lunes, septiembre 08, 2008

Adivina, adivinanza... (1)

Estos post cortitos que espero ir introduciendo a partir de ahora tienen dos funciones. Una, que no se me note la vagancia al escribir. Mis amables lectores debéis de comprender, y disculpar, que sea yo un ser poliédrico con aficiones muy varias. Últimamente he descubierto una quizá inconfesable más allá de los cuarenta, que es el videojuego online. Ya sé que para considerarme un intelectual de pro debería consumir las noches leyendo monografías pero, qué quereis, sólo soy un intelectual de vía estrecha, razón por la cual últimamente las consumo matando mediopensionistas (o más bien haciendo que me maten a mí) en el espacio multijugador del Call of Duty 4. Supongo que pronto llegará el momento en que me cansaré de recibir tiros entre ceja y ceja y quizás gane un poco de ritmo. Eso si no se me cruza otro caramelo por delante, claro.


La segunda función es de puro divertimento. Plantear una pregunta y contestarla más o menos 24 horas después puede ser inquietante para la mente del lector. Y, al que no le guste, siempre puede no pensar en ello.


Aquí va, en todo caso, nuestra historiadivinanza de hoy:


En 1977 se produjeron en España las primeras elecciones democráticas, por las cuales se formaron el Congreso y el Senado que aprobarían la Constitución de diciembre de 1978. Aquella legislatura, como es costumbre, fue abierta por el rey Juan Carlos de Borbón en una sesión conjunta, como también es costumbre. Pero eso es costumbre ahora. Entonces, era la primera vez que pasaba en mucho tiempo.


Los diputados y senadores de aquella legislatura recibieron una invitación para la sesión en la que se les indicaba que debían vestir de traje oscuro. Aquello dio para muchos comentarios y se interpretó como una decisión salomónica. Nuestra recién estrenada democracia renunciaba a una apertura de legislatura encopetada, a base de chaqués y perifollos de otra época; al mismo tiempo, tampoco permitía que delante del rey el personal vistiera como la saliese de la sentina; y, como último guiño, no decía nada de que hubiese que llevar corbata, cosa que a muchos de los diputados y senadores de izquierdas les hubiera jodido bastante.


En general, y a su manera, la inmensa mayoría del diputeo y seatorieo patrio cumplieron con lo estipulado. Pero hubo un parlamentario que destacó sobre los demás, no por ir con traje clareado, sino por llevar una americana blanca. Y tenía sus razones para ello.


¿Quién era ese parlamentario?