lunes, julio 27, 2015

La GTA (9: Humaitá)

Recuerda que de esta historia hemos escrito ya un prólogo, y que te hemos dado una primera visión muy general de la situación del Paraguay y sus vecinos. Además, te hemos explicado la situación y papel básico en la zona del Imperio brasileño. Luego hemos seguido con los dimes y diretes de la Confederación Argentina, y hemos contado la guerra del Uruguay. Una vez pasado este escalón, ha «comenzado» la guerra del Paraguay propiamente dicha, desarrollada inicialmente en el teatro argentino. Sin embargo, con el tiempo las tornas cambiarán, y la guerra se acercará al propio Paraguay. Inmediatamente te hemos contado la batalla de Tuyutí que, pese a haberse resuelto a favor de los paraguayos fue, paradójicamente, el hecho que alejó definitivamente la posibilidad de que éstos pudiesen ganar la guerra. A continuación hemos contado el hostión del cuarenta y dos que se llevaron los aliados en Curupayty.



Para los paraguayos se produce la mala noticia de la muerte del general Pedro Eduvigis Díaz. El 25 de febrero, el general parte en una canoa con algunos otros militares, con la intención de espiar los movimientos de la flota imperial. Avistada la canoa por un barco, recibe un proyectil que alcanza a Díaz en una pierna. Hubieron de amputársela poco menos que a lo vivo, pero falleció el día 7, por causa de la herida.


Caxias, aprovechando que Mitre está en Argentina tratando de enderezar las cosas, decide avanzar a pesar de la difícil situación que el cólera ha creado entre sus tropas (y las paraguayas). El 22 de julio de 1867 sale de Tuyutí, donde deja una guarnición bastante numerosa al mando de Porto Alegre. Acampa en Tuyu-Cué, donde espera a Mitre, que no tarda en llegar.

Los aliados avanzan entonces hacia Paso Espinillo, mientras que los guaraníes se hacen fuertes en Espinillo. Mitre, en ese momento, solicita el concurso de la escuadra, para forzar los pasos de Curupayty y Humaitá y así tratar de aislar a los paraguayos; pero los brasileños, sin embargo, se ponen de canto, por considerar la operación muy arriesgada. Mitre, sin embargo, reitera cuanto es necesario la orden hasta que ve, el 15 de agosto, ocho acorazados con bandera brasileña remontan el río. Todos ellos, menos uno que ha debido ser remolcado río abajo tras un pepinazo paraguayo, fondean cerca de Humaitá y comienzan a bombardearla.

El comandante brasileño, Caxias, consideraba practicable y útil un ataque frontal a Humaitá; pero Mitre, sin embargo, lo convence de que es mejor optar por el asedio. Tras una serie de acciones menores y ante estas diferencias, en ocasiones insalvables, sin olvidar los enfrentamientos entre las propias tropas aliadas, que también los hubo, se puede decir, elegantemente, que los brasileños están hasta los huevos de Mitre. De hecho, empujan cada vez más para que sea sustituido en la comandancia por el propio Caxias. La presión carioca fue tan fuerte que, finalmente, el astro estratégico argentino, que sólo por casualidad perdía la mayoría de las batallas que planteaba, hubo de admitir que la escuadra se mandase a sí misma; que Caxias fuese el director de las operaciones de ataque; y que él, Mitre, a pesar de ser el comandante en jefe de las fuerzas aliadas, se ocupase en realidad de las fuerzas de reserva y la logística de los recursos acumulados en Tuyutí.

El 3 de noviembre, López prepara una acción de distracción por la cual los paraguayos atacarán por sorpresa el campamento de Tuyutí. Lograron acercarse sin ser percibidos, y a las cuatro y media iniciaron un ataque que arrolló el campamento aliado. Mitre, que como hemos de recordar es el responsable de mantener dicha posición, se desplaza rápidamente a Tuyú-Cué, donde está Caxias. Con este movimiento, deja todos los pertrechos y alimentos de Tuyutí en manos de los paraguayos, los cuales se entretienen demasiado con el botín, dando tiempo a Porto Alegre a organizar una resistencia en una de las torres del campamento. Llegada la noticia a Tuyú-Cué, los brasileños envían diversos refuerzos, fundamentalmente de caballería, que sostendrán una larga lucha con la caballería paraguaya, al mando del comandante Pedro Pablo Caballero. Ambas partes acaban sufriendo pérdidas parecidas, pero los paraguayos se retiran con un botín diverso, entre el mismo piezas de artillería. La acción, en sí, supone un durísimo varapalo para el ya maltrecho prestigio de Bartolomé Mitre, por mucho que él redacte uno de sus típicos partes de guerra en los que se atribuye una victoria inexistente.

A pesar de haber asestado tan duro golpe a Mitre y en parte a los aliados en su conjunto, en Tuyú-Cué los paraguayos aprendieron que su acometividad se debilitaba por momentos, y que cada vez les sería más difícil mantener el gesto. Solano, pues, comienza a pensar en la posibilidad de retirarse por el Chaco, al abrigo de su abundantosa naturaleza. Reforzando las defensas de la zona, el comandante paraguayo concentra fuerzas en Humaitá.

