lunes, marzo 19, 2007

¿Estamos hoy como en el 36? Parte I: el guerracivilismo

Una de las cantinelas que más se dejan oír hoy en día en España son todas aquellas frases que intentan tejer vínculos entre la situación actual y la que llevó a la guerra civil de 1936. Estas teorías quieren ver en reacciones, palabras y acciones del contrario (sea éste de izquierdas o de derechas) usos y abusos propios de los que llevaron al enfrentamiento civil del que ahora hace setenta años, o sus consecuencias. Esta teoría, expresamente denotada o connotada, está haciendo mucho a favor de eso que llamamos crispación social.

Por eso, tal vez, sea interesante romper una lanza a favor del argumento de que es una imbecilidad más o menos de la altura de los hermanos Gasol subidos uno en los hombros del otro.

Cierto es, no debe esconderse, que hay algunos factores que se parecen. Pero también el crash bursátil de 1987 se pareció al de 1929, pero se quedó a dos o tres añitos-luz, en todo caso. Los hijos se parecen a los padres, lo cual no quiere decir que vayan a conducir igual el coche, o que les vayan necesariamente a gustar las espinacas, o que vayan a estudiar ingeniería genética o filología eslava. Ésta es una de las razones por las que recomiendo esa labor tan poco en boga hoy en día que se llama conocer la Historia; porque saber de Historia es, en parte, vacunarse contra el fatalismo. Las cosas ocurren por cosas que el hombre decide hacer y pensar, y ese albedrío es, las más de las veces, razonablemente libre.

Esto será un post en dos partes: una dedicada a analizar en qué se parecen el pasado y el presente (en qué medida estamos en una situación cercana) y el siguiente, el miércoles espero, en qué no se parecen. Esta primera toma tiene el atractivo (ejem…) de que me ha dado por hacer una de esas cosas tan propias de las revistas de divulgación: un test de autocalificación. En este caso, se trata de un test para que cada uno valore, en la intimidad, en qué medida es o no una persona guerracivilista (si leéis el post veréis qué significa esto). Lo he hecho por cachondeo, por divertirme un rato y divertiros a todos; esto tiene la validez científica que tienen todos estos test. Pero, en fin, lo mismo queréis comentar vuestras puntuaciones. Empezaré yo por confesar que he sacado 32 puntacos de vellón (motivo por el cual he estado a punto de manipular los rangos de calificación, claro).

Bueno, vamos allá.

Cosas en las que la situación actual se parece

La situación del 2007 se parece mucho a la de 1936 en una cosa: el guerracivilismo. Es éste un virus que ataca silenciosamente y cuyos grupos de riesgo están situados en toda la tesitura del espectro político.

Hay un guerracivilismo de derechas, cuyos síntomas consisten en defender la idea de que las izquierdas pretenden acabar con los logros políticos y sociales de las últimas décadas. Éste fue, sin ir más lejos, el discurso de José Calvo Sotelo durante la República; ministro que había sido de Primo de Rivera, quería ver en los años de la dictadura del marqués de Estella la construcción de un país moderno (en parte lo fue: nuestra actual red de carreteras es herencia de aquellos años) y señalaba a la República, sobre todo la del primer bienio (1931-1933), como destructora de aquellos logros. El guerracivilismo de derechas se apunta los méritos de casi todo progreso, trata de instilar en el inconsciente colectivo la idea «la derecha crea, la izquierda destruye» y, por lo tanto, trata de bloquear el acceso de las izquierdas al poder con el argumento de que, como Penélope, no harán sino destejer la tela de bienestar que la noche anterior habrá tejido la honrada actuación de las derechas.

