin Hood no cayó, precisamente, del cielo.

lunes, diciembre 03, 2012

Soixante huit (6: el primer cráneo roto, y la primera barricada)


De esta serie se ha publicado ya un primer, segundo, tercer, cuarto y quinto capítulo.

Resumen de lo publicado: En Hobbiton todo el mundo se hace lenguas con que los nasgul están de camino con el cuchillo de capar entre los dientes, dispuestos a dejar la Tierra Media en Tierra a secas. Los ánimos, ya de por sí exaltados, empeoran cuando los hobbits se enteran de que Sauron pretende tomar medidas disciplinarias contra ocho de ellos, entre ellos el propio Gandalf el Rojo. Llevando al extremo el célebre refrán para dos días que me quedan en el convento, me cago dentro, ocupan la Tierra Media, echando a los pocos hombres que hay por ahí a hostia limpia; situación que los Rojirrim, siempre tan solidarios, aprovechan para ofrecerse a los hombres para llevarse por delante a sus presuntos amigos los hobbits.

Así están las cosas cuando Sauron anuncia la clausura sine die de Hobbiton.l

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En la foto, el trío de ases de mayo del 68. De izquierda a derecha: Alain Geismar, Jacques Sauvageot, y Daniel Cohn-Bendit.







Los argumentos de Grappin son bastante claros. Durante la jornada del jueves, 2 de mayo, buena parte de los actos académicos previstos no han podido tener lugar a causa del boicot estudiantil; “parece evidente”, afirma, “que las libertades de expresión y de trabajo tradicionalmente respetadas en las facultades han sido conculcadas”. Por lo tanto, a partir de las 9 de la mañana del día siguiente, 3, la facultad de Letras de Nanterre queda clausurada hasta nuevo aviso. Por su parte, el Ministerio de Educación afirma en una nota que espera recuperar las clases en la semana siguiente, con la excepción de las tres facultades que han concitado la mayor parte de las protestas: sociología, sicología y filosofía.

La prensa francesa, de tono en general conservador, saluda la clausura en sus ediciones del día 3 con indisimulada crítica hacia los estudiantes. Lo más sorprendente de todo es la reacción de L’Humanité, que incluye en su portada un suelto a tres columnas, que se titula Los falsos revolucionarios y carga, una vez más, contra el movimiento estudiantil, y muy especialmente contra “el anarquista Cohn-Bendit”.

En Le Monde, una de las vacas sagradas el periodismo francés, Robert Escapit, escribe: “cuando pasen diez o veinte años, Daniel Cohn-Bendit y sus amigos serán decanos, rectores, ministros, o lo equivalente con cualquier otro nombre. Y espero que afronten la rebelión de sus propios estudiantes con la misma moderación de la que han hecho gala durante el conflicto de Nanterre”. Una ironía, en parte, clarividente; cuando menos en España, si hemos de creer a tanto decano, rector o ministro que dice haber estado en París en Mayo del 68, o comulgar con sus postulados.

La prensa comienza a entrevistar a enragés más o menos incógnitos. Lo que se lee en esas entrevistas parece sacado de la Puerta de Sol ayer por la tarde: Nous ne pouvons compter sur aucun des vieux partis, et encore moins sur les gaullistes. Tradúzcase la frase al español, cámbiese gaullistes por PP, des vieux partis por el PSOE, y se obtendrá un destilado perfecto del discurso dogflutish.

Al día siguiente, mientras el cierre se concreta y Nanterre amanece petado de lecheras, se celebra una asamblea en la Sorbona, organizada por la UNEF con la participación de la FER, la JCR, el 22M y el MAU. Es en esa asamblea donde aparece, al lado de Cohn-Bendit, el vicepresidente de la UNEF, Jacques Sauvageot (tras mayo del 68, se haría profesor de Historia del Arte en Rennes, desapareciendo de la vida pública).

A eso de las dos, la movida se repite, esta vez con la participación de miembros de la ESU (Étudiants Socialistes Unifiés; las juventudes del Partit Socialiste Unificat, de extrema izquierda) y de la UEC. Por cierto, el representante de esta última formación, cercana al PCF, es el único que no llama a participar en la manifestación del lunes 6.

