domingo, marzo 07, 2010

Vita Pauli (y último apéndice: los reyes)

Bueno, pues que parece que os va la marcha, aquí os dejo un segundo, y último, apéndice a la vida de Pablo de Tarso, dedicado a las vicisitudes políticas de Judea en los tiempos inmediatamente anteriores a Jesús. Que la disfrutéis.

Aviso de que el pdf completo de Vita Pauli está ya colgado en la biblioteca. En lo alto del menú de la izquierda tienes el vínculo para llegar allí.

El rey histórico más antiguo que es citado en la Biblia es Darío. Por lo tanto, los exégetas siempre han creído que algunos de los escritos del Viejo Testamento datan del tiempo en que Judea era parte del imperio persa. Entre el imperio persa y la dominación romana, que es la verdadera gran protagonista de los tiempos de Jesús, ocurre la dominación del imperio macedonio alejandrino. Como supongo que sabréis, tras la temprana muerte de Alejandro Magno, sus generales se dividieron su imperio creando con ello varias dinastías reales, la más importante de las cuales fue la de los ptolomeos en Egipto, que tuvo por capital Alejandría; seguida del imperio fundado en el 312 antes de Cristo en Siria por Seleuco I, con capital en Antioquía, y que conocemos como dinastía seléucida. Judea fue ptolemaica hasta el 198 antes de Cristo, año en el que la victoria seléucida en Paneion hizo que cambiase de manos.

En el 198, los seléucidas se las prometían muy felices, pero lo cierto es que estaban a punto de chocar con el primo de Zumosol. Ocho años más tarde, en la batalla de Magnesia, fueron derrotados por los romanos. La posterior Paz de Apamea dejó al imperio seléucida sin sus posesiones en Asia Menor y, además, le impuso unas reparaciones de guerra tan costosas que forzaron la caída de sus reyes en la corrupción. Dado que este proceso coincide en el tiempo con el fin de la costumbre de reservar el sumo sacerdocio judío a la dinastía zadokita, la intensa necesidad de dinero de los reyes seléucidas influirá notablemente a la hora de encumbrar a dicha posición a tipos no muy religiosos, pero ricos.

Antíoco VI Epífanes, que como su propio sobrenombre indica se creía la encarnación de Zeus en la Tierra (sólo superado, algún siglo más tarde, por Cayo Calígula, que se creía Zeus mismo), intentó anexionar Egipto a su imperio para volver a ser grande, pero fue frenado por los romanos en el 168 AC. En Jerusalén, las noticias de su derrota animaron a los puristas a intentar derribar al sumo sacerdote Menelao, bastante helenizante, en la persona de Jasón, hermano de Onías III y, por lo tanto, descendiente de la estirpe de Zadok. La rebelión hizo aque Antíoco considerase a Jerusalén una ciudad traidora y, a su vuelta, la saquease, Templo incluído.

Así las cosas, Jerusalén fue declarada ciudad no judía (manda huevos) y su templo, aún controlado por Menelao El Pelota, dedicado a Zeus Olímpico. Como resultado, todos los judíos se levantaron como un solo hombre, y encontraron como líderes a Matatías, sacerdote asmodeo, y sus cinco hijos, entre los cuales sobresalía Judas Macabeo. La enorme habilidad de este último como jefe militar de guerrilla hizo que, finalmente, los planes helenizantes hubieran de ser abandonados, y el Templo dedicado de nuevo al culto de su Dios. En todo caso, los asmodeos no se quedaron tranquilos con esta victoria, y continuaron la lucha hasta el año 142 AC, cuando el último hijo vivo de Matatías, Simón, consiguió la plena autonomía de Judea. Los judíos eligieron a Simón como su líder político y religioso «por siempre, hasta la llegada del Mesías».

Simón el asmodeo y su descendencia habría que abrir una etapa de más o menos un siglo de gobierno autónomo de Judea y de ocupación del sumo sacerdocio. Su hijo, Juan Hircano, unió al reino Idumea, Samaria y parte de Galilea. Sus hijos Aristóbulo y Alejandro Janeo continuaron el expansionismo judío hasta que el reino de Judea casi alcanzó el tamaño que había tenido en los good old days de David y Salomón. Estos últimos miembros de la dinastía simoníaca, además, adoptaron el título de rey. Rey de los judíos, como rezaba el sarcástico cartel que había sobre la cabeza de Jesús cuando fue crucificado.

