lunes, febrero 27, 2012

9 razones por las que España no es Irlanda

Las ideologías en general, y las nacionalistas muy en particular, viven de mantras. Mantras más o menos eficientes a la hora de tocar la sensibilidad del personal. Uno de los mantras de al menos dos nacionalismos existentes en España, el vasco y el gallego, es considerar que hay muchos puntos de conexión entre su situación y la de Irlanda respecto de Inglaterra. El centro de la identificación se basa en que es consistente con el argumento de que existe un conflicto. En España, como en Irlanda, hay un conflicto secular con las nacionalidades internas. Somos la Irlanda de España, decían los primeros nacionalistas gallegos modernos, como Vicetto, Chao o Murguía. Las referencias de los vascos al proceso histórico irlandés son comunes.Esto es algo que, además, por parte euskaldún se ha usado mucho en los últimos tiempos, dado que irlandeses son muchos de los asesores del denominado proceso de paz.

Es posible, y desde luego, deseable, que esos asesores logren sus objetivos finales. Pero eso no es óbice para considerar la cuestión de si hay una Irlanda en España. Y, la verdad, esa afirmación, desde el punto de vista histórico, es una chorrada de tomo y lomo.

Son demasiadas las razones que explican por qué son ejemplos distintos. Hoy, aquí, nos ocupamos, tan sólo, de las más gruesas.

1.- Porque España nunca ha invadido el País Vasco o Galicia, ni se los ha anexionado

La Historia de la relación colonial entre Inglaterra e Irlanda comienza con una guerra y una victoria: la del conde Pembroke en 1170, año en que hace su entrada en Dublín, acto que inicia la dominación inglesa sobre la isla vecina.

Nunca las tropas hispanas, fuesen éstas astures, leonesas, castellanas o la Brigada Paracaidista, han penetrado en un ente político nacional llamado País Vasco o Galicia, con la conciencia de que fuera un sitio diferente que estaban invadiendo. Lejos de ello, las tierras de la actual comunidad autónoma gallega formaron parte bien pronto de las posesiones de la corona astur que guerreaba contra el moro. La tendencia centrífuga existió, ciertamente, y justifica, en parte, la invención del mito de Santiago y el comienzo del fenómeno jacobeo. Pero es éste un hecho que ocurre tan pronto en el tiempo que no cabe hablar de resistencia gallega contra el concepto de España. O, dicho de otra forma: la pulsión de no ser parte de la corona astur es anterior al sentimiento de pertenecer a una nación gallega.

En el caso de los vascos, el asunto está aún, si cabe, más claro. Se podría pensar, como de hecho formula una parte de la mitología vasca, que el pueblo vascón permaneció durante siglos y siglos totalmente aislado del resto del mundo, como consecuencia de su compleja orografía. Que los vascos, por lo tanto, no pasaron jamás del árbol Malato. Como decir, se puede decir; también se puede decir que George Clooney es la reencarnación del Papa Urbano II. Pero decirlo no lo convierte en verdad.

En primer lugar, las crónicas visigóticas están petadas de relatos de incursiones de los vascos mucho más allá del condado de Treviño. De hecho, varias de las veces que los vascones decidieron probar con sus razzias, llegaron a la altura de Zaragoza, por lo menos.

No son pocas las pruebas de que la integración de lo vasco en la España de la Alta Edad Media era intensa. La mayoría de los filólogos, por ejemplo, está de acuerdo en considerar que el monje de San Millán de la Cogolla, ése que, que sepamos, primero se expresó en español, era bilingüe entre ese primer idioma castellano y el euskera. Este hecho es bien patente si tenemos en cuenta que el vasquismo está ampliamente extendido a lo ancho y largo de toda España. Siendo la mayoría de los topónimos, en España y en cualquier otro lugar habitado por humanos, hidrónimos y orónimos (esto es, nombres que están señalando la presencia de algún accidente natural que identifica la población), el vasco tiene uno bien conocido: arantz, de donde arantza o Aránzazu, que significa espino. Los pueblos con espinos son relativamente abundantes en lo que hoy es el País Vasco; pero también bastante lejitos. Sin ir más lejos, en aquellos primeros tiempos de lo que luego fue España, sin AVE ni nada, aquellos vascos que por lo visto estaban solitos entre sus montañas, tratando de protegerse de una pretendida invasión española, llegaron hasta Arantzjuez, y allí dejaron su espinita clavada.