A eso de las 3, cuando los estudiantes proponen seguir la asamblea en el interior, la administración de la Sorbona cierra con llave todos los salones de actos y bibliotecas del edificio. Además, los vehículos policiales comienzan a poblar el Quartier Latin. Comienzan las negociaciones, los dimes, los diretes, hasta entrada la tarde, cuando llega la noticia de que París ha sido elegida como sede neutral para las negociaciones entre Estados Unidos y Vietnam del Norte para acabar con la guerra asiática. Eso enerva
los ánimos, pero más les anima darse cuenta de los movimientos policiales en el Quartier Latin, claramente destinados a aislar la Sorbona. Los estudiantes cruzan un coche en la entrada de la galería paralela a la rue des Écoles, y se aprestan a defenderse en las escaleras del edificio. Ellos están esperando a las fuerzas de choque de L’Occident, que desde días atrás todo el mundo dice van a tomar la facultad.

Pero quienes entran son los policías.

Jean Roche (biólogo y médico, ex profesor del College de France), rector de la Universidad de la Sorbona, ha solicitado formalmente, por escrito, la presencia de la policía en el interior de las instalaciones académicas, tras consultar a los decanos y al propio ministro de Educación, Alain Peyrefitte (lo veremos dimitir por los disturbios de mayo del 68. Pero volvió, a partir de 1973, a ocupar carteras ministeriales en los gobiernos de Georges Pompidou y Valery Giscard d’Estaign. Peyrefitte, en todo caso, es famoso por haber escrito, tras varios viajes a China, un libro titulado Cuando China despierte, el mundo temblará, que fue un auténtico best-seller de su época y ha resultado ser premonitorio).

Entre los estudiantes se extiende el estupor. Los del 22M quieren poner barricadas y resistir, pero el resto de las organizaciones no está tan convencido. Finalmente, tras ser llamados a ello por la policía, salen de la facultad, en grupos de 25, fuertemente vigilados por les flics, hasta el metro de Saint-Michel. Algo más de una centena de estudiantes, sin embargo, son metidos en fragonetas policiales, que les llevan a diversas comisarías de la ciudad, Saint-Sulpice, Notre-Dame-des-Champs, Panthéon…

La gente que ha salido a la calle para coger el metro, sin embargo, no lo coge. Lentamente, a partir de las 5 de la tarde se concentran en la calle, espoleados por las noticias, rumores e invenciones varias que circulan sobre sus compañeros detenidos. Más o menos a las cinco y diez se lanzan las primeras granadas lacrimógenas. A las cinco y media, la policía ha limpiado completamente la plaza de la Sorbona y se aplica a sellarla a cal y canto.

De alguna manera, Mayo del 68, el Mayo del 68 que todo el mundo conoce y en el que participaron, activa y felizmente, unos 120 millones de españoles progresistas que se encontraban allí mismo durante esos días, comienza algunos minutos después, antes de las seis con seguridad, delante del liceoSaint Louis. En ese momento, circula delante del edificio el coche policial R 831, conducido por el brigadier Christian Brunet, con otros agentes. Ninguno se ha puesto el casco. Dos estudiantes salen de la nada, armados con sendos cascotes de la calle (el empedrado del París pijo fue, aquellas jornadas, oro molido para los manifestantes) y los lanzan contra el parabrisas del vehículo, que se rompe en mil pedazos. Uno de los dos cascotes le parte el cráneo a Brunet, que es urgentemente trasladado al hospital Lariboisière.

Las hostias se mueven. De la plaza Saint-Michel, donde policías y estudiantes han estado un buen rato intercambiándose saludos, pasan al boulevard Saint-Germain, mucho más cómodo para apuntar, por ambas partes. Delante del museo de Cluny, (Saint Germain esquina Boutrebie), un pequeño grupo de policías queda semibloqueado y recibe una auténtica lluvia de objetos; la carga policial para liberarlos no se para en barras, que se diga.

Al final del boulevard Saint Michel, en la entrada a la plaza Edmond Rostand, se construye la primera barricada de Mayo del 68. Y es en el asalto a esta barricada donde se usan los primeros cócteles molotov. Pero la barricada cae a las ocho de la tarde.

A eso de las nueve y media, los cafés del boulevard Saint-Michel están abiertos. Como cada noche.

En aquellas cafeterías con radio, los parroquianos pueden escuchar al rector anunciando el cierre de la Sorbona.

jueves, noviembre 29, 2012

Un gesto aparentemente inocente

Durante el día de ayer estuve puteando a mis amigos en Facebook con la siguiente pregunta: ¿qué cambio de regla modificó para siempre la forma de jugar al fútbol y lo convirtió en lo que hoy podemos ver en cualquier campo? Hubo respuestas para todos los gustos: las dimensiones del campo o de la portería, el árbitro, el fuera de juego... Ninguna acertó. Y es lógico. Porque yo mismo, cuando lo leí, me sentí muy extrañado.

miércoles, noviembre 28, 2012

Soixante huit (5: De culo y contra el viento)

De esta serie se ha publicado ya un primer, segundo, tercer y cuarto capítulo.


