lunes, noviembre 16, 2009

El debate en torno al federalismo

En estos tiempos modernos, como en todo, a mucha gente la da por pensar que lo que les pasa no ha pasado nunca (por eso son modernos). Pero los tiempos, en realidad, tienen su punto cíclico, lo cual quiere decir que hay cosas que se repiten insistentemente.

El debate sobre la organización territorial de España es muy antiguo. No proviene ni de la Transición ni de la República, aunque sean estos dos momentos históricos los únicos que propiamente han llegado a conceder autonomías. Pero hay un punto de la Historia de España en el que, en realidad, este debate fue mucho más rico e intenso, y fue la I República. La discusión parlamentaria de la que iba a ser la Constitución de la I República fue, en gran parte, una discusión en torno a un tema hoy tan de moda como si España debía organizarse mediante un sistema federal.

En el marco de dicha discusión brilló un diputado canario hoy olvidado pero que, en realidad, fue uno de los mejores oradores que pisaron esa tribuna, todo hay que decirlo, tan pródiga en tuercebotas y torpes lectores de discursos escritos. El discurso de Fernando de León y Castillo, entonces joven diputado, en el curso del debate producido el 11 de agosto de 1873 tiene, creo yo, su interés para ser leído hoy en día. Interés, cuando menos, por lo curioso. Cierto es que está notablemente influido por la coyuntura, no tanto por el hecho de que España era entonces una república, como por el hecho de que estuviese convulsa por la resistencia carlista y, en el momento de las discusiones, por las gravísimas rebeliones cantonales, de las cuales la más grave fue la de Cartagena.

Pero, independientemente de estos hechos del presente de sus palabras, os traigo aquí el discurso para que veais que, hace 125 años,ya se pronunciaban en el palacio de la carrera de San Jerónimo palabras que llevaban embebidos tres debates bien modernos: uno, España se rompe; el otro, la nación española es un concepto discutido y discutible. Y, en tercer lugar, last but not least, la presunta modernidad del federalismo. Es en este tercer punto donde creo yo que este discurso es más curioso. Porque en los tiempos que corren, a causa sobre todo del lobby intelectual ejercido por los nacionalismos y por la enorme cautivación que ha ejercido el autonomismo en todas las formaciones políticas, parece haberse consolidado la idea de que el federalismo (y el autonomismo no es sino un federalismo desleído) es lo más de lo más de la modernidad de las ideas. Desde el punto de vista histórico, éste sí es es un concepto, si no discutido, sí, desde luego, discutible.

Dejemos hablar a don Fernando:

Si el proyecto llega a ser ley fundamental, no hay para qué hablar de la nación española, porque habrá desaparecido dividida y deshonrada; aquí donde todos somos ya ciudadanos; aquí, donde a todo el mundo se le desea Salud y República Federal; aquí, donde os habéis entretenido en suprimir títulos, condecoraciones y tratamientos; aquí, donde ya falta poco para que todos nos tratemos de tú; aquí, donde se ha copiado hasta las chocheces de la vieja escuela revolucionaria francesa, habéis querido tener la originalidad y habéis dado vida a la República Federal. Pero digo mal: ni aun en esto ha sido original el partido republicano. La federación es un despropósito traducido al castellano por el señor Pi i Margall. Proudhon escribió El principio federativo; tradújolo el señor Pi i Margall; encontrólo aceptable por lo disolvente, y he aquí la federación convertida en ideal de gobierno para el Partido
Republicano.

Es triste cosa que quiera someterse a un país a la dolorosa prueba de renunciar a todas sus glorias; es triste cosa que haya un partido de tal manera en pugna con el sentimiento público, que vaya en un momento de horrible confusión a aventar sobre este país convulso, para abrasarlas en nuevo fuego, las cenizas de las nacionalidades muertas, que habían venido a confundirse en una patria común. El señor Castelar, en uno de sus más elocuentes discursos, decía: antes que republicano, antes que liberal, antes que federal soy español. Pues no se puede ser federal y español. Hablar hoy de federación es hablar de disolución. La federación se hace de abajo a arriba, y en esto se diferencia de la descentralización, que se hace de arriba a abajo. Yo, que condeno la insurrección cantonal, digo que es lógica, porque ha empleado el único procedimiento conocido para llegar a la federación. Ha partido de la independencia para llegar a la federación, como se ha partido de la federación para llegar a la unidad.

