martes, junio 17, 2008

Madrid, años veinte

El de hoy es un post para nostálgicos madrileños.
Uno de mis coleccionismos tontos es el de guías urbanas. Empecé como si tal cosa, porque, alguna vez, comprando algún libro usado, sobre todo en el Rastro, me regalaron, como cosa de poco valor, algún folleto turístico de Madrid. Con el tiempo, la cosa me fue interesando, porque forma parte de la Historia el recordar los sitios que en cada momento eran recomendados.

Algunas de las guías que con los años he ido comprando tienen fotos. Éstas que traigo ahora son todas de un libro de fecha indeterminada, pero que es, en todo caso, anterior a 1929. Lo digo más que nada por el detalle de la plaza de toros. Si te apetece ver tres o cuatro fotitos curiosas de cómo era Madrid hace 80 años, espero que éstas te gusten.








Ésta es la inevitable vista de la plaza de Cibeles que aparece en todas las guías. A mediados de la década de los veinte, que es cuando yo creo que está tomada esta foto, la fuente ya tiene su orientación actual, perpendicular al eje de la Castellana; siendo su ubicación original perpendicular a la calle Alcalá. Como podemos ver en la esquina inferior derecha de la foto, en aquel entonces todavía se daba la cohabitación de la tracción mecánica y la tracción animal. La intensidad del tráfico era tal que, si miráis con un poco de atención, veréis que en la calzada, justo enfrente de la esquina del Banco de España, hay mediopensionistas paseando. Hoy en día, no hay huevos de hacer lo mismo.


El Casón del Buen Retiro, como su propio nombre indica, es consustancial al Retiro. Aquí lo vemos desde la puerta del parque, formando un todo con él.

Igual que hay ciudades costeras en las que barrios enteros han sido ganados al mar, la gran parte del elegante barrio que está en la margen izquierda del Prado según se pasa Cibeles está ganada al Retiro. Eso incluye el Palacio de Comunicaciones, adonde recientemente se ha trasladado el alcalde Gallardón, donde, por las crónicas que he leído, había en el siglo XIX un jardín donde en verano había cuchipandas y espectáculos y, consecuentemente, era el lugar preferido de los madrileños y madrileñas para irse a meter mano.




El museo de Ciencias Naturales. No es que haya cambiado mucho, salvo el hecho de que hoy en sus jardines hay un monumento a la Constitución de 1978 que, obviamente, en esta foto no puede estar, porque aún no había nacido ningún famoso vidente. La importancia de la foto, creo yo, está en la observación de lo que hoy es la calzada de la Castellana. Aquello era un camino de cabras más o menos pavimentado. A la izquierda de la foto, donde hoy están los Nuevos Ministerios, había un hipódromo. Algunas décadas antes, esta zona de la Castellana estaba tan a tomar por culo que era a donde se iba el rey Amadeo de Saboya a echar polvos con su amante sin que le viesen.





La plaza del Callao, con el Palacio de la Prensa al fondo. Llama la atención el hecho de que se vea una fila de coches aparcados en lo que hoy es el tramo de la Gran Vía que va hacia Plaza de España. Esto es así porque, en aquella época, el mundo conocido terminaba más o menos ahí. Por lo demás, el trasiego de paseantes a la derecha de la foto deja bastante claro lo estresante que era entonces el tráfico por esta arteria madrileña.



Esta foto es la que me ha dado la pista fundamental sobre la fecha de la guía. Es la entrada de la plaza de toros un día de corrida. Lo que pasa es que esa plaza de toros no es la plaza de toros actual, la de Las Ventas. Dado que ésta fue inaugurada en 1929, la foto, y consecuentemente la guía, tiene que ser anterior a dicha fecha.

Esta plaza de toros es la responsable de que para los toreros que vienen a Madrid sea tradición vestirse en el hotel Wellington, en la calle Velázquez. Entonces, la plaza quedaba a un tiro de piedra de dicho hotel y es por eso que se utilizaba. Según he podido leer, la ubicación de esta plaza era lo que hoy es más o menos la esquina de Alcalá con Claudio Coello.

Ya hemos visto por diversas fotos que en los años veinte, en Madrid, el tráfico rodado no era gran cosa. Sin emnbargo, en esta foto podemos ver un big rush y un atasco de puta madre; lo cual nos sirve para inferir algo plenamente cierto, y es que hasta la llegada del fútbol, allá por los años cincuenta, el espectáculo por antonomasia en Madrid y en España eran los toros.

Uno, dos, tres, cuatro. Hasta cuatro tranvías se cuentan en la foto uno detrás de otro. En paralelo, coches particulares y en paralelo de éstos, coches de caballos. Triple fila, algo inusitado para la época.



He dejado para el final mi preferida. El pie de foto de la guía dice: tres señoritas madrileñas con la típica mantilla. La foto yo diría que podría estar tomada en algún bulevar, tal vez la Castellana (pensé que sería el Retiro, pero al fondo a la izquierda creo distinguir un edificio, lo cual me hace dudar). Es claramente una foto amateur. Aquí nada está preparado. Estas tres señoritas no son en modo alguno modelos preparadas para la foto. ¿Que por qué digo esto? Pues por la sencilla razón de que en el encuadre de una foto preparada no figuraría la silla de tijera que se ve a la derecha, sobre la cual, si observais un poco, veréis que hay un vaso, imagino que de limonada (el vaso tiene una cuchara, indicativo de, cualquiera que sea la bebida, tiene que ser una bebida mezclada con azúcar).

Estas tres señoritas son simplemente tres paseantes captadas por el fotógrafo. Los años veinte se aprecian, por ejemplo, en que las faldas terminan ya un palmo y pico por debajo de la rodilla, mostrando cierta liberación que algunos años antes habría sido imposible. También destaca la mujer de enmedio, ligeramente más moderna que sus dos amigas; su amplio collar le da cierto aire parisien, sin llegar, desde luego, a confundirla con una cocotte de ésas a las que mataba a polvos Toulouse Lautrec. Estas son tres españolas castas y susanas, y por si hubiera alguna duda no hay más que observar a la mayor y más alta de ellas, a la izquierda de la foto, y su más que visible crucifijo. La española de aquella época, por lo demás, viste de oscuro, especialmente cuando está sola porque no ha salido con su hombre o no tiene hombre aún. Las diferencias de concepto son muy sutiles y se aprecian, si acaso, en las diferentes modalidades de escote escogidas por nuestras amigas.

Cabe estimar, desde luego, que estas nuestras bisabuelas iban o volvían de misa cuando se encontraron con el fotógrafo.