lunes, octubre 24, 2016

Patarinos

De alguna manera, o de muchas, estas notas has de contemplarlas en relación con algo que ya hemos escritoaquí sobre los paulicianos; y. sobre todo, los bogomilos.


No hace mucho rato hemos asomado por la ventana de este blog a dos de las mayores herejías maniqueas de la Edad Media europea: los paulicianos y los bogomilos. A los bogomilos los dejamos, de hecho, amplia y sólidamente establecidos tanto en Constantinopla como en Bulgaria, que verdaderamente parecieron, en algún momento del siglo XII, sus sedes centrales permanentes. Pero las cosas iban a cambiar un poco; el bogomilismo estaba llamado a ser más multinacional.


Al alborear el siglo XIII, en efecto, los bogomilos tenían dos grandes iglesias u organizaciones: la constantinopolitana, y la búlgara. La primera de éstas, sin embargo, acabó sufriendo el mismo destino que la ciudad en la que se asentaba; esto quiere decir que fue perdiendo peso y poder a marchas agigantadas. Las últimas noticias de actividad bogomila en Constantinopla son de 1230. A partir de ahí, huyendo de la decadencia, el maniqueísmo originalmente balcánico habría de desplazarse hacia el oeste.

En lo referente a Bulgaria, esta nación había experimentado, en 1186, su independencia del Imperio, gracias a la labor de los hermanos Asen, quienes fundaron el que se conoce como segundo imperio búlgaro. Es bastante probable que este movimiento secesionista fuese, en buena parte, animado o apoyado por el maniqueísmo bogomilo. Sin embargo, la dinastía de los Asen pronto decidió cultivar una importante amistad con Roma; y el Papado siempre los presionó para que diesen la espalda a los herejes.

Las palabras pasaron a los hechos el 12 de febrero del 1211, en el concilio de la iglesia búlgara celebrado en Tirnovo, cuyo principal punto del orden del día era la condena de los bogomilos; por aquel entonces, Roma había enviado a Bulgaria un cardenal legado. Se decidió que todos los maniqueos serían arrestados; aquéllos que se arrepintiesen sufrirían distintas penas de cárcel, mientras que los relapsos serían exiliados. Sin embargo, esta política prorromana se apoyaba fundamentalmente en la actitud del zar Boril, quien fue depuesto en 1216 por Juan Asen, claramente apoyado por los bogomilos, entre otras cosas porque se apresuró a reconocer su legalidad en cuanto se sentó en el trono. En todo caso, la inestabilidad en el país había aconsejado a algunos bogomilos a emigrar; buena parte de ellos lo habían hecho a Macedonia, donde se establecieron con tanto éxito de crítica y público que la jerarquía oficial entró en pánico. Hasta nosotros ha llegado toda una colección de cartas de Demetrios Chomatianos, obispo que era de Ohrid, expresando gran temor por dicho establecimiento.

A principios del siglo XIII, la iglesia maniquea búlgara era tan numerosa, y tenía tanto prestigio, que incluso algunos prelados católicos llegaron a creer (y a escribir) que en aquel país residía el Papa bogomilo, lo cual es una chorrada porque esta iglesia no tenía sumo pontífice. Sin embargo, el segundo imperio búlgaro iba como la mierda, lo cual arrastró a los bogomilos. El estallido en el Imperio de la controversia hesicasta (que no explicaremos aquí; dejémoslo en que fue una agria polémica entre los partidarios y detractores de Gregorio Palamas) afectó bastante a los bogomilos. Por otro lado, también se introdujeron algunas tendencias hebraizantes en el país.

Sin embargo, el bogomilismo supo superar sus fronteras naturales para sobrevivir. A principios del siglo XIV, consiguió un gran triunfo al lograr establecerse en el mismísimo monte Athos. Irene, una beata tesalonicense, había establecido una especie de posada para descanso de los monjes del monasterio cuando bajaban al pueblo. Irene, sin embargo, se hizo bogomila, y comenzó a comerle la oreja a sus huéspedes, quienes asimismo comenzaron a difundir la creencia entre los compañeros que se quedaban en la montaña. El poder abacial, sin embargo, acabó por tomar cartas en el asunto, y expulsó del monasterio a los dos monjes más decididamente heréticos, llamados Lázaro y Cirilo. Ambos se fueron a Tirnovo, la capital del imperio búlgaro, donde establecieron cada uno una secta maniquea distinta. Lázaro, que debía ser un nota de la hostia, se hizo nudista (sic) a causa de su voluntad de volver a la inocencia y pureza del nacimiento; y llevaba esta teoría al extremo de defender que, para no traer al mundo cuerpos que se deterioraban, los hombres deberían aceptar su castración. Nudista y castrador, es probable que las Femen lo hubiesen adorado.

