martes, enero 18, 2011

Mano negra, Mano Blanca (6)

Poco tiempo después de la muerte de Charleston Eddie McFarland, Giovanni Desso murió a causa de una ensalada de disparos que recibió entre la tercera y 21. Desso no era un asesino, ni siquiera un soldado de la Mano Negra. En realidad, no era nadie.

La muerte de Desso había empezado a fraguarse el 18 de junio de 1921, en una reunión de la cúpula de la Mano Blanca para diseñar un nuevo atentado contra sus enemigos. Poco tiempo antes, Frankie Yale había adquirido un café llamado Sunrise, situado entre la 14 y la 65. El nuevo negocio del italiano era una especie de provocación, puesto que estaba a un tiro de piedra de dos bares ilegales de los irlandeses. Como Yale no podía llevar el negocio él solo, pensó en Anthony Desso. Desso trabajaba en el Adonis de Fury Argolia, donde primero fue portero y luego camarero y era el hombre ideal para levar el negocio. Argolia no le podía negar el traspaso.

Los irlandeses decidieron matar a Tony Desso por esa razón. Encargaron su vigilancia a Edward «The Fart» O'Toole. El Pedo se había ganado ese sobrenombre a causa de su afición desmedida hacia las baked beans, que consumía a todas horas del día (hecho éste inexplicable para el autor de estas notas), y que por ello le producían una repugnante flatulencia casi continua. O'Toole vigiló y marcó a su objetivo, proceso en el que aprendió que todos los domingos visitaba a su hermano Giovanni en el muelle 21, donde trabajaba. Lovett encargó a Pug McCarthy y Needles Ferry el asesinato del gerente del Sunrise. Los dos asesinos, sin embargo, se equivocaron al realizar la acción, y mataron al hermano, cuya única experiencia mafiosa había sido dar un par de manos de hostias a estibadores del muelle que se habían retrasado al devolver los préstamos de la organización.

A las ocho de la noche del día siguiente al asesinato, Giuseppe Balsamo, su número dos Vincenzo Mangano y su asesino preferido, Silk Stocking Gistra, se personaron en el café Sunrise de Yale. Frankie fue directo al tema: quería devolver el golpe, y quería, además, contratar los servicios de los hombres de Balsamo, para ello. Para los mafiosos de Little Italy, ésta era una oportunidad de oro, y no la rechazaron. Aceptaron sin pestañear la petición de Yale de recibir en préstamo a Pietro «Shotgun» Mormillo, Dominick «The Gee» Mormillo y «Bloddy Nino» Mormillo. Los tres hermanos Mormillo eran unos especialistas en camuflarse y disfrazarse para cometer sus acciones.

El domingo, 26 de junio de 1921, a la 1,30 de la tarde, Augie The Wop Pisano recogió a los hermanos Mormillo en la esquina entre la Cuarta y Sackett Street. En un Buick Sedan negro de 1920 (el coche mafioso por excelencia), se dirigieron a Union Street y se pararon frente al mercado de pescado de San Antonio. El mercado estaba cerrado, pero en una de las tiendas les esperaba su dueño, Antonio Fugetta. En la pescadería de Fugetta recogieron la artillería que les hacía falta. Luego Pisano condujo hacia Furman Street.

Una hora antes, Nick Glass Eye Pelicano había telefoneado desde su puesto de vigilancia informando de que Pug McCarthy y Irish Eyes Duggan estaban en el Salón McGuire's, en Furnam. El Buick llegó, y esperó. Hasta que los dos irlandeses salieron y tomaron su propio coche, un Ford Coupe. La calle Furnam era estrecha pero de dos direcciones, y terminaba en los muelles. Para ir hacia Brooklyn, los irlandeses deberían conducir hacia los muelles y una vez allí dar media vuelta por la misma calle. Los italianos los bloquearon allí. Para cuando el Buick se cruzó, los Mormillo habían saltado ya al piso. Escupieron una lluvia de balas sobre el Ford, como dicen los médicos, incompatible con la vida. Luego, entre todos, empujaron al agua el coche con sus muertos dentro.

Habían pasado 11 meses desde que la guerra comenzase. Desde entonces, los italianos habían perdido cuatro miembros, y los irlandeses nueve. Pero, extrañamente, pasaron ocho meses sin represalia alguna. Muchos pensaron que se había producido un alto el fuego.

Lo cual no era verdad. Wild Bill esperaba el momento de su gran golpe.