Resumen de lo publicado: En un alarde de furia democrática, los hobbits baten un récord casi inigualable, consistente en mandar a tomar por culo en el mismo día a dos teóricos aliados suyos, cuyos discursos no les molaban del todo. Para completar la astracanada, los que estaban a favor de echar a uno, estaban a favor de proteger al otro; actitud ésta que contribuye a elevar la confusión sobre hacia dónde se dirige la Revolución Hobbit. Días después, la mentada revolución dará una vuelta de tuerca violenta más, con el ataque de un grupo de hobbits a un local de los nasgul, del que no dejan ni las pelusas. Sauron, inmediatamente, promete vengarse, y en Hobbiton todo Dios se acojona.

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Los comités 22 de marzo convocan para el 2 y 3 de mayo sendas jornadas antimperialistas. A pesar de los negrísimos presagios de violencia con que se rodea a esta fecha, únicamente un pequeño acto de este tipo se produce en la Sorbona. A las 7 de la mañana, cuando no hay nadie en el edificio salvo el personal de limpieza, se declara un incendio en un pequeño despacho, cedido a la FGEL (Fédération des Groupes d’Etudes de Lettres), miembro de la UNEF, tres de cuyos grupos están afiliados a la FER, Fédération des Étudiants Revolutionnaires, que es como se ha renombrado a sí misma la CLER el 28 de abril. Cuando los bomberos terminan su trabajo, encontrarán en una pared la pintada de una cruz céltica envuelta en un círculo: el viejo emblema de la OAS, ahora utilizado por L’Occident.

Mucho más impacto tendrá el anuncio que en la misma universidad parisina hará, mediante pasquines, el Mouvement d’Action Universitaire, MAU. El MAU hace pública la celebración, el 30 de abril, en la sala Louis Liard de la Sorbona, de una reunión de profesores de la universidad, de diversas procedencias según el manifiesto, que han decidido no corregir los exámenes de ese año. Lo cual supone un aprobado general; el sueño de casi todos los estudiantes, y de todos los vagos.

Consciente, quizá, el MAU de que en su asamblea no estaban todos los profesores universitarios, propone una serie de medidas para “convencer” a los ausentes de sus postulados: sabotaje sistemático de los exámenes, incluyendo el robo o destrucción del material necesario para su producción o la difusión de las preguntas; o destrucción de la documentación con los resultados de las pruebas allí donde hayan sido realizadas. Por supuesto, las pruebas orales serán automáticamente intervenidas por hordas de demócratas. Y, al loro, porque el propio manifiesto dice: “No es tiempo aun de publicar todas las propuestas de acción”.

En la tarde, el SNE Sup califica este comunicado de “broma pesada”. El decano de Letras de la Sorbona, es casi inigualable latinista Marcel Durry (en mayo del 68 estaba casi al final de su vida pública, pues murió diez años después. Había sido expulsado de su cátedra por los alemanes en 1941, era caballero de la Legión de Honor, y devoto gaullista) hace público un comunicado, en el que anuncia que los exámenes se realizarán como se ha previsto y que no se convocarán más pruebas que las ya anunciadas.

Mientras tanto, en Nanterre, en realidad lo más importante, lo que más influencia ha tenido, ha sido el atentado de la mañana, finalmente reivindicado por L’Occident mediante una nota. Ya os he dicho que la famosa amenaza de días atrás, después de que los prochinos hubiesen destrozado una exposición sobre Vietnam organizada por fuerzas de derecha, había tenido gran importancia para la moral general de mayo del 68. Los estudiantes revolucionarios, desde aquél día y más aquel 2 de mayo tras el incendio de la Sorbona, temían que los fafs, los fascistas, tomasen Nanterre a hostias. Por ello, se aprovisionaron de cascos, palos y todo lo que pillaron.

