lunes, mayo 10, 2010

Conversación con un monárquico

MONÁRQUICO: España es un país monárquico.

JdJ: La cuestión, con las monarquías, no es tanto si las sociedades las quieren o no las quieren, sino la capacidad que tienen de decidirlo. En realidad, a mi modo de ver la monarquía española no se ha sometido a un refrendo positivo que se pueda considerar como tal nada más que una vez en toda la Historia de España, y es el momento en el que el libre pueblo español, terminada la guerra de la Independencia, decide por abrumadora mayoría (por mucho que no votaran) que los Borbones debían volver a reinar en España. Y no deja de ser curioso que ese pseudoplebiscito promonárquico se realizase en un momento en el que el movimiento en partes importantes del resto de Europa era precisamente el contrario, es decir poner en duda la monarquía. Hay que reconocer que esto, de alguna manera, avala las tesis de que, como decía Cánovas, la monarquía forma parte de la esencia socio-histórico-política de España. Claro que Cánovas también citaba al catolicismo como elemento de dicha esencia...

En todo caso, frente a ese plebiscito hay dos (Isabel II y Alfonso XIII) en los que el mensaje claro de los españoles a sus reyes fue que no los querían. Lo de Isabel II fue una asonada militar, así pues se puede pensar (retorciendo mucho las cosas) que el pueblo no habló. Pero lo de abril del 31 no se lo salta un cabo de húsares.



MONÁRQUICO: ¡Anda! ¿Y el referéndum del 78?

JdJ: El referéndum del 78 fue una consulta empaquetada. O decías que sí a todo o decías que no a todo. Que en el 78 se sometiese a referendo la Constitución no quiere decir que se sometiese a referendo la monarquía española. De hecho, su titular, cuando se aprueba la Constitución, ya es rey de España. Lo era desde noviembre de 1975, tres años antes de la Constitución pues, en virtud a una ley que 30 años antes define España como un Reino y otra que a finales de los sesenta designa al actual rey como titular de la corona de ese Reino una vez muerto Franco; designación que es fruto de un pasteleo entre el dictador y el heredero de la corona, en el yate Azor, a cinco millas de la costa de Donosti, y en un momento en que una parte fundamental de la oposición republicana había aceptado la convergencia democrática con los monárquicos, convergencia que le obligaba a apoyar la idea de que debían ser los españoles, libremente, los que escogiesen su forma de gobierno; y convergencia de la cual el ciudadano Juan pasó elegantemente.

Por lo tanto, la Constitución del 78, y éste es un matiz importante históricamente hablando, en lo que a la forma de gobierno se refiere, no crea una situación, sino que la acepta.



MONÁRQUICO: Pero en ese momento era mejor aceptar eso que ponerse a discutirlo.

JdJ: En efecto. Igual que en aquel momento era mejor aceptar un elevado nivel de influencia de los partidos nacionalistas en la política nacional, para así evitar la defección de los nacionalismos respecto del proyecto de transición pacífica; y era mejor aceptar un razonable concordato con la Iglesia católica que evitase tensiones por ese flanco, por citar sólo dos ejemplos de muchos que se podrían invocar.

Pero resulta que ya no estamos en ese momento. En la España de hoy, son15,5 millones los ciudadanos vivos que votaron o pudieron votar la Constitución, y 30,3 millones los que no.



MONÁRQUICO: Pero, ¿realmente a los españoles les preocupa este asunto?

JdJ: No lo sabemos. No se lo hemos preguntado. Partimos de la base de que lo que dicen las encuestas sobre la valoración de las personas de la familia real, así como las demostraciones de apoyo cada vez que aparecen en público, son el aval de que la gente quiere la monarquía. Esto tampoco es nuevo, porque los reyes siempre han basado la argumentación de su pertinencia en lo mucho que les aplauden por la calle. Lo cual no se entiende muy bien, porque, por las mismas, el día que un Mateo Morral les tira una bomba, deberían abdicar.

Los dos únicos reyes en la Historia de España que admiten que la gente no les quiere son Amadeo de Saboya y Alfonso XIII. Y no pongo en la lista a Isabel II porque, en mi opinión, esta señora se marchó de España convencida de que era una camarilla de cabrones la que le echaba. El resto, por lo demás, ha asumido con total naturalidad que eran queridos.

