lunes, junio 02, 2014

El hombre que sabía hacer bien las cosas (13)

Digámoslo claro: de todos los líderes que tuvo la Unión Soviética, con la única excepción de Mijail Gorvachov que es, por muchas razones, especial, Leónidas Breznev es el único que fue consciente de las oportunidades que la modernidad le ofrecía para realzar su liderazgo y salir del pozo en el que había caído por segunda vez.

Los líderes comunistas de la Unión Soviética, es cosa sabida, despreciaban los avances de Occidente y, para cuando se daban cuenta de que les podían ser útiles, trataban malamente de imitarlos. Lenin, que ha sido tenido por sus seguidores como un visionario que se dio cuenta de muchas cosas que los demás ni olían, no llegó a entender el papel de los medios de comunicación. Stalin menos aun, puesto que su punto de vista notablemente autoritario no los necesitaba, como no fuera para servirle a él mismo de caja de resonancia. Kruschev adivinó bastante el asunto, aunque probablemente sus actuaciones más mediáticas (el famoso gesto del zapato, por ejemplo) fueron más fruto de la casualidad que otra cosa.

Breznev, sin embargo, era diferente. Como buen vividor, por mucho que su discurso oficial despreciase los oropeles de Occidente, muchos de ellos le molaban mucho. Además, políticamente iba a ser hijo de los sesenta; una década que comenzó con la eclosión de la imagen política televisiva con el célebre debate electoral entre John Fitzgerald Kennedy y Richard Nixon. Así pues, cuando fue elevado a los altares de la mierda, no se arredró. En primer lugar, se las arregló para rodearse de personas muy competentes. A Gregory Tsukanov, su viejo amigo de Kamenskoye, se lo trajo desde el Comité Central al edificio del Soviet Supremo. También rescató a Chernenko y, como nueva adquisición, atrajo a un joven diplomático especialista en asuntos alemanes, Andre Alexandrov-Argentov, que con los años sería conocido como el Kissinger de Breznev.

A partir de ahí, como digo, Leónidas comenzó a explotar un activo inherente a su puesto que, sin embargo, había sido preterido por sus antecesores: el hecho de que, por definición, el presidente de la URSS era, después del secretario general del partido, la persona con más y más dilatadas apariciones en los medios, el que siempre estaba en los aeropuertos para recibir a los mandatarios extranjeros, etc. Como presidente de la URSS, además, en apenas tres años hizo quince viajes al extranjero: Marruecos, Ghana, Guinea, Sudán, Irán, India, Afganistán, Finlandia, Yugoslavia, Hungría, Polonia, Rumania, Bulgaria, Checoslovaquia, República Democrática Alemana… Incluso tuvo la suerte de ser el centro de un conflicto internacional cuando, el 9 de febrero de 1961, su avión fue disparado por dos veces por un caza francés cuando volaba cerca de Argelia.

Paralelamente, como una consecuencia lógica del juego de generaciones políticas que se va produciendo con el tiempo, los amigos de Breznev ganaban peso en el Comité Central. En aquellos años, de hecho, varios importantes mandos del Ejército Rojo fueron promovidos al CC, lo cual no podía por menos que favorecer a Breznev. Uno de esos promovidos fue su mejor amigo en la milicia, el mariscal Grechko, para entonces jefe de las fuerzas del Pacto de Varsovia. Pero la lista es larga: el mariscal Grochkov, Iván Grushetsky, Benjamín Dymshits, Ignati Novikov, Nikolai Tikhonov, Lev Smirnov… Y también civiles, como Nikita Tolubeyev, entonces jefe del Partido en el distrito de Dnepropretovsk que prácticamente había visto «nacer» a Breznev; Iván Yunak, también ligado a dicho distrito; o Vladimir Schervitsky. A esta lista cabe añadir los ya inquilinos del Comité Kirilenko, Kunayev o Yenyutin. Sin embargo, también hubo sus menos, puesto que tanto Korotchenko (ahora un firme aliado de Breznev) como Kirilenko fueron eliminados del Presidium. Kirilenko, de hecho, fue cesado para dejar sitio a un protegido de Frol Kozlov, Iván Spiridonov.

Frol Kozlov, de hecho, iba a por Breznev. Y, por eso, una de las primeras cosas a las que se aplicó fue a destruir la compleja trabaja de apoyos que tenía el ruso «en provincias». Empezó por Moldavia, y en mayo de 1962 consiguió el cese como viceprimer ministro de Nikolai Shelokov. Acto seguido, aprovechó la mala cosecha en Kazajstán para convocar, en diciembre del mismo año, una sesión especial del Comité Central del Partido en dicha república; sesión que terminó con el cese de Konayev y su sustitución por uno de sus hombres: Ismail Yusupov.

Como ya hemos dicho, Frol Kozlov sufrió un ictus en abril de 1963 que lo dejó seco y fuera de combate. Pero eso no quiere decir exactamente que el partido competidor con Breznev desapareciese. En realidad, buena parte de los hombres de Kozlov se reciclaron con mucha rapidez en hombre de Nikolai Podgorny. De hecho, Podgorny, que en 1963 tenía un importante peón situado en la persona de Vitaly Titov, jefe de la Sección de Cuadros del Comité Central, maniobró con rapidez tras el ataque para convertir toda la estructura que Kozlov había montado en la república en algo que le fuese útil a él, y después continuó en otros lugares de la URSS. A Breznev le costaría más de un año, cuando llegó a la secretaría general, deshacerse de Titov. Y siete, que se dice pronto, recuperar el control en Kazajstán.

Estaba en estas la lucha de Breznev, cuando le acabó llegando la oportunidad de apostar fuerte. De jugar la Champions League del poder soviético.


Para entender esta oportunidad, será necesario explicar por qué el poder de Nikita Kruschev se estaba debilitando.