Sobre ser esta situación ya potencialmente explosiva, más lo será después de que se sepa que ocho estudiantes, todos ellos pertenecientes al movimiento 22 de marzo, han recibido una citación del rector de la Universidad de París para comparecer el 6 de mayo, para deponer testimonio ante la Comisión de Disciplina de la Universidad. Estos 8 son:


  • Daniel (o Danièlle) Schumann (del que no parece haber información muy específica posterior a estos hechos).
  • Daniel Cohn-Bendit.
  • Olivier Castro (uno de los líderes del movimiento, al parecer es autor de un documental sobre los hechos realizado ese mismo año para la televisión).
  • Jean-Pierre Duteuil (activista de claras tendencias anarquistas. Fundó en 1964 la Liaison des Étudiants Anarchistes LEA, que se reunía, por cierto, en los locales de la CNT española en el exilio parisino. Tras mayo del 68, siguió ligado a Cohn-Bendit como periodista y, en lo político, colaboraba con la Organisation Révolutionnaire Anarchiste ORA y la Organisation Communiste Libertaire OCL. Impulsó la fundación de las Éditions Acratie, en las que ha publicado en el 2008 el libro Mai 68, un mouvement politique, en el que [por cierto, en línea con las tesis de estas notas] le niega al proceso su carácter de movimiento cultural y lo afirma como movimiento político-revolucionario, “opuesto a toda jerarquía”).
  • Yves Fleichsl (dirigente de la primera hora. No hay muchas referencias de él hoy en día; parece ser que abandonó París para ir a Vincennes, a continuar sus estudios. Pero todavía tengo pendiente averiguar qué fue de él).
  • Michel Pourny (militante de la UNEF; no tengo más datos)
  • Jean-Louis Ploix (hay un pintor, nacido en 1943, con ese nombre, bastante afamado; ignoro si es el mismo, pero por edad podría serlo)
  • René Riesel (dirigente de tendencias más bien anarquistas, en 1973 se hizo agricultor y dirigente sectorial, y en los últimos noventa ha protagonizado diversas movidas contra los trasgénicos y tal).


Para terminar de mejorar el tono de tensión, la FNEF derechista le pone una demanda a los profesores asistentes de Sociología afiliados al SNE Sup por “incitación a la violencia”.

A mediodía, los estudiantes toman un salón de actos para proyectar una serie de películas sobre la guerra de Vietnam y las movilizaciones del Black Power en Estados Unidos. A las 3 de la tarde, en esa misma sala, había de comenzar una clase de Historia del profesor René Rémond (Monsieur Rémond no era en modo alguno un profesor contrario a los planteamientos del movimiento de Nanterre; es probable que por eso eligiesen los estudiantes su sala. Cuando el conflicto se generalizó, sin embargo, labró algo de distancia respecto de las movilizaciones).

Como se acaba de leer en el paréntesis, Rémond estaba lejos de ser un facha peligroso. Pero eso no le evitó ser recibido, a las tres, cuando entró en la sala con 200 estudiantes, por el expeditivo método de lanzarle un banco a la cabeza, que afortunadamente no le dio; pero que, en todo caso, le convenció de que se encontraba ante uno más de los muchos actos de socialismo democrático de aquellos días, por lo que huyó, que se dice mal y pronto, cagando melodías; mientras los estudiantes, ejem, agresores, entonaban La Internacional.

No lejos de aquella aula, en otra parecida, la UEC ha creado un intitulado Comité de Defensa de las Reivindicaciones Estudiantiles (que ya vemos que para entonces se estaban defendiendo a bancazo limpio), que se postula, tras una nota de Brémond llamando a la calma, para ejercitar ese control y echar a los provocadores. En realidad, esta auto-postulación no es más que otra artimaña de los comunistas de la UEC para dar por saco a los del 22 de marzo. De hecho, una cosa que las notarías comunistas de Mayo del 68 suelen callar es que en este Comité incluso aceptaron la asistencia de estudiantes de derechas, tan deseosos como ellos de ponerle palos en las ruedas al Movimiento de Nanterre. La política hace, verdaderamente, extraños compañeros de cama.

El bancazo a Rémond y todo lo que está pasando acojona al movimiento 22 de mayo que, además de decretar el abandono de la facultad esa tarde-noche (todo el mundo cree que en la mañana siguiente va a entrar L’Occident a hostia limpia) le reprocha a los maoístas, con razón, la creación de una sicosis de guerra en la facultad.

En medio de estas amenazadas el 22M organiza una reunión con la JCR, la UJCM (m-l), la FER, la MAU y la UNEF. Teóricamente, es para organizar una manifa en solidaridad con el SDS pero, en medio de las discusiones, llega la noticia de la cita disciplinaria recibida por “los ocho”. Eso cambia las cosas. Se convoca un mitin al día siguiente, en París, y la ocupación de la Sorbona el día 6 de mayo, de allí en cuatro días, coincidiendo con la cita.

