lunes, julio 13, 2015

La GTA (7: Tuyutí cambia las cosas)

Recuerda que de esta historia hemos escrito ya un prólogo, y que te hemos dado una primera visión muy general de la situación del Paraguay y sus vecinos. Además, te hemos explicado la situación y papel básico en la zona del Imperio brasileño. Luego hemos seguido con los dimes y diretes de la Confederación Argentina, y hemos contado la guerra del Uruguay. Una vez pasado este escalón, ha «comenzado» la guerra del Paraguay propiamente dicha, desarrollada inicialmente en el teatro argentino. Sin embargo, con el tiempo las tornas cambiarán, y la guerra se acercará al propio Paraguay.

El comandante en jefe de las fuerzas paraguayas, López, esperaba que sus enemigos entrasen en su territorio por Paso de la Patria o tal vez por Itapirú; pero éste fue un aspecto en el que, en realidad, la tríplice consiguió engañarlo. Finalmente, los aliados cruzaron por el río Paraguay, a unos dos kilómetros del punto en el que se entrega al Paraná. Lo hacen, además, mediando una maniobra de distracción en la cual los transportes de tropas, inicialmente, parecen dirigirse a Itapirú, para virar en redondo y tirar repentinamente hacia el norte, por el (río) Paraguay. A las 9 de la mañana del 16 de abril de 1866, al mando del mariscal Manuel Luis Osorio, las primeras tropas aliadas entran en el Paraguay (país). Al atardecer, desembarca Venancio Flores con su cuerpo de uruguayos colorados y las primeras tropas argentinas. Al día siguiente desembarcará el general Wesceslao Paunero.


En la jornada que sigue, los aliados avanzan hacia Itapirú, pero son atacados por una columna paraguaya al mando del comandante Basilio Benítez. Osorio, que iba al mando, no se amilanó, y ordenó a dos batallones que se desplazasen costeando el Paraná para flanquear a los paraguayos. Efectivamente, una vez capturados entre dos fuegos, los guaraníes deben recular, entablando una lucha cuerpo a cuerpo. Acto seguido, incendian Itapirú antes de que fuese tomada por los aliados.

Una vez producido el primer avance significativo en Paraguay de los aliados, llegará el momento (2 de mayo) de la conocida como batalla del estero Bellaco. El Bellaco, efectivamente, era o es un estero o terreno pantanoso, bastante profundo cuando menos entonces, que desembocaba en el río Paraguay a través de la laguna Piris, y que sólo podía atravesarse en algunos puntos. Solano López le ordena al ya coronel Díaz que tome 6.000 hombres dispuestos en cuatro columnas para caer sobre Venancio Flores, que estaba en dicho estero, aunque sin entrar en batalla abierta.

El día 2 de mayo, desde una altura de Paso Sidra, el oficial (no estoy seguro de que ya fuese coronel entonces) José María Bruguez comienza a cañonear a los uruguayos y, algún tiempo después, los paraguayos atacan. Luego los guaraníes pasan por Paso Piris y embisten a la infantería brasileña. La rapidez con la que los paraguayos cayeron sobre Flores les permitió sobrepasarlo con facilidad y caer sobre los argentinos, que estaban en el ala derecha de los aliados, con gran efectividad.

Puede parecer una victoria de los paraguayos; pero, siéndolo, no lo fue tanto. La orden era realizar un reconocimiento con eventuales hostigamientos, pero no plantear la batalla que se produzco, que llegó a los enfrentamientos cuerpo a cuerpo. Más aún, Díaz, viéndose ganador y un tanto emborrachado de victoria, salió en persecución de los enemigos huidos, lo que le provocó serios problemas cuando éstos se vieron asistidos por tropas del propio Osorio y el general uruguayo Victorino Monteiro. De hecho, los aliados, una vez reforzados con seis batallones más, tratan de rodear a los paraguayos, lo que da comienzo a una nueva batalla. En Paso Piris son rechazados, pero en Paso Sidra casi lo consiguen.

Es en esta acción donde se produce uno de los hechos épicos guardados en camafeo por el patriotismo paraguayo, cual es la defensa a ultranza de la bandera por parte del cabo José Dolores Molas, caído del caballo con ella, y que se defendió a lanzazos hasta que pudo subirse a la grupa del equino de un compañero.

Veintidós días después de la batalla de estero Bellaco, se producirá la acción probablemente más importante de esta guerra, que conocemos como la batalla de Tuyutí.

