domingo, noviembre 27, 2011

El hijo del zapatero

Bueno, pues la respuesta a la adivinanza que os proponía es: Josif Djougachvili, más conocido como Stalin. La foto que os he escaneado fue publicada por el investigador francés Robert Charroux, y Stalin es el niño que está delante, en el centro. El resto de los que figuran en la foto no son su familia. Son miembros de la familia Daurichevy, y él posa con ellos por una razón sencilla: porque quizá fuesen su familia.

La infancia de Stalin es cuestión batallona porque el líder soviético nunca fue muy claro respecto de la misma. Apenas se le conocían amigos o parientes de sus primeros tiempos, y los años de niño, contados en las publicaciones oficiales, tuvieron desde el primer momento un tufo a montaje que tiraba para atrás. En efecto, muy pronto las biografías de Stalin comenzaron a hacer hincapié en su condición de niño proletario que, en consecuencia, habría adquirido desde muy pronto conciencia revolucionaria. Esta versión encajaba como un guante en las necesidades propagandísticas del personaje, lo cual hizo dudar de ella ya en vida del dictador.

Tampoco es que la muerte de Stalin y los años hayan avanzado mucho en este punto, tal vez porque, realmente, la infancia de Stalin no es un elemento de gran importancia a la hora de conocer y juzgar al personaje. En todo caso, la cuestión plantea sus preguntas.

La historia oficial de la Unión Soviética presentaba sistemáticamente a Stalin como hijo de un agricultor, aunque otras veces se escribió que era hijo de un obrero zapatero de Tiflis. Versión ésta última que es casi verdad, porque Besarion Djougachvili, el padre de Stalin, verdaderamente hubo de emplearse como obrero en una fábrica de zapatos; pero eso fue después de que se arruinase con su zapatería propia, aspecto éste que se ocultaba en las biografías oficiales porque insinuaba un origen burgués para el líder de la revolución mundial.

Josif Djougachvili debió nacer en la aldea georgiana de Didi-Lillo, que era el lugar de residencia de los padres de su madre, Katerina, familiarmente conocida como Katho. Katho Djougachvili, nacida Gheladzé, había llegado desde Gori, donde residía con su marido, el zapatero Besarion.

Aquí ya tenemos una cosa complicadilla. ¿Por qué Katerina se fue a parir a casa de sus padres? Habrá quien piense que es un gesto normal en una mujer, querer estar en ese momento cerca de los consejos y la experiencia de su madre. Pero, la verdad, las cosas probablemente eran de otra forma. Katho se fue a Didi-Lillo porque tenía el pequeño problema de que era un poco pendón desorejado y, consecuentemente, había bastantes probabilidades de que el niño no fuese de Besarión; cosa que el zapatero, probablemente, sabía, porque las apuestas son muchas a que jamás realizó guarrerida alguna con su señora.

En el mercado Dakhuruli de Gori tenía su puesto el zapatero Besarion, y allí se quedó, cosiendo chustis (pequeñas botas usadas en la zona) mientras su mujer agotaba las últimas semanas del embarazo. Hemos de sospechar que algunos de esos zapatos se los vendería a algún frangui o franchi, es decir miembro de la clase alta local. La palabra proviene de franco o francés, porque esta clase alta procedía, casi en su totalidad, de los cruzados franceses que se habían refugiado, siglos atrás, en la zona.

Según recuerdos de refugiados georgianos recogidos, sobre todo, por historiadores franceses (ya que París fue el destino de la mayoría de ellos), el zapatero Besarion tenía fama en Gori de impotente. Esto explicaría que su mujer hubiese ocultado su embarazado marchándose de la ciudad; pero, al fin y a la larga, como todo el mundo habla y se mueve, acabó por saberse que Katho estaba en la villa de sus padres, al cargo de un niño pequeño. Las biografías oficiales de Stalin afirmaban que el matrimonio había tenido doshijos antes que Josif (Mikhail y Georgii), que habrían muerto muy jóvenes; sin embargo, otras versiones indican que Stalin fue su primer y único hijo, lo cual sugiere que el dato de las biografías fue colocado ahí para lavar el rumor de impotencia del padre.

Pero, si el buen Besarion no era el padre de Stalin, ¿quién lo era? Las cosas no están claras. Algunas versiones apuntan a un tipo llamado Egnatachvili, que tenía un colmao donde servía vino, probablemente frecuentado por mujeres casquivanas, y que era bastante visitado por el zapatero (el cual, al parecer, era tan ligero de costumbres como su señora, aunque en su caso trabajaban menos las gónadas, y más el hígado). Hay quien decía que el tabernero agasajaba al hombre para poder tirarse a su mujer a gusto; de ser así, no sería, desde luego, el primer tabernero de la Historia que acudió a este ardite.

En apoyo de esta tesis está el hecho de que Egnatachvili tuvo una vida muy errante, pues salió de Gori para radicarse primero en Taschkent, en Turkestán, y luego en Bakú, la capital azerbaiana; pero, a pesar de tanto traslado, nunca dejó de enviar pequeñas cantidades de dinero a Katho Djougachvili, se supone que para pagar la educación del niño. Puesto que en la casa de los Ghelazdé nadie sabía leer ni escribir, los vecinos tenían que firmar los acuses de recibo del correo, y es por eso que sabían que la mujer recibía dinero, y quién lo enviaba.

No obstante, hay otra tesis bastante más apoyada: el padre sería un pristav, es decir jefe de policía, llamado Damián de Daurichevy. Tesis ésta que sería una putada para Stalin, porque don Damián era un frangui. Tenía, pues, de proletario lo que yo de lagarterana.