A última hora de la noche, el decano Pierre Grappin hace pública una nota. Y, esta vez, el ministro Peyrefitte está perfectamente enterado.

Todos los trabajos en Nanterre han quedado suspendidos.

C’est de la folie…

lunes, noviembre 26, 2012

Tragarse una tenia (voluntariamente)

Creo recordar, pero no puedo afirmarlo con absoluta certeza porque no tengo a mano el libro, que uno de los datos llamativos de Las elecciones del Frente Popular, el libro de Javier Tusell que la mayoría tiene por canónico a la hora de calibrar quién voto a quién en febrero de 1936 (porque, querido lector, deberé recordarte, quizás para tu sorpresa, que los resultados del 36 nunca fueron, nunca han sido, y creo que nunca serán proclamados oficialmente); uno de los datos curiosos de ese libro, digo, es que Lluis Companys no fue el candidato más votado por los barceloneses aquella jornada. Lo fue, si la memoria no me falla, otro aliado suyo de la Acció Catalana Republicana.

Además de eso, a cualquier catalán con memoria aquellos resultados del 36 le llevarían a una reflexión en modo "quién te ha visto y quién te ve, sombra de lo que eres", dirigida a la Solidaridad Catalana. La Solidaridad, que en todo caso se llevó algo más de 10 diputados en Cataluña en aquellas elecciones (si sigo sin recordar mal) fue el gran motor del regionalismo catalán; el protagonista de la espantá del Parlamento de Madrid en la segunda década del siglo XX, a causa de la poca sensibilidad hacia las necesidades de Cataluña; el gran portavoz de las reivindicaciones económicas de Cataluña, que no se contabilizan hoy en balanza fiscal alguna; el gran muñidor, pues, del catalanismo.

El gato al agua, sin embargo, se lo llevó un peripatético coronel, austero como sólo puede ser un catalán (ya al frente de la autonomía republicana, sus gentes tenían que presionarlo para que se gastara dinero en algo) y, a la postre, una formación camaleónica que supo representar como nadie los intereses del mediano burgués catalán, a la par enfrentado con Madrid y con las grandes familias del empresariado local.

La Historia del nacionalismo catalán se parece un huevo al cuento ése que nos contaban nuestras madres usando los dedos de una de nuestras manos. El meñique fue al mercado, el otro compró las viandas, el otro las puso en la olla, el otro las cocinó... y el gordo se las comió, y por eso está tan gordo. ERC ha sido, históricamente, el gordito del cuento. Ese dedo separado de los otros cuatro que espera tranquilamente a que los procesos maduren para lanzarse cual pantera sobre ellos, engullirlos, y beneficiarse de ellos.

El nacionalismo catalán moderado, altoburgués, formalmente liberal (carajo con el liberalismo que prohíbe las rebajas...) entendió la lección durante la longa noite de pedra del exilio y el franquismo a tutiplén. Así pues, dejó, porque no podía ser de otra manera, que el fósil viviente de la vieja Esquerra, el pretoriano de Companys, el inteligente muñidor de los decretos de S'Agaró, Josep Tarradellas, regresase de la mano de Suárez, Ja soc aquí, montase el ente preautonómico haciendo gala de su realismo de exiliado, se ganase una avinguda en la ciudad de sus amores... y se fuese, mutatis mutandis, a los libros de Historia, a tomar por culo.

Jordi Pujol, que también se había comido sus buenas hostias durante los años negros, había aprendido el pragmatismo muy propio de las formaciones cristianas donde se crió como político. Montó, casi a la chita callando, una coalición política con toda la esencia de la vieja Solidaritat y de la ACR, desbastada de sus perfiles clasistas para poder caerle bien a todo el mundo y, en las primeras elecciones puramente autonómicas, sorprendió a todo el mundo. Porque todo el mundo, en aquel momento, daba por segura una victoria del PSOE en Cataluña y consideraba que sus políticos, solos o en compañía del PSUC, iban a matronear el momio.

CiU se convirtió en un experimento de estrategia política digno de estudiar en las buenas facultades de ciencia política, más aun cuando su situación minoritaria le obligó a acercarse a la ERC de Heribert Barrera... y, por primera, y de momento única, vez en la Historia, fue ERC la envuelta, y no la envolvente. ERC salió de su experimento de cercanía con CiU bastante escaldada, y no remontó el vuelo hasta que no se apoyó en las seis alas de Ángel Colom Colom y la peripatética política, hoy au dessus de toute melée como le corresponde a todo contertulio televisivo de pro, Pilar Rahola; tras lo cual caería en otra escisión que, por cierto, ha dado con los huesos de Colom en el partido de Pujol, convirtiéndolo en una especie de Santiago Carrillo catalán.