Todo eso sin olvidar a Munia, la esposa del astur rey Fruela, vasca por los cuatro costados, como bien nos recuerda en sus libros Sánchez Albornoz. Como vasco fue el refugio del futuro rey Alfonso el Casto, su hijo, durante los años duros.

En consecuencia, los españoles, ni siquiera cuando todavía no lo eran, tuvieron jamás la pulsión (más bien diría yo: la necesidad) de invadir a unos tipos que formaban parte de su tierra.

Esto no es así, ni modo, en el caso de Inglaterra e Irlanda. La oposición frontal irlandesa al Estado inglés data de conferencia de Munster, celebrada en los tiempos de la reina virgen Isabel I, en la cual los irlandeses se reafirmaron en su fe católica y le hicieron una higa a la reforma anglicana iniciada por Enrique VIII.

Ni vascos ni gallegos, por cierto, tienen figuras históricas que exhibir como la de Brian Boru, demostrativas de la existencia de una monarquía, un Estado, previa a la ocupación.

En fecha históricamente tan tardía como 1800, Gran Bretaña decreta la unión con Irlanda. A dicha fecha, la “unión” del País Vasco y Galicia “con” España no era cosa que se cuestionara.

2.- Porque nunca España ha reaccionado creando un enclave antivasco en el País Vasco o Galicia.

La afirmación anterior equivale a decir: porque nunca se ha producido, en el caso español, el hecho que es el cornerstone del problema irlandés o, más específicamente, norirlandés. El problema irlandés comienza, en efecto, ya durante las represiones ordenadas por Isabel I tras la conferencia de Munster, pues en Londres comienza a manejarse la posibilidad de crear enclaves protestantes artificiales dentro de Irlanda.

Los ejércitos ingleses que entraron en Irlanda en aquellos años llevaban la orden expresa de exterminar a los irlandeses entre el río Shannon y el mar, para sí dejar sitio para el establecimiento de colonos ingleses anglicanos. La Historia de España (y la de Galicia, y la del País Vasco) no registran una orden siquiera parecida.

En el siglo XVII, 200.000 hectáreas del Ulster habían sido repartidas ya a colonos protestantes en el Ulster. En dicho siglo, la política de Inglaterra de meter en Irlanda todo lo que fuese, siempre que profesase la fe protestante, llevó a radicar en la isla a lo peor de Europa. Tanto es así que se popularizó comentar de todo aquel que fuese un bandarra, un ladrón, un putero o un vago: “Acabará en Irlanda”.

3.- Porque la religión de España nunca ha sido antivasca ni antigallega.


En el siglo XVII, el arzobispo anglicano de Armagh, monseñor Usher, pronunció una famosa homilía en la que dijo: “La religión de los papistas es supersticiosa y herética; la tolerancia para con ellos es un grave pecado”. De esta forma, la dominación inglesa sobre los irlandeses adquirió los tintes de la justicia religiosa, basándose en el concepto de que el catolicismo era un cristianismo de baja calidad, propio de personas supersticiosas e incultas. Ciertamente, qué razón tenían los presbiterianos: como todo el mundo sabe, a las brujas de Salem se las apiolaron unos enviados del Papa, mientras los habitantes del pueblo, protestantes todos, trataban de impedirlo.

La Historia de España incluye el desarrollo de una institución importada para ejercitar la presión política y la limpieza étnica desde la religión: la Inquisición. Pero la Inquisición se cebó en judíos y moriscos, no, que se sepa, en vascos y gallegos por el hecho de serlo.

4.- Porque España nunca ha cometido el genocidio de las poblaciones vasca y gallega y nunca ha sido racista respecto de las mismas.


Los historiadores han estimado que, tras la rebelión irlandesa de 1641 y la consecuente entrada en el país de la armada inglesa, cinco sextas partes de la población adulta irlandesa en condiciones de luchar fue masacrada. Cinco sextas partes. Sic.