Lo de las encuestas es opinable. Si por valoraciones fuera, en el presente momento el PSOE debería resignar el gobierno para entregárselo a UPyD, ya que Rosa Díez está mejor valorada de Zapatero. Sin embargo, todos sabemos que ser el líder más valorado no te garantiza ser también el más votado. Pero, por alguna extraña razón, esa asunción sí que la hacemos en el caso de los monarcas.


Y lo de la calle también es opinable, pues si el que más partidarios junta en la calle es quien debe ser rey, entonces tendríamos que inaugurar la dinastía Esteban, con la reina Belén y su princesa Andreíta.



MONÁRQUICO: La monarquía, en todo caso, ha demostrado que sabe modernizarse, ir con los tiempos.

JdJ: No del todo. La sucesión monárquica no es un proceso moderno, en el sentido de democrático. De hecho, no sólo no lo es, sino que no puede serlo, porque si fuese democrático debería ser electivo, y si fuese electivo ya no sería propiamente una monarquía.

Además, hay mucho que avanzar en la fiscalización de la monarquía, cosa que no le pasa a la Dirección General de Carreteras o a la Consejería de Agricultura de la Comunidad de Murcia, por citar otros dos departamentos públicos a voleo.

Cabe dudar, además, de si realmente es un camino lógico eso de modernizar la monarquía.

Si se moderniza, debería hacerlo hasta el final. Decimos que una mujer debería poder heredar la corona de España igual que un hombre, porque lo contrario es discriminación por razón de sexo, la cual ya no existe en la España moderna. Pero, ¿acaso persiste en nuestro derecho sucesorio la institución del mayorazgo? Pues no. En la España moderna ya no existe la prelación del primogénito sobre los demás hijos; hoy (o sea, no hoy, sino hace ya la punta de años que lo flipas), todos los vástagos heredan por igual, cuando menos el caudal legítimo; y, desde luego, el primogénito no pilla más por el hecho de serlo.


La monarquía, sin embargo, conserva la institución del mayorazgo. No sólo hereda el varón, sino que hereda el primer varón nacido. El único compañero de viaje que tiene en este punto es el derecho de nobleza; o sea, un compañero de viaje moderno y adaptado a los tiempos que te cagas.

Igual que la monarquía es la única institución que queda en España que discrimina a la mujer frente al hombre, también su derecho de herencia es casi el único que discrimina al hijo segundo y siguientes frente al primero. Todo esto sin mencionar que la actual línea dinástica lo es por haber preterido en la misma a un pariente del rey actual por ser sordomudo, lo cual también es discriminar al discapacitado; si el primogénito del actual príncipe fuese sordo, o paralítico, si fuese Stephen Hawking, ¿ conservaría su derecho a reinar?

Por lo tanto: puesto que la herencia, en el Derecho español actual, es la misma para todos los hijos, la corona de España, que algún día heredarán los hijos del rey, debería ser heredada por todos ellos en pie de igualdad, y lo mismo los hijos de aquél o aquella que reinase. Todo eso, claro, admitiendo barco como cornucopia silvestre, es decir admitiendo que en un país moderno, en el año 2010, nada menos que la Jefatura del Estado resulta ser una posesión hereditaria, como las acciones del Banco de Santander, la bicicleta cromada aquella tan bonita, el gramófono del bisabuelo o el libro de recetas de la abuela Gertrudis.

Pero esto nos lleva a una pregunta: si hay varios herederos con los mismos derechos, ¿quién heredará finalmente? Hay una posibilidad, que ya inventaron, aquí en España, los godos: el rey reinante decide cuál de sus hijos es el más dotado para sucederle. Pero, claro, este sistema de cooptación tiene sus imperfecciones porque, la Historia lo demuestra, no siempre, o más bien pocas veces, el rey elige a aquél que más le conviene a la nación, sino el que más le conviene a él. Es lo que pasa, de hecho, siempre o casi siempre que el sucesor lo elije una sola persona (véase al efecto la historia de los partidos políticos).

Así las cosas, aun manteniendo el dudoso principio de que la Jefatura de un Estado pertenece a una familia, aplicando las reglas del derecho normalito, para culminar la sucesión no queda otra que votar. Pero, ya que votamos, ¿por qué votamos sólo entre los Borbón y no le damos una oportunidad a los García?



MONÁRQUICO: Esa última pregunta es capciosa. Un Borbón se prepara para ser rey, y un García no.

JdJ: Bueno, sobre la formación de los aspirantes, con mayor o menor probabilidad, a reinar, hay bastantes apreciaciones que hacer.

