lunes, septiembre 07, 2009

Buffalo Bill

Buffalo Bill es, probablemente, el único superhéroe real que ha existido. Después de él llegaron Supermán, Batman, el Capitán América, Gallofa y Poti-Poti. Pero todos ellos tienen la característica común de ser imaginarios. Buffalo Bill, sin embargo, fue un personaje real. Un estadounidense que se paseó por medio mundo convirtiendo el mito del salvaje Oeste y las luchas entre blancos e indios en el principal espectáculo de su época. En la generación de mi padre, (nacidos en torno a los años treinta) fueron legión los niños que coleccionaron los tebeos de Buffalo Bill y de sus diversas evoluciones de ficción, como ocurrió en España con El Coyote y en el mundo sajón con El Zorro, de alguna manera inspirados en él;L pero esas legiones fueron aún mayores en las anteriores generaciones de infantes. Hoy en día, si coges a un adolescente, le quitas los audífonos del IPod para que te atienda y le hablas de Buffalo Bill, es muy probable que ni sepa de quién le estás hablando. Pero Buffalo Bill, en aquel mundo sin televisión, con escaso cine y divertimentos muy relacionados con lo escrito, fue un mito del tamaño de cualquiera de los que hoy podamos imaginar.

William Cody nació en 1846, hijo de Isaac Cody, un hombre dedicado al comercio procedente de Le Clair, al este del río Missouri, pero que se había traslado a Salt Creek Valley, muy cerca de Fort Leavenworth, en Kansas. Allí había indios pieles rojas y papá Cody solía comerciar con ellos. Cuando iba a hacer sus tratos, Isaac se llevaba a su hijo William, que mataba el rato jugando con los niños indios. Así fue como como Bill Cody aprendió la lengua de los pieles rojas.

El padre de Buffalo Bill murió a causa de las heridas de arma blanca que le causaron unos partidarios del esclavismo durante una discusión. Los Cody, al fin y al cabo procedentes del Este, eran abolicionistas, pero en Salt Creek éstos eran minoría. El agresor del padre de Bill intentó también agredirle a él, pero no lo consiguió. En todo caso, la muerte del padre, que se produjo cuando el hijo tenía once años, lo obligó a espabilarse para salir adelante. Aprovechando que había aprendido ya a montar y a tratar a los caballos, consiguió trabajo como cuidador de equinos en los establos de la compañía de transportes Rusell, Majors and Wadell, en Fort Leavenworth.

Dentro de sus labores, Bill Cody tuvo que escoltar una caravana de ganado destinada a Fort Kearney. En una de esas etapas, durante su guardia nocturna, vio o creyó ver a un indio que apuntaba a uno de sus compañeros con un fusil, y le disparó. Estaba convencido de que había matado al indio, y la historia fue referida por los testigos en términos cada vez más épicos (el mecanismo de formación de las leyendas urbanas es universal y ha existido siempre). El periódico local de Fort Leavenworth acabó publicando una historiada crónica de aquella «hazaña», lo cual no plugo mucho a Bill Cody, pero le valió un ascenso en la empresa.

En 1860, cuando Bill Cody llevaba tres años en la empresa, fue adjuntado a un nuevo servicio de la misma: el Pony Exprés. Especie de Seur de la época, el Pony Exprés era un servicio de correo rápido que garantizaba la transmisión de noticias y mensajes en el menor tiempo posible en un país cada día más grande. Bill tenía sólo catorce años, pero su enorme habilidad como jinete, unido al hecho de que el uso de las armas no tenía secretos para él, hicieron que trabajase en el proyecto desde el principio. En aquel entonces, todas las expediciones que cruzaban aquellas tierras, desde transporte de ganado hasta simples cartas o diligencias, estaban sometidos a notables peligros. La zona de trabajo de Cody, para empezar, estaba infestada de sioux, cheyenes y arapahoes. Luego estaban las bandas de mormones que atacaban las expediciones. Y, aún después, los simples grupos de maleantes.

Resulta curioso que el Pony Exprés se convirtiese en un hecho mítico teniendo en cuenta su corta duración. El 17 de octubre de 1861, la Western Union envió un mensaje telegráfico de parte a parte del país, que sólo se tomó unos segundos para llegar a su destino. Así pues, lo días del Pony Exprés estaban contados bien poco tiempo después de haber comenzado. Aunque para Cody no hubo mucho tiempo para pensar en ello, pues casi inmediatamente estalló la guerra de Secesión americana, en la que participó, y su posguerra, que también le dio trabajo pues se dedicó a asesorar al general Sherman en sus conversaciones con los indios.