Cirilo, por su parte, era un maniqueo más normalito. De los que rechazan el culto a la cruz y a las imágenes.

En la misma época en la que Lázaro se despelotaba en las plazas de Tirnovo, apareció una tercera secta, comandada por un predicador itinerante llamado Teodoro. Teo, parece ser, también era partidario del nudismo. No sólo se desnudaba el tío sino que (ésta es la iglesia que siempre has buscado, lector) basaba sus enseñanzas en impulsar a sus acólitos a pecar, para así poder ejercitar la gracia del arrepentimiento. Así pues, los teodorianos, ya que estaban en pelotas, se dedicaban habitualmente a penetrarse y tal.

La Iglesia búlgara convocó dos concilios en Tirnovo, en 1350 y cinco años después, para acabar con aquella patulea de movidas raras. En el primero de ellos, fueron juzgados, y condenados, Lázaro y Cirilo. Cirilo, que ha habréis adivinado que era un poquito más prudente, se arrepintió. Pero Lázaro y su principal discípulo, Esteban, permanecieron impasible el ademán. Fueron condenados a ser marcados a fuego en la cara y exiliados.

A pesar de todas estas medidas, a principios del siglo XV todavía había nutridas colonias bogomilas en Macedonia. Simeón, metropolitano de Tesalónica, denuncia su existencia por entonces, aunque los llama kudugeros. En todo caso, el país tiene problemas más graves, pues ya lleva casi un siglo sufriendo la presión otomana. Los turcos habían tomado Adrianópolis en 1357. Interviniendo inteligentemente en las querellas dinásticas de los búlgaros, los turcos supieron hacer daño, por lo que el poder local intentó aliarse con los serbios pero, la verdad, con los serbios no hay quien firme una alianza así como así. Cuando los turcos derrotaron a los serbios en la Maritsa (1371), Bulgaria fue suya. El último zar de Tirnovo moriría en 1395. Tres años después su hermano Sratsimir, zar de Vidin, también murió; y Bulgaria comenzó una larga etapa de cinco siglos de dominación.

Dado que la cosa estaba así de mal, como ya hemos dicho, a los bogomilos no les quedó otra que mirar hacia donde se pone el sol. Su primer terreno lógico de expansión fue Serbia. Pero allí el rey Esteban Nemanya, quien por razones geopolíticas se había convertido en un campeón ortodoxo, los combatió con las armas y obligó a muchos a exiliarse.

Entre la Serbia propiamente dicha y el mar Adriático se extiende una tierra que en la Edad Media formaba un reino llamado de Dioclea o Zeta, que nosotros tendemos a conocer más como Montenegro. Dado que los diocleos, como los serbios, eran tope violentos, allí el bogomilismo, de naturaleza más bien pasota, hizo pocas incursiones. Pero al noroeste de la Dioclea se encontraba el entonces llamado país de Hum, Zaclumia o Chelma; tierra que más tarde, cuando fuere gobernada por los duques de San Sava pasó a ser llamada El Ducado o, más comúnmente, derivando de la palabra alemana que designa un ducado, la Herzegovina. Al norte de Hum se encontraba otra provincia distinta, conocida como Bosnia.

Tanto en Hum como el Bosnia, el bogomilismo sí que consiguió penetrar. Esta penetración vino desde Dalmacia y Tracia a través de la conocida como Iglesia de Drugucia; y, en Bosnia, por la llamada Iglesia de Esclavonia.