Ni vascos ni gallegos pueden exhibir algo que pálidamente se le parezca.

Tras la rebelión que acabamos de citar, el respeto de los ingleses por la condición humana de los irlandeses era tan profundo que centenares de hombres (sobre todo, curas católicos), mujeres y niños fueron vendidos como esclavos. Como todo el mundo sabe, las zafras en la Cuba española eran realizadas por gentes esclavizadas de Lequeitio y Guitiriz, milagrosamente liberadas por el ejército estadounidense tras la guerra del 98.

En 1847, Irlanda vive una devastadora plaga agrícola que mata sus patatas, que son la base de la alimentación de la población. En consecuencia, se declara una hambruna en la que fallecen 600.000 personas, a las que habría que añadir las 800.000 que huyen del hambre, casi todas a Estados Unidos. En la cámara de los Lores, discutiéndose la situación, se escuchó la siguiente intervención, que está en las actas: “Las patatas rojas y las algas, espolvoreadas con sal, proporcionan alimentación sana y nutritiva. Todos nosotros sabemos que los irlandeses pueden vivir de cualquier cosa, y que los prados están llenos de hierba, en el caso de que les falten las patatas”.

Sería interesante saber qué precedentes históricos existen en España de actos en los cuales gallegos o vascos hayan sido considerados, por decirlo en términos hitlerianos, Untermenschen, e igualados con los rumiantes.

De hecho, en la dinámica entre españolismo y vasquismo, si alguien ha sido racista es el segundo. Los libros y artículos de Sabino Arana están repletos de apelaciones racistas hacia la estupidez congénita y miseria personal de los no vascos. No existe una sola obra en el, por así decirlo, bando españolista, que hoy se pueda considerar tan respetada como la de Arana y que diga cosas así de los vascos.

5.- Porque España nunca ha decretado leyes específicamente antivascas ni antigallegas.

… como sí hicieron los ingleses en Irlanda.

A partir de la segunda mitad del siglo XVII, los irlandeses no podían entrar en la marina, ni en el ejército. No podían ser jueces ni funcionarios judiciales. Se les prohibió poseer caballos con un valor superior a cinco libras lo cual, en la práctica, los condenaba a realizar buena parte de las roturaciones de sus campos a brazo, y moverse apenas. Aquel católico que fuese encontrado con una espada en la mano era ahorcado.

La autorización legal para que un irlandés pudiese heredar se aprobó en 1778. Lo cual quiere decir que los irlandeses tuvieron que esperar 600 años para poder disfrutar de dicho derecho. La libertad de enseñanza de la religión católica data de 1782.

Hace bien pocas décadas, en Irlanda estuvo vigente la Special Powers Act, que permitía el arresto sin orden judicial, legalizaba los castigos corporales y la detención sin juicio, así como la censura de prensa (a los lectores que tengan la tentación de hacer un símil entre la SPA y la legislación antiterrorista española, les recomendaría que volviesen a leer la frase escrita). La ley prohibía, asimismo, que los irlandeses pudiesen siquiera poseer los libros, discos, etc., que los ingleses considerasen subversivos (cosa que también se ha hecho en España aunque, lamentablemente para los nacionalistas, el objetivo de esta medida ha sido siempre el conjunto de la población).

6.- Porque España ni ha celebrado, ni celebra, victoria militar alguna sobre vascos o gallegos.

Los vascos españolistas celebrarán, supongo yo, el 12 de octubre, día que conmemora la llegada de Colón a las cosas de La Española. Como los gallegos españolistas y como los extremeños españolistas. Pero los irlandeses britanistas no celebraban el día de la Reina ni pollas en vinagre. Celebraban el 1 de julio  de 1690, es decir la batalla de Boyne en la que Guillermo de Orange (por eso los irlandeses protestantes radicales se llaman orangistas) derrotó a Jacobo II, quien pretendía gobernar Inglaterra otorgando derechos a los irlandeses y, probablemente, derogando las nefandas Acts of Settlement en virtud de las cuales los protestantes se establecían en Irlanda, la hacían suya y comenzaban a tratar a los naturales del país como extraños.