Después de todo, yo comprendería vuestra actitud, porque os llamáis un partido esencialmente progresivo, si la federación fuese un progreso. Pero, ¿por ventura lo es? A mi juicio, es un retroceso, un anacronismo, un absurdo. la federación se presenta en el periodo anterior a las grandes nacionalidades como punto de paso para llegar a la unidad: es un momento de crisis necesaria. Suiza y los Estados Unidos pugnan hoy por tener a todo trance lo a que a todo trance os empeñáis vosotros en perder: la unidad del Poder, que se opone a la descentralización. A mayor libertad, mayor fuerza de los gobiernos. Esto sucede en todas partes, menos en España, donde, para pasar por liberales, los gobiernos necesitan cruzarse de brazos ante los excesos, ante los atentados, ante todos los crímenes que se cometan en nombre de la libertad, que no son pocos. Por eso aquí la libertad es la licencia y la anarquía y la barbarie.

Pero decía que la federación es un periodo anterior a la formación de las nacionalidades. ¿Qué fue el feudalismo sino una federación de señoríos? ¿Qué papel representaba entonces el monarca? El que ahora queréis dar vosotros al Poder central. Yo tenía aprendido que la muerte del feudalismo en la unidad del absolutismo regio había sido un progreso relativo, pero un gran progreso: mas veo que estaba en un error, porque aquí vamos al feudalismo, a la tiranía local y provincial.

Las federaciones han sido siempre un gobierno interino, un
modus vivendi, para llegar más tarde a la unidad. Es más; cuando en las federaciones no se determina el movimiento hacia la unidad, cuando se estacionan, se constituye un estado de cosas en que la vida es imposible, hasta que desaparece, dejando tras de sí la sangrienta huella de intestinas discordias. Nosotros, por primera vez, fuimos independientes cuando se realizó la unidad nacional.

Decís también que en España hay tradiciones federales. Es cierto: como todos los pueblos de Europa que se han constituido y han realizado su unidad por medio de la federación. Pero, ¿hemos de volver a los tiempos de Enrique IV y Juan II? ¿Hemos de volver a aquella confusión de la que surgió la nacionalidad española? ¿Quién habría de decir que el partido republicano, tan progresivo, buscaría sus soluciones en la Edad Media? Los carlistas, los absolutistas, vuelven los ojos a la monarquía de Felipe II y quieren restaurarla con las modificaciones que exigen las mudanzas de los tiempos, pero vosotros vais para atrás; vosotros queréis restrablecer la confusión de la Edad Media. Pues, ¿qué son vuestros Estados, sino un mal recuerdo de los antiguos reinos?

¿Qué es la federación para vosotros? La autonomía de los Estados. Pues no es difícil prever, conociendo la Historia de este país, que el que vote la federación vota la disolución nacional. La tendencia a la indisciplina y la propensión al aislamiento que constituyen el fondo de nuestro carácter, producirá la guerra de familia a familia, de partido a partido, dentro de un mismo pueblo, de pueblo a pueblo, de Estado a Estado; y estos odios, y estos antagonismos que en otros tiempos nos sometieron al yugo de los conquistadores, producirán la disolución y la muerte. ¿No teméis dar nueva vida a esos gérmenes de disolución y de muerte? Hasta ahora somos españoles; dentro de poco no habrá más que catalanes, castellanos, valencianos, aragoneses, etc. ¿De qué va a servir el lazo federal en este país? Este lazo ha de ser la cuerda en que aparezca pendiente ante la vergüenza pública y ante la compasión del mundo, la grande y desdichada nacionalidad española.