En 1866, William se casó con Louisa Federici, mujer que le impulsó a sentar la cabeza. Así pues, trató de trabajar como hotelero, pero aquello no era para él. Deseando aún así sentar la cabeza, empleó todo su dinero en la compra de una granja, pero la inversión resultó ser una ruina, por lo que su mujer le abandonó para regresar con sus padres. Cody estaba, por lo tanto, abandonado y arruinado. Pero ahí es donde su vida rebota.

Un amigo le presentó a los hermanos Goddard, que regentan una cantina en la que almorzaban diariamente más de mil obreros de un astillero. El menú era muy aburrido (carne en conserva) porque en aquel entonces era complicado conseguir suministros, ya que los filetes no viajan por la línea telegráfica. Los hermanos Goddard propusieron a Bill contratarlo como suministrador de carne de bisonte. De esta actividad fue de donde le vino el apoyo de Buffalo Bill.

Otro cazador de la zona, Bill Comstock, reclamó para sí el derecho de llamarse Buffalo Bill. Así pues, se organizó un duelo en el cual ambos candidatos tuvieron once horas para matar cuantos bisontes fuesen capaces. El vencedor recibiría 5.000 dólares y el derecho a llamarse Buffalo Bill.

Cuando pasó la primera manada, Cody mató 38 animales y Comstock 23. Al final del día, tras el paso de tres manadas, el primero había matado 89 piezas y el segundo 46. Es obvio que un concurso así no se celebraría hoy en día.

Terminado el trabajo con los hermanos Goddard, Buffalo Bill se pasó al lucrativo negocio del turismo. Contra lo que pueda parecer, y siento con ello desanimar a quienes se hayan creado una imagen de Buffalo Bill a través de los tebeos y las pelis del Oeste, William Cody nunca fue una persona que se enfrentase a situaciones de peligro de muerte, mucho menos con los indios, que eran sus colegas. De hecho, en una célebre foto en la que posa junta al celebérrimo jefe Toro Sentado (o sea, el gran hechicero sioux Totanka Yotanka, que quiere decir Toro que se Levanta; por qué se le ha dado en llamar Toro Sentado, es un misterio para mi), ambos están agarrando el mismo fusil como buenos amigos, y Buffalo Bill parece estarle explicando a su amigo indio cómo se va a algún sitio. Aquí podéis ver la foto de marras:


Para cuando Cody se convirtió en Buffalo Bill, el Salvaje Oeste ya no era tan salvaje y había llegado eso que podemos llamar la explotación del mito. Su empleo, por lo tanto, no fue de perseguidor de indios ni nada que se le pareciese. Su empleo consistió más bien en vaciar las faltriqueras de europeos y yanquis ricos que acudían al Oeste a vivir las aventuras inventadas por mil escritores (como W. W. Bochamp, el cronista que acompaña a Richard Harris en la inmortal Sin perdón de Clint Eastwood) y que, en realidad, nunca o casi nunca habían ocurrido.

De hecho, uno de los encargos de Buffalo Bill fue uno que está, de alguna manera, rememorado en una película de Mel Gibson, Jodie Foster y James Gardner, llamada Maverick. En Maverick aparece el personaje de un aristócrata ruso que viaja a Estados Unidos a cazar bisontes, y otra escena en la que Mel Gibson se hace apresar por unos supuestos indios salvajes que, en realidad, son amigos suyos. Ambas cosas tienen su punto de verdad. Buffalo Bill organizó una cacería de bisontes para el gran duque Alexis de Rusia. Finalizada la cacería, el gran duque, que iba acompañado por el famoso general Sherman, ocupó una diligencia de la Wells Fargo conducida a toda velocidad por Bill. En un recodo del camino, una partida de indios que gritaban y disparaban al aire se hizo presente y comenzó a perseguir al convoy. Los indios persiguieron a la diligencia hasta una estación de tren, en la cual el carruaje se paró, se pararon los indios... y estallaron en un aplauso cerrado al puto aristócrata ruso. Todo había sido fake. Preparado por Bill.

William Buffalo Bill Cody fue presentado, sin su aquiescencia, a las elecciones congresuales de 1872, por el Estado de Nebraska, en las listas demócratas. Salió elegido. En Washington no fue feliz. En célebre anécdota, durante una reunión del Congreso escuchó a un colega pronunciar esa famosa frase de que «el único indio valioso es el indio muerto». Cody, levantándose para marcharse, tomó una moneda de dos dólares, que en reverso lleva la imagen de un indio, y, arrojándola sobre la mesa, le contestó: «Éste es el único indio que usted respeta».

