viernes, febrero 03, 2012

El marxista naïf (5)


En mayo, la DC presenta un informe en el Senado sobre los 2.000 fundos que el MIR ha expropiado manu revolutionaria con la pasividad, si no la anuencia, del gobierno de la Unidad Popular. Para como, toda esa comprensión no le servirá de nada a Allende, pues el MIR acabará peleado con él. Están, también, los fracasos de la política económica del ministro Pedro Vuscovic, otro personaje como Allende, totalmente bienintencionado pero con los ojos tan velados por la ideología que no acaba de ver que la expansión monetaria a lo bestia con la que pretende resolver todos los males no hace sino revivir el gran fantasma de los chilenos, sobre todo los más humildes: la inflación galopante. Ya a principios del 72, el gobierno tuvo que reconocerse, aunque fuese en privado, que la denominada «batalla de la producción» se había perdido. El año, además, terminó con un rosario de caceroladas de mujeres en diversas ciudades, como protesta por la política económica.




La situación es tan jodida que el Partido Comunista, a través de uno de sus articulistas, lanza este recado en la revista El Siglo: «Sería funesto seguir ampliando el número de enemigos y, por el contrario, deben hacerse concesiones».

Llueve en Chile. Y su presidente, Salvador Allende Gossens, oye llover.

Las cosas, no obstante, pueden ir a peor.

El 12 de mayo de 1972, en la cuna del MIR, la ciudad de Concepción, se autorizan varias manifestaciones a la vez. Una es progubernamental, la otra está patrocinada por el MIR y la tercera es de la oposición conservadora. Allende ordenó que las tres demostraciones tuviesen  horarios distintos. Si con eso pretendía evitar las hostias, es que, verdaderamente, era más naïf aún de lo que cabe sospechar. Nadie, salvo el siempre disciplinado Partido Comunista, se hizo caso. Las manis se solaparon, así pues llovieron los palos y las piedras, y un estudiante de ultraizquierda, llamado Caamaño, falleció en el tumulto.

El MIR, siguiendo el libro del buen revolucabestro, se echa al monte. La situación es tan comprometida que acabará provocando la antes mentada defección del PIR, que se fue de la Unidad Popular precisamente por lo pastueña que la veía con los que querían la revolución total, pasar a cuchillo a los burgueses, bla; hacen de Pinochets rojos, vaya. La situación se encona de tal manera que incluso uno de los elementos de presión sobre Allende, el senador socialista Altamirano, une su voz con la de Luis Corvalán, jefe del PCCh, para pedir calma. El Partido Comunista, por boca de Corvalán, realiza un diagnóstico que no puede ser más acertado: «no queda más remedio que hablar de la posibilidad de una guerra civil. Hay sectores de la ultraderecha y la ultraizquierda, que quieren este desenlace o que, sin quererlo, trabajan objetivamente en tal dirección». El veterano comunista sabe lo que dice. Bueno, él y cualquiera, porque, para entonces, PyL y el Partido Nacional están ya pidiendo, descaradamente y en la calle, un golpe de Estado militar que acabe con el presidente.

Otra línea evolutiva que se produjo entre el 71 y el 72 es la radicalización parlamentaria. Como ya hemos dicho, en el Congreso chileno el Partido Nacional y la Democracia Cristiana tienen la capacidad de formar una mayoría sólida. Eduardo Frei lo sabe y por eso trata de arrastrar a su partido a la alianza con el Partido Nacional; pero la democracia cristiana tiene muchos elementos demasiado de izquierdas como para creer en esa alianza. Por eso, cuando el Partido Nacional comienza a pensar en acusar parlamentariamente a los ministros, cosa que puede hacer legalmente si considera que han realizado actos contrarios a la Constitución, se encuentra con el bloqueo de la DC, que se niega a colaborar. Aún así, a finales del 71, el PN acusa en el parlamento a José Tohá, ministro del Interior y miembro del entourage personal del presidente.

Allende responde con una crisis de gobierno en los comienzos del 72. Los comunistas conservan sus tres carteras, los radicales dos, los socialistas pierden una (cuatro), la izquierda cristiana y la radical una cada una; y, finalmente, una para el MAPU, y otra independiente. Allende, siguiendo las indicaciones del Congreso, cesa a Tohá en Interior; y lo nombra ministro de Defensa. A partir de ese momento, el gobierno pasará a la ofensiva contra sus enemigos. En abril, la Unidad Popular patrocina una gran marcha, y en junio inicia conversaciones con la Democracia Cristiana, con la intención de aislar tácticamente al Partido Nacional y asegurar apoyo parlamentario sólido para el presidente. Allende y el presidente de la DC, Renán Fuentealba, se entendieron a la perfección; fruto de ello, la DC retiró un proyecto de ley presentado en el Parlamento que habría recortado los poderes del gobierno y el presidente; y Allende, en contraprestación, sacrificó a uno de sus álfiles: Pedro Vuscovic.

La caída de Vuscovic fue como un mensaje de que el allendismo parecía avenirse a, en aras a una entente con la DC, moderar su programa económico. Sin embargo, no era tan así; la UP tenía sus líneas rojas. En la negociación con la DC, se negó a olvidarse de la nacionalización de alguna que otra empresa que los centristas le pedían, o exigían, dejase en paz. Las conversaciones, por lo tanto, duraron sólo dos semanas; y en su descarrilamiento Fuentealba, líder de una facción más progresista del partido, perdió la partida frente a Eduardo Frei.

Frei, una vez ganada fortalecido dentro de su partido, lo cual suponía virar a la DC hacia el acuerdo con el PN, pone el punto de mira en las elecciones de 1973. Para ganarlas, decide, en una decisión irresponsable que muchos han tomado antes que él y muchos la tomarán después (es posible, de hecho, que en la España de hoy alguien lo esté pensando), mover la calle. Factor común Congreso enviando proyectos de ley gubernamentales a la vía muerta y acosando, cuando no acusando, a los ministros.

El 14 de septiembre de 1972, en declaraciones públicas, Allende denuncia lo que denomina el Plan Septiembre, consistente en inestabilizar el país mediante una huelga monstruo entre los transportistas. Para entonces, la Unidad Popular ya está poniendo su granito de arena para el buen rollito a base de manifas monstruo por todo el país. Los transportistas lo niegan todo. El MIR se apresta a anunciar que hará todo lo posible para detener la conspiración.

En octubre del 72, el hijo de un gallego, antiguo militante socialista, se convierte en el principal protagonista de la vida chilena: León Villarín es el Presidente de la Confederación Nacional de Camioneros, desde la que surgirá el principal órdago al allendismo.