martes, abril 17, 2012

¡Es Chile, estúpidos!

A los economistas de la angloparla les encanta resumirlo todo con siglas. Así, los países mediterráneos de Europa somos los PIGS (Portugal, Italy, Greece and Spain), y tal. En la misma línea, cuando hablan de Centro y Suramérica, les gusta mucho hablar de ABC; porque, efectivamente, desde muchos puntos de vista, lo gordo de la economía LATAM se ventila entre Argentina, Brazil y Chile. A mí, personalmente, me parece más lógico hablar de MABC, porque la arquitectura de la zona aconseja, en mi opinión, colocar a México en el grupo.

Me sorprende bastante que, a pesar de las horas que han pasado desde la decisión de la Presidencia argentina de proceder a la recuperación de YPF, pocos de los blogs y artículos que leo enmarquen esa decisión en el entorno MABC que, sin embargo, desde mi punto de vista, es probablemente mucho más importante que algunos de los factores que se están manejando. En mi opinión, la expropiación de YPF es una medida un tanto desesperada tomada por los gobernantes argentinos, con la vista puesta en los forecasts más serios que les hayan hecho sus economistas para consumo privado, y los que se refieren a sus competidores.

En un mundo global, toda economía está indexada. Y lo está, fundamentalmente, a las economías más cercanas, porque son sus directas competidoras. El pasado mes de marzo, tres países LATAM: Brasil, Chile y Colombia, recibieron de parte de Euromoney sus mejores calificaciones de riesgo-país jamás conseguidas. Supongo que ya habéis caído en la cuenta de que Argentina no está en la lista. No sólo no está, sino que la lista, en sí misma, es jodida y peligrosa de la hostia, porque, sobre no estar Argentina, están la B y la C de la combinación mágica: sus dos competidores natos.

Lo de Brasil está siendo acojonante. Pareció ser otra cosa cuando un viejo activista de izquierdas, Luiz Inacio Lula, llegó a la presidencia del país. Sin embargo, Lula se comportó como una especie de Nelson Mandela económico y, sin importarle demasiado las putadas del pasado, se dio cuenta de que tenía que aplicarle a su país una frase de Canalejas (que probablemente él no conoce): todo lo que no es evolución, es revolución. En consecuencia, embarcó al país en una estrategia de crecimiento en el que, ésa era su marca de fábrica, porciones cada vez mayores del valor añadido tenían que terminar en manos de las clases media-baja y baja. Centenares de miles, si no millones, de brasileños saltan cada año el umbral de la pobreza y petan los centros comerciales.

La estrategia de Chile es bastante más antigua, pero se ha basado en mantener una economía muy flexible, estrategia que se ha revelado bastante acertada cuando, a la llegada de la crisis financiera, muchos de sus juncos se han doblado, pero no se han partido.

Entre estos dos jugadores, Argentina ha preferido un modelo un tanto polvoriento, en  el cual la actual presidenta anuncia medidas de la máxima importancia para el país escoltada por el retrato de una señora que el 19 de octubre de este año hará 22.000 días, con sus noches, que se murió. Esto viene a equivaler, para que nos entendamos, más o menos a que Luis de Guindos se presentase tras el consejo de ministros, a explicar sus reformas, debajo de un retrato del conde de Romanones.

La competitividad de Argentina está en seria duda. Si construimos la región MABC y tenemos en cuenta sólo sus PIB encontramos, para el primer año de la serie que he encontrado (1969), la siguiente distribución: México, el 41%. Brasil el 38%, Argentina el 16% y Chile el 5%. Cuarenta y dos años después, Argentina ha perdido cinco puntos y medio de cuota de mercado, lo cual significa que ha perdido un tercio de dicha cuota. México ha perdido 2,7 puntos, un 6,6% de dicha cuota. Chile ha ganado 1,1 puntos, mejorando su cuota un 22,3%, más de una quinta parte. Y, finalmente, Brasil ha ganado 7 puntos de cuota, casi un 19%.

Estos datos vienen a significar que, en el estricto entorno competitivo MABC, lo que podríamos llamar "lo gordo de Mercosur", Chile y Brasil han sido los grandes beneficiados, y lo han sido fundamentalmente a costa de Argentina.


Otro problema añadido para Argentina, que tiene a mi modo de ver mucho que ver con su intención un tanto desesperada de equilibrar su balanza energética, es la volatilidad de su balanza de pagos. Es éste un terreno en el que sus grandes competidores regionales han hecho los deberes en los últimos años en mayor medida que ella. El final de la llamada década perdida para Latinoamérica en los ochenta supuso una oportunidad para las economías de la zona de estabilizar sus balanzas de pagos. Dos países, México y Chile, consiguieron aproximadamente a mediados de los noventa una modesta estabilización de la balanza, consiguiendo un pequeño balance positivo sobre el valor de las exportaciones (esto es,  un sector exterior básicamente autofinanciado); mientras que Brasil decidía jugar la Champions League de las grandes potencias productoras que juegan a tener superávit bestiales. Chile, por cierto, con la estabilización de los noventa, acabó con un fuerte déficit histórico, provocado sobre todo por su excesiva dependencia de las cotizaciones internacionales del cobre.