El guerracivilismo de derechas se preocupa, especialmente, de monopolizar el concepto de orden. Es por ello que es una forma de pensar cataclísmica: cualquier cosa que hagan las izquierdas generará gravísimas consecuencias. Profetas del desastre, los llamó, acertadamente, el presidente Rodríguez Zapatero. En el fondo de esta estrategia es contraponer ideas: orden = yo; desorden = el otro. El guerracivilismo de derechas busca apropiarse, en la medida que puede, de todo símbolo que la sociedad vincule a ese concepto de orden, de lo que siempre ha funcionado. Y se da de bruces con la Historia, porque la Historia demuestra que casi todas las grandes medidas de progreso fueron atacadas por este flanco del desorden y la debacle. Por haber, hasta hubo gente que, en el siglo XIX, sostenía que la velocidad supersónica que era capaz de desarrollar el ferrocarril volvería locas a las vacas que lo veían pasar.

Son ejemplos de guerracivilismo de derechas los temblorosos anatemas del PP tras perder las elecciones del 2004, anunciando que el gobierno de las izquierdas acabaría con el progreso económico logrado en los años anteriores; o el intento de apropiación partidista de las enseñas nacionales.

Hay un guerracivilismo de izquierdas, que se basa en tener un concepto patrimonial de la democracia. Dicho claramente: cuando gobierno yo es democracia, cuando gobierna mi contrincante es dictadura, es recorte de las libertades individuales, etc. Enfermos de guerracivilismo de izquierdas estuvieron prácticamente todos los políticos de izquierdas de la República: Diego Martínez Barrio, Félix Gordón Ordás y por supuesto Manuel Azaña, personajes principales que eran de la izquierda burguesa republicana, hicieron todo lo que pudieron para que el presidente Alcalá-Zamora no abriese las Cortes del 33, simple y llanamente porque habían perdido las elecciones. Y Largo Caballero, Prieto y el PSOE salvo Besteiro, unos pocos meses después, dieron un golpe de Estado cuya razón de ser fue la entrada de la CEDA de Gil-Robles en el Gobierno; ojo, la entrada en el Gobierno. No dieron un golpe de Estado contra un decreto o una ley, sino contra la sospecha de que dichos decretos o leyes fuesen a ser aprobados algún día.

El guerracivilista de izquierdas, por lo tanto, concibe un gobierno de derechas no como un natural, y hasta sano, turno ejecutivo. Lo concibe como una amenaza para la democracia, porque la democracia es él, y sólo él. El guerracivilista de izquierdas se da de hostias con la Historia, pues la Historia demuestra que en los turnos de partidos de diferente signo, a largo plazo y por lógica, quien sale ganando es el más liberal de los dos, pues el más conservador encuentra dificultades para dar marcha atrás en la legislación que su oponente desarrolló. Por poner un ejemplo actual: si el PP tarda, que como mínimo lo tardará, dos o más años en gobernar en España, difícilmente podrá entonces ilegalizar el matrimonio homosexual.

Son ejemplos de moderno guerracivilismo de izquierdas: el Pacto del Tinell tras las penúltimas elecciones catalanas; la volandera imaginación de Pedro Almodóvar, imaginando en las derechas actuales un golpismo que, por no existir, ni existió en las derechas de la República (el general Franco le propuso a Gil-Robles que anulase los resultados de las elecciones del 36, y éste se negó); o las famosas declaraciones de Federico Luppi pidiendo un cordón sanitario contra el PP.

Existe, por último, el guerracivilismo nacionalista, una forma de hacer las cosas que parte de dos bases: una, que toda medida que tome una democracia respecto de un territorio con identidad propia debe favorecerle, lo cual es falso pues, no en democracia, en cualquier forma de gobierno siempre hay que tomar medidas impopulares, incómodas y negativas. Y, dos, que todo ataque contra el nacionalismo equivale a ataque a la nación. Así planteó, sin ir más lejos, Lluis Companys el conflicto de la Ley de Términos Municipales en 1934. El Tribunal de Garantías Constitucionales dictaminó que estaba legislando una materia de competencia estatal exclusiva, y él convirtió esa sentencia no es una legítima corrección, sino en una agresión; y no en una agresión a los redactores de la ley, sino a Cataluña entera.