El señor Daurichevy, en primer lugar, se preocupó, como probablemente hizo también Egnatachvili, de la educación de Josif, a quien para entonces ya todos llamaban Sosso (Koba, el otro sobrenombre de Stalin, data de los años revolucionarios). De hecho, durante varias temporadas el jefe de policía colocó al niño Djougachvili en compañía de dos de sus propios hijos, Lisa y Josif (llamado también Sosso) Daurichevy, a las órdenes de una institutriz, la señora Stepanova.

Otro argumento a favor de esta tesis es Sosso Daurichevy, el hijo del jefe de policía, que alcanzó ciertos rangos en el ejército soviético y del que se conservan fotos; fotos que revelan, al decir de muchos, un sospechoso parecido con el secretario general del PCUS. Para muestra, un botón.




Asimismo, también se señala que los hijos Daurichevy tendrían una pequeña malformación hereditaria en un dedo. Y da la casualidad de que todas las biografías oficiales de Stalin realizadas durante su vida en la URSS, probablemente para destacar su espíritu sacrificado, citan una deformidad de la mano que le provocaría dolores; aunque, según Nadeida Allilueyva, su segunda mujer, esa circunstancia se debería a una infección de la sangre, no a nada genético.

Si seguimos el relato recopilado por los historiadores interesados en la materia, durante años Besarion trataría de sacarle a su mujer la información sobre quién era el padre de su hijo; algo a lo que ella se negó sistemáticamente. La señora acabó por convencerle de que era mejor que aceptase el fait accompli, entre otras cosas porque, de esta manera, acallaba en parte los rumores sobre su pretendida falta de virilidad.

Sin embargo, cabe imaginar que el zapatero no se sintió, nunca, de acuerdo con esta decisión de dejar pasar las cosas. Sólo aceptando esto es posible aceptar, en consecuencia, que nada menos que once años después del nacimiento del joven Sosso, le montase a su mujer un pollo mundial, le colocase un cuchillo en la garganta y le obligase a confesar, según algunas versiones, el auténtico padre del niño.

Lo que está bastante claro es que Besarion, como dipsómano profundo que era, se desempeñaba, quizás por lo que sabía o sospechaba, con enorme violencia con su mujer e hijo. Así lo afirmaba, por ejemplo, I. Iremashvili, un menchevique georgiano que conoció a la familia, y según el cual el padre procuraba frecuentes palizas a ambos, especialmente al niño, al que castigaba casi todos los días antes de irse a la cama, a menudo sin motivo.

Tras conocer que Daurichevy era el padre real de Stalin, el padre jurídico del crío habría, siempre según algunas versiones de la historiografía, agredido al jefe de policía, siendo ésta la razón última de que tuviese que abandonar Gori y establecerse en Tiflis, donde murió en 1890.

Stalin le dijo a Emil Ludwig, en una de las escasísimas entrevistas al líder soviético que han sido publicadas, que los años de Tiflis fueron fundamentales para él y para su aprendizaje revolucionario. Por lo que se sabe, su trayectoria fue bastante normal en un revolucionario. Su madre lo quería sacerdote, y al parecer, de niño, Josif se mostraba piadoso y obediente, lo que le hizo acreedor de alguna que otra mención positiva en la escuela parroquial. Sin embargo, en la adolescencia desarrollaría su rebelión, que no lo fue social, inicialmente, sino nacionalista. Su rechazo a la escuela parroquial se debió al hecho de que esta institución era un medio de rusificación; el Stalin adolescente, sin embargo, odiaba el ruso, no quería estudiar la gramática, y prefería amar a los poetas georgianos; muy especialmente a Chota Roustaveli, de una de cuyas novelas, La piel del leopardo, tomó el seudónimo de Koba que luego adoptaría como revolucionario.

Prendido de sus ideas nacionalistas, el joven Sosso acabó por tomar contacto con una especie de ateneo obrero andante, un tipo llamado Gloudzidzé que, delante de su tienda, impartía enseñanzas sobre la Historia de Georgia y filosofía en general, con claros tintes anarquistas. Entonces, el futuro Stalin tenía 9 años y, poco a poco, su carácter fue cambiando. Aunque aún unos años más tarde lo encontramos no haciendo ascos a la burguesía al cortejar a una niña de 13 años, Lisa Tzinzilchvili, hija de franchis. Finalmente, Stalin ingresó en el seminario, de donde fue expulsado por sus actividades propagandísticas, en ese momento todavía más nacionalistas que otra cosa. Regresa a Gori, luego a Tiflis de nuevo, y en esta ciudad, tras emplearse en el ferrocarril, comenzará la carrera de revolucionario que lo llevará a la cima del mundo.



Una vez allí, en la cima del mundo, Josif Djougachvili dejará crecer a su alrededor el mito, mito que desdibujará por completo la auténtica historia de su infancia, hasta el punto de que hoy sea prácticamente imposible reconstruirla. Pero queda para los sicólogos la posibilidad de estudiar la evolución de su intelecto y su moral bajo la premisa de que pudiera ser hijo adulterino, de haber tenido que vivir muchos años bajo la presión de serlo y las palizas que ello le procuraba; y de no poder identificarse con su familia carnal por pertenecer ésta, precisamente, a las clases sociales que su puño aplastó.

Clandestinamente, en 1905, Kristofor Tkhinvoleli, antiguo compañero de seminario de Stalin, lo casó con su primer amor serio, Yekaterina Svanizde, de quien se dice era guapísima. Stalin la llamaba Katho, como a su madre, y quienes conocieron por entonces al activista bolchevique decían que la amaba profundamente. Pero Katho murió, al año siguiente, de tifus.

El mundo entero salió perdiendo con esa muerte.