lunes, marzo 15, 2010

El doctor Comas Llabería

En algunos comentarios que se han ido haciendo a diversos post ha surgido la figura del español nula o escasamente recordado por la Historia. Sabido es que no sería la primera vez que me quejase de la poca admiración que sentimos por las personas que han hecho cosas grandes en nuestro país.

Así pues, he resuelto ir, de vez en cuando, rescatando de mis lecturas nombres de personas de las que sabemos poco o nada y que, en mi opinión, merecen un homenaje. Os animo a que me hagáis llegar propuestas (y si son textos, mejor).

Hoy quiero hablaros de un hombre que fue un pionero y que lo dio todo por la ciencia. Motivos más que suficientes para que tuviese un reconocimiento de su Barcelona natal muy superior al que tiene. Me refiero al doctor César Comas Llabería.

A finales del siglo XIX, esto es bien sabido, el físico alemán Wilhelm Roetgen descubrió los rayos X. Esto, como digo, es bien sabido. Lo que ya no es tan sabido es que la primera sesión experimental de esta tecnología en España se celebró en Barcelona apenas dos meses después de aquel descubrimiento. Y se celebró gracias a los oficios de un estudiante de Medicina.

César Comas era estudiante de quinto año de Medicina en la universidad de Barcelona, pero tenía otra afición, fundamental para entender la importancia de los rayos X y para estar tan al cabo de la calle de su desarrollo como para apenas ocho semanas después de su descubrimiento estar ya experimentando con ellos: la fotografía. De hecho, en 1895, año en que cursaba su quinto año, César Comas llevaba tres siendo el fotógrafo de la Facultad de Medicina.

En diciembre de 1895, Comas tuvo rápida noticia de la comunicación presentada por Roetgen ante la sociedad de Física y Medicina de Würzburg, la ciudad donde enseñaba, y en la cual explicaba las características de los rayos X. Inmediatamente, Comas albergó el proyecto de obtener por sí mismo imágenes fotográficas de sólidos opacos a la luz normal.

El 2 de febrero de 1896, en el laboratorio de la cátedra de Análisis Químico del profesor Casares, en la facultad de Farmacia, Comas llevó a cabo sus primeros experimentos privados, experimentos que continuaron los días 10 al 23 de dicho mes, ya en el laboratorio de fotografía de la facultad de Medicina. Por lo que he podido leer, utilizó un tubo de Crookes, que no sé muy bien lo que es pero sé que entonces no era fácil de conseguir y que fue aportado por el catedrático de Física Tomás Eschiche Mieg.

El éxito alcanzado durante todos estos experimentos generó la celebración de una sesión pública a primeras horas de la tarde del lunes 24 de febrero de 1896, que se convirtió en la primera sesión de rayos X producida en España. Se celebró en el entonces antiteatro de la facultad de Medicina (en el antiguo hospital de la Santa Cruz y de San Pablo, en la barcelonesa calle del Carmen). Por lo que se sabe, la celebración de la demostración tuvo que vencer diversas oposiciones de los rectores de la facultad, los cuales encontraban aquello exótico y difícil, máxime, supongo, viniendo de alguien que ni siquiera era todavía médico.

Comas colocó el tubo de Crookes sujetado con una pinza aislante y conectado a un carrete de Ruhmkroff. Luego tomó una plancha taladrada de zinc, que colocó sobre un papel negro que protegía una placa fotográfica. Todo este conjunto fue colocado en una caja gruesa de cartón sobre la cual colocó una tabla de madera. Colocando el tubo de Crookes sobre la caja, hizo circular por él la corriente eléctrica, generó los rayos X y provocó que la inscripción de la placa de zinc (Facultad de Medicina de Barcelona, y la fecha de la sesión) se imprimiese en la placa fotográfica.

Fue una larga sesión de rayos X: 35 minutos. Finalmente, el doctor Comas procedió al revelado de la imagen allí mismo y, al mostrarse la foto de la placa, obtuvo una cerrada ovación.

Cuando terminó su carrera universitaria, el doctor Comas y un pariente suyo, el doctor Agustín Prió Llabería, se convirtieron en unos de los primeros radiólogos de España. En abril de 1898 establecieron en Barcelona su consulta, que entonces se llamaba gabinete de roetnología. Los testimonios que he leído nos dicen que ambos doctores pusieron siempre sus instalaciones a disposición de los hospitales que, lógicamente, por aquel entonces aún no tenían instalaciones propias de radiología.

He dicho, al principio de este post, que el doctor Comas lo dio todo por la ciencia. Y es verdad. Él, como otros médicos que investigaron los rayos X, sospechó, desde el primer momento, que dichos rayos no podían ser completamente inocuos para el ser humano. Con frialdad de científico, resolvió tomar sus prevenciones, pero no para protegerse de esos males, sino para descubrirlos. Los dos socios convinieron que el doctor Comas utilizaría siempre la misma mano, la izquierda, para las manipulaciones tras la pantalla radioscópica; mientras que su primo, el doctor Prió, utilizaría la derecha.

Sus sospechas se confirmaron. Al cabo de los años, el doctor Prió sufrió en su mano derecha un epitelioma maligno por el cual le fue amputado el brazo. Aún así, la enfermedad se había extendido ya, y le costó la vida. El doctor Comas, por su parte, sufrió dolencias parecidas en su mano izquierda, debiéndosele ser también amputado el brazo, aunque en su caso la enfermedad no se extendió. Murió en 1956, a los 82 años de edad.

Ni qué decir tiene que la radiología médica ha ayudado a salvar en los últimos cien años mogollón de vidas. Quizá por eso, más recuerdo del que yo creo que tienen merecerían estos doctores barceloneses, que dieron, uno la vida, y el otro un brazo, por el bien común.

El doctor Comas, según señalan insistentemente las investigaciones que sobre él se han realizado y he podido consultar, así como la propia prensa de la época, murió en la pobreza casi absoluta.

Sic transit gloria mundi.