El 2 de enero de 1868, el cólera siega en Buenos Aires la vida del vicepresidente de la república Marcos Paz; para Mitre, esta muerte es la excusa perfecta para dejar de jugar al estratega y retirarse del insalobre frente de guerra. El 12 de enero, Caxias toma el mando de las tropas. Libre ya de la auditoría constante del argentino, Caxias desempolva la acción que de semanas atrás considera fundamental para la guerra, como es la apertura de la lata de Humaitá con la escuadra, pasando por delante de la ciudad sin ser rechazada. La operación comienza a las tres de la madrugada del día 18, con una escuadrilla al mando del capitán Delfino de Carballo; pasan de largo Humaitá sin disparar un solo tiro ni ser dañados por los disparos paraguayos: acaban de terminar con el mito del inexpugnable paso por Humaitá.

Forzado el paso de Humaitá, los aliados se ponen en movimiento. Esa misma mañana, Caxias ataca un lugar llamado Cierva, defendido por el mayor Antonio Olabarrieta con algo menos de 900 efectivos. Los brasileños, tras cuatro horas, acaban forzando la retirada de los guaraníes. Mientras tanto la flota, remontando el río, llega hasta Asunción, que comienza a bombardear. Estas bombas, si no causaron daños graves en la ciudad, sí produjeron un importante efecto sicológico en los paraguayos. Solano, además, comprendió que la acción venía a demostrar que, si bien en tierra se fajaba razonablemente, con la escuadra no tenía qué oponer. La ocupación de Tavy por los aliados dejó bastante claro que los paraguayos deberían retroceder, cediendo terreno.

El 2 de marzo, de hecho, el propio López deja Paso Pucú para dirigirse a Humaitá, para luego pasar, en dichas etapas, a una localidad llamada San Fernando. El 23 de marzo, los aliados se percatan de que en su camino se encuentran dos puntos, Sauce y Espinillo, apenas defendidos, y los toman con tropas al mando del general Alexandre Gomes de Argolho Ferrao. Los días 24 a 27 tres generales paraguayos: Barrios, Bruguez y Resquín, abandonan Humaitá para reunirse con López en San Fernando, dejando 3.000 hombres en la fortaleza.

El asalto de Humaitá esperó cuatro meses a la marcha de López de la ciudad, y se produjo, finalmente, por un hecho bastante fortuito. Los brasileños, en labores de vigilancia, se percataron de unas canoas que cruzaban hacia el Chaco; enterado Caxias, interpreta este dato erróneamente en el sentido de que el resto de la guarnición está abandonando la ciudad, así pues ordena un asalto inmediato sobre la fortaleza. El ataque lo realiza Manuel Osorio, el mariscal de caballería que le había comprado los 30.000 jumentos a Urquiza. Sorpresivamente para los brasileños, son rechazados por una tropa que todavía está dentro de Humaitá. Sin embargo, la situación de los guaraníes es tan desesperada que, a falta de munición, se ven obligados a cargar los cañones con balas de fusil, cascos, piedras y bayonetas. Aquella derrota aliada, totalmente inesperada, provocó todo un terremoto político en Río de Janeiro, donde no faltaron políticos que acusaron a Caxias de permitir que Osorio se diese contra el muro al regatearle refuerzos.

Finalizaba entonces julio de 1868, y a pesar del rechazo de los brasileños y la victoria, la situación de los paraguayos, aislados por hambre, era muy poco halagüeña. Las tropas estaban al mando del coronel Paulino Alén, pero éste se pegó un tiro en un intento de suicidio (fallido: encontraría la muerte a finales de ese año, en Potrero Mármol) siendo sustituido por el también coronel Francisco Martínez. El día 23, ese coronel al mando recibe la orden de evacuar la plaza. Dicha evacuación fue temeraria e inteligente. Los soldados se fueron por el río, en 14 canoas que pasaron muy cerca de los barcos brasileños. Pero es que además, aprovechando que al día siguiente era festividad para los paraguayos (San Francisco Solano), dejaron en la fortaleza una banda de música que estuvo tocando ininterrumpidamente durante todo el día siguiente, simulando la producción de una fiesta. Para cuando Caxias entró en Humaitá, sólo encontraría a los músicos.


Los evacuados desembarcaron en una isla llamada Poí, en medio de la laguna Verá. Como primera provisión, Martínez sacó a mujeres, niños y enfermos de la isla. Advertidos los aliados, el general Ignacio Rivas decidió cercar a los paraguayos, bloqueándoles el paso hacia el río Timbó. Se dedicó a bombardear insistentemente a los 1.800 paraguayos que quedaban en la isla, además de sitiarlos por hambre. Por tres veces, Rivas envía enmisarios con ofertas de capitulación, que son rechazadas por Martínez. A la cuarta, el coronel acepta parlamentar, poniendo por delante la condición de que los paraguayos no sean incorporados al ejército aliado y obligados a luchar contra su patria. Rivas accedió.