Aproximadamente en 1150, el emperador Manuel, que andaba a hostias con el rey diocleo Radoslav, acabó partiendo sus tierras entre diversos príncipes de una vieja dinastía noble serbia, los Zavida. Entre ellos, Esteban Nemanya recibe el país de Hum. Pero Nemanya, ya lo hemos visto, accede en 1168 al trono de Serbia, por lo que Hum pasó a su hermano Miroslav. Al mismo tiempo un protegido de Manuel, llamado Kulín, accede al trono bosnio, donde permaneció como independiente a la muerte del emperador (1180).

Empiezan las interpenetraciones. Miroslav se casa con la hermana de Kulín (que lo mismo se llamaba Nalguita). Ambos cuñados tenían un problema común: en sus reinos podían encontrar sendas poblaciones nutridas de católicos y ortodoxos; los primeros venidos desde Dalmacia, y los segundos procedentes de la población netamente balcánica. Esta diferencia religiosa fue muy pronto utilizada (es lo habitual) para una lucha política. Los reyes de Hungría y los emperadores bizantinos habían disputado durante mucho tiempo la Bosnia y el país de Hum; los primeros con el apoyo del clero católico, y los segundos con el ortodoxo. Se podría pensar que la bandera ortodoxa se fue a la mierda con la decadencia de Constantinopla, pero no: Esteban Nemanya,. rey de Serbia, tomó el testigo.

Kulín, pillado como su cuñado Miroslav en medio de esta disputa geo-religio-política, llegó a la conclusión que lo mejor era un ni p'a ti ni p'a mí, basado en alimentar la herejía. Y convenció a Miroslav.

En 1180, Miroslav tuvo un enfrentamiento frontal con el arzobispo católico de Spalato, Rainiero, que era algo así como el primado del país de Hum. Rainiero tenía un candidato para el obispado de Stagno pero Miroslav no lo quería; además, el rey consideraba que el arzobispo no era una cosa que un tapado del rey húngaro. Además, Miroslav le embargó al arzobispado una fuerte cantidad de dinero.

Rainiero le fue con el tema al Papa Alejandro III. Álex envió a la zona a un nuncio papal, llamado Teobaldo. Cuando llegó, se encontró a un rey absolutamente de canto que, además, alimentaba la herejía en modo Experto. El nuncio lo amenazó con la excomunión, amenaza ante la cual Miroslav se chupó un pie.

Encabronado, Jandro se dirigió al rey de Hungría, que entonces era Bela III. Roma consideraba a Bela soberano de Hum (título y poder que Miroslav no reconocía) y por eso le exigió que hiciese cumplir sus designios. Pero no parece que Bela pensase que tenía vela en ese entierro (obsérvese la elegante paranomasia).

El Papado, sin embargo, no da hilo sin puntada. En marzo de 1198, el príncipe Andrés de Hungría accedió a los títulos de príncipe de Dalmacia, de Croacia y de Hum. Un año más tarde moría Miroslav, con lo que el trono pasó al húngaro. Para entonces su mujer ya no vivía con él, pues se había desplazado a Bosnia a vivir con su hermano, en una corte abiertamente maniquea que, de hecho, afirma su fe bogomila, junto con 10.000 súbditos, en 1199. Para entonces, estos bogomilos bosnios comenzaron a ser conocidos como patarinos, nombre que probablemente deriva del italiano patera, copa. Así serían conocidos en la Europa occidental.

La dominación total de la clase política por los patarinos bosnios exasperaba a Inocencio III. En el 1200 exigió a Emerico, rey de Hungría, que depusiese a los patarinos por las armas. Sin embargo, la realidad era muy otra. Para empezar, el obispo de Bosnia, Daniel, se había pasado a los heréticos. Para seguir, la expansión patarina continuaba, sobre todo después de que dos maniqueos italianos, Mateo y Aristodio, fundaran una escuela herética en Spalato. En aquella época, incluso, los heréticos destruyeron una catedral católica, la de Kreshevo, y se establecieron tan fuertemente en la ciudad que ésta permaneció 35 largos años sin obispo.

