lunes, junio 01, 2009

La mafia en sus orígenes (1): Don Vito

Un refrán gallego dice: el Miño se lleva la fama, y el Sil el agua. Completamente cierto. El río Miño lo conoce todo dios y al pobre Sil no lo conocen nada más que los naturales, a pesar de bajar más caudaloso. A veces pasa esto con la fama histórica. Hay personajes que se hacen muy conocidos en el consciente colectivo y otros, que quizá fueron más importantes, son poco conocidos.

Si sabes algo del mundo de la mafia supongo que conoces nombres como los de Dutch Schultz, Al Capone, Charlie Lucky Luciano, Lepke, Adonis, Bugsy Siegel... La lista es bastante larga pero tiene un denominador en común: se trata de nombres de la llamada Cosa Nostra, es decir la mafia americana. Hollywood es responsable de ello. Algunas de las mejores películas de la historia del cine han tenido a la mafia como asunto central. Eso marca. No son pocas las personas que consideran que la segunda parte de El Padrino es la mejor película sobre la mafia que se ha filmado (yo, personalmente, prefiero Goodfellas). Y conviene recordar aquí esta segunda tentativa de Francis Ford Coppola porque una de las cosas que nos cuenta esa segunda parte es la relación entre Don Corleone, interpretado por Robert de Niro, y su socio italiano, Don Tomassino, que se queda inválido tras una arriesgada acción para matar al capo responsable de la desgracia de la familia del niño Vito Andolini, que después sería el mayor mafioso de América.

Pero hoy, en este post, descubriréis que el hecho de que Mario Puzo escogiese para su padrino el nombre de Vito no es en modo alguno casualidad.

Las referencias a Sicilia son constantes en la historia de la familia Corleone y en el resto del cine mafioso (salvo, lógicamente, cuando la mafia tratada es la irlandesa o la negra de Harlem). Y es que en Silicia empezó todo. Pero una prueba de que todo este mundo está oscurecido es que, cuando os plantéis delante de alguien que diga saber de la mafia y rece los nombres que aquí ya se han citado, no tenéis más que contestarle: «muy bien; pero ahora, dime un nombre, uno solo, de un famoso capo de la mafia siciliana de Sicilia».

Hoy quiero salvar un poquito esta oscuridad hablándoos de mafiosos que nunca salieron de la isla de Sicilia. Hombres a quienes el mismísimo Lucky Luciano admiraba y respetaba. Hombres que, además, debieran llevarse todos los méritos de una historia conocida por todos, que es la connivencia entre los mafiosos y el gobierno americano durante el desembarco aliado en Italia durante la segunda guerra mundial. He llegado a oír cosas como que los carros de combate americanos llevaban dibujadas dos letras L, o sea Lucky Luciano, para garantizarse su seguridad. La verdad de las cosas es que, de haber hecho esto, los americanos no se habrían garantizado apoyo alguno por parte de los sicilianos. No era Luciano, sino, en este caso, don Calo Vizzini, quien quitaba y ponía apoyos en la isla. Pero ya llegaremos a eso. De momento, empecemos por el principio, o sea el génesis.



Parece existir cierto consenso al situar el nacimiento de la mafia en 1738, y señalar la responsabilidad que en ello tuvo nuestro buen rey Carlos III, que entonces era rey de Nápoles. En 1738 se produjo una sequía brutal en Italia que generó una hambruna desesperante en Calabria. Los calabreses huyeron del hambre cruzando el estrecho de Messina e invadiendo literalmente Sicilia. Los sicilianos los odiaron pronto porque aquellos scacciapagliari, es decir segadores de paja, segaban todo lo comestible que veían, dejando la tierra yerma. De haber actuado el rey Carlos adecuadamente y haber protegido a los sicilianos de los abusos de los calabreses, las cosas hubieran ido de otra manera. Pero no fue así. Los sicilianos precisaron crear su propio sistema de seguridad contra los invasores, sistema que alumbró a la mafia.

Por toda Sicilia comenzaron a patrullar a miles los soldados básicos de la mafia, conocidos como pisciotti, armados. Cazaron literalmente a casi 14.000 calabreses. Estos grupos de resistencia, que pronto comenzaron a cobrar por la misma, se denominaban cosche, en singular cosca (que significa, según los contextos, mulso o alcachofa). Los jefes de cosca no eran padrinos, sino tíos (ziu).