El Paraná es un río con muchas zonas pantanosas, y en una de ellas, rodeada de esteros, surge una especie de isla de tierra firme llamada Tuyutí. Este punto de Tuyutí fue ocupado por los aliados, mientras que Solano López había sentado campamento en Paso Pucú, observando a los aliados desde Paso Sidra. El 9 de mayo, cuando los paraguayos están enterrando a los muertos de estero Bellaco, son cañoneados por la artillería brasileña, y el 10 hay otra refriega. El 17 los paraguayos, bastante expertos en maniobras de distracción, logran soltar de noche en el campamento aliado una yegua chúcara con una pelota de cuero atada a la cola. La yegua, encabronada por el cuerpo extraño del que no se puede deshacer, piafa y cocea en todas las direcciones, generando la sensación, en la noche, de un ataque más nutrido, que hace que los aliados disparen en todas las direcciones, fundamentalmente a las estrellas.

El 18 de mayo, una reunión de Estado Mayor de los aliados demuestra que no tienen muy claras las acciones a llevar a cabo. Tamandaré es de la opinión de atacar Curupayty. Sin embargo, prevalece la opinión de avanzar de frente, contra las mejores posiciones paraguayas. El 20 de mayo, comienza el avance en tres columnas. Flores, en la vanguardia, se dirige a Paso Sidra, por donde penetran tres batallones brasileños. La caballería argentina entra por Paso Carreta, y el resto de las fuerzas por Paso Piris. Conscientes de que este avance puede embolsarlos, los paraguayos se retiran. Los aliados se detienen en Tuyutí, donde acampan. La superioridad de medios de los aliados (40.000 efectivos) convence a los paraguayos de que lo mejor es jugársela a una batalla sorpresa.

El plan de López es realizar cuatro ataques simultáneos por los cuatro puntos cardinales de la posición de Tuyutí. La madrugada del 24 de mayo, los paraguayos toman posiciones, a la espera de la señal, que ha de ser un cohete. Este cohete será disparado por el coronel Vicente Barrios en el momento en que llegue a Potrero Piris, esto es en la retaguardia de los aliados; mientras que Bruguez es quien asume el ataque frontal. Barrios, sin embargo, avanzó con mucha menos celeridad de la esperada, por lo que el cohete, en lugar de a la madrugada, fue disparado ya a mediodía, limitando mucho el efecto sorpresa, necesario para la victoria de los paraguayos. El ataque se produce, pero los aliados ya están avisados y hacen un montón de bajas a los guaraníes.

El momento crítico de la batalla, esto es cuando Barrios iba a caer contra la retaguardia, no se produjo, y esto dejó aislado al coronel Díaz, a pesar de que había conseguido diezmar a los brasileños. Otro factor desgraciado para los paraguayos fue la desorientación y el error del general Francisco Isidoro Resquín, quien tenía órdenes de cargar contra los argentinos y penetrar hasta juntarse con Barrios en la retaguardia; sin embargo, se confundió al orientarse y acabó frente a la infantería y artillería aliadas.

Es muy difícil, para un lector u observador actual, entender el carácter profundamente cruento de la batalla de Tuyutí. Duró cinco horas y en ese tiempo, a pesar de carecer entonces los ejércitos de esa cosa que hoy llamamos armas de destrucción masiva, causó una cifra de muertos que se ha llegado a cifrar en 15.000; una increíble tasa, para la época, de 50 muertos por minuto. Una mortandad excesiva para un ejército como el paraguayo, que en Tuyutí perdió toda posibilidad racional de ganar la guerra de la Triple Alianza. Si la guerra, de hecho, se prolongó, fue sólo, hay que decir las cosas como son, por la estupidez de Mitre. Si el comandante en jefe aliado hubiera sido más consciente, o hubiera valorado adecuadamente los daños infligidos a los paraguayos, habría ordenado a sus tropas avanzar con inmediatez, cosa que no hizo, con lo que uno de los objetivos de Solano, que era inmovilizar a sus enemigos, se cumplió; pero no fue éste un penalty que parasen los paraguayos sino, como otros tantos, lo falló Mitre.

Mitre, de hecho, se negó a abandonar Tuyutí hasta que llegasen los 12.000 hombres del marqués de Souza, el segundo ejército brasileño, que estaba entrando en Paraguay entonces por la frontera con su país; y, aun cuando llegaron, pretextó que todavía tenían que llegar más refuerzos. Quedarse quieto, sin embargo, fue un error estratégico importante, pues la zona era pantanosa y no muy salubre, lo cual quiere decir que primero enfermó y murió el ganado, y después comenzaron a llegar a los humanos la disentería, el cólera y  la viruela.

López, mientras tanto, se dedicó a reorganizar su ejército desde Paso Pucú y a crear diversas maniobras de distracción en el río, que mantuvieron ocupada a la escuadra brasileña. De hecho, consiguió rearmar sus tropas, pero aun así corría el peligro de ser flanqueado por los aliados, puesto que su línea de trincheras estaba incompleta. En estas circunstancias, el comandante en jefe paraguayo decidió atraer a los aliados hacia Potrero de Sauce. De esta manera, tenía que construir dos trincheras muy cerca de donde se encontraba el enemigo, calculando que si éste trataba de tomarlas, estaría a tiro de la artillería situada en Potrero de Sauce. Los paraguayos realizan una serie de ataques en el flanco derecho aliado con la intención de evitar que se percate de las labores de construcción de las trincheras. Finalmente, lograron terminarlas: una en el lugar denominado Isla Carapá, y la otra en la Isla Ñaró.