En 1202, los cruzados, de vuelta de saquear Constantinopla, hicieron lo propio con la ciudad dalmacia de Zara, que no pertenecía a Amancio Ortega sino al rey de Hungría, pretextando que era un foco herético. Temeroso de recibir más leches, Emerico decide marchar sobre Bosnia. Kulín, que entiende que no va a poder presentar batalla seria, escribe a Roma, contando que es que él creyó que los patarinos eran buenos cristianos y bla, y solicita el envío de una misión católica a Bosnia. En 1202, se presentan en Bosnia dos enviados papales: el arzobispo de Spalato, Bernardo; y un capellán de Su Santidad, Juan de Casamaris. El 6 de abril del año siguiente, en Bjelo Polje, delante del nuncio papal Juan y su archidiácono Marin, Kulín y sus súbditos abjuran de su herejía. Pero, vamos, que no fue una conversión muy apasionada nos lo dicen datos como que el rey bosnio se comprometió a comulgar siete veces al año, y ni una más.

De hecho, el Papa y el rey de Hungría se fiaban tanto de ese pacto que exigieron el envío a Hungría, como rehenes, del hijo de Kulín, así como dos de los principales representantes patarinos.

Kulín murió en el 1204 formalmente católico, pero cabe preguntarse si no seguiría siendo herético de convicción. Porque es un hecho que el pacto firmado con el nuncio papal no redujo un adarme ni el número ni la presencia social de los patarinos en Bosnia. Esteban, su hijo, era al parecer un buen católico; pero jamás tomó medidas serias contra el maniqueísmo. En primer lugar, ni el Papa ni, sobre todo, el rey de Hungría, que tenía un follón de puta madre en casa, estaban en condiciones de presionarlo. Y, por otra parte, la invasión húngara había provocado la típica reacción nacionalista en Hum. Hasta el punto de que el príncipe húngaro colocado ahí, Andrés como hemos visto, fue rápidamente sustituido por un noble local patarino, llamado Pedro.

En 1221, el papa Honorio envió a un legado, su capellán Acontio, a ver cómo iba la movida por Bosnia. A Acontio, cuando se bajó del AVE y vio lo que había, se le salieron los testículos del escroto y se le fueron rebotando cuesta abajo. Poseedor de cartas del Papa al rey de Hungría dándole poder omnímodo, el plenipotenciario papal trató de convencer al rey Andrés de que montase una cruzada contra Bosnia, pero el húngaro le contestó que no mamase tan de primera hora. Sólo encontró un apoyo: el del arzobispo de Kolosz, Ugolín; pero, como bien dijo Stalin en la conferencia de Yalta, los sacerdotes no tienen divisiones acorazadas. Lo que sí tenía Ugolín era pasta, y con ella se ofreció a financiar la guerra, siempre y cuando, al finalizar ésta, la propia Bosnia y sus provincias limítrofes de Usore y Soli pasaban a su jurisdicción (no sabía ni nada el cura). El Papa consintió, entre otras cosas porque no le quedaba otra.

A la búsqueda de un jefe para la cruzada, los húngaros dieron en su propio reino con Juan el Ángel, hijo del emperador bizantino Isaac y de Margarita, hermana del rey húngaro Andy. El arzobispo le adelantó una fortuna, cien marcos de plata; pero Juan se piró con la pasta y, de hecho, la Historia ni siquiera sabe a qué lupanar fue gastárselo.

Los bosnios, mientras tanto, depusieron a Esteban en 1232 y pusieron en su lugar a un rey patarino, Mateo Ninoslav, quien le dejó a Esteban y a su hijo, Sebislav, un pequeño terreno en Usore. Ninoslav convirtió el patarinismo en la religión de su Estado. Por dos veces, Ninoslav amagó con convertirse al catolicismo: en 1233, cuando apareció por Bosnia un legado papal con fuerzas húngaras; y en 1237, cuando fue objeto de una cruzada liderada por Colomán, duque de Croacia e hijo del rey Andrés. En ese año, Ninoslav fue reducido a la condición de jarrón chino, pero en 1240 sabemos que había recuperado el poder y la independencia, que consolidó mediante una alianza con Ragusa. Un año después, los mongoles le arrearon a los húngaros tal mano de hostias que éstos se quedaron sin capacidad de intervenir en Bosnia. Cuando Ninoslav murió (1250), el propio Vaticano consideraba Bosnia como un Estado totalmente entregado a la herejía.