La única victoria que se puede considerar realizada de España sobre el País Vasco es la de la guerra carlista prima. Pero, primero, no fue una victoria propiamente dicha. Y, segundo, la guerra carlista es una guerra civil en la que, pese a estar el asunto vasco y navarro en su mismo centro y ser su motor, se ventilaron otras cosas. Las guerras entre Irlanda e Inglaterra, la sublevación de 1641, la de 1796 de la Liga de los Irlandeses Unidos, o la de 1798 de los Yeomanry, jamás se han mezclado con nada.

Y, en todo caso, España no celebra a día de hoy, ni lo ha hecho nunca, las victorias cristinas en la guerra carlista paseando tamborileros por la calle y afirmando que aquel día los sucios vascos mordieron el polvo.

7.- Porque España nunca ha permitido, menos fomentado, la creación de armadas paramilitares españolistas en País Vasco o Galicia.

En 1913, cuando Inglaterra está a punto de doblar por primera vez la cerviz en el tema irlandés y aprobar su Home Rule o autogobierno, el abogado protestante Edward Carson y el capitán James Craig, éste último veterano de la guerra de los boers, crean la Ulster Volunteer Force, UVF, con 80.000 hombres al mando de un general llamado George Richardson.

Ya en el siglo XX, en Irlanda se crearon tres policías auxiliares, denominadas la A, la B y la C. Los primeros estaban disponibles para actuar en el acto, los segundos podían ser convocados y los terceros tenían funciones administrativas. Los cuerpos A y C fueron pronto disueltos, pero los B Especiales existieron durante dos décadas.

Los B especiales tienen una larga historia de asesinatos, robos, abusos, violaciones, etc., en la persona de católicos irlandeses. En el verano de 1969, los B Especiales se ganaron, finalmente, su disolución; pero no fue después de nueve muertos y 300 heridos tras una razzia en los barrios católicos de Belfast.

8.- Porque España nunca ha planificado la miseria económica del País Vasco o de Galicia.


Tras firmar, a regañadientes, la partición entre sí misma e Irlanda (aunque conservando Irlanda del Norte), Inglaterra suspendió sus inversiones en la isla vecina (que vendía el 80% de sus mercancías a Inglaterra) y le impuso el pago de cinco millones de libras anuales en concepto de indemnizaciones por los daños producidos en las distintas insurrecciones. Cabe recordar, además, que permaneció impasible durante la hambruna de mediados del XIX, deteriorando con ello la posición económica irlandesa y obligando a sus habitantes a una emigración masiva (que era, muy probablemente, lo que estaba buscando Londres).

Los historiadores no han encontrado, a día de hoy, trazas de estrategia alguna diseñada en Madrid para labrar la pobreza de Galicia, País Vasco o Cataluña. Lejos de ello, España adoptó durante casi un siglo las prácticas proteccionistas que demandaba la industria catalana y vasca, y que arruinaron al sector lanero castellano; bloqueó, en 1919, cuando por la riqueza de la neutralidad en la guerra mundial estaba en las mejores condiciones para hacerlo, la modernización de su sistema fiscal porque esas mismas empresas no querían pagar tanto; y ha otorgado a los territorios forales unas condiciones fiscales realmente privilegiadas.

9.- Por la propia naturaleza del foralismo.


En el caso de los vascos, su nacionalismo siempre ha sido, históricamente hablando, foralista. Esto es, se ha basado en reivindicar la conservación de unos fueros, es decir unos derechos propios, privilegiados.

Pero el foralismo repele el independentismo. Un fuero es un derecho otorgado, y sólo otorgan derechos quienes tienen poder sobre un territorio; los reyes, normalmente. Si alguien reclama sus fueros, automáticamente está admitiendo la autoridad de quien los otorga.

Esto lo saben bien los irlandeses, que jamás han reclamado de los ingleses la devolución de fuero alguno sino, simple y llanamente, que se fuesen a tomar por culo. El Home Rule, la autodeterminación irlandesa, no era sino un paso para la independencia, como siempre dejaron claro sus impulsores.