Todo esto, que Pujol tenía muy claro en los ochenta y noventa, parece haberlo olvidado el propio Pujol, y sus herederos, al girar el gozne del siglo. De nuevo, se ha vuelto a producir el proceso que, como digo tal es mi tesis, es la dinámica normal en la moderna Historia de Cataluña: ERC es el receptor lógico, a la vista de los catalanes, de las aspiraciones independentistas; así pues, siempre que éstas son cercanas, palpables, ciertas, es la formación que sale beneficiada. Porque ERC es, por así decirlo, la formación que muchos catalanes quieren, unos; y esperan, otros, ver al frente de una Cataluña escindida.

Artur Mas ha pensado, tal es mi opinión, que las décadas de pujolismo habían dejado atrás esta característica crónica del catalanismo, esta manía repetitiva de volver la vista hacia Esquerra cada vez que las cosas van en serio. Ha pensado que CiU se había convertido en el PNV, esto es en el referente histórico de su nacionalismo (condición que, de todas formas, está por ver que logre conservar); y se ha equivocado. 

El pujolismo, además, ha olvidado, supongo que conscientemente, una máxima seminal del catalanismo conservador, que instila todas las páginas pares, y las impares también , tanto de las obras de Cambó como todas las buenas que se han realizado sobre él: el nacionalismo catalán siempre ha de tener una idea de España. La fuerza moral del catalanismo, de toda la vida conservador, ha sido precisamente ésa: no abandonar nunca el reto de opinar sobre lo que es mejor para España. Hoy hay un montón de personas, en radios, televisiones y barras de bar, repitiendo eso de que "entre el original y la copia, los independentistas catalanes han preferido el original". Y no les falta razón. Exento de una idea de España, exento de toda implicación en lo que ha de ser España, cómo va a evolucionar, qué tiene que impulsar y qué abandonar;  exento de todo eso, digo, CiU se convierte en una simple fuerza política que lo que quiere es separarse. Irse. Y, para eso, hace mucho más pandán votarle al que siempre, desde Manresa, desde La Habana, desde Nuria, ha dicho eso mismo.

Last, but not least, supongo que los gestores de estas elecciones a destiempo tendrán que valorar el enorme plus de imagen internacional que va a tener Cataluña en el mundo, a partir del mes que viene, cuando se constituya el Parlamento catalán y se vea claro que en el mismo hay tres diputados antisistema. Estoy seguro que el Frankfurter Allgemeine Zeitung va a saludar el detalle con grandes alharacas, constatando que es la mejor prueba de que Cataluña es mucho más seria y estable que España.

Es mi opinión que el líder de CiU pagará con su futuro político tamaña cagada. Es posible que no pase, porque el masismo es pujolismo reciclado, aunque sólo sea porque está alimentado a tope por la famiglia, así pues lleva mucha gente detrás que no tendrá demasiadas ganas de perder soporte vital. Pero Artur Mas ha colocado a su formación en la posición más jodida de su breve historia: condenado a gobernar con quien menos desearía; con un tipo al que, para más irni, ya engañó una vez, así pues está resabiao.

Estas elecciones han supuesto, una vez vistos los resultados, que Convergència i Unió se ha tragado una tenia a propósito. A sabiendas, se ha metido por el coleto una lombriz que sabe que se va a instalar en su intestino y se va a alimentar de una porción nada desdeñable de lo que engulla (la dejará sola con sus recortes, y caminará a su lado por la montaña rusa de la demagogia secesionista). Por todo esto, porque lo tenía que estar viendo venir, es por lo que Artur Mas redobló, en los últimos días de la campaña, los mensajes sobre la necesidad de una mayoría suficiente para él, no para el sueño secesionista.

CiU se ha disparado en el pie de la forma más tonta. Y no deberíamos echar en saco roto el dato de que esto es algo que ha pasado en la política española dos veces en apenas un par de parpadeos; porque lo mismo, exactamente lo mismo, hizo ese otro cráneo previlegiado estratégico llamado Francisco Álvarez-Cascos.

Don Françesc debe estar revolviéndose en la tumba mientras masculla: Sereu capolls!