La estancia en Washington y en el Este en general le sirvió para darse cuenta de que el Oeste era negocio. Eso, unido al hecho de lo mucho que estaba cambiando el Oeste, cada vez menos salvaje, le llevó a albergar, en 1882, la idea de formar un circo. El 17 de mayo de 1883 se celebró en Omaha, Nebraska, la primera representación de la Wild West, Rocky Mountains and Prairie Exhibition, que finalmente se conocería como Wild West Show. El WWS viajó por todos los Estados Unidos con tan grande éxito que los ecos llegaron a Europa, de donde a Bill le llegaron ofertas. Siendo como fue el WWS el mayor espectáculo de su época, el único sitio en el que las personas normales podían ver indios, vaqueros, jinetes haciendo maravillas a los lomos de sus caballos y muchos, muchos tiros, el tour europeo era algo casi obligado.

Para su desgracia, Buffalo Bill tenía tan buen olfato para iniciar negocios como le faltaba para mantenerlos. Como financiero fue un desastre y su circo terminó siendo mal negocio. Por eso, en los últimos años de su vida, tuvo que aceptar contratos en circos menores, amén de sufrir el mordisco de algunas atracciones de nuevo cuño, como el cinematógrafo. El 9 de enero de 1917, durante una representación, Cody sintió un dolor en el pecho. Se empeñó en no ser atendido, y algunas horas después fallecía. Con él murió el héroe de casi todos los niños del mundo de los primeros años del siglo XX, nuestros bisabuelos, y un héroe un poco de cartón piedra de ese mítico mundo, en parte cierto, en parte invención, que conocemos como Salvaje Oeste.

¿Quién es? (1). La solución

Bueno, pues hice bien en poner la foto, porque se ve que tenía sus bemoles.

La mayoría de vosotros os inclináis por Luis Buñuel como candidato para haberse hecho esta foto crousoniana. Lo cual es un buen indicio de lo difícil que os habría sido adivinar la verdad.

La respuesta es: Don Santiago Ramón y Cajal.

Nuestro ínclito premio Nobel, señor y rey de las neuronas y otros misterios fisiológicos, también tuvo una juventud. Una juventud en la que le dio tiempo a ir a la guerra de Cuba, pero también a hacerse esta foto, realmente extraña, sintiéndose un auténtico superviviente de la selva.

Y es que hay gente a la que la iconografía nos ha acostumbrado a ver provecta y arrugada, lo cual nos tiende a hacer olvidar que una vez fue joven y cachonda. Aunque, por lo que he podido leer, don Santiago no dejó de ser un cachondo nunca.

sábado, septiembre 05, 2009

¿Quién es? (1)


Dado que en no pocos de los libros que me voy comprando y cuya lectura comparto con vosotros en este blog aparecen ilustraciones, normalmente fotos, he pensado que tal vez será motivante para vosotros tratar de adivinar quién es el que sale en las mismas. A veces, al menos ésta es mi impresión, resulta difícil la adivinación. En ocasiones, muy difícil.

Un caso claro de lo que digo me parece esta foto. De ella y de quien aparece en la misma, sólo os diré lo siguiente:

1) Su protagonista era español.

2) Era un gran admirador de Robinson Crusoe (pues vaya pista de mierda).

3) Fue, quizás, el español más universal de su generación.

4) Aunque la foto es simbólica, y por lo tanto no pretende matar a nadie ni a nada con su arco, sí terminó participando en una guerra.


En fin, escribiré ampulosamente eso de que hay dos días para pensar, aunque supongo que en media hora o así me llegará algún mensaje adivinándolo.

jueves, septiembre 03, 2009

The Godfather (3)

El principal problema de la tercera parte de El Padrino, en su momento, ahora y yo creo que para siempre, es lo bien que salieron las dos partes anteriores. Era difícil mantener el nivel, y son muchos los que consideran que Coppola no lo consiguió. Realmente, El Padrino III es, de todas las películas de la saga, la que más enemigos ha concitado, no pocos de ellos entre los mitómanos de la serie. Por citar las críticas más habituales, se dice que Coppola la cagó al darle a su hija Sofía un papel complicado como el de su hija Mary (aunque la jugada no le salió tan mal con su hermana y el papel de Connie); o que Andy García no daba la talla para hacer de italiano; o que la dirección de Coppola no fue lo suficientemente dura y disciplinada como para impedir que, en algunas escenas, Al Pacino caiga en su vicio más habitual, que es la sobreactuación. Sea como sea, lo cierto es que El Padrino III es a la saga de El Padrino lo que las tres precuelas de Star Wars a Star Wars.