Una de estas trincheras estaba prácticamente a tiro de lapo de las tropas mandadas por el general Osorio, y un síntoma claro del ambiente de camaradería y unión que se respiraba en el bando aliado es que este militar, habiendo recibido ya la licencia para abandonar la guerra a causa de sus desacuerdos con la estrategia seguida, fue intimado por Mitre, como comandante en jefe, para que tomase la trinchera; a lo que el militar contestó, fríamente, que lo hiciese su sustituto, el mariscal Polydoro da Fonseca Quintanilla Jordao. Mitre, entonces, se dirigió a Fonseca, pero éste también se negó a moverse, con plena lógica, pues no conocía todavía ni el terreno ni las circunstancias de su mando.

En la tarde del 15 de julio de 1866, finalmente, los aliados disponen que las trincheras sean atacadas en la madrugada siguiente. Unos 3.000 brasileños, al mando del general Guillermo Xavier Sousa, se colocaron lo más cerca posible de Isla Ñaró, mientras que otras tropas al mando de Mena Barreto tomaban Potrero Piris para evitar una maniobra paraguaya de flanqueo. Se produce un bombardeo intenso y, a las cinco de la mañana, atacan los brasileños. En la trinchera hay unos pocos paraguayos al mando del coronel Elizardo Aquino, quienes, según lo previsto, se retiran para tratar de llevar a los brasileños al paso angosto que está ya dentro del espacio de fuego de la artillería. Sin embargo, los brasileños se quedan en la trinchera, y piden refuerzos. Por tres veces, los paraguayos atacan buscando ser perseguidos, pero no lo consiguen.

A las nueve y media de la mañana, la batalla parece haber terminado sin que los paraguayos hayan conseguido algo. Sousa es remplazado por el general Alejandro Gómez de Argollo Ferrao. A las dos de la tarde, sin embargo, los paraguayos, al mando del general Díaz, reanudan los ataques. Pero los brasileños no se mueven y esperan la llegada del general Emilio Conesa con cuatro batallones. A las cuatro de la tarde, los paraguayos aceptan el combate cuerpo a cuerpo, tratando de provocar a los aliados. Pero no lo consiguen, y en la acción se producen 4.000 bajas, repartidas por la mitad, más o menos, entre los dos bandos.

El día 18, ambas partes comenzaron a bombardearse con saña. Finalmente, en el bando aliado se aprecian claros movimientos de ataque y, finalmente, Venancio Flores ordena al general Carneiro Montero que avance hacia las posiciones paraguayas. Éstos se retiran hacia el paso estrecho y, finalmente, los brasileños entran en él, siendo masacrados por la artillería.

En Isla Ñaró han quedado dos brigadas argentinas al mano del coronel Cesáreo Domínguez. Domínguez recibe la orden de reconocer la selva y, en la labor, se encuentra con los paraguayos. Éstos, sin rehuir el combate, retroceden para atraerlos hasta el paso. En ese momento llega el coronel León Pallejas, que se mete de hoz y coz en la boca del lobo; los aliados caen bajo las bombas. Por tres veces entraron en el paso las tropas aliadas, siendo diezmadas; la tercera, totalmente prescindible, se produjo sobre las tropas al mando del coronel Luis María Agüero, quien dirigió un ataque imposible por orden de Venancio Flores, herido en su orgullo y que no quería ser derrotado (aunque, como otros muchos en esa circunstancia, enviaba a otros a sacrificarse por ese honor suyo tan mancillado).

La acción tuvo el efecto de galvanizar a los paraguayos, con la moral muy baja tras Tuyutí; y ejerció el efecto exactamente contrario en los aliados, que ya se creían vencedores de la guerra.


Cuatro meses después de haber entrado en el Paraguay, las fuerzas aliadas seguían empantanadas en el estero Bellaco, y sin poder avanzar. Según Mitre el problema era la falta de elementos de transporte; pero resulta difícil saber si callaba lo que sabía o realmente era tan estúpido como para no percatarse de que había problemas más profundos; y el más abisal de todos, la creciente desconfianza de los brasileños hacia el mando argentino. Tamandaré, de hecho, le propuso a Porto Alegre continuar la campaña sólo con tropas brasileñas, siguiendo la ribera del Paraná. El 18 de agosto de 1866, en una reunión de Estado Mayor en Tuyutí, ambos mandos presentaron un frente tan sólido que Mitre tuvo que tragar. Los objetivos del avance eran Curuzú y Curupayty; objetivos ambos que Tamandaré, como siempre bocachancla, prometía tomar en dos horas.