Cuando el problema de los calabreses se resolvió, las cosche existentes amagaron con empezar a luchar por el poder. Pero la gran novedad de la mafia estriba en darse cuenta de que esa estrategia no lleva a ninguna parte y que es mejor entenderse y repartirse lo que haya. En fecha tan temprana como 1742 se produjo ya la primera reunión de zii, de capos, en la que se coordinaron y repartieron territorios. Se pactó que cada cosca sería independiente y que los conflictos que pudieran surgir los dirimiría un uomo di respettu u hombre respetuoso. Una afirmación común y, a mi modo de ver, errónea, es que estos hombres de respeto son el antecedente de los capos mafiosos. Dicho antecedente hay que buscarlo en los zii; de hecho, los hombres de respeto, en su origen, eran de avanzada edad, siempre más de 60 años, y tenían que estar desconectados de la labor de las mafias; así pues, difícilmente podrían comandarlas.

En 1783, la mafia se enfrentó a una nueva invasión calabresa. Para entonces, se había organizado para plantar cara a los recaudadores de impuestos que llegaban de Nápoles, a los que mató en gran número; y había instituido la costumbre de que los productores le pagasen un porcentaje de sus ganancias, conocido en Sicilia como pizzu, o sea pizca, bocado. En 1793, cuando el reino de Dos Sicilias le declara la guerra a la Francia revolucionaria, la mafia organizará el evitamiento de la recluta por los jóvenes sicilianos. Esta campaña acabará por extender definitivamente su influencia por toda la isla.

En la segunda mitad del siglo XIX, cuando el rey Victor Manuel y su primer ministro Cavour inician desde el Piamonte la reunificación de Italia, la mafia decide apoyar el movimiento. Los jefes de las cosche consideran que la monarquía borbónica está muerta y, además, no le hacen ascos a una dominación desde un sitio tan lejano como Piamonte. Así pues, pactan con Cavour la ayuda del pueblo a un desembargo de Garibaldi en la isla.

Una vez que la guerra de reunificación de Italia hubo terminado, los problemas entre Sicilia y la metrópoli comenzaron pronto. Lo racional es pensar que los zii jamás pensaron en otra cosa que en dominar la isla a su antojo y, por eso, cuando Piamonte pretende recaudar allí impuestos y cuando, más tarde, Italia comience sus guerras coloniales que harán necesarias las levas de jóvenes, la mafia, que hasta entonces había manejado el cotarro, se da cuenta de que formar parte de Italia no es ningún chollo.

De esta segunda mitad del siglo XIX, época de gran pobreza para Sicilia, datan la gran parte de las emigraciones masivas de sicilianos, que tienen América como destino. Una vez en Estados Unidos, muchos de estos sicilianos, pisciotti en su tierra de origen, reproducen el esquema. En un principio, crean una organización llamada la Mano Negra; es la organización a la que, si recordáis, pertenece don Fanucci, el mafioso de barrio a quien mata Vito Corleone en la puerta de su casa. Luego fundan lo que se llamó la Cosca Nostra, es decir nuestra organización, que acabaría por llamarse Cosa Nostra.

El primer emperador de la mafia siciliana fue Vito Cascio Ferro. Don Vito es el primer ziu que tiene la visión de crear algo parecido a eso que conocemos por crimen organizado. La mafia comenzó a establecer pequeños impuestos por una gran variedad de servicios, y a prosperar consecuentemente.

Vito Cascio tuvo que enfrentarse , además, al primer problema serio con las fuerzas del orden. En Estados Unidos, la policía se había dado ya cuenta de las importantes connivencias de los miembros de la Mano Negra con personas residentes en Silicia. Así pues, decidió enviar a un policía, Jack Petrosino, para investigar sobre el terreno. Petrosino llegó a Palermo acompañado de dos mafiosos que creía arrepentidos. Ese mismo día, Cascio visitó a un diputado siciliano llamado Petrani , a quien pidió prestado su coche. Buscó por Palermo al recién llegado Petrosino y, cuando lo encontró, se bajó del coche y lo mató de un único disparo. Si ya era respetado, aquel asesinato elevó a don Vito a los altares de la mafia siciliana.

Para este creador de la mafia moderna, mucho más poderoso que las organizaciones italoamericanas que, para entonces, todavía estaban luchando por prevalecer frente a otras mafias, y muy especialmente la irlandesa, la primera guerra mundial fue el chollo final. Las elevadas necesidades de material y sobre todo de animales forró a la mafia. Muchas comisiones de compras estaban asimismo compradas, así pues en realidad era la mafia la que ponía el precio por los pertrechos vendidos al ejército. Las tentativas de hacer justicia no prosperaron. Nadie habló.

La primera prueba de fuego llegaría en la primavera de 1924. Muchas cosas acababan de cambiar en Italia. La marcha sobre Roma, los camisas negras... En Italia mandaba un nuevo Duce; Benito Mussolini. Un hombre que no admitía compartir mando con otro jefe.

El choque era inevitable.

En un par de días, gritad y me despertaré.