Hace algunos años hubo una operación política en España para crear un nuevo partido de centro, operación que fue liderada por el entonces número dos de Convergència i Unió, Miquel Roca i Junyent; fue por eso que se la llamó Operación Roca. La Operación Roca presentó candidatos en casi toda España y se pegó un hostión electoral de los que hacen época. Alfonso Guerra, que es un fino analista político, dictaminó: «El señor Roca no ha perdido por ser catalán, sino por ser nacionalista catalán». Y tenía razón. El problema del guerracivilista nacionalista es que no encuentra diferencias entre ambas expresiones, que para él son sinónimas. Esa sinonimia le lleva a desarrollar ideas como el conflicto del Estado con Euskal Herria (por supuesto, por este orden) o la interpretación de una sentencia desfavorable del Tribunal Constitucional en términos conspirativos (no es que no me den la razón porque no la tengo o creen que no la tengo; no me dan la razón porque soy gallego, porque soy vasco, porque soy catalán).

El guerracivilismo nacionalista es, por último, el parcial responsable de una parte del guerracivilismo de derechas, antes citada, que es el apropiamiento de las enseñas nacionales. El guerracivilismo nacionalista practica un ninguneo tan integral hacia las enseñas nacionales, o estatales según su lenguaje, que en estos años no ha hecho sino dejarle a las derechas espacio para que hagan exactamente lo que están haciendo. Ahora se queja, claro. Pero no se da cuenta, o no se quiere dar, de que si en los últimos veinte años hubiese aceptado con naturalidad la bandera de España (aceptación «natural» para cuyo favorecimiento la bandera «perdió» su famoso aguilucho, que está muy lejos de ser un símbolo franquista, a menos que Franco naciese a finales del siglo XVIII), las manifestaciones actuales de las derechas no se podrían estar produciendo como lo hacen.



El test del guerracivilista

Después de todo lo que has leído, ¿eres tú un guerracivilista? ¿Te preocupa serlo? ¿Notas algún síntoma peligroso? Para responder a estas preguntas, Historias de España te ofrece, de forma desinteresada, el famoso Test de Autoevaluación del Guerracivilista elaborado por la prestigiosa universidad de Fraud Valley.

La cosa es tal que así: debes escoger sólo una respuesta. En muchas preguntas habrá varias respuestas que podrías elegir, pero has de optar por la que más se acerca a ti, la que mejor te define. Para ello tendrás que ser sincero contigo mismo; completamente sincero. Pregúntale a tu cerebro cada respuesta, pero pregúntasela también a tus tripas y, aún te diría más, hazle más caso a ellas.

Una vez hecho el test, te metes para el coleto 10 puntos por cada a), 8 por cada b), 4 por cada c) y 2 por cada d) O sea: ya sabes bien cómo manipular el resultado; ahora que lo sabes, rellena el test con sinceridad.

Responde una sola pregunta 6. Hay una pregunta si eres de izquierdas, otra si eres de derechas y otra si eres nacionalista. Ya sabemos que se puede ser nacionalista de izquierdas y cosas así, pero nosotros sabemos de qué estamos hablando. Y tú también. Así que elige.

El test:


1) Define tu posición como votante en unas elecciones:

a) Jamás votaré a un partido determinado.
b) Soy votante fiel de un partido determinado.
c) He votado o suelo votar opciones diferentes en elecciones municipales, autonómicas, generales o europeas.
d) No voto, me abstengo o voto en blanco.


2) Piensa en el político que peor te caiga. En tu opinión…

a) Habría que meterlo en la cárcel.
b) Habría que hacer algo para impedir su participación en la vida política.
c) Hago lo que puedo para convencer a los que le voten de que no lo hagan.
d) Me cae mal, pero tampoco es para tanto.