El problema para la monarquía simoníaca es que su último miembro, Sandrito, había montado un Estado militar imperialista de tales dimensiones que tenía al país agotado. A su muerte, ocurrida en el 76 AC, fue sucedido por su hermana, Salomé Alejandra; con su hijo mayor Hircano II ocupando el sumo sacerdocio y el más joven, el muy ambicioso Aristóbulo II, la capitanía general del ejército. En el 67 AC, a la muerte de Salomé, ambos hermanos se enfrentaron en una guerra civil. En realidad, Hircano no era sino la fachada que estaba utilizando el noble idumeo Antipater para llevar a cabo sus ambiciones de descabalgar a los asmodeos y hacerse con el reino. Antipater se dio cuenta de que el que manda, manda; así, cuando en el año 63 Pompeyo se presentó en la zona procedente de la guerra contra Mitrídates, rey del Ponto, y para anexionar Siria al imperio romano, en lugar de enfrentársele, como hizo Aristóbulo, se puso de su lado. De esta manera, consiguió que el bello e infatuado Pompeyo le hiciese el trabajo sucio, esto es someter a Jerusalén a sitio y someterlo, anexionando Judea al imperio. Pompeyo llegó a Judea teniendo poderes absolutamente plenos, que le habían sido concedidos por la Lex Manilia. Estaba tan seguro de sí mismo (bueno, la verdad es que siempre fue así de chulo) que cuando se enteró de que en el Templo judío había un sancta sanctorum en el que nunca entraba nadie, salvo el sumo sacerdote el día del Yon Kippur y tras siete días de purificación, se empeñó en visitarlo personalmente. Y lo hizo.

Hircano II fue confirmado en el sumo sacerdocio de la provincia romana de Judea, con Antipater manejando los hilos detrás de él. En los siguientes años, Antipater se trabajó a los romanos y muy especialmente a Julio, el cual le hizo ciudadano de pleno derecho y lo nombró prefecto de Judea. Consiguió sobrevivir políticamente al asesinato del César, pero fue asesinado en el año 43 AC, con lo que su labor debió ser continuado por su hijos Fasael y Herodes. Cuando Marco Antonio adquirió el control de la zona tras la batalla de Philippi, los nombró co-tetrarcas.

Dos años más tarde, en el 40, los partos invadieron Judea y colocaron un rey asmodeo, concretamente Antígono, hijo de Aristóbulo II. Fasael Antipater fue capturado y asesinado, pero Herodes Antipater huyó a Roma, donde el Senado lo proclamó rey de los judíos. En el año 37, con la ayuda del ejército romano, Herodes Antipater entraba en la Jerusalén reconquistada.

Herodes Antipater, que reinaría 33 años, hizo todo lo posible porque los judíos no le viesen como un idumeo usurpador. Repudió a su mujer, Doris, para poder casarse con Marián, la nieta de Aristóbulo. Pero aún así no consiguió ser querido por sus súbditos. Además, tenía el problema de que una de las mayores amigas de Cleopatra, la faraona de Egipto, era Alejandra, hija de Hircano y suegra de Marián. Cleopatra, que estaba en ese momento en lo mejor con Marco Antonio, ambicionaba que Judea volviese a ser, como en los viejos tiempos, parte del imperio egipcio, y trataba de convencer a su novio de que la apoyase, lo cual amenazaba con destrozar a Antipater.

En el año 36, siempre intentando llevarse bien con los judíos, y sobre todo con Alejandra, Herodes accedió a nombrar a Aristóbulo III, hijo de Marián y por lo tanto hijastro suyo, sumo sacerdote. El pobre Aristóbulo, sin embargo, se ahogó algunos meses después mientras se bañaba. No fueron pocos los que creyeron que su padrastro había tenido algo que ver. Marián, indignada, habló con su suegra, ésta con Cleopatra y ésta con Marco Antonio, quien accedió a investigar el hecho.

Afortunadamente para Antipater, que fue imputado y conminado a presentarse ante Antonio en Laodicea, éste en paralelo, como bien sabemos, estaba conspirando junto con Cleopatra contra Octavio, el cual le mandó la flota al mando de Agripa y le infligió una derrota definitiva en Actium, el año 31. Ambos se suicidaron poco después, como también es bien sabido.

Octavio se reunió con Antipater en Rodas y, contra lo que éste pensaba (al fin y al cabo, había sido uno de los aliados de Marco Antonio), le confirmó como rey de los judíos e incluso le otorgó alguna tierra más, como la comarca de Jericó.

Herodes Antipater fue un buen administrador y constructor, que mejoró las instalaciones de Jerusalén y construyó algunas fortalezas defensivas, entre las cuales se encuentra la de Masada, que acabaría siendo crítica para la identidad judía porque ahí se inmolarían decenas de zelotes rodeados por los romanos.

Su política, además, había sido la de no buscar enfrentamientos con el fundamentalismo judío. Ni siquiera tomó medidas contra los ciudadanos, sobre todo fariseos, que rehusaron realizar el juramiento de fidelidad a su persona que instituyó en el 17 AC. Pero en sus últimos años esto fue cambiando y los castigos a los actos farisaicos fueron siendo cada vez peores.