En Hum las cosas no iban mejor para la ortodoxia romana. Aunque Tolen, sobrino y sucesor de Pedro, tuvo que aceptar la soberanía formal de Serbia, en realidad conservó su independencia, favoreciendo descaradamente el maniqueísmo patarino. Muerto en 1239, fue sucedido por Andrés y éste por su hijo Radoslav, que supieron hacer del país un lugar próspero. Sin embargo, es probable que a mediados de siglo sufriese una fuerte presión serbia; en 1254, Radoslav se declaró siervo de Hungría.

En Bosnia, la muerte de Ninoslav en 1250 fue una muy mala noticia para los patarinos. Comenzó una guerra civil en toda regla, alimentada por las disputas dinásticas, que debilitó al país en el momento, además, que en Hungría subía al trono Bela IV, quien se hizo con el control de la nación balcánica. Con el objeto de debilitarla, decidió partirla. Así, la llamada Bosnia-Machva, en el norte, fue entregada a su propia familia, esto es su hermana Agnes y su cuñado, Ratislav, de origen ruso. El sur se lo entregó a casas nobles católicas locales. Como resultado de esta partición, en 1272 Bosnia tenía tres reyes: dos nobles húngaros que gobernaban al norte, y un noble bosnio en el sur. Pocos años después, la parte norteña había sido convertida en un infantado magiar, en la persona de la reina madre Isabel. La reina madre, ferviente católica, comenzó a perseguir herejes como el que abre huevos Kinder. A su muerte (1282), su hijo,el rey serbio Esteban Dragutin (él mismo ya un viejo) heredó el infantado. Esteban se había convertido al catolicismo y siguió la labor de su madre con tanto celo que el Papa acabó enviándole misioneros franciscanos para que le ayudasen.

En 1312, Dragutin se retiró a un convento, a mortificarse. Durante algunos años mandó en Bosnia Mladen Chulitch, un católico miembro de una casta noble de Dalmacia y Croacia, que persiguió a los herejes. Pero no era un rey que gustase a los húngaros, quienes acabaron sustituyéndolo en 1322 por el hijo de Dragutin, Esteban Kotromanitch, quien se anexiona Hum en 1325 e incluso Dalmacia poco después.

Con Kotromanitch comienza el gran momento de la Historia de Bosnia. Ortodoxo de nacimiento, se había convertido al catolicismo, pero, al contrario que sus antecesores, muestra una gran tolerancia hacia los patarinos. El Papa Juan XXII intenta convencerle de que retome las persecuciones, pero Esteban le dice que no. Entre otras cosas, porque la labor de los misioneros es dificultada por ellos mismos. Acabamos de leer que el Papa había enviado franciscanos. Pero resulta que, en tiempos de Miroslav, el derecho a predicar y luchar contra la herejía había sido concedido a los dominicos, por lo que ambas órdenes estaban en guerra civil; no parece la mejor forma de aunar fuerzas, la verdad.

Kotromanitch murió en 1353. Le sucedió su sobrino, Esteban Tvrtko I, quien en 1376 sería proclamado rey de Serbia, de Bosnia, de las provincias costeras y de los países occidentales; posesiones a las que, en 1390, unió Dalmacia y Croacia. Esteban era ortodoxo, pero buscaba la amistad de los patarinos por necesidades políticas. Tvrtko le otorgó a la Iglesia patarina la igualdad civil con la ortodoxa y la católica. El Papa Inocencio IV escribía cartas exigiendo una corrección de esa situación, pero eran automáticamente colocadas entre las nalgas del soberano. Urbano V llegó decretar la excomunión de cualquier ciudad dámata que hubiera dado refugio a un solo herético.

Cuando Tvrtko murió en 1391, Bosnia estaba en todo lo gordo de su brillantez. El país todavía no sentía el aliento turco en su nuca. Ciertamente, los otomanos habían vencido a los serbios en Kosovo, pero eso en realidad a Bosnia le fue de coña, porque se pudieron anexionar una parte de Serbia. Sin embargo, faltos de una buena dirección, los bosnios verían pronto descender su poder. Dividida por querellas internas y con los turcos ad portas, después de treinta años masturbatorios volvió a ser una provincia húngara. Segismundo, emperador y rey Hungría, designó para gobernar Bosnia al hijo de Tvrtko, al que lógicamente conocemos como Tvrtko II. Sin embargo, en 1415, un ex rey de Hum, Esteban Ostoya, usurpa el trono, y consigue que el turco le deje en paz, por lo que logrará gobernar tranquilamente, tanto él como su hijo Esteban Ostoyitch.

