lunes, enero 28, 2008

Para todo hay una vez anterior

Andan los tiempos presentes en España revueltos e interesantes. Son elecciones. Cuando las urnas están a punto de abrirse, es tradición que la clase política se ponga dadivosa, hasta unos límites que hacen pensar si la democracia perfecta no sería aquélla que celebrase elecciones cada mes.

Son tiempos, pues, de promesas y paseos por los mercados. La última de estas promesas, a juzgar por lo que bullían esta mañana las barras de las cafeterías de Madrid, ha dado para mucho. El presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, ha anunciado que, como al hacer las cuentas públicas sobra dinero, es decir que el Estado ha gastado menos que lo que recaudó, nos va a devolver parte de esa pasta en junio, a razón de 400 euretes por contribuyente.

A mí, filosóficamente, la medida me parece cojonuda. Las ocho sábanas de 50 euros están mucho mejor en mi cartera que en la de Solbes, sin lugar a dudas. Eso sí, la medida me plantea diversos problemas técnicos, tales como: ¿a cuánto tocamos los que hacemos declaraciones conjuntas: a 400 o a 800 euros? ¿Cómo van a pillar sus 400 euros los que no declaran porque están por debajo del umbral? Pero eso son, ya he dicho, precisiones técnicas.

Otra cosa que he leído en el día de hoy, y que va más con el tono de este blog (y que nadie se preocupe, que de Historia vamos a hablar antes de que se acabe) es que la parte crítica contra la medida, formada por los contrincantes políticos a los que, por desgracia para ellos, la idea no se les ocurrió antes, ha atacado al presidente y calificándolo de cacique al estilo, se ha dicho, de Romero Robledo y el conde de Romanones. En fin, que Romero y Romanones mangonearon a lo bestia no lo pongo en duda; pero, puestos a recordar caciques, se me ocurren otros más caciques aún que ellos.

Lo que sí quería comentaros, siquiera brevemente, es que nada más ver la noticia ayer en el telediario, con su justificación ligada al superávit público, tuve una vaga sensación de dejá vu. De que yo había sabido algo de este asunto antes. La sensación me ha acompañado todo el día de hoy hasta que he podido volver a casa y enterrar la nariz en mis libros. Y me ha costado pero, al fin… ¡Eureka!

Nos lo cuenta Federico Bravo Morata en su libro La dictadura. II: 1927-1930 (página 61), con estas palabras:

«El 2 de enero [de 1928], el Gobierno hace pública una nota según la cual se ha cerrado el ejercicio anterior con un superávit de 12 millones de pesetas. Parte de esa cantidad disponible va a emplearse en desempeñar prendas que permanecen adormecidas en los almacenes del Monte de Piedad, a razón de 25 pesetas por lote como importe máximo. Ésta es una medida habilísima, y no es la primera vez que se realiza, como ya queda registrado en otra ocasión anterior. Son miles de amas de casa que bendecirán el nombre del general por esta generosidad, que permitirá recuperar sin desembolso las queridas prendas que un día tuvieron que llevar al Monte».

Así que ya sabe el presidente del Gobierno. Si le atacan, puede defenderse aseverando que su decisión tiene precedentes. Eso sí, el autor del precedente (el general Primo de Rivera, dictador de España), no sé si le hará pandán.