El líder de la Mano Blanca quería precisamente que los italianos creyesen que se había producido un alto el fuego tácito. De hecho, es lo que Fankie Yale se había permitido pensar en la cena del 7 de febrero de 1922, martes. Yale tomaba en su Sunrise un buen filete en compañía de dos de sus soldados del sector de Bay Ridge: Gino Ballati y Miguel Dimesico. En los últimos tiempos, Ballati y Dimesico se habían consolidado como guardaespaldas del jefe, completando el equipo del que ya formaban parte Augie Pisano y Frenchy Carlino como conductor. Aquella tarde, sin embargo, Yale sólo tenía a la mitad del equipo porque tenía proyectado estar en un lugar bien protegido. Tenía la intención de visitar a Joe «The Boss» Masseria, el jefe de la mafia de Lower Manhattan, y que ese día celebraba en una fiesta en Duane Street, a la que había invitado a Frankie. Hacía poco tiempo, de hecho, que Masseria había sucedido a Inazio Sietta, conocido como «Lupo the Wolf», que había quedado impedido tras un accidente.

Los tres italianos subieron al Cadillac de Yale. Dimesico tomó el volante. Cruzaron el puente de Brooklyn hacia Manhattan. En la curva de Park Row, Dimesico dio un respingo al volante y señaló a Yale a un tipo en la calle. ¡Era Wild Bill Lovett! Los guardaespaldas miraron al jefe en procura de instrucciones. Pero Yale hizo un rictus de desprecio con la boca y ordenó seguir hasta la fiesta. Si era Lovett (que lo era), poco podía hacer en territorio de Masseria.

Aparcaron el Cadillac unos metros más allá, en el aparcamiento de Duane Street. Salieron del coche y se dirigieron lentamente, entre los coches, hacia el baile.

En la puerta del local les recibió una lluvia de balas del 38.

Dos de los proyectiles se quedaron a vivir en el cuero cabelludo de Dimesico. Los 130 kilos de matón se fueron contra la pared, chocaron con ella, y cayeron al suelo como el peso muerto que ya eran.

Ballati y Yale se tiraron al suelo. El guardaespaldas trató de ganar un mobiliario urbano de piedra tras del cual protegerse, pero en el movimiento se llevó una bala en el hombro. Fríamente, sin embargo, el experimentado soldado de la mafia había sido capaz de localizar la ventana en el segundo piso de un edificio de enfrente desde donde se producían los disparos. Pero no podía contestar. El balazo le había dejado inútil para la lucha. Yale, por su parte, estaba pegado al suelo, ofreciendo un blanco lo más difícil posible, sin mover ni un pelo del culo. Esperó interminables segundos, creyendo que los hombres de Masseria, oyendo los disparos, saldrían a la calle en tropel. Pero no contaba con que el baile ya había comenzado. De hecho, dentro de la sala había tal follón que nadie, absolutamente nadie, había oído los disparos.

Cuando se dio cuenta de ello, Frankie Yale se dio cuenta de que tenía que ganar la puerta del salón de baile, o era hombre muerto. Así que preparó el movimiento y, finalmente, saltó lo más ágilmente que pudo hacia la puerta. Cuando agarró el pomo, sintió la primera bala chocar contra la madera de la puerta, a unos centímetros de su cabeza. La segunda le dolió bastante más cuando, viajando desde su espalda, se alojó en su pulmón derecho.

Cuatro médicos intervinieron a Yale durante cuatro horas en el Gouvernour Hospital.

La policía hizo pleno en sus sospechas. Detuvo a Garry Barry y Joey Bean, que de hecho eran quienes dispararon desde el segundo piso; a Pegleg Lonergan, que era el marcador que había vigilado la llegada de los italianos. Y a Wild Bill, que había ordenado la operación y que si estaba por las cercanías era para asegurarse que el trabajo se hacía. Pero cuando los policías llevaron al hospital a los cuatro irlandeses, Yale se mostró indignado y les preguntó cómo se atrevían a traer a su amigo Lovett en calidad de sospechoso.

El 1 de marzo, Yale abandonó el hospital, no sin entregar cien dólares a cada uno de los cirujanos que le habían operado y veinte a cada una de sus enfermeras. Aunque los hechos tienen un pálido paralelismo con los sucesos contados en The Godfather es, como digo, pálido. Yale nunca estuvo en peligro de ser rematado en el hospital por los irlandeses. La policía temía esa posibilidad, y se ocupó de no permitirlo. Se pongan Mario Puzo y Coppola decubito prono o decubito supino, lo cierto es que no hay policía en el mundo, al menos de un país democrático, que pueda soportar el escándalo de que a alguien contra quien se ha atentado en la calle sea rematado en el hospital.

Masseria quería una vuelta rápida de Yale a Brooklyn. En Manhattan ya había demasiados tiros a causa de su guerra con los llamados turcos, es decir Salvatore Maranzano, Joe Profaci, Thomas «Three Finger Brown» Luchese, Joseph «Joe Bananas» Bonano, o Stefano Maggadino. Yale regresó a su barrio sano y salvo, y allí se enteró, por Willie Altierri, de que la policía tenía algunos indicios que identificaban a Joey Bean como uno de los autores de los disparos contra él.

La Mano Negra convocó una reunión de alto estado mayor en la tarde del 22 de marzo de 1922.