Hay indicios claros de que el principal problema de esta tercera parte fue precisamente haber muerto de éxito. Y estos indicios tienen que ver con el propio argumento de la película. La lista y breve descripción de las alternativas que se llegaron a manejar deja claro que la Paramount alcanzó muy altas cotas masturbatorias buscando un argumento que estuviese a la altura de los dos anteriores. Sucintamente, las alternativas manejadas fueron:

1.- La finalmente filmada. Un crepuscular Michael Corleone, enfermo de diabetes, realiza el intento de integrar a su familia en el mundo de los negocios legales entrando en el capital de un consorcio, Inmobilare, controlado por el Vaticano. Tras dicho intento, los hombres de negocios de la órbita vaticana intentan robarle y acabar con él, lo cual provocará una venganza final de los Corleone que se parece de la hostia a los nunca esclarecidos hechos que ocurrieron alrededor de Roberto Calvi, Paul Marcinkus y las finanzas del ya casi santo Juan Pablo I, negras como los frailes que dan nombre al puente en el que apareció muerto Calvi. Los hijos de Michael no quieren ser mafiosos, motivo por el cual éste acaba prohijando como su heredero a un hijo bastardo de su hermano Sonny, Vincenzo Corleone, Vincent. Los mafiosos conspirados junto con los vaticanistas consiguen, al final de la película, matar a Mary. Este script fue escrito en mitades por Coppola y Puzo, y del mismo hicieron hasta doce versiones diferentes.

2.- La versión de Michael Eisner, que acabaría siendo el número uno de la Disney, pero de aquella trabajaba en la Paramount. Partiendo de la base, muy posible, de que Coppola no dirigiese esta tercera parte, Eisner diseñó un argumento completamente nuevo, con personajes nuevos, en los cuales la Mafia y la CIA llegaban a una entente cordiale por la cual los mafiosos asesinaban a líderes latinoamericanos poco amigos de los EEUU, y la CIA, a cambio, les ayudaba en el tráfico de drogas. No se entiende por qué este argumento tendría que englobarse dentro de la saga de El Padrino. Por lo demás, no tiene nada de original, pues se ha repetido hasta la saciedad. Sin ir más lejos, en la genial novela América de James Ellrroy, se elabora la tesis de que los asesinos de Kennedy fueron precisamente mafiosos y agentes de la CIA que habían montado una conspiración contra Castro que se financiaba con tráfico de drogas, y que fue presuntamente desmontada por el presidente.

3.- En el script elaborado por Alexander Jacob, Michael muere de cáncer, tras lo cual su hijo Anthony trata de integrar a la familia en negocios limpios, mientras que el hijo de Sonny la sigue empujando hacia el mundo del hampa. Al final del argumento, Tom Hagen es asesinado en un tiroteo (en la película definitivamente filmada, Hagen ha muerto años atrás a causa de las desmedidas peticiones salariales de Robert Duvall).

4.- La versión de Mario Puzo. En ella, el FBI y la Mafia están en guerra. Michael es un personaje a lo Howard Hughes, recluido en el lago Tahoe y con la pinza medio ida. Anthony, que se ha graduado en la Marina, es reclutado por la CIA para matar a un líder comunista cubano. Entonces Anthony se lía con una periodista (este miniargumento sobrevivió en la versión final: es el polvete que echan Bridget Fonda y Andy García en la fiesta del principio), viaja a Sudamérica, y mata al líder. Pero algo sale mal, así pues la CIA va a por Anthony para matarlo, momento en el que Michael despierta de las brumas de la locura y lanza a la familia contra la CIA, con una escena final con muertos a tutiplén que debería haber ocurrido durante el desfile del bicentenario de los Estados Unidos (4 de julio de 1976).

5.- La versión de Dean Reisner, que es una reversión de Puzo. En este caso, Michael sigue estando tolili, pero Anthony, que sigue siendo de la Armada, va a Vietman. Una bomba mata a Michael. Anthony promete venganza y es convencido por Santino, hijo natural de Sonny, para que se alíe con la CIA. Pero Anthony descubrirá que, en realidad, el asesino fue Santino, y se lo apiola.

6.- La versión de Vince Patrick. En la primera escena de la película, Michael y Tom Hagen vuelan por los aires. Kay, la mujer de Michael, se ha suicidado. Sonny Jr es ahora el padrino. Pero es demasiado joven para ello, por lo que las familias Corleone y Clemenza se fijan en un hijo ilegítimo de Vito, Gaetano Corleone, que vive en Sicilia. Gaetano accede a irse a Nueva York, donde no lo hace mal, pero aflora la rivalidad con sus dos medio sobrinos. Así que intenta matar a Santino y a Anthony. Anthony acaba matando a Gaetano de la misma forma que Michael mató a Sollozzo en la primera parte.

7.- La versión de Thomas Lee Wright y Nick Marino. En esta versión, Anthony no quiere seguir los pasos de su padre y, además, Michael sufre la amenaza de Victor, el hijo de su hermana Connie, que quiere vengar la muerte de su padre. Connie, además, hace uso de un secreto que Fredo le habría contado antes de morir: quien abrió las cortinas del dormitorio de Michael la noche que se atentó contra su vida fue Al Neri. Así pues, chantajea a Neri para que mate a su padrino. Neri envenena a su jefe pero muere en el intento. Entonces Anthony toma el mando de la familia, como su padre había hecho años atrás. Este script tiene también la curiosa característica de incluir el personaje de un mafioso de la droga negro, basado en el personaje real de Nicky Barnes, papel para el que se pensó en Eddie Murphy (shit you, little parrot).

