miércoles, septiembre 03, 2014

Interludio veneciano

Me asomo un breve momento en la ventana recordando que, en los comentarios a mi reciente post sobre la Historia de Venecia hubo un corresponsal que, en los comentarios, solicitó algo de bibliografía. También asumía (indicio de que me conoce) que soy renuente a hacer esas cosas porque tengo la costumbre de alimentarme con referencias no muy fáciles de encontrar. Esa asunción me libera a mí de tener que dar explicaciones.

Hecha esta apreciación, con gusto informo a ése y cualquier otro lector que, ni opinión, el mejor libro que se puede leer sobre la Historia de Venecia es la Historia de la República de Venecia de León Galibert. La edición española de 1857, que es la que referencia Google Books y que yo, lamentablemente, no poseo, es una delicia. La edición francesa de diez años antes la venden a través de Amazon por 380 euritos de nada. El libro se ha reeditado en español hace unos cinco años, pero aun así no es barato (unos 50 napos). Tengo la impresión de que, por ese precio, hay que ser un poco friqui veneciano para que compense, a pesar de su indudable calidad.

Más allá, también es recomendable el libro de Carlos Diehl Una república de patricios: Venecia. Fue editado en 1943 e ignoro si hoy es difícil o no encontrarlo.

Si lees italiano (no es mi caso), siempre tienes la oportunidad, para conocer los mejores tiempos de Venecia, de buscar en la red algún recurso digitalizado de la monumental Historia de Italia de Francesco Giuciardini. En español se hicieron ediciones, pero tengo por mí que son difíciles de encontrar. Es rarísimo encontrar incluso artículos breves sobre Venecia que no lo citen.

Algo dice sobre Venecia, muy poco, la excelentérrima obra de Auguste Bailly, Bizance. Yo tengo una edición de 1948, en francés (París, Librerie Arthème Fayard); por lo que veo en Uniliber, nunca se ha publicado una traducción al español de la obra. La verdad, recomendar aquí este libro no pega mucho; pero es tan bueno que quien me haga caso y lo lea no me lo va a reprochar.

Que se dé bien.