miércoles, junio 29, 2011

El siglo (versión Tiburcio)

Lo prometido es deuda. Aquí tenéis la versión de Tiburcio Samsa sobre lo que pasará en el resto de este siglo.

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Tarde o temprano todo aficionado a la Historia cae en la tentación de jugar al adivino y hoy aprovecho para hacer lo propio la excusa de una pregunta que le hicieron a JdJ en su blog sobre si pensaba que habría una guerra entre EEUU y China.

Mi idea de lo que nos espera en las próximas nueve décadas se basa bastante en las observaciones de Ian Morris en su libro “Why the West rules-for now”. No pretendo ser original, sólo pretendo ser acertado en mis predicciones. Al menos algo más que el Presidente del Gobierno cuando dijo en 2008 que a España apenas le afectaría la crisis y sería de los primeros países que saldría de ella.

La Historia de la Humanidad ha sido una carrera continua entre los problemas y los avances. Descubríamos la agricultura y al momento nos encontrábamos con el problema de cómo guardar los excedentes. Descubríamos la cerámica para guardarlos y ahora el problema era qué hacer como el crecimiento demográfico provocado por una alimentación más abundante. Inventábamos la irrigación para explotar nuevos terrenos de cultivo y nos encontrábamos con que hacían falta especialistas y la sociedad igualitaria y matriarcal original se iba al carajo… Cuando nuestra capacidad inventiva ha ido más rápida que los problemas, hemos ido para arriba. Cuando los problemas se han multiplicado más rápido que nuestro ingenio, nos hemos ido a la eme.

En torno al siglo I d.C. el Imperio Romano en Occidente y el Imperio Han en China alcanzaron una cima de desarrollo social y luego vino el marasmo. Hacia el siglo XII el Imperio Song en China y la Europa cristiana en el siglo XIV recuperaron las cotas alcanzadas antes por romanos y han y zozobraron poco después.

Estas experiencias parecen mostrar que hay un techo de desarrollo social cuando una sociedad está basada en la agricultura y no conoce más fuentes de energía que la muscular del hombre y los animales. Si en el siglo XVIII, después de tres siglos de progreso, no volvimos a colapsar fue porque tuvimos la Revolución Industrial. La Revolución Industrial, con su empleo de nuevas fuentes de energía (el carbón primero y luego el petróleo) y sus avances tecnológicos, nos permitió romper ese techo de desarrollo social.

Mi opinión es que hemos llegado al límite de las potencialidades de la Revolución Industrial que empezó en el XVIII y de la revolución científica que la acompañó. Nos hemos encontrado con otro techo. Los problemas generados por nuestro progreso en los últimos 250 años han empezado a correr más deprisa que nuestro ingenio.

Algunos de los problemas, que se están haciendo cada vez más acuciantes y para los que no parece que seamos capaces de encontrar una respuesta con las herramientas que pusieron a nuestra disposición la Revolución Industrial y la revolución científica, son:

- La superpoblación: La combinación de alimentos abundantes (que puede que esté a punto de acabarse) y desarrollo de nuevas técnicas agrícolas ha permitido que la Humanidad se cuadruplique en 200 años. Ha llegado el momento de preguntarse si el planeta está preparado para albergar a tanta gente. Hasta ahora los avances tecnológicos han ido permitiendo que el ritmo de producción de alimentos fuese más rápido que el crecimiento de la población. No está claro si esta tendencia se va a mantener. De hecho la perspectiva a medio plazo es que nuestra capacidad para producir alimentos disminuya por los siguientes hechos: el cambio climático está afectando a las cosechas; la contaminación y la sobreexplotación están poniendo en peligro los recursos pesqueros; el desarrollo urbanístico se está comiendo algunas de las mejores tierras de cultivo; la producción de biocombustibles está compitiendo con la producción de alimentos.

- La contaminación y el cambio climático: La contaminación empezó el día que el primer ser humano tiró por la ventana los restos de una vasija que se le había roto. Cuando éramos pocos y estábamos poco avanzados, que fuésemos guarros tenía poca importancia. Ahora, ya no. Nuestra capacidad para contaminar ha crecido mucho más deprisa que nuestra tecnología para limpiar lo que hemos contaminado, nuestra sabiduría para saber que el crecimiento económico a corto plazo no compensa el desastre ecológico a largo plazo y nuestro conocimiento sobre los efectos de nuestras acciones sobre el clima. Parece que los expertos ya dan por descontado que para 2100 las temperaturas habrán aumentado dos grados. Pero hay tanto que ignoramos sobre el funcionamiento del clima que no sabemos si esos dos grados de incremento tendrán un efecto malo, muy malo o catastrófico.