3) Pensando en el ámbito político que más te interese (municipal, autonómico o general; ya asumimos que el europeo no será): cuando tu partido NO gobierna o NO gobernase…

a) Se resiente la democracia auténtica.
b) Se frena el auténtico progreso.
c) Se cometerían injusticias que mi partido es incapaz de cometer.
d) Es obvio que la legislación y la política no me gustarían.


4) No nos interesa conocer cuál es la nota de 1 a 10 que le das a tu líder. Queremos saber la nota que le das al líder de la formación contraria.

a) De 0 a 1
b) De 1 a 3
c) De 3 a 4
d) Más de 4.


5) ¿Qué te gusta más?

a) Discutir sobre lo inútil que es el líder de la formación política contraria a la mía.
b) Discutir sobre lo hábil que es el líder de mi formación política.
c) Discutir sobre grandes temas, tipo cambio climático, impuestos, etc.
d) No me gusta discutir de política.


6) (Contestar si eres/votas de izquierdas) Partimos de la base de que si estás haciendo este test es porque no te sientes fascista (si te sientes fascista, no sigas; el resultado es que eres guerracivilista). Pero, como no eres fascista, te preguntamos: ¿qué es un fascista?

a) Una persona de derechas.
b) Un racista.
c) Un nostálgico del franquismo.
d) Una persona denotadamente antidemocrática y fuera del sistema.


6) (Contestar si eres/votas de derechas). Imagínate que al llegar a tu casa encuentras en el buzón una carta del Partido Comunista de España con un lema en el sobre que dice: «La solución comunista a la actual crispación social de España». ¿Qué haces?

a) La rompo sin leerla.
b) La dejo en otro buzón, porque deben de haberse equivocado.
c) La leo en diagonal.
d) La abro y la leo.


6) (Contestar si eres/votas nacionalista y vives en una autonomía con cooficialidad de lenguas). La lengua cooficial con el castellano en tu comunidad…

a) Es, en mi opinión, la lengua propia de mi comunidad. El castellano debe usarse para entenderse con el resto del Estado.
b) Es la lengua propia de mi comunidad, aunque todo aquél que quiera recibir enseñanza, relacionarse con la Administración, etc., en castellano, debe tener derecho a hacerlo.
c) Es, como la pregunta decía, la lengua cooficial con el castellano en mi comunidad autónoma, aunque es lógico que el gobierno autónomo fomente especialmente su uso.
d) Es, como la pregunta decía, la lengua cooficial con el castellano en mi comunidad autónoma.



Calificación.


Más de 46 puntos: Tu posición es sectaria. Por encima de 50 puntos, abiertamente sectaria. Probablemente piensas que eres rabiosamente pro; pero, en realidad, lo que eres, es furibundamente anti. Lo que más te gusta de ganar unas elecciones es que otro las pierda y piensas que los partidos políticos que rechazas son por definición incapaces de hacer nada ni medio bien.

De 26 a 45 puntos: El Lado Oscuro de la Fuerza es muy fuerte en ti. Sabes que El Emperador es un cabrón con borlas, pero le escuchas muchas veces, más de lo que quisieras admitirte. Probablemente, lees a hurtadillas algunos periódicos y escuchas algunas emisoras de radio, diciéndote al tiempo que son muy talibanes; pero leer esas cosas y escucharlas, en el fondo, te reconforta.

De 16 a 25 puntos: Eres el centrista que, según los sociólogos, puebla este país. Es muy probable que la política te interese más bien poco, aunque con los años te has ido volviendo responsable y dándote cuenta de que hay cosas en las que hay que pensar. Los políticos, en general, te dan pena.

Menos de 15 puntos: Has alcanzado la pureza de un caballero jedi. Deberías ir echando leches al blog de Inasequible y preguntarle dónde hay que apuntarse para ser lama; es más que probable que seas la reencarnación perdida de algún rimpoché. Si con la que está cayendo y respondiéndote a ti mismo la verdad sincera de la buena has sacado menos de 15 puntos, chaval, tienes la sangre de horchata.