jueves, noviembre 29, 2012

Un gesto aparentemente inocente

Durante el día de ayer estuve puteando a mis amigos en Facebook con la siguiente pregunta: ¿qué cambio de regla modificó para siempre la forma de jugar al fútbol y lo convirtió en lo que hoy podemos ver en cualquier campo? Hubo respuestas para todos los gustos: las dimensiones del campo o de la portería, el árbitro, el fuera de juego... Ninguna acertó. Y es lógico. Porque yo mismo, cuando lo leí, me sentí muy extrañado.

Mi fuente, sin embargo, no es sospechosa de mentirme. Se trata de un libro llamado Football Asociación, escrito en 1914 claramente para difundir un deporte entonces desconocido en España, y prologado nada menos que por Hans Gamper, que hoy da nombre al torneo del Barcelona F.C.

Este libro nos cuenta que, a pesar de que en diversos pueblos antiguos se han jugado juegos de equipo que se pueden considerar precedentes del fútbol, en realidad este deporte nace con la reforma pedagógica del maestro Thomas Arnold a mitad del siglo XIX. Arnold decidió introducir en la escuela de [un lugar llamado] Rugby la práctica sistemática del deporte en equipo entre los alumnos. Así pues, como ya podéis sospechar por la anécdota, el fútbol, en realidad, nació arrejuntado con lo que hoy conocemos como rugby.

Aquella escuela primigenia tenía extensos campos de hierba donde cualquier deporte podía jugarse sin problema. Sin embargo, cuando aquel rudimentario fútbol fue adoptado en los distritos de Westminster, Harrow y Chaterhouse, se planteó el problema de hacerlo jugable en patios cerrados, momento en el que comenzó su reglamentación. Labor para la cual nació la Football Association.

¿Cómo se jugaba a aquel fútbol? Ya os he dicho que era muy parecido al rugby, así pues se parecía mucho al modo que tienen de jugarlo los niños más pequeños en los colegios: corriendo todo Dios detrás del que en ese momento tiene la pelota. Además, como aquel fútbol era primo del rubgy, las primeras reglas permitían cualquier tipo de acción para arrebatarle el balón a su dueño: agarrarlo, ponerle la zancadilla, o atacarlo entre varios.

La violencia inherente a este planteamiento, unida al hecho de que las diversas escuelas estaban creando reglas propias muy distintas, forzó la celebración, el 26 de octubre de 1863, de una especie de reunión codificadora. Para entonces había seis códigos distintos para el fútbol: los de los colegios de Eton, Winchester, Westminster, Harrow, Rugby y Chaterhouse, que fueron unificados en una serie de reglas comunes:

  • El campo quedaba reglado en una extensión de 200 por 100 yardas.
  • Las porterías tendrían 8 yardas de ancho y no tendrían travesaño superior (siendo, pues, el goal resultado de pasar la pelota entre ellas a cualquier altura.
  • El jugador podía correr con la pelota en las manos si la cogía viniendo del aire, y antes de tocar el suelo.
  • Se permitían puntapiés por debajo de la rodilla, zancadillas, agarrones.
Esta propuesta codificadora, sin embargo, no gustó a los clubes defensores del denominado "juego antiguo" (escuelas de Rugby, Eton, Harrow, Malborough y Westminster). Las negociaciones se enquistaron en el último punto. El bando de los "modernos" proponía eliminar la permisividad de los puntapiés; propuesta que los defensores del juego antiguo consideraban eliminaría todo elemento de virilidad al deporte, convirtiéndolo en cosa de nenazas. Por cuanto, finalmente, se aprobaron ciertas penalidades para la patada, el 21 de noviembre los partidarios del juego antiguo se separaron de la Asociación, dando lugar a lo que hoy conocemos como rugby.

Así pues, esa historia, que he escuchado muchas veces, de que el rugby nació del fútbol un día que alguien cogió la pelota con la mano y echó a correr, no parece muy cierta.

Una vez practicada la escisión, las primeras reglas del fútbol propiamente dicho (Football Association, 8 de diciembre de 1863) prohibieron las patadas y zandadillas, y prohibieron correr con la pelota en la mano.