En primer lugar, de lo que yo sé de la formación de príncipes e infantes, parece ser que han estudiado carreras muy normalitas, con algún Erasmus por ahí en Georgetown y otros sitios. No parece, por lo tanto, que sea una formación demasiado distinta de la que reciben cienes y cienes de españoles. El príncipe, además, ha recibido una sólida, o dicen que sólida, formación militar. Pero cabe preguntarse si eso de la formación militar es propio de reyes del siglo XXI, porque algunos pensamos que en el mundo actual para ser hombre de Estado es más importante saber de redes de fibra óptica que conocer la teoría del tiro artillero.

Probablemente, eso sí, quien crece en una familia real adquiere unos conocimientos por encima de la media sobre aspectos puramente esenciales de la institución, como son el protocolo y esas cosas. Pero aquí, una vez más, cabe preguntarse si esas cosas, todo eso de que no poder levantarse de la mesa si el rey sigue comiendo o que hay que ser grande de España para poder llevar la cabeza cubierta en su presencia (¿también una visitante musulmana, por cierto?), no son, en realidad, reminiscencias medievales con los que me mejor acabamos.0

Pero hay más. En Europa habrá, yo qué sé, unas veinte dinastías reinantes en los diferentes países. Esas 20 dinastías han reinado entre, más o menos, los siglos XV y XIX. Eso son 500 años. 500 años son 20 generaciones. Si en cada generación cada dinastía real genera, entre príncipes, infantes, primos, sobrinos, etc., digamos 10 miembros (cálculo muy conservador, pues las familias reales suelen ser bastante prolíficas), entonces tenemos que en 500 años las familias reales han generado 4.000 miembros de familias reales (que son 20 por 20 por 10), los cuales han sido mantenidos por sus pueblos, han tenido la mejor educación que su época procuraba y, en general, un bienestar varias veces superior al del común de los mortales.


De esos 4.000 miembros de familias reales que han vivido en condiciones privilegiadas, ¿cuántos poetas sobresalientes me puedes citar? ¿Sabes de algún físico, algún astrónomo, algún cartógrafo, algún químico, algún historiador, algún filólogo? O sea, por poner un ejemplo extranjero para que no dé tiña; si te asomas a internet y ves una foto del prince Harry, o sea el que algún día será jefe del Estado británico, ¿a ti te da la impresión de ser un tipo que sabe hallar la primitiva de una función o distinguir un sintagma nominal de uno verbal? ¿Cuántas fotos has visto a lo largo de tu vida de su padre, el flamante Príncipe de Gales, leyendo un libro, y cuántas jugando al polo?


Si te vas hoy mismo al desierto del Gobi y arrancas de allí a una familia de nómadas analfabetos, te los traes al palacio real de Madrid y los mantienes a cuerpo de rey, a ellos y a todos sus descendientes, durante 500 años, estoy seguro que a la vuelta de cinco siglos te habrán aportado, eso es cierto, una larga lista de vividores; pero también se las habrán arreglado para parir algún que otro poeta, matemático, historiador, economista, director de cine, etc. Alguien, yo qué sé, por pedir algo, para quien Miguel Delibes sea más importante que Fernando Alonso. Claro que a lo mejor el problema lo tengo yo pues, como no me gusta navegar ni esquiar, tiendo a no valorar las habilidades propias de los príncipes.


En todo caso, vale: aceptamos barco como lamelibranquio hermenéutico, y partimos de la base de que sí, de que los aspirantes a rey se preparan para ser reyes. Esto quiere decir, por lo tanto, que para ser rey hay que formarse; para ser rey no vale cualquiera, no vale un piernas que pase por la calle. Pero, en ese caso, ¿por qué se le permite a los miembros de la familia real, potenciales reyes, casarse con periodistas y jugadores de balonmano?

Esto nos lleva a una tautología: para poder ser moderna, la monarquía debería ser rancia.


MONÁRQUICO: En todo caso, el papel arbitral de la monarquía es innegable.

JdJ: Lo que no se puede, a mi modo de ver, es jugar con dos barajas distintas, escogiendo en cada caso el descarte que más le interesa a uno. Eso, como decía antes, ya lo hizo Johnny King en los años cuarenta, cuando tan pronto la legitimidad de la corona española surgía de la voluntad de los españoles como de la legitimidad histórica de su dinastía, al albur de por dónde daba el viento.