Bosnia era débil. Pero no así la herejía. Ostoya la apoyó sin fisura alguna. Para entonces zonas enteras, como Srebenica o Hum, eran totalmente patarinas.

En 1421, Tvrtko II reconquistó su trono. Pero, aun siendo él católico, sabía que no podía ni aspirar a luchar contra los patarinos, porque lo echarían de nuevo. Por otra parte, Roma tenía ya otras cosas en las que pensar y de hecho muy pocos años después, en el concilio de Basilea (1431), ya no hablaría del problema de los patarinos, sino del de los husitas. Los reyes bosnios y serbios fueron invitados a ir a aquel concilio, pero ni se molestaron en contestar los correos electrónicos.

En 1432, el Papa envía a un monje, Jacobo de Marchia, a quien el concilio otorga plenos poderes inquisitoriales. Al parecer, Jacobo se desempeñó con tal violencia con sus propios subordinados que hasta el gran maestro de los franciscanos le escribió una carta desde Toulouse en la que le puso de puta para arriba; así pues, abandonó.

Jacobo dijo, en su informe final, que había fracasado por la pasividad de Tvrtko. Pero es que el rey bosnio no hubiera podido ayudarle aunque quisiera. Bosnia, en realidad, estaba dominada por dos nobles patarinos: Sandal Hranitch y el voivoda Radosav Pavlovitch. A la muerte de Sandal (1435), todas sus posesiones en Hum y el sur de Bosnia pasaron a su sobrino, Esteban Vuktchitch, que fue el que, al ser reconocido duque de San Sava, recibió del emperador el nombre para sus posesiones de Ducado o Herzegovina.

Tvrtko II murió en 1443, asesinado por la gente de su corte, quienes tal vez estaban hasta los huevos de intentar pronunciar el nombre del puto rey. Eligieron para sucederle a Esteban Tomás, hijo ilegítimo de Esteban Ostoyitch. Tomás había nacido patarino pero en 1444, esperando tener así apoyos en occidente para permanecer en el poder, se convierte al catolicismo. Dos años después, el Papa y el general húngaro Juan Hunyadi exigen a Tomás que luche contra el patarinismo. Respondiendo a estas presiones, primero les prohíbe construir iglesias nuevas, luego reparar las antiguas y, finalmente, en 1450 prohíbe el culto. La población, mayoritariamente patarina, o bien buscó la protección de los duques de San Sava, que les eran proclives; o bien, directamente, complotaron con los turcos. Bosnia quedó escindida en dos religiones y media, siendo la media el pequeño componente ortodoxo balcánico.

El lector que haya llegado hasta aquí probablemente se explique por qué los turcos entraron en Bosnia como un cuchillo caliente en la mantequilla. En 1461, Tomás fue asesinado y sustituido por su hijo, Esteban Tomasevitch. Éste, animado a ello por el Papa, se niega a satisfacer las regalías del turco. El sultán Mohamed ve el cielo abierto e invade Bosnia en 1463. Radak, general en jefe de las fuerzas bosnias, era un patarino que había sido convertido forzadamente por su rey. Probablemente en venganza, decide hacer de conde don Julián de esta historia, y se rinde inmediatamente.

Herzegovina, mucho más montañosa y con menos divisiones religiosas, seguirá siendo independiente veinte años más. Al final, en todo caso, el único que resiste es Montenegro. Los turcos, de hecho, nunca fueron capaces de invadirlo.

La dominación turca supuso la orden a los nobles locales de que se convirtiesen al Islam si querían conservar sus tierras; la inmensa mayoría de los nobles patarinos se convirtieron. Los súbditos les siguieron, de modo que a las puertas del siglo XVI, Bosnia era ya un país mayoritariamente musulmán.


Así pues, habían pasado unos cuatro siglos durante los cuales la herejía maniquea había librado en Bosnia y en Herzegovina una batalla en igualdad con católicos y ortodoxos. Allí, sin embargo, estaba todo el pescado vendido. Si los patarinos querían seguir haciendo ruido en la Historia, tendrían que irse a ese sitio adonde siempre van los que huyen: a Francia.