miércoles, noviembre 12, 2008

Y al final de la cadena estaba....

... Fidel Castro, sí. Godzi es el empleado del mes.

Es jodido esto de las respuestas encadenadas. Una vez leí que algunas universidades con fuertes numerus clausus lo usan en sus exámenes de acceso, y no me extraña que la gente suspenda. Y si no, ahí está la prueba: teniendo que llegar a Fidel Castro, llegas a Jaume Carner.

El político al que Gil Robles acusa de haberle amenazado con una pistola es Indalecio Prieto. Si no recuerdo mal, incluso Azaña, en sus memorias, se cachondea del político de derechas por pretender que tal cosa fuera cierta. Resulta, en efecto, difícil de creer que Prieto llevase pistola, y menos aún en un debate parlamentario.

Prieto fue el gran ministro de la guerra durante la guerra civil hasta que Negrín tomó el mando directo de la cosa, entre otras cosas porque Prieto estaba ya convencido de que la República no podía hacer otra cosa que perder la guerra civil y, verdaderamente, no se puede tener al frente de un ejército en guerra a un tipo que no cree en la victoria. Como era una presencia hasta cierto punto incómoda en los últimos meses de la guerra, él que era un socialista moderado mientras el banco republicano se comunistizaba crecientemente, Negrín decidió encargarle a Prieto que se fuera a dar unos cuantos barrigazos por el exterior.

Así pues, a Prieto el final de la guerra le pilla representando a España en la toma de posesión del nuevo presidente de Chile, ese país tan delgadito $$5%··%%(&"3$%&7$323 (aquí había escrito: «que inventó el pisco»; pero me he autocensurado al recordar que también tengo amables lectores en Perú).

Saliera el pisco de donde saliera, lo cierto es que el doctor Salvador Allende Gossens sí que es un recio y auténtico producto chileno cien por cien. Presidente de la República que fue, pronunció entonces esta frase que yo recordaba: «mis enemigos han dicho todo de mí, salvo que soy homosexual o que he robado». Lo dijo, sobre todo, para destacar lo segundo; es decir, que nadie podía decir de él que había metido la mano en la caja.

Aunque la muerte de Allende lleva camino de ser uno de esos misterios históricos insondables, la hipótesis más aceptada y lógica es que se suicidó. Estaba cercado en el Palacio de la Moneda de Santiago de Chile por las tropas golpistas comandadas por Augusto Pinochet et altera y con nulas posibilidades de darle la vuelta a la tortilla. Hay quien dice que Allende se quería rendir e incluso que estaba dispuesto a aceptar la oferta militar (teórica, nunca sabremos si realmente seria) de dejarle salir del país. Lo cierto es que cuando todo terminó y los golpistas entraron en el palacio, el presidente estaba muerto.

Lo último que tocó fue su arma, fuera porque era lo que tenía en la mano, fuera porque es lo que utilizó para dispararse. Y ese arma era un regalo de Fidel Castro y, de hecho, llevaba una plaquita que así lo conmemoraba. Aunque también hay quien dice que el arma concreta regalo de Fidel no es la que Allende usó esa mañana porque la auténtica la tenía guardada en otro sitio. No obstante, incluso esas versiones, por lo que he podido leer, aceptan que el arma con que lo encontraron quería ser como el regalo real de Fidel, porque tenía la citada plaquita conmemorativa.

Así pues, hemos viajado de Indalecio Prieto a Fidel Castro en unos pocos pasos.

Puestos a complicaros un poco la vida, os comentaré que ayer, comentando yo asimismo este jueguecito con un amigo de mi, digamos, vida oficial, me insinuó que también se puede hacer al revés. Por ejemplo: ¿alguien es capaz de llegar desde Felipe V hasta Pol Pot en tres o cuatro pasos (entiéndase: personajes históricos relacionados)? Confieso que la perspectiva me alucinó un poco; de hecho, llevo desde la noche de ayer intentándolo...