sábado, junio 20, 2015

La GTA: Prólogo

Con la serie que inicio hoy, trato de saldar una deuda que contraje hace meses.

Aquéllos de vosotros que os hayáis tomado recientemente la molestia de pasar en los últimos días por la biblioteca del blog habréis reparado en una novedad. Entre los materiales bajo licencia Creative Commons que ofrece dicha biblioteca, hay una lista de ficheros E-Pub con todos los posts del blog, clasificados según el año de publicación. El conjunto de estos ficheros, pues, conforma un Digesto de artículos que está a disposición de cualquiera que tenga un lector de libros electrónicos compatible con este formato y que se lo quiera cargar para ir, de cuando en cuando, leyendo cositas. 

Este trabajo no lo he hecho yo. Lo ha hecho, de forma totalmente desinteresada, mi lectora Inmaculada García, que es la que se ha chupado, sin yo saber nada, todo el trabajo de traerse los ficheros, verificarlos y referenciarlos. Quede aquí expresado mi agradecimiento personal por tan magno esfuerzo; y creo que todos los que os beneficiéis de dicho trabajo deberíais hacer lo mismo. 

Inmaculada sólo me pidió una cosa a cambio, y es que escribiese una serie en el blog dedicada a la guerra de la Triple Alianza. En el momento en que leí en su mensaje esta denominación, debo confesar que no sabía nada sobre este hecho histórico, así pues no estaba en condiciones de valorar sus afirmaciones en el sentido de que es algo sobre lo que merece la pena hablar, porque pocas veces se encontrará un lector de Historia una guerra tan cruenta. El tiempo y las lecturas le dieron la razón a Inmaculada. La GTA es una de esas cosas de las que todos sabríamos un montón de cosas, aprendidas en los libros, en la escuela, en el cine y en la tele, si le hubiese ocurrido a, un suponer, Inglaterra, en lugar de a una esquina perdida del mundo que llamamos Paraguay. Aunque es posible que esta afirmación sea incierta pues, en realidad, si Inglaterra hubiera sufrido una guerra como la GTA, tal vez nunca había sido Inglaterra, la poderosa. No hemos de olvidar que algunos de los contendientes contra este país en la guerra se jactaban, tiempo después de terminada, de haber acabado con la vida de todos los paraguayos del sexo masculino mayores de diez años. Con ser la frase una cierta exageración, ello no remite el hecho de que, para los paraguayos, se trata de una guerra de dimensiones camboyanas. 

No sé mucho del Paraguay y es tal vez por eso que este tema no formaba parte de mi acervo de conocimientos cuando Inmaculada me escribió. Sólo he estado en una punta del país en la primavera de 1989 cuando, estando en Iguazú, aproveché para hacer una visita a lo que entonces se llamaba Puerto Strossner,  por donde pasé como los turistas alemanes: montado en un remís y sin bajarme, así pues poco puedo decir (debo reconocer que mi chófer argentino, Mario, poco menos que nos aseguró que si nos bajábamos del coche seríamos atacados en plena calle por hordas de paraguayos incivilizados, así pues se negó a parar; lo cual llama la atención pues, a la madrugada siguiente, camino de las reducciones, vimos un puma, argentino supongo, cerca de la carretera, y estaba empeñado en que saliésemos a saludarlo). En Iguazú (lado argentino), eso sí, me quedé bastante enganchado de la televisión local del Paraná, que me llamaba la atención por ser un ejemplo de bilingüismo perfecto: entrevistadores y entrevistados a pie de calle pasaban del castellano al guaraní con total naturalidad, sin que lograse entender por qué lo hacían, y eso era algo que me llamaba mucho la atención. Una publicidad machacona: « Banco del Paraná, el banco de la amistad», con esa d final larga y evidente que se estila en muchos lugares del Cono Sur, y que los españoles no pronunciamos. Impagable una noticia del informativo local en la que salía el comisario de una localidad informando de los muchos coches robados que la policía había logrado recuperar; noticia que terminó con la locutora del informativo hablando a la cámara y diciendo algo así como: felicitamos al comisario por su eficacia, pero queremos recordarle que el coche marca Tal de nuestro compañero camarógrafo Tal y Tal todavía no ha aparecido. Periodismo ciudadano.  

En los meses que han pasado desde que Inmaculada me escribió enviándome los ficheros he hecho una pequeña labor de investigación, en la medida de mis posibilidades. Lo que la GTA ha hecho en mí ha sido lo que hacen los verdaderos hechos históricos de importancia: despertarme una curiosidad antes inexistente. Tenía hasta entonces, no me importa confesarlo, una relación muy distante con el proceso de formación de las naciones modernas en el Cono Sur. Sabía, tal cual, lo que sabe un español medio desde que el mundo es mundo, porque la verdad es que éste es un tema que nunca ha formado parte de nuestros planes de estudio escolares, apenas para memorizar tres o cuatro nombres: Bolívar, San Martín, O'Higgings, y pare usted de contar. Supongo que hubo una oportunidad de resolver esto en 1992, el año del quinto centenario; pero la verdad es que aquella celebración fue una patochada populista, en la que importó más hacer construcciones prescindibles y untar a artistas de la cuerda, que un fenómeno cultural; así pues la celebración, que diría Cervantes, fuese, y no hubo nada. 

Profundizar un poco en la Guerra de la Triple Alianza me ha despertado muchas inquietudes en torno a procesos diversos; quizá el fundamental de todos el proceso de génesis y evolución de lo que hoy conocemos como República Argentina. Ha sido un viaje intelectual interesante, que ahora estoy seguro que me reportará nuevas estaciones, así pues no puedo menos que estar agradecido a Inmaculada como la primera persona que me señaló ese sendero que siempre había estado ahí, en el jardín de atrás de la casa de mis conocimientos; pero que yo nunca me había preguntado hacia dónde llevaba. 

Entro en este conocimiento con toda la humildad del mundo. Soy un neófito en la materia, ya lo he dicho, y por supuesto pido disculpas por adelantado por interpretaciones erróneas que se puedan deslizar en mis notas; un investigador nunca consulta suficientes fuentes, así pues siempre es susceptible de encontrar, en la próxima página que lea, algo que le lleve a modificar o poner en solfa convicciones que hasta entonces defendía. Pero para contar la Historia hay que mojarse; hacerlo con la frialdad de un relojero no conduce a nada. 

Comenzaremos, pues, con esta Historia. Una historia triste, que espero os traiga, a los lectores españoles que, según Google sois ampliamente mayoritarios, rumores, aromas y silencios de unas selvas que yo apenas intuí. Aprovecho, por cierto, para decirlo: desde que este blog está abierto, los principales lugares desde donde se lee son, por este orden: España, Estados Unidos, Alemania, México, Argentina, Francia, Reino Unido, Colombia, Rusia, y Venezuela.

Eso sí: si apareció finalmente el coche del camarógrafo, eso no he conseguido averiguarlo.