En 1871 se jugó la primera competición de Copa, ganada por los Wanderers, escoceses, que le ganaron a los Royal Engineers. Los Wanderers, por cierto, la volvieron a ganar tres años seguidos (1877, 1878 y 1879), lo cual les daba derecho a tener la copa en propiedad. El club, sin embargo, devolvió el trofeo, solicitando que lo custodiase la Asociación y que nunca pudiese ser ganado en propiedad. Sin embargo, en 1905, habiendo ganado la Copa el Aston Villa, éste la paseó por Inglaterra durante unas semanas y en Birmingham alguien la robó del aparador donde la tenían. Nunca ha vuelto a aparecer.

En sus orígenes, este fútbol era conocido como dribbling game. Como ya hemos dicho, todo Dios corría detrás del que tenía la pelota y, además, el pase estaba restringido, así pues el jugador practicaba el gambeteo y el autopase hasta que, viendo portería, disparaba con todas sus fuerzas (recordad que la bola que pasaba sobre el portero también era gol).

En estas condiciones, la formación normal en un partido de fútbol era un 1-1-8. Se jugaba, sí, con un defensa y un medio, y ocho delanteros (entonces era normal que fuesen sólo 7) que eran, en realidad, los que jugaban, pues el juego era puramente ofensivo e individual. El jugador que obtenía la pelota se lanzaba hacia la portería, driblando a sus contrarios y, si se encontraba acorralado, normalmente perdía la pelota, en lugar de pasarla. Sus compañeros estaban por ahí de buitres, por ver de que algún rebote les otorgara la pelota, para intentar ellos entonces el asalto al gol.

Esto, sin embargo, cambió radicalmente en 1877, con la introducción de una regla aparentemente inocente. Puesto que desde el inicio se había reglado la dimensión del campo, existía el fuera de banda. Sin embargo, imbuido por su espíritu híperofensivo, hasta aquel año el fuera de banda había que sacarlo siempre hacia delante; no era posible pasar el balón hacia atrás. Sin embargo, el cambio de 1877 permitió que la bola pudiera ser puesta en juego en cualquier dirección.

Aquella tontería inventó el pase.

En efecto: hasta 1877, lo que hacía el jugador que sacaba de banda era, de alguna manera, continuar la jugada que se estaba desarrollando antes del fuera de banda. A partir de 1877, podía iniciar otra. Podía echar la pelota hacia atrás, lugar normalmente más tranquilo porque los jugadores tienden a vivir en su campo para protegerlo, donde alguno de sus compañeros podría pensar en cuál de sus colegas estaba mejor colocado para hacer la jugada, y pasarle la pelota. Aquel cambio concitó buen número de críticas de puristas que veían el juego adulterado; y no es para menos, porque en muy poco tiempo acabó con el estilo de partido que se había llevado hasta entonces. Sin embargo, el público lo aceptó muy bien, porque, en realidad, así el juego era más rápido y continuado. El anterior (véase el rugby) estaba petado de interrupciones.

La reforma, asimismo, supuso la muerte de la delantera como línea única del equipo de fútbol. El cambio suponía que hacía falta gente que diese buenos pases, lo cual reivindicó la figura del medio; y, además, hizo más vulnerable la defensa, que ya no podía estar ocupada por un solo jugador; así pues, se inventó la pareja de centrales.

Los escoceses fueron los primeros en entender esta forma de jugar al fútbol, y la consolidaron definitivamente en 1883, cuando sus equipos dominaron la Copa de principio a fin. Aquella Copa se asemeja a otros momentos de la Historia del deporte, como la primera vez que en un torneo de Wimbledon un tenista subió a la red o la primera vez que Dick Fosbury saltó de espaldas. La superioridad obtenida fue tan apabullante, que los vencidos adoptaron el nuevo estilo.

Así que, ya ves: algo tan inocente como el saque de banda cambió el fútbol para siempre, mandando al bául de los recuerdos al patadón p'alante y si hay que dar hostias, se dan.