8.- La segunda versión de Mario Puzo, escrita ocho años después de la primera (1986). Puzo trabajó en un argumento basado en la guerra contra el crimen organizado, con un personaje central en un fiscal inspirado en la figura de Rudolf Giuliani.

9.- La versión de Nicholas Gage (no confundir con el actor Nicolas Cage, AKA El Capitán Sobreactuaciones, que se autopostuló para estar en la película), que reelaboraba la que acabamos de describir de Puzo. Este argumento comienza con un ataque de la familia Rosato contra Michael en el que muere Tom Hagen. Anthony es ahora un abogado. En su venganza, Michael se apoya en su sobrino Vincenzo. Lo malo es que Anthony acaba descubriendo que su padre mató a Fredo, y pasa de él. Esta versión contenía un flashback como el de la segunda parte, dedicado a los primeros pasos de Sonny como heredero de su padre; flashback en el que, entre otras cosas, se revela que el Sonny niño fue testigo del asesinato de don Fanucci por su padre.

Tenemos, pues, nueve argumentos, cada uno casi de su padre y de su madre. Una vez que el argumento elegido fue el definitivo, aún se manejaron hasta cinco finales distintos para el mismo:

1.- Michael toma, en las escaleras del palacio de la ópera, una pistola de uno de sus guardaespaldas, y se pega un tiro.

2.- Michael es asesinado y muere en los brazos de Vincent.

3.- Michael muere de muerte natural (diabetes).

4.- La definitiva. En lugar de Michael, es Mary la que muere, su padre se retira y muere de viejo.
5.- Michael se queda ciego y solo y reflexiona sobre sus crímenes.

En medio de todo este follón, hay que tener en cuenta la negativa de Coppola a abordar el proyecto. Pero finalmente lo filmó. Y lo que mucha gente no sabe es que la razón para hacerlo fue exactamente la misma que le llevó a hacer la primera parte. En aquel caso, fue la fuerte deuda de Zoetrope, su productora, con la Warner Bros, la que le llevó a plantearse el trabajo. En la tercera parte, fue la demanda que el industrial canadiense Jack Singer había puesto sobre la misma Zoetrope a causa de un préstamo que le dio; demanda en la se reclamaban 12 millones de dólares y que el demandante tenía toda la pinta de ir a ganar.

El primer escollo que se encontró esa tercera parte de El Padrino fue Pacino. Consciente de su importancia en la película, el actor pidió 7 millones de dólares (en aquel entonces, una cantidad desorbitada) más una serie de participaciones en beneficios y gavelas varias. La reacción de Coppola fue anunciar que la película empezaría con el funeral de Michael Corleone; lo cual fue un auténtico ¡zas!, en toda la boca, para Pacino, quien acabó aceptando 5 millones de dólares. Diane Keaton también dio problemas, pues pidió 3 millones de dólares, aunque acabó conformándose con uno menos.

El primer candidato para el nuevo papel de Vincent Mancini fue, lo creamos o no, Robert de Niro. Finalmente, éste y Coppola se convencieron de que el actor, ya maduro, daría muy mal en el papel de un joven impulsivo; aparte de lo repulsivo que para los padrinófilos sería ver a un actor interpretar al abuelo y su nieto. En la lista de candidatos subsiguiente figuró muy bien situado Alec Baldwin, así como Matt Dillon, Vincent Spano, Kevin Anderson, Val Kilmer, Nicolas Cage, Charlie Sheen y Billy Zane. Finalmente, fue Andy García. Personalmente considero que en la lista hay no menos de tres actores, y muy esepcialmente dos (Kilmer y Cage) capaces de destrozar el papel hasta hacer que Vincent Corleone era una especie de Torrentini dramático. Es acojonante pensar que en una película tan importante y con un peso tan enorme de mitología y seguimiento por el público hayan podido manejarse seriamente candidatos con tan pocos registros interpretativos en papeles tan fundamentales.

Con todo, no es el de Vincent el ejemplo peor. En el caso de Mary, la hija de Michael, Coppola quería a Julia Roberts, lo cual me parece no habría sido mala elección, pero no estaba disponible. Se autopostuló para el papel Madonna, pero era demasiado mayor para interpretarlo (por llamar de alguna manera a lo que hace Madonna delante de las cámaras). Después de eso llegó la consabida lista interminable de candidatas, entre las cuales estuvieron Laura San Giacomo o Trini Alvarado. Finalmente, Coppola se decidió por Winona Ryder.

