La primera sociedad teosófica alemana,
bajo la presidencia de Wilhelm Hübbe-Schleiden, data de 1884. Con
posterioridad, en la última década del siglo, Franz Hartmann funda un
movimiento ariosófico, muy centrado en la labor de los rosacruces y cuya
revista, Lotusblüthen, es la primera de que se tiene conocimiento que
utilizó la esvástica en su portada.
La historia de los rusacruces también
deberíamos contarla alguna vez en esta ventana a la Historia. El movimiento
rosacruz es una extraña mezcla entre planteamientos teosóficos de poca raíz
científica, directamente emparentados con la alquimia, y un espíritu
pre-ilustrado, defensor de un despertar del ser humano al verdadero
conocimiento. El auténtico y original movimiento rosacruz, llamado así por su
primer protagonista, el mítico Rosen Creutz, está directamente vinculado a la
lucha entre protestantismo y catolicismo en el centro de Europa y el intento de
virar el viejo Sacro Imperio hacia el lado luterano.
Pero, en el fondo, da igual. El movimiento
rosacruz, como las pirámides de Egipto, como los bajorrelieves mayas y tantas
movidas, acabó, con el tiempo, importando poco en sus planteamientos reales
pues, en manos de creyentes voluntarios y no muy exigentes como los ariósofos,
se convirtió en otra cosa. Carne de pollas varios. Así, Hartmann contó en su
floreado periódico que buena parte de su sabiduría la había obtenido en un
monasterio rosacruz perdido en los Alpes bávaros (mito que buscaba que sus
acólitos creyesen en la existencia de creyentes en la misma Europa). Todo esto
se mezclaba rápidamente con otras teorías del mismo jaez, como las sostenidas
por Friedrick Enstein, secretario personal del compositor Anton Bruckner,
incansable estudioso de los templarios (cómo no, ya tardaban en aparecer) y las
religiones orientales. Esfuerzos todos que forman parte de un esfuerzo más
genérico, del cual la segunda mitad del siglo fue un espectador en primera
fila, que, de alguna manera, se quintaesencia en el famoso Dios ha muerto
de Friedich Nietzsche. El final del siglo XIX es el momento de la búsqueda de
explicaciones para la vida y el mundo al margen del cristianismo (o
cristiano-platonismo, dirá, con mayor precisión, Nietzsche); dado que el
movimiento völkisch no tenía nada que agradecerle al cristianismo, le
fue muy fácil abrazar cuantas alternativas se le ofrecieron para sustantivar
este divorcio.
El primer gran gazpachero entre
ocultismo y ultranacionalismo alemán es el austriaco Guido von List. List creía
en la necesidad de superar el proyecto de Estado alemán pruso-bismarckiano,
para crear un estado ario más que germánico, que sería gobernado por
reyes-sacerdotes e iniciados en la gnosis aria. Él mismo era estudioso de la
alquimia y de la Cábala (otro clásico, que ya faltaba) y se decía el último
gran sacerdote Armanístico, es decir miembro de la casta gnóstica que en el
pasado habría gobernado la tierra aria. Había nacido en Viena en 1848 de una
familia católica pero, con 14 años, durante una visita a las catacumbas bajo la
iglesia de San Pedro, se volvió medio tolili, decidió que aquello que estaba
viendo eran las ruinas de un templo precristiano, y sus convicciones cambiaron
radicalmente. Comenzó a preconizar el maridaje con el paisaje alemán (él mismo
era un dedicado alpinista) y a estudiar (lo cual quiere decir inventarse a
ratos) las tradiciones germanas. Así, celebró el 1.500 aniversario de la
victoria germana sobre los romanos en una ceremonia en la que enterró ocho
botellas de vino en una pequeña fosa... con forma de esvástica.
