viernes, marzo 09, 2007

Feliz karma de fin de semana

www.asiabudayrollitosprimavera.blogspot.com Nuevo blog de Tiburcio Samsa (antes Inasequible Aldesaliento)


Los más suspicaces de entre los lectores de este blog ya habrán caído en la cuenta de que el nombre de uno de sus corredactores, Inasequible Aldesaliento, es un seudónimo. De hecho, creo que Yaser Arafat e Inasequible son las dos personas que en el siglo XX han mantenido más sigilo sobre su auténtica identidad. Hoy vamos a desvelar aquí este misterio.

Inasequible Aldesaliento se llama, en realidad, Tiburcio Samsa; un ser relativamente desgraciado que ha tenido una vida compleja. Hace ya años que se aficionó por las filosofías orientales y muy especialmente por el budismo. Yo no sé si es muy creyente pero sí que es muy experto; tal vez es que para ser experto en una religión es necesario no creer mucho en ella, o tal vez, simplemente, es que Tiburcio es así.

La profundización en el budismo llevó a Tiburcio a conocer bastante a fondo toda esa historia de la reencarnación, algo que le provocó algunos desarreglos hormonales y, sobre todo, un problema de reencarnación espontánea por el cual una mañana despertó convertido en un elefante. Tras unos momentos de natural desorientación, Samsa (Tiburcio) comenzó a verle el punto fácil a la cosa: siendo elefante ves mundo si te apuntas a un circo; comes mogollón de pan duro si te colocas en un zoo; y, sobre todo, tienes una memoria que te cagas. Ésta fue la razón por la que Tiburcio empezó a leer y a acumular informaciones, algunas de las cuales vierte en este blog como bien sabéis.

Conocí a Tiburcio en el zoo de Copenhague, en marzo del 2001. Iba yo por ahí con clandestinos trozos de pan, porque hoy está prohibido alimentar a los animales en los zoos, pero yo sigo teniendo nostalgia de mis paseos infantiles por la Casa de Fieras del Retiro y de Perico, el simpático elefante que incluso cogía pesetas del suelo con la trompa. Mientras alimentaba indolentemente a un elefante indio, discutía con mi compañero de paseo sobre la Batalla del Ebro. Cuál no sería mi sorpresa cuando, de repente, el elefante que estaba delante de mí dijo: «Qué equivocado estás, chaval; el ejército republicano jamás supo contraatacar».

Yo no es que sea muy tiquismiquis, pero, la verdad, que un elefante me corrigiese en materia bélica, me jodió bastante. En las guerras los elefantes están para portar a los generales y llevarse las hostias, nada más. Así pues, denuncié a Tiburcio ante las autoridades y conseguí que fuese imputado por ser de naturaleza humana reencarnada; le cayeron siete millones de pesetas por estafa y la expulsión de Dinamarca.

Si os estais preguntando cómo es posible que alguien a quien le has obligado a soltar la mosca por valor siete millones de pesetas sea amigo tuyo, os diré que yo, en el fondo, tampoco lo entiendo. Pero es que Tiburcio es muy raro. Claro que, según mi mujer, yo también soy un tanto raro, pues no son normales los coruñeses que se cartean con elefantes.

Dado que Tiburcio lleva una existencia muelle, alimentado por la caridad y ganándose unas monedas a base de barritar las horas y las medias horas, ha tenido tiempo más que suficiente para seguir profundizando en el budismo. Además de viajar por Asia varias veces y tal. Es por eso que Tiburcio ha abierto un blog y sí, todas las mamonadas que llevo escritas en este post son sólo para recomendároslo.

El budismo es cosa extraña a la Historia de España. Asia, no tanto. Algún día hablaremos de Ali-Bey, el irrepetible catalán que la recorrió haciéndose pasar por moro de toda la vida. Y luego está la evangelización del Japón, básicamente fallida, entre otras cosas. En todo caso, supongo que a no pocos de vosotros, el budismo os generará curiosidad. Pues sabed que en el blog de Tiburcio encontraréis la mejor información.

Eso sí, si le queréis preguntar algo, os recomiendo que le mandéis al tiempo una bolsa de cacahuetes.