miércoles, diciembre 09, 2009

Here again: the green solution

Pues sí. Está visto que Tiburcio no es el único versado en el arte militar y que por aquí hay mucho experto bélico, porque todos los comentarios a mi adivinanza han ido bien tirados. Todos tienen razón, porque, ciertamente, los boinas verdes, es decir los de los cuerpos especiales y tal, no existían en tiempos de la guerra civil española. Lo cual no quiere decir, necesariamente, que no hubiese tipos que llevasen boina verde.

El monarquismo español quedó en 1931 en situación desabrida. Por un lado, no podía echarse al monte y colocarse al frente del orden republicano pues, al fin y al cabo, éste no había surgido tras echar a Alfonso XIII de España, sino tras haber contemplado cómo el rey se marchaba por la puerta voluntariamente (quizás, o más bien probablemente, porque el Borbón estaba convencido de que pronto el pueblo le pediría en masa que regresara). Además, el monarquismo, que en España era fuertemente tradicional, sufrió pronto la competencia de los partidos de derechas republicanos, formaciones accidentalistas que no le ponían peros al régimen en sí y que tuvieron liderazgos muy claros y atractivos para los y las votantes de derechas.

En esa situación, la defensa de la monarquía quedó en manos de unos irreductibles galos, muchos de ellos ex altos funcionarios de la dictadura, y de los tradicionalistas del carlismo. De ahí surgieron Renovación Española, el grupo de Antonio Goicoechea; y el movimiento tradicionalista. Entre ambos, buscando abrocharlos, José Calvo Sotelo, alma del Bloque Nacional. Existía, además, un pequeño movimiento intelectual muy influido por el francés Charles Maurras, llamado Acción Española, donde se encontraban, sobre todo, Ramiro de Maeztu, Pedro Sáinz Rodríguez y Eugenio Vegas Latapié. Los famosos disturbios de mayo de 1931, que culminarían con la quema de iglesias y todo eso, comenzaron, al parecer, porque estos monárquicos, que tenían un local en la calle Alcalá, sacaron los altavoces de un tocadiscos al balcón y tocaron la marcha real a todo trapo.

Los monárquicos quisieron uniformarse como lo carlistas, que llevaban esa conocida boina roja que los falangistas auténticos, luego de la unificación en FET y de las JONS, comenzaron a llevar casi siempre arrebuñada en la hombrera de la camisa azul, por su negativa a llevarla puesta. Los partidarios del rey eligieron el verde. Y no fue casualidad. Léase de arriba a abajo, y sólo las mayúsculas.

¡Viva
El
Rey
De
España!

Las derechas de la República eran muy dadas a estas siglas. Recordemos, sin ir más lejos, el famoso CAFÉ de los militares, que significaba: Compañeros, ¡Arriba Falange Española!

Ya tenemos, pues, boinas verdes en los tiempos de la guerra civil. Ahora nos queda saber si realmente combatieron. Y es cosa que yo no tengo por tan cierta. En algún mensaje habéis hablado de que los boinas verdes habrían participado en acciones en Somosierra, y me gustaría conocer las referencias de esta afirmación, porque se trata, evidentemente, de lecturas de las que estoy falto. La referencia que yo he encontrado es de una publicación carlista de mediados de los años sesenta (se llamaba Montejurra). En dicha publicación, se dice que los boinas verdes intentaron crear su unidad propia dentro del ejército nacional, pero la falta de efectivos y de posibles les llevó a integrarse en los tercios de requetés y de falangistas. Únicamente, se dice, a base de dinero se consiguió crear un batallón de boinas verdes formado por mercenarios; batallón que, sin embargo, en su primera acción de guerra, se habría pasado en pleno al enemigo.

Otra referencia de la que tengo noticia es de un artículo periodístico sobre la materia, publicado en Canarias en los mismos tiempos (hace, pues, más de 40 años), según la cual los monárquicos formaron una fuerza muy pequeña, de menos de medio centenar de hombres, que combatió al inicio de la guerra al mando de los hermanos Miralles (¿podrían ser éstos los de Somosierra? Pero, si fueron éstos, ¿combatieron aboinados?); y, el segundo, el batallón que desertó. Este batallón, según el artículo, se llamaría Calvo Sotelo, llevaría la boina verde y habría realizado su deserción en Zaragoza.

A mí, la verdad, neto de los Miralles y su escasa fuerza que difícilmente puede considerarse aportación monárquica al ejército franquista, me cuesta creer estas versiones. Todas ellas proceden de fuentes carlistas y, por mucho que tanto ojo acrítico quiera ver en el franquismo una pared de hormigón donde todos eran iguales, en aquel pastiche que fue el régimen había sensibilidades para todos los gustos, y enfrentamientos a tutiplén. No tengo en mi biblioteca libros más profundamente antimonárquicos, más irrespetuosos con la figura de Alfonso XIII, que los escritos por falangistas; a su lado, los tomos de Ruedo Ibérico aparecen como escritos monarquizantes levemente reformistas. Con las mismas, los carlistas odiaron a los falangistas (no olvidemos que un presidente de las Cortes tradicionalista llegaría a acusar al ministro secretario general del Movimiento de querer crear en España, a través de Falange, un régimen soviético) y odiaron, por supuesto, a sus rivales directos, los alfonsinos.

El episodio de los boinas verdes de Zaragoza es un episodio del que nunca he leído que haya habido testigos; primer problema. Se trataría, además, de un caso único en el bando franquista de tropas mercenarias. Y queda el tercer gran argumento: ¿acaso la prensa republicana no habría hecho alharaca, mofa, befa y escarnio de la deserción de un batallón entero antes de pegar el primer tiro?

Todo puede ser posible. Pero me inclino a contestar a mi propia pregunta con un simple: no.