Son tres trayectorias, como digo, que las cifras demuestran con claridad y, mientras tanto, la trayectoria argentina es tremendamente errática, volátil, reflejando los eventos extremos que se producen en su economía; eventos que llevan a los argentinos residentes en el país a pasar por etapas en las que son ricos de la hostia y etapas en las que no pueden ni pagarse un café (como el momento hiperinflacionario de finales de los ochenta, cuando por cierto se privatizaron las empresas públicas; o el famoso Corralito).


Lo más curioso es que todo este proceso, caracterizado por lo tanto por una pérdida de la competitividad bilateral respecto de los principales competidores y una senda poco clara de la capacidad de autofinanciarse de la economía, se haya producido consignos de mejora claros en la riqueza por habitante, es decir el PIB per capita. En efecto, Argentina ha experimentado a lo largo de la primera década del siglo una mejora de su riqueza por habitante que bate a las ratios alcanzadas por Brasil (que, sin embargo, es quien se suele llevar los méritos en este sentido); mejora que incluso ha continuado tras la declaración de la crisis financiera y económica mundial, en 2007-2008. Eso sí, hay otros países que lo han hecho mejor, mucho mejor, que ella...


... pues sí. Como podemos ver, históricamente hablando, al inicio de la década de los noventa, la economía chilena se marcó un sorpasso de puta madre de la argentina (y la brasileña), a las que dejó con un palmo de narices mientras que la riqueza por habitante se aceleraba, en un procesoq ue, como en Argentina, ha continuado tras la crisis, y le ha permitido alcanzar las ratios de México.

Hay, pues, en la lista, dos países exitosos: Argentina, y Chile. Pero ambos lo han hecho con estrategias, más que distintas, opuestas. Mientras Chile adoptó un stance consistente en convertirse en actor del libre comercio mundial en la medida de lo posible, Argentina optó por mejorar la riqueza de su sociedad cerrando su economía mediante un amplísimo abanico de medidas proteccionistas para las que la decisión de ayer sobre YPF no es sino la guinda del pastel.

La Historia, de España sin ir más lejos, nos demuestra que las soluciones proteccionistas salen muy caras a la larga. España se embarcó en una lucha amarguísima durante el siglo XIX y principios del XX entre proteccionistas y librecambistas, pelea que en buena parte acabaron por ganar los primeros, quienes explotaron muy bien el acojone que le entró a la economía española tras la pérdida de sus últimas colonias, léase mercados en explotación monopolística. Al final de la I guerra mundial, cuando el mundo se dibujó con otras reglas y sobre el tablero europeo se echaron varias fichas nuevas que, inmediatamente, comenzaron a pelear por su lugar bajo el sol, la economía española, obsoleta, desacostumbrada a la competencia, renuente a casi todo y tecnológicamente atrasada, se quedó para vestir santos, y a la extraordinaria opulencia de los tiempos bélicos se siguieron unos años con una crisis económica brutal (sin los cuales, por cierto, el golpe de Estado de Primo de Rivera no se explica del todo).

Lo que le está pasando a Argentina es, probablemente, que el fuelle proteccionista se le está acabando; mientras que a su vecino, el país alto y delgado como su madre, morená saladá, el suyo no se le acaba, porque en buena parte la crisis de algunos proveedores mundiales le juega a favor. En tiempos de pobreza, el peronismo (que  hoy se denomina, con total desparpajo, oficialismo) se enfrenta, que diría Marx, a sus contradicciones internas; porque el oxígeno del peronismo ha sido, es y será, decirle al descamisado que mañana vivirá mejor que hoy, y pasado mañana mejor que mañana.

Así las cosas, en mi opinión, todo lo dicho en los micrófonos; todo eso del robo perpetrado por Repsol, lo de la dependencia energética, bla, es farfolla. Aquí de lo que se trata es de sacar, de donde sea, una botella de Gatorade, para obtener energías que permitan mantener el ritmo del competidor, que sigue corriendo sin sudar como si no le costase nada, y sin cambiar la política interior, porque cambiarla significaría tomarse en serio la recuperación de la posición competitiva; y eso supondría devaluar, vía moneda, vía salarios, o como se quiera, porque el resultado siempre sería el mismo: al día siguiente, el descamisado es más pobre; y, consecuentemente, desempolva el bombo del trastero, queda con el resto de su patota por internet, y se va a la puerta de la Casa Rosada a gritar: Perón Perón, Isabelita, Perón el Pueblo ya no grita...

La gran duda histórica del peronismo es dónde habría terminado el ticket Perón/Evita si la segunda no hubiese tenido un cáncer que se la llevó cuando era más que razonablemente popular. Aquella muerte prematura fue una obvia putada para quien la sufrió, pero sin embargo es oro molido para el peronismo, que desde entonces cuenta con la referencia de alguien que no falló. Este marco de referencias, sin embargo, ha operado como tampón a la lógica evolución con los tiempos: creo que todos estamos de acuerdo en que Eva Perón o su marido habrían hecho ayer, mutatis mutandis, exactamente lo mismo que ha hecho su heredera.

En suma: estamos en el 2012; allí por el 2015, Argentina puede encontrarse bailando una danza muy, muy jodida.