Pero la Ryder no llegó a interpretar a Mary Corleone. Cuando llegó a Roma para filmar estaba al límite de sus fuerzas por pesetera, eurera, dolarera o como se la quiera llamar, pues había filmado tres películas seguidas. Además, su novio, el absorbente Johnny Deep, le daba la brasa constantemente con que dejase Italia para irse a Estados Unidos a estar con él. Así que, finalmente, se marchó. Un gran negocio para la Ryder. Roxy Carmichael y Mermaids, las dos películas que había hecho justo antes de El Padrino III son, como todo el mundo sabe, películas de culto que cada vez que se reestrenan provocan que multitudes de centenares de miles de fans se agolpen en los cines para verlas. Y, cuando uno abre las enciclopedias de cine, se da cuenta de que las páginas dedicadas a la saga de El Padrino no pueden competir con los pliegos y pliegos dedicados a Roxy Carmichael.

Todas las opciones de Coppola eran Laura San Giacomo y Anabella Sciorra; pero, inexplicablemente se decidió por su hija Sofía, sobre cuya inteligencia fílmica no cabe dudar, pero de capacidades interpretativas muy limitadas. Mi opinión personal es que la Sciorra habría bordado el papel, cenefas de bolillos incluidas. Hay que tener en cuenta, a la hora de juzgar este juicio mío, que en el script inicial de la película, Mary era algo más mayor, menos tontita e inocente, y era un personaje, por así decirlo, más sexual. El cambio del personaje hacia la flácida niñita teletubbie que aparece en la pantalla, siempre a punto de ponerse a cantar aquello de Soy una taza..., se tuvo que hacer precisamente para adaptarlo a las condiciones interpretativas (por llamarlas de alguna manera) de la Coppola.

Dentro de las cagadas interpretativas de la película aún hay que anotar otra más en grado de tentativa. Una vez desechada para el papel de Mary Corleone, y aunque cueste creerlo, Madonna fue considerada para un papel más, en este caso la periodista que se liga a Vincent Mancini en la fiesta del inicio de la historia. Este papel fue finalmente hecho por Bridget Fonda a causa de las desmedidas demandas salariales de la cantante y, al parecer, actriz.

El personaje de Joey Zasa, el mafiosillo que reta a los Corleone, fue bastante claro para Joe Mantegna, actorazo. Su único contrincante serio fue Mickey Rourke, actorcito. John Turturro también sonó, pero sólo en el caso de que Mantegna fallase.

El personaje de don Altobello, el viejo mafioso que traiciona a los Corleone y que fue interpretado por Eli Wallach, fue pretendido por Frank Sinatra.

La película, en cualquier caso, trata de ser totalmente respetuosa con la línea argumental, repitiendo actores. Así, Jeannie Linero, que había interpretado a la amante de Sonny en la primera parte, fue sacada de su consulta de acupuntora para intepretar de nuevo el papel como madre de Vicent. Gabriel Torrei interpreta en la tercera parte, como lo hizo en la primera, a Enzo el pastelero. Don Costello fue uno de los mafiosos de la reunión de la primera parte, y estaba también presente en la de la tercera parte. Las hermanas Savaino, gemelas, interpretaron a las hijas gemelas de Sonny, como lo habían hecho en la segunda parte. Eso sí, hay algún error para puristas: Carmine Caridi, uno de los dones que están en la reunión de Atlantic City, interpretó en la segunda parte a uno de los hermanos Rosato.

Asimismo, también hay en la película algunos retos verdaderamente difíciles para los mitómanos. El ejemplo más claro es el de Mosca, el asesino profesional que trata de acabar con Michael y dispara sobre su hija. Hay que ser muy padrinólogo para recordar que uno de los dos soldados mafiosos que, en el flashback de la segunda parte, persiguen a Vito Andolini, amenazando a quien lo oculte, se llama Mosca. Ambos Moscas, sin embargo, no son el mismo Mosca, porque a aquel pretérito perseguidor lo mató Vito Corleone años después, según una escena de la segunda parte que se llegó a filmar pero luego se quitó en el montaje para quitarle minutos a la película. El Mosca de la tercera parte, por lo tanto, sería un pariente de aquel primer Mosca y tendría, consecuentemente, motivos particulares para intentar el asesinato.

Entre otras anécdotas del rodaje, cabe citar que la puerta del Vaticano que Michael traspasa con su coche no es en realidad la puerta del Vaticano. El equipo de filmación recibió autorización para filmar en Roma, pero no en el Vaticano. Así pues, el equipo tuvo que construir una réplica de la entrada algunos metros antes de su situación real para poder filmar la escena. Las escenas supuestamente filmadas en el Banco del Vaticano (en realidad llamado Instituto para las Obras de Religión, IOR) están filmadas en el Palacio de Justicia italiano. Michael y el cardenal Lamberto se entrevistan en Santa Maria della Quercia, una iglesia barroca situada en Viterba, al norte de Roma. La oficina del arzobispo Liam Francis Gilday está situada en la Villa Farnese en Caprarola, también al norte de Roma. Esta villa del seiscientos fue alguna vez pensada para residencia veraniega del Papa (aunque finalmente se decidió por Castelgandolfo).