La mayor parte de las veces que un rey, una dinastía o sus partidarios quieren justificar su legitimidad acuden a la legitimidad histórica. Otras veces, acuden al papel arbitral de la monarquía. Pero lo que tienen que hacer es decidirse por un argumento o por otro. Si se dice que la legitimidad monárquica es histórica, entonces no se puede aceptar que la monarquía es necesaria por su papel arbitral, porque, históricamente, lo que he hecho la monarquía, también la española, no ha sido arbitrar, es decir mantenerse au dessus de la melée y tratar de que quienes mandaban de verdad se pusieran de acuerdo (poder arbitral). Lo que históricamente han hecho los reyes ha sido ejercer, ellos, el poder a secas; mandar en el país, en muchísimas ocasiones incluso contra la voluntad de la mayoría o de minorías muy relevantes de la sociedad española.

Cabe preguntarse, además, qué legitimidad histórica aportan episodios como los de un rey que engaña a su pueblo comprometiendo una senda constitucional a la que luego traiciona (Fernando VII); una reina que responde a las peticiones de ser un monarca constitucional aprobando una carta otorgada en la que concede a su propio pueblo las libertades que graciablemente a ella le petan (Isabel II); o un rey que aplaude un golpe de Estado militar cuya primera medida de gobierno es enviar a dormir el sueño de los justos las gravísimas responsabilidades de algunos de sus amigos, y tal vez las de él mismo (Alfonso XIII). Porque si es cierto que «por sus obras los conoceréis», la legitimidad histórica de no pocos reyes españoles es como para esconderla.

Si optamos por defender el papel arbitral de la monarquía, entonces no podemos aducir las razones de legitimidad histórica; porque esa legitimidad histórica, como digo, no tiene nada que ver con el poder arbitral que dibuja la Constitución del 78. Pero si no hay legitimidad histórica, ¿cuál será la razón para que ese poder arbitral deba ser ejercido por el miembro de una determinada familia, para colmo miembro y no miembra, para recolmo el primero de los miembros nacidos y no cualquiera de los demás; para rerecolmo que no sea discapacitado?



MONARQUÍA: Pues lejos de lo que dices, la pertinencia del poder arbitral del rey queda bien clara en la Historia: las dos veces que España ha sido una República, fue un desastre.

JdJ: Cierto. La I República se desarrolló en medio de una guerra civil y una insurrección cantonal que estuvo a piques de acabar con el país (ahí sí que se rompía España); y la II República acabó con otra guerra civil que trajo cuatro décadas de dictadura militar.

Pero si los fracasos del pasado son un aval para rechazar fórmulas presentes, ¿acaso la monarquía no los tiene? Que los Reyes Católicos, Carlos V y Felipe II fueron reyes razonablemente buenos se puede sostener, aunque en el caso del último hay que aceptar barco como polisíndeton con trastero iluminado y asumir que un rey que lleva a su país a la quiebra económica, la bancarrota y la suspensión de pagos es un buen rey. Pero luego llegan Felipe III y Felipe IV que no son ninguna maravilla, especialmente este último que se empeña en no darse cuenta de que España no puede pagar ni un cacho de una mitad de un trozo de todos los gastos militares en los que se mete por mantener su prestigio. Luego llegan otros reyes que mejor no calificar (esto es hacerle un favor histórico a la monarquía) hasta Carlos III, que es tenido por el mejor de la añada. Tras él llegan Carlos IV y su hijo Fernando, los cuales traicionan a su país y lo venden por un plato de lentejas y un chalé en Francia con caballitos y todo. De Isabel II no hay más que decir que hubo que echarla de España. El ciudadano Amadeo, como ya he dicho, por lo menos tuvo la decencia de darse cuenta de que no lo quería ni la nobleza, que lo ninguneaba, y se piró. Alfonso XII tuvo un pase pero a su hijo hubo que echarlo de nuevo.

El resultado de todo esto es que con la monarquía tampoco nos ha ido bien. Con la monarquía hemos tenido quiebras, guerras civiles, hambrunas, hiperinflación, enfrentamientos cainitas entre territorios, marchas atrás históricas…



MONÁRQUICO: ¡Precisamente por eso! ¡La monarquía ha aprendido de esas experiencias!

JdJ: ¿Y la república qué es, tonta del culo? En todo caso, no es que diga que la república es una organización ideal para el Estado. También tiene sus peros. Pero, por lo menos, la podemos mutar sin cambiarla, con sólo modificar los nombres de sus magistrados.