Herodes declaró herederos suyos a Aristóbulo y Alejandro, ambos hijos suyos con Marían y, consecuentemente, al menos medio asmodeos, lo cual hacía fue que fueran mejor vistos por los judíos ortodoxos que su propio padre. No obstante, a ambos los ejecutó en el año 7 AC por conspirar contra él; algo que ya había hecho con su madre años antes. En estas circunstancias, Herodes tuvo que asociar al trono a Antipater, su primer hijo, fruto de su matrimonio con Doris, la mujer en su día repudiada por él. Sin embargo, a éste también lo despojó de todos sus oropeles, también por sospechas de conspiración.

Antipater se estaba quedando sin herederos. Literalmente, tenía que optar por las sobras. Y las sobras eran el joven Herodes, hijo de la conocida como segunda Marián, hija del sumo sacerdote Simon Boethus, con la que se había casado el rey en el año 23 tras apiolarse a la primera Marián. Pero en el año 5 también este Herodes cayó en desgracia; Herodes Antipater se divorció de su madre e incluso le quitó a Simón el sumo sacerdocio. Así las cosas, fue nombrado heredero del trono el hijo de este Herodes caído en desgracia, de nombre Antipas.

Antipas ni siquiera era hijo pata negra de Herodes; era el producto de un polvete con una esposa menor, la samaritana Maltake. Tenía un hermano mayor y más importante, Arquelao, pero por alguna razón Antipater no se fiaba de él.

Herodes Antipater murió en marzo del 4 AC; no sin antes, según los cristianos, haber decretado la matanza de los inocentes, que valiente chorrada es. Probablemente enloquecido por décadas viendo conspiraciones en todas partes, apenas unos días antes de su muerte decretó la ejecución de Herodes Antipater junior, el hijo de Marián la segunda y, en lugar de dejárselo todo a Antipas, dividió el reino en tres: a Herodes Antipas le dejaba Galilea y Peraea como tetrarca; a Herodes Arquelao le dejaba Judea, Samaria e Idumea con título de rey; y una serie de territorios al Este del lago de Galilea a Herodes Felipe o Filipo, el tercer hermano por la vía de otro matrimonio de Herodes Antipater junior, en este caso con la denominada por la Historia Cleopatra de Jerusalén (para distinguirla de la de la nariz y la leche de burra).

Los tres hermanos se fueron flechados a Roma a defender sus derechos para ser los verdaderos reyes de todo. Entre medias, un tal Judas, cuyo padre había sido ejecutado por Antipater, lanzó una rebelión en Galilea en el curso de la cual llegó a tomar la ciudad de Séforis. En Roma, Augusto confirmó los términos del testamento de Antipater, pero muy pronto, en el 6 DC, tuvo que destituir a Arquelao por los enormes problemas que causaba su etnarcado (porque le negó el título de rey), entre ellos su matrimonio con la princesa capadocia Glafira, que había sido la mujer de su medio hermano Alejandro; algo que estaba en contra de la ley judía, que prohibía, no sé si sigue prohibiendo, el matrimonio con la viuda de un hermano. Es tras esta destitución en el año 6 cuando Judea se convierte en una provincia romana bajo el mando de un prefecto.

Herodes Antipas, de lejos el más listo de toda esta panda, se las arregló para que en su tetrarcado no se le presentasen problemas a Roma. No se puede decir lo mismo, sin embargo, de sus relaciones con los judíos. Se casó primero con una princesa nabatea, hija del rey Aretas, pero pasó de ella cuando conoció a Herodias, tía suya y al tiempo hermana política, puesto que era hija de su medio hermano Aristóbulo y estaba casada con su tío Herodes Felipe (no confundir con el Herodes Felipe que recibió una parte de la herencia de Antipater; éste era ciudadano privado y vivía en Roma).

La crítica de este matrimonio, impío a ojos de los judíos, es la que le costó la cabeza a Juan el Bautista.

El principal problema que le supuso este matrimonio a Herodes Antipas fue Agripa, el hijo anterior de Herodias que estaba en Roma. En la capital del imperio, Agripa se había hecho muy amigo de Antonia y de sus hijos Druso y Claudio (el cojo tartamudo que sería emperador). Esta amistad no gustaba al emperador Tiberio y, consecuentemente, a la muerte de Druso, Agripa cayó en desgracia y fue pseudodesterrado a Idumea. Herodias le comió la oreja (y quién sabe si otras cosas) a su nuevo marido para conseguir un mejor tratamiento para su hijo, cosa que consiguió; fue trasladado a Tiberias y acabó de nuevo en Roma, donde intentó poner a Tiberio contra Antipas, pero no lo consiguió. Fue adscrito a la guardia personal de Tiberio Gemelo, donde pudo labrar una gran amistad con Cayo Calígula. No obstante, sus críticas a Tiberio dieron con él en prisión.