Y hasta aquí hemos llegado. Se acaban las tomas, porque, a día de hoy, no ha habido cuarta parte de El Padrino. Aunque debéis saber que los rumores sobre que si Coppola estaría tal y tal, y bla bla bla, se repiten cada cierto tiempo.

Mi opinión personal es que lo mejor que le puede pasar a la saga es que se quede donde está. La intrahistoria de la tercera parte demuestra bien a las claras que esta saga se ha convertido en un proyecto de tanto éxito que cualquiera quiere trabajar en él a cualquier precio. Dicen muchas lenguas que cuando Eddie Murphy se enteró de que pensaban en él para un papel se puso palote y dijo poco menos que lo haría por lo que fuese. Afortunadamente, Hollywood es sabio y, cuando se ha planteado en serio la figura del mafioso negro, ha echado mano de actores bastante más dotados para un papel así, como Lawrence Fishburne o Denzel Washington.

El hecho de que profesionales de la farándula como Frank Sinatra, Nicolas Cage o Madonna hayan tocado con los dedos la posibilidad de mojar en El Padrino es un buen indicador de que el barco no lleva una singladura muy adecuada. Con la muerte de Michael Corleone se cierra un círculo y, tal vez, lo más juicioso sea hacerle caso a Juan Ramón Jíménez cuando escribía aquello de que no la toques más, que así es la rosa.

martes, septiembre 01, 2009

The Godfather (II)

Casi todo el mundo está de acuerdo en que Francis Ford Coppola consiguió con la segunda parte de El Padrino el más difícil todavía de rodar una segunda parte de un relato que resultó ser mejor que la primera. Pero no fue la ilusión la que movió eso, porque Coppola no tenía ningunas ganas de hacer aquella segunda parte. De hecho, se negó seis veces a rodarla, hasta obligar a la Paramount a reconocer en público que no lo iba a hacer. Casi descartado Coppola, el candidato más cercano fue Martin Scorsese; excelente elección, desde luego, pues Scorsese es el otro gran director de películas sobre la Mafia, aunque con un estilo bien distinto al de Coppola. Finalmente, Coppola aceptó a cambio de una condición que luego no ejecutaría: exigió la potestad de poder destruir a los Corleone a lo largo del argumento de aquella segunda parte que, para él, además, tenía que ser complementaria a la primera, pero en modo alguno una continuación. Tanto es así que una de las cosas que Coppola quería era que Brando repitiese en el film, lo cual lo convertía en una precuela (y se nota en la versión final, pues hay casi una hora de flashback a los orígenes de Vito Corleone en Nueva York; escenas que Brando no pudo filmar por ser ya demasiado mayor).

Otro que tampoco quería rodar una segunda parte era Pacino, que temía quedar encasillado en el papel. Aceptó con la condición de que Michael Corleone fuese un personaje de unos setenta años; cosa que tampoco ocurrió finalmente.

Para el papel de Hyman Roth se pensó en Elia Kazan, aunque finalmente hubo que echar mano del maestro de actores Lee Strassberg. Por cierto que Coppola visitó a Kazan en un día muy caluroso, motivo por el cual lo encontró escribiendo desnudo de cintura para arriba. Esa visión de un hombre mayor desnudo de cintura para arriba se le quedó grabada y de hecho la utilizó en la película, pues hay una escena en la que Strassberg interpreta a un Hyman Roth que recibe a Michael semidesnudo.

Otro caso curioso del casting de esta segunda parte es Bruno Kirby, que interpreta al joven Clemenza en las escenas en las que conoce a Vito Corleone. Kirby tuvo que engordar un montón para el papel (como Renée Zellweger para interpretar a Bridget Jones) y estudiar siciliano, pues no lo hablaba. Es un pequeño misterio cómo un actor en principio tan poco dotado para hacer el papel pudo llevárselo; quizá le gustó a Coppola en un papel de hijo de Richard Castellano (el intérprete de Clemenza en la primera parte) que hizo en la televisión. El trabajo que realizó, en todo caso, fue de primera. Asimismo, cabe destacar a Michael V. Gazzo, que entró en la película haciendo el papel de Frankie Pentangeli, a causa de la cabezonería de Castellano, quien empezó a darle la brasa a Coppola con que había que desarrollar la historia de Clemenza, darle, por así decirlo, un argumento propio dentro del argumento. Coppola entonces decidió matar a Clemenza y hacer aparecer a Pentangeli como el heredero de sus negocios.