- La globalización: El resurgir de los nacionalismos, el fracaso del multiculturalismo, la pérdida de diversidad cultural, la anomia social, hacen pensar que el ser humano tiene problemas para adaptarse a una situación caracterizada por: sociedades masificadas y con cambio social muy rápido, en las que además convergen elementos culturales de distintas procedencias y se producen movimientos masivos y rápidos de poblaciones. En un lado tenemos al progre de buen rollito y tolerancia con todas las culturas y en el otro al fundamentalista saudí que no quiere saber nada de otras culturas. Ambos son reacciones extremas ante un problema: ¿qué hacemos cuando las sociedades se convierten en lugares de encuentro de distintas etnias y culturas a un ritmo más rápido del que pueden absorber? ¿qué normas pueden darse en una sociedad así? ¿hay que forzar la integración o hay que dejar que se formen guetos de minorías étnicas? si se opta por lo primero, ¿es posible realmente esa integración forzada?

Para colmo, estamos tocando techo en un momento de cambio geopolítico. Los momentos de cambios geopolíticos son muy peligrosos, porque cambian los actores y las reglas del juego y es muy fácil que ocurran accidentes (guerras). Si consideramos los momentos geopolíticos por los que hemos pasado desde 1900, tenemos:

1.- 1900-1918: El Imperio Británico estaba desinflándose y varias potencias iban recortando posiciones (EEUU, Alemania, Rusia y Japón). Las tensiones causadas por la pugna entre los que querían mejorar su lugar bajo el sol y los que querían mantener su posición (Imperio Británico y Francia) acabaron desembocando en la I Guerra Mundial.

2.- 1918-1945: Versalles cerró en falso la herida de la I Guerra Mundial y no dio paso a un sistema geopolítico estable. Estaban las potencias en declive que querían mantener el status quo, pero carecían de fuerza para ello (Imperio Británico y Francia), una potencia ascendente, que se negaba a jugar el papel global que le correspondía (EEUU) y cuatro potencias descontentas con el resultado de la I Guerra Mundial que querían que les dieran lo suyo (Alemania, Japón, Italia y la URSS). La URSS además introdujo un elemento ideológico en las relaciones interancionales, que no había existido desde la época de la Revolución Francesa.

3.- 1945-1989: El sistema bipolar que surgió de la II Guerra Mundial trajo la etapa más estable y predecible que hemos tenido en las relaciones internacionales en los últimos 110 años. Cierto que siempre estuvo la amenaza de una guerra nuclear entre las dos superpotencias, pero la gente no era consciente de que el sistema funcionaba de tal manera que dicha guerra hubiera sido muy difícil. EEUU y la URSS sabían que no era en su interés echarle un órdago nuclear al otro.

4.- 1989-…: No sé cómo calificar el sistema geopolítico actual. El final de la Guerra Fría parecía que había generado un sistema monopolar, que yo llamo Blancanieves (EEUU) y los siete enanitos (China, Japón, la UE, Rusia, India, Brasil y el resto). El poderío norteamericano parecía tan abrumador que parecía que se mantendría durante décadas sin nadie que le hiciese sombra. Bush II sólo necesitó ocho años de mandato para echar por tierra la mayor parte de las bazas de las que disponía EEUU: con su chulería y prepotencia, dañó una de las grandes bazas de EEUU, la “soft diplomacy” y su capacidad persuasiva; su insistencia en el neoliberalismo con su mantra de privatizaciones y desregulación condujo a una crisis que algún día nos daremos cuenta que ha dejado pequeña a la Gran Depresión (quienes piensan que la crisis que empezó en 2007 se ha terminado o está a punto de hacerlo, son los mismos que responden llenos de entusiasmo a las ofertas que les llegan por internet de banqueros nigerianos); endeudó al país hasta las cejas y lo dejó empantanado en dos guerras inganables. Me pregunto si el EEUU de 2011 no será un poco como la España de Felipe III, un país que por fuera parecía imbatible y por dentro estaba todo carcomido.

Es posible que EEUU sea ahora como el Imperio Británico cuando murió la Reina Victoria (1901): la potencia dominante, que estaba empezando a perder delantera.

China es la gran competidora de EEUU, pero China es consciente de sus debilidades: gravísimos problemas medioambientales; riesgo de problemas sociales; retraso tecnológico con respecto a EEUU; carencia de una “soft diplomacy”. En la actualidad y durante muchos más años, China sólo pedirá que se la trate con un respeto acorde con su poderío. Sabe que no está en condiciones y que sería muy peligroso que intentase reemplazar a EEUU por las bravas.

No habrá guerra entre los dos. No sólo porque China sabe que la perdería, sino porque ambos saben que sería tan costosa, que tampoco le serviría de mucho a EEUU el ganarla. Económicamente se harán todas las zancadillas que puedan. China sigue necesitando el mercado norteamericano y EEUU sigue necesitando el dinero chino. Siendo así las cosas, la ventaja en la guerra económica a largo plazo está del lado de los chinos.

Pero reducir la previsión para los próximos años a un mero problema geopolítico es un error. En los próximos años vamos a tener que enfrentar tantísimos problemas, que afortunados son aquéllos a los que lo único que les quita el sueño es la posibilidad de una guerra entre EEUU y China.