Entendiendo a su manera los ciclos
vitales del universo y la civilización fijados por la Blavatsky, Von List
entendía la Historia conocida del mundo como un continuo de dominación de la
raza aria; que hay que tener, con perdón, unos huevos como los del caballo de Espartero
para concluir que eso es lo que nos dice la Historia. Para List, sólo había dos
periodos en los que esa dominación había sido detenida o suspendida: la
dominación romana y la dominación cristiana (o sea, como 2.000 años seguidos y
sin solución de continuidad). Sea esta historiografía todo lo pollas que era,
no le faltaron acólitos, porque en la vida es bien claro que lo que la gente
quiere creer es mucho más importante que lo que es lógico que crea. El
nacionalismo germánico de los austriacos que se sentían constreñidos en la faja
austro-húngara encontró en estas teorías el suelo que necesitaba pisar.
La publicación del best seller de
List, la novela Carnuntum, le granjeó una rápida e intensa admiración
por parte de los círculos ultragermanófilos austriacos, dirigidos en ese
momento, en lo político, por nuestro viejo amigo el diputado Ritter Georg von
Schönerer, quien, ya en tan temprana fecha como 1878, había elaborado, en sede
parlamentaria, su primera diatriba violenta contra los judíos. La conexión de
los grupos völkisch que votaban a Schönerer con las teorías de List hizo
que las concepciones de éste, que como hemos leído no incluían inicialmente a
los judíos entre los conspiradores antigermánicos, virasen rápidamente hacia el
antisemitismo. En el festival germánico celebrado el 3 de diciembre de 1894,
que consistió entre otras cosas en el estreno de una obra de teatro compuesta
por List, se prohibió la entrada a los hebreos.
En 1902, Von List se operó de cataratas y
permaneció once meses después medio ciego. Eso le obligó a estar ocioso en
casa, motivo por el cual se centró, con gran pasión, en el estudio de las runas
y el viejo lenguaje germánico. Al año siguiente, envió a la Academia Austriaca
de Ciencias un voluminoso estudio sobre el protolenguaje germánico. La Academia
no le hizo ni puto caso, más que nada porque el estudio, lejos de ser un serio
trabajo lingüístico o paleográfico, era más bien una sarta de asunciones
temerarias sobre el significado de las runas, las cuales, además, según esta
interpretación, versarían sobre el origen del universo y otra serie de
conocimientos perdidos. Pero, claro, lo que los científicos desecharon, el
público de las publicaciones mistabobas lo engulló como si fuese lasaña de
morcilla. Cerrando el círculo, List veía en las runas la descripción de las
fases del universo (Blavatsky, again; de hecho, en sus escritos List
perfecciona a la rusa, explicando que los lemurianos son la primera raza que se
reprodujo a base de zúmballe-dalle), las cuales estarían simbolizadas
por el triskelio y la esvástica.
Un diputado ultranacionalista, Rudolf
Berger, exigió en el Parlamento austriaco una explicación oficial por el
tratamiento dado a List por la Academia. Las acusaciones de discriminación
provocaron la rápida creación del club de fans del alucinado escritor, la Guido
von List Gesellschaft. Cabalgando a lomos de este apoyo inconmensurable,
Guido von List produciría, en los años siguientes, sus informes de
investigación, conocidos como los Guido List Bücherei o GLB-X, siendo X
el número de cada uno de los trabajos. El sexto de ellos, el GLB-6, es
considerado como la quintaesencia de las alucinógenas teorías de este hombre
sobre el origen de los alemán y su radical (de raíz) relación con las fases del
universo. Aquellos que tengáis cultura alemana o seais teutones o similar, de
verdad, no os perdáis el GLB-6.
Muy sucintamente: la cosmovisión listiana
sostenía que los alemanes habían practicado en la noche de los tiempos una
religión propia, el wotanismo (de Wotan, su principal dios), basada en el Edda
y las runas. Era la suya una religión un tanto pandémica (propugnaba la
existencia de un Dios identificado con la naturaleza, al modo de Gea), motivo
por el cual la vida virtuosa era aquella que se desarrollaba en conexión con lo
natural (como Himmler, que prefería el kneippismo, que curaba con hierbas y
tal, a la medicina convencional).
La antigua religión germana tendría
amplios contenidos de carácter gnóstico y mistérico. List tomó de un escritor
germano, Max Ferdinand Sebaldt von Werth, sobre todo de su muy alucinante Sexualreligion,
contenidos sobre las antiguas creencias eugenésicas de los arios, dedicadas a
preservar la pureza de la raza. En medio de una serie de alucinaciones varias
sobre un tal Muldelföri, que habría creado un mundo dual de materia y espíritu,
hombres y mujeres, Sebaldt es el formulador del principio general de que la
supremacía aria sólo podría llegar mediante la eugenesia, esto es el puro y
simple asesinato de los que no valgan; teoría que, al de un tercio de siglo que
dicen lo vascos, acabaría abarcando a millones de judíos, y decenas de miles de
subnormales y esquizofrénicos, entre otros.
La gran virtud o éxito de la cosmovisión
listiana es que su complejidad y atractivo para cualquier nacionalista
germánico hizo que cruzase con rapidez la frontera austro-alemana. Los libros
de Von List encandilaron, en efecto, a amplios círculos ariosóficos en
Alemania, y dispararon en el país el estudio de las runas, el Edda, las
tradiciones teutónicas, etc. Rudolf von Gosleben, Werner von Bülow, Friedich
Bernhard Marby, Herbert Reichstein o Frodi Ingolfson son hitos de este proceso;
alguno de los cuales, no por casualidad, acabaría formando parte, directa o
indirectamente, del círculo más íntimo de una persona de poder inversamente
proporcional a su inteligencia, llamada Heinrich Himmler.
Durante la primera guerra mundial, en los
hospitales donde los heridos alemanes y austrohúngaros germanos convalecían de
sus mutilaciones y cegueras, los libros de List circulaban como droga. El
propio Von List tuvo una visión en 1917 que le anunció la victoria de las
potencias centrales; pero la frecuencia modulada ariosófica no debía de estar
muy bien sintonizada, porque, vaya hombre, ocurrió justo lo contrario. Como
diría Terminator, no problemo: automáticamente, List anunció que la
virtual disolución de las monarquías alemana y austriaca eran fases necesarias
en la salvación de la civilización ariogermana.
El historiador romano Tácito describió,
en sus capítulos sobre los germanos, una sociedad relativamente jerarquizada
alrededor de sus jefes militares y religiosos, material que fue utilizado por
Von List para construir la civilización wotanista original, cuyos reyes-dioses,
los Armanen, son una germanización de la palabra Hermiones, utilizada por el
historiador latino para referirse a los caudillos germanos. List fundó (según
él, refundó) en sus libros un auténtico armanismo, con una clase sacerdotal, la
Armanenshaft, de la que él formaba parte. Aseveró List que agentes
ocultos del armanismo habían sido personajes como Pico della Mirandola, o
Giordano Bruno. Asimismo, definió algunas características de la “nación
armanista”: prevalencia absoluta de los arios; normas estrictas de carácter
racial y marital; sistema patriarcal (ario); estatutos de limpieza de sangre; y
régimen de propiedad seudofeudal.
En una cosa se apartó List de la visión
cíclica de la Blavatsky: él prefería el esquema cristiano, que prometía una
redención futura. Ello a pesar del fuerte componente anticristiano de su
filosofía pues, como ya hemos insinuado, situaba el inicio de los problemas de
la civilización germánica original en su cristianización. Además, sus escritos
no están exentos de elementos apocalípticos, pues para Von List las tensiones
capitalistas introducidas por la revolución industrial eran como avisos del
colapso de Austria, por cuanto suponían la destrucción de los viejos gremios de
artesanos y comerciantes que, según él, habían sido los depositarios de las
esencias germánicas durante los siglos oscuros.
A pesar de estas diferencias, Von List
utilizó los libros de Blavatsky para sustentar sus teorías apocalípticas y,
recalculando como los GPS a partir de los datos publicados por la rusa, llegó a
la conclusión de que en 1897 se había consumido uno de los ciclos evolutivos
mundiales. El equinoccio de la nueva era habría sido el equinoccio de 1899 y,
con los años, Von List interpretaría la Gran Guerra como una consecuencia del
inicio del nuevo ciclo.
En sus cálculos, List afirmó que los tres
años fundamentales para la llegada de la gran dominación germana eran: 1914,
1923 y, finalmente, 1932.
En el caso de la última de estas
profecías, se equivocó por un año.