En la escena inicial, la fiesta de comunión de Anthony Corleone en Lago Tahoe, se supone que ocurre en verano. Pero hacía un frío de cojones, motivo por el cual todos los actores que vemos en la pantalla llevan toneladas de ropa interior de franela por debajo de su ropas de verano. No fue la única desgracia del rodaje. En Santo Domingo, donde se rodaron las escenas cubanas, llovió casi todo el rato y Pacino enfermó de neumonía.

Las escenas neoyorkinas protagonizadas por De Niro, por cierto, están rodadas en la calle Sexta de la ciudad, entre las avenidas A y B. La isla Ellis donde Vito Andolini es dejado en cuarentena tras llegar a Estados Unidos es en realidad un mercado de pescado en Trieste, Italia. El cuartel militar donde el FBI retiene a Pentangeli era un correccional de Chino, California. Asimismo, la escena en la que Vito llega a Nueva York y ve la estatua de la libertad desde el barco fue rodada en Roma. La estatua se colocó después.

En el rodaje de esta segunda parte de El Padrino hay elementos que son puro Coppola. Por ejemplo, quizá recordéis la escena en la que el joven Vito Corleone, ya convertido un mafioso de cierto peso, trata de ayudar a una amiga de su mujer a la que su casero calabrés quiere echar por culpa de un perro. Corleone se dirige al casero con una oferta conciliatoria y el otro le manda a la mierda. Pero algunos días después, cuando descubre quién es Corleone, va a verle para darle todas las facilidades. Al final de la visita, Corleone le invita a un café pero el casero, acojonado, declina la invitación y hace todo lo posible por marcharse.

Pues bien: Coppola estropeó a propósito el mecanismo de la puerta, pero no se lo dijo al actor. Así pues, el casero calabrés de la escena está luchando verdaderamente por abrir una puerta que no se abre, por lo que la escena tiene un realismo total. De hecho, el actor, al finalizar la toma, estaba convencido de que la había cagado.

Otra interpretación convincente es la de Gazzo /Pentangeli en su declaración ante el comité del Senado. Aunque esta autenticidad tiene otros orígenes. Gazzo se presentó al rodaje completamente mamado, tanto que hubo que esperar una hora a que se despejase un poco. Su actitud en la escena se debe, por lo tanto, a que la rodó con un resacón de puta madre.

Aún y a pesar de lo meticuloso que es Coppola, la película no puede evitar tener cagadas jodidas. Por ejemplo, Hyman Roth le dice a Michael Corleone en Cuba que su instinto le dice que ha recibido dos millones de dólares. Pero esa información sólo puede tenerla Roth por intermedio de Fredo, y en dicha escena Michael aún no sabe que su hermano le ha traicionado. Asimismo, cuando De Niro mata a don Fanucci, se reencuentra con su familia, coge al bebé Michael y le dice que le quiere mucho. Pero si al inicio del flashback hemos visto a un Fredo recién nacido y la mujer de Vito nunca aparece embarazada, ¿cómo es posible que en ese momento haya nacido ya Michael? Como tercera cagada, citaría la escena del robo de la alfombra por parte de Vito y Clemenza. Para poder enrollarla, mueven una mesa sobre la cual hay una lámpara. Pero la lámpara ni tiene cable ni, en consecuencia, está conectada a enchufe alguno.

En una característica propia de la moral americana, una película tan violenta como El Padrino no deja de evitar elementos escabrosos, sobre todo sexuales. El caso más claro es el de Deanna Dunn, la mujer de Fredo que se emborracha en la fiesta de la comunión. En la película es su única, fugaz, aparición, y no se nos dice nada de ella (salvo el malicioso comentario de la mujer de Vito Corleone en el sentido de que hace buena pareja con el jeta con el que se ha ennoviado su hija Connie). La novela de Puzo nos cuenta más cosas. Nos cuenta que es una actriz venida a menos que entra en contacto con los Corleone después de hacerle unas cuantas mamadas a un amigo de Johnny Fontane. Detalle que, obviamente, no aparece en la película.


Por cierto que, el vividor novio de Connie se llama en la película Merle Johnson. El papel fue interpretado por el actor Troy Donahue, cuyo nombre real resulta ser... Merle Johnson.


Por supuesto, en esta segunda parte siguió el uso por parte de Coppola de su propia familia. Por ejemplo, el dibujo que Anthony deja en la almohada de su padre Michael fue realizado por Gian Carlo Coppola para su padre. Asimismo, cuando Morgana King puso objeciones a meterse en un ataúd para la escena del funeral de mamá Corleone, Coppola le